miércoles, 15 de diciembre de 2010

El placer estético como preámbulo del cuerpo gozante


Para Hedwig Jacobsohn

Dice Hans Georg Gadamer, --el alemán a quien nos acercamos los afectos a la filosofía del arte--: “Si yo encuentro algo bello, entonces quiero decir que es bello, quiero detenerme en su espacio poético, en su capacidad generadora y ser parte de ella, al mismo tiempo que admito el contagio de su explosión de sentido. Acepto el encuentro”. Yendo del terreno de la estética al de la ética, la reflexión sobre lo bello, lo que nos cimbra en nuestra dimensión más humana, se torna perentoria en estos tiempos de tanta liquidez, de tanta superficie, de tanto amor fingido. Necesitamos volver a nosotros, los que vivimos dentro de los cuerpos que el ballet de la vida actual dirige.
Lo que nos dice Gadamer es que por naturaleza nos inclinamos a la gracia, la magnificencia, la hermosura; que anhelamos estas experiencias como anhelamos el estado ideal (el prenatal dicen los psicoanalistas), que aspiramos a la perfección en todo. Habla de que la belleza no sólo se percibe, se experimenta; de que una vez intuida, se quiere uno dejar seducir por ella, de que siendo de ojos para afuera, también toca el corazón y el cuerpo porque se monta sobre el paradigma de la experiencia.
Desde el ser reflexivo que hoy soy, yo crítica de arte que piensa en compartir con los lectores sus reflexiones estéticas, busco que me invada ese estado en el que el mundo se siente organizado, en donde el caos se lee como parte de un plan preestablecido para que las cosas salgan bien. Todo esto forma parte de la experiencia estética que conozco como belleza; de esa experiencia que se da frente a una buena obra de arte (aún si el tema se dirime en el ámbito del horror).

Hace un par de días, el escritor Mario Vargas Llosa hizo un brindis memorable tejiendo la propia historia con la de la literatura. La leída y la propia. Decía el escritor: “Gozaba tanto leyendo historias, que un día, este niño que ya era un joven, se dedicó también a inventarlas y escribirlas. Lo hacía con dificultad pero, al mismo tiempo, con felicidad y gozando tanto cuando escribía como cuando leía. Sin embargo, el personaje de mi historia era muy consciente de que una cosa era el mundo de la realidad y otra, muy distinta, el mundo del sueño y la literatura y que éste último sólo existía cuando él leía y escribía. El resto del tiempo se eclipsaba….Mi personaje comenzó entonces, maravillado, a vivir, en la vida real, una de esas experiencias que, hasta entonces sólo existían para él en el dominio ideal e irreal de la literatura. Todavía sigue allí, desconcertado, sin saber si sueña o está despierto, si aquello que vive, lo vive de verdad o de mentiras, si esto que le pasa es la vida o la literatura, porque los límites entre ambas parecen haberse eclipsado por completo.”
Coincidentemente, el Premio Nobel de Literatura y Gadamer hilan fino la misma historia: la del arte que se confunde con la vida, la de la vida vivida estando conscientes de su facultad creativa, artística. Ambos hablan del goce estético, del goce de los sentidos. En el primer caso el filósofo se refiere a la percepción sensorial de la armonía en una obra de arte o en la naturaleza; en el segundo caso, el célebre escritor peruano se refiere a la experiencia literaria ensayada como el sentido y el fin último de una vida. Y entiéndase bien, no se trata en su caso, de un oficio como el del periodista común, el que se roba palabras como cáscaras y las va soltando despellejadas, desproveyendo de su música y polisemia al lenguaje, por el mero afán de informar. Se trata en el caso de la literatura, de renombrar las cosas, de encontrar el sinónimo adecuado, de tallar la frase hasta hallarle el ritmo que le sienta justo.
La extraña magia de una historia contada desde dentro, de un poema que canta la verdad del alma humana, tiene que ver con la posibilidad provocadora de la palabra, con la voluntad del lector de dejarse seducir, con la voluntad del escritor de poseer al lector de cuerpo completo. Comenzando por el secuestro de su mirada, si éste decide entregarse a la lectura concentrada, va dejando, poco a poco el cuerpo en el libro. Cuando alguien se deja tomar por la palabra, cuando se goza escuchando la frase bien escrita una y otra vez, está participando en un encuentro amoroso sin par, único en su calidad de producto cultural elevado.
Al respecto el escritor Adolfo Echeverría dice: “Somos materia central neurálgica rozándose con otra llena de emociones y sentimientos que se llama texto”, coincidiendo en su aseveración con quien dice que el acto de leer se parece al de la llama que abrasa la madera. Ambas aseveraciones sin duda rememoran el acto erótico, cosa maravillosa cuando el intelecto pone lo mejor de sí.
Aceptémoslo: la casa que somos se habita mejor si adentro se da el juego, si dejamos que los buenos libros nos hablen al oído, si permitimos que la obra de arte nos susurre sus potencias y polisemias. Esa geografía en la que todo puede suceder –que es el cuerpo gozante— lo agradecerá infinitamente. Ω

jueves, 25 de noviembre de 2010

Emiliano Zapata: De cómo la idea del héroe nacional nos habita y perpetúa su imagen.


Como figura de culto, Emiliano Zapata Salazar (1879-1919) habita amplios círculos de lo público y rescinde su contrato como figura histórica. A Zapata se lo han tragado un sinfín de discursos y de esto dan cuenta no sólo los homenajes orales que se le han venido haciendo a partir de su trágica muerte, sino los miles de imágenes que reproducen su efigie y figura en todo el mundo, en todo tipo de soportes, desde los murales pintados por Diego Rivera hasta los graffittis chiapanecos; desde las camisetas que se venden como pan caliente, hasta los emails que lo reproducen ataviado como boxeador; desde la pintura morelense de caballete, hasta el diseño gráfico de las revistas que lo colorean y recomponen.
Con ello quiero decir que el héroe ya no nacional, sino mundialmente alabado, viene a representar para cada mirada un significante que no dejará, en última instancia de recordar lo propio, lo que se anhela, lo que se espera de la figura idealizada, de la figura que podría lograr que se cumpla el orden establecido, la ley. Viendo la diversidad de la imagen zapatista, nos sentimos orgullosos mexicanos, conseguimos dignificar la pobreza --el neozapatismo es acaso el movimiento civil que más ha honrado al indígena desprotegido pidiendo un arte que lo represente en su territorio-- y le damos sentido a una historia nacional, poblada de héroes a estas fechas medio despeinados.

Se sabe y se repite, pero sobre todo se ve y se copia
Hace unos meses salió a la luz un libro titulado “Zapata en Morelos” (Planeta-Lunwerg) en el cual me fue dado participar como coautora. El mismo, ilustrado estupendamente por el fotógrafo Adalberto Ríos Szalay, abre con un refrescante capítulo escrito por el Dr. Salvador Rueda Smithers en el que se narran algunos hechos revolucionarios partiendo de las entrevistas realizadas por él a algunos veteranos zapatistas, hace casi 30 años.
Por mi parte y como historiadora del arte, de lo que me he venido encargando de tiempo atrás, es de la imagen gráfica, visible del caudillo. Para ello he echado mano, entre otras herramientas, de la semiología de la imagen: me ha interesado destacar la incidencia del héroe en nuestras vidas posmodernas.
¿Por qué se le representa en todo tipo de objetos?, ¿por qué se banaliza?, ¿por qué se idolatra?, ¿cómo se fue convirtiendo en figura icónica?, ¿qué nos dicen los monumentos de bronce? ¿Cómo pasó de la historia del arte al ámbito de la comunicación de masas?, son algunas de las preguntas que intenté resolver en dicho texto; un texto que para estas fechas ha dado origen a otro más abundante, un ejemplar hoy en busca de editorial. Cuento con cientos de imágenes.
Pero mientras llega el caso de dar a la luz los asombros a los que me ha llevado el descubrimiento de un Zapata multiforme --y sin embargo el mismo de siempre--, me gustaría compartir con ustedes, los lectores de este diario, algunas ideas. Acaso las mismas respondan en parte a una gran interrogante: ¿cómo interpretamos la historia de nuestro país los mexicanos?

El Zapata que habita el mundo del arte
La evidencia es contundente: algo hay en la figura de este personaje que genera una vida icónica que rebasa las diversas intenciones del homenaje propias del personaje histórico. No se trata sólo de esculturas públicas y fotografías reproducidas en libros de texto, o colgadas de las oficinas de gobierno, se trata del secuestro de una imagen por parte del público que busca convertirla en un nuevo mensaje, asociado, generalmente con la resistencia civil.
Lo que he venido proponiendo es una lectura de la imagen a la luz del contexto marcado por el mito surgido hace casi cien años. No es que no me interesen la biografía del revolucionario, el problema agrario o las apologías del zapatismo. Es que me maravilla la capacidad del artista visual que ha reinterpretado cada una de estas instancias a la medida de sus necesidades. Me deja con la boca abierta, la creación pictórica de un Zapata idealizado por Diego Rivera en una de las máximas obras del cubismo hecho en París, me emociona verlo transformado por el muralista, en el indígena más puro que se pronuncia en contra del conquistador español y del norteamericano que interfiere en la política mexicana, de los años treinta del siglo pasado (Mural del Palacio de Cortés). Me imagino la sonrisa de Rivera al haber convertido el entierro zapatista en un homenaje a las costumbres prehispánicas y a la propia Revolución Mexicana al pintar el maíz floreciente sobre los cadáveres enrollados de Emiliano Zapata y Otilio Montaño (mural en la escuela de Chapingo).
Ya convertido en un símbolo –que nunca será fijo porque la historia, como discurso, está hecha de subjetividades--, a Zapata le es dado habitar un universo completo de pinturas diversas creadas por artistas contemporáneos, entre ellos Arnold Belkin, quien ve al héroe como el motor de la historia. Los “zapatas” del canadiense-mexicano Belkin, reconstruyen por medio de geometrismos, la famosísima imagen atribuida a Hugo Brehme y al mismo tiempo le devuelven el cuerpo al héroe que la sociedad le arrebató; son la reinterpretación del hecho histórico a la luz de lo humano.
La pintura morelense comprende un gran número de obras en las que el nacido en Anenecuilco en 1879, aparece retratado a partir de copias de las escasas fotografías que existen en primeros planos de su figura. Lo interesante es que Zapata, para los creadores locales, constituye una extensión de la identidad local, nacional y acaso personal, tratándose de quien adquiere las obras porque se identifica con los ideales del luchador social.

“San Emiliano Zapata”
Si pensamos que a Zapata lo hemos estado construyendo desde la mente mágica y el ámbito de lo simbólico, entonces nos quedará más claro por qué este fenómeno es en gran medida inexplicable. Dos muestras colectivas recientemente montadas en museos capitalinos y una más añeja, curada para el Palacio de Bellas Artes en la década de los ochenta del siglo XX, dan fe de cómo los héroes nacionales han venido conformando una especie de santuario especial habitado por figuras tan idealizadas como los santos. Sin ánimos de abundar, diré que he visto “zapatas” en altares domésticos con veladoras delante y que Zapata convive en el imaginario popular con Cuauhtémoc. Según el investigador Jaime Cuadriello, por su identificación con el mundo indígena (aunque Zapata haya sido un mestizo vinculado recientemente con otro tipo de valores) al revolucionario se le ha pintado o dibujado siempre vinculado con elementos prehispánicos y agrarios por esa razón.
Recuerdo que un notable historiador del arte, acuñó hace años el concepto “religión de la patria” para explicar la idea de un nacionalismo revolucionario hoy engrandecido, a más no poder, con la figura del héroe que nunca se corrompió: Emiliano Zapata. ¿Reflejará este hecho el anhelo de borrar de la historia la historia de la corrupción humana hoy tan destapada?
La estatuaria y el charro más charro de la historia nacional
Zapata aparece ataviado con traje de charro (media gala y gran gala) en la mayoría de las fotografías que se le tomaron en la época y tal característica compone una imagen única en la historiografía nacional. De ahí, que la estatuaria oficial haya hecho del dominio de estas artes campiranas y de la osadía de Emiliano Zapata, la imagen más perdurable del héroe de bronce. Esto sucede así, porque se sabe que él prefería este atuendo como vestimenta y se esmeraba mucho en su arreglo personal, pero también porque las labores del campesinado adquieren una gran dignidad así representadas y paradójicamente acercan, o funden en el imaginario colectivo, al hombre de campo con el hacendado.
Ya sea en la fotografía atribuida a Hugo Brehme --en la que Zapata porta sable, carabina y cananas-- (copiada por muchos artistas, entre ellos José Guadalupe Posada) o a partir de las reproducciones de las imágenes capturadas por H. J. Gutiérrez o Protasio Salmerón, a Zapata no deja de admirársele por su apostura frente a la cámara. A él le gustaba posar para la lente instalada en el estudio, como se demuestra en varios casos. Es fácil constatar que estas imágenes fueron construidas después de minutos de análisis luminosos y retoques escenográficos. Se trata pues, para el caso de la iconografía nacionalista, de uno de los hombres más engalanados de la historia del país. Zapata fue un tipo guapo, pero también vale decir que lo hicimos guapo entre todos.
Zapata entre políticos
El encargo oficial de la imagen zapatista, por su parte, ha pretendido darle un lugar de honor al héroe a partir de la idea de las nociones de honor y patriotismo. Para ello, la dinámica del hombre a caballo, del hombre que domina la naturaleza, del hombre físicamente poderoso y los momentos antes de la muerte, han sido cosa suficiente. Ningún político en cambio, ha visto en la figura sintetizada o semi-abstracta de un hombre a caballo, la posible condensación del hombre ideal, de aquel que compendia o condensa a todos los otros hombres que a caballo hicieron el México de hoy. Tal era la propuesta de una escultura proyectada por el morelense Víctor Hugo Núñez muy lograda, aunque nunca llevada a cabo por falta de interés de quienes toman las decisiones sobre el aspecto de la ciudad quienes esgrimían la falta de un presupuesto que luego fue gastado en menesteres menos decorosos. Y estoy empleando la palabra en su sentido literal: decoro es aquello que aplica al posible embellecimiento de una ciudad a la que le urgen huellas artísticas, manifestaciones estéticas de alto valor. Dignificación a través de la alta cultura que aquí se da. Ω

viernes, 19 de noviembre de 2010

Elisa Cano: las Elisas. De cómo el gozo estético nos completa la vida.


Cuando entendemos que ver pintura no sólo implica descifrar objetos, que un enfrentamiento estético perfecto debe llevarnos a aprehender la vida a través de otra subjetividad, que vernos gozar frente a un universo que no es el propio lleva al paraíso, nos convertimos en humanos entrenados en humanidad. Se podría decir en humanos al cuadrado, expandidos.
Quien contempla una imagen creada por un artista, quien llora frente a una película bien realizada, quien canta de emoción acompañando al cantante que le gusta, quien lee y reescribe las frases que lo han conmovido, se está entregando a una vivencia de una estructura psíquica específica, única. Entiéndase: la experiencia estética es pasión, es amor, es una vibración del alma que mueve al cuerpo y la mente al unísono.
Tales reflexiones me surgen frente a la obra de la artista Elisa Cano porque frente a la diversidad de sus temáticas empujadas con un entusiasmo sin fin por la vida, encuentro que lo que me ha conmovido en el tiempo que llevo de conocerla, no son sólo han sido los traviesos naranjas de sus peces sin pecera, lo pulsante de sus abstractos orgánicos, lo dulce de sus famosísimos manzanos en el jardín de los sueños arquetipales, la seriedad de sus gordas desnudas dejándose ver en el Edén. No, lo que me ha gustado de descubrir cada una de sus series pictóricas es la animosidad con la que emprende cada una de sus pinturas-pinturas: me fascina la pulsión que anima la creación del arte por el arte.
El común denominador que encuentro, lo más evidente de su prolífico trabajo tiene que ver con un estado de ánimo típico en ella; se trata del ánimo “elisacaneano” que subyace en su trabajo y le da un sabor especial. A ese universo viajo cuando me invita a ver lo que acaba de hacer para sus ventas de arte: cada nueva serie en la que ha trabajado me ha abierto la puerta de una experiencia sensorial a la que he entrado no por estar entrenada para ello, sino por el gusto de dejarme llevar a un universo que no es el mío. (Su próximo vernisagge se llevará a cabo los días 17 y 18 de noviembre, de 10 a 7 PM en Parras 49, Jardines de Tlaltenango).
Por otro lado, la selección de los asuntos que ha decidido representar la maestra Cano particulariza la noción de estilo. La figura del animal, por ejemplo, es asunto común del arte fantástico contemporáneo (bestiarios), pero ella elabora representaciones de animales íntegros, en primeros planos, que se comportan como tales y que están allí por su belleza y contundencia. Así sucede con los elefantes y los peces, pero también sucede con los manzanos y las gordas, seres que están ya en el imaginario artístico del coleccionista mexicano porque alguien se tomó la molestia de recogerlos y traducirlos al idioma del color y la textura.

Elisa: las Elisas
Nacida en el Distrito Federal, la capricorniana Elisa Cano Larrañaga se presenta como autodidacta, aunque hay que decir que fue alumna del estupendísimo dibujante Héctor Xavier, de quien recuerda vívidamente la lección aprendida en el zoológico: “Aprendíamos frente a las jaulas, a dibujar un animal que se mueve, eso le dio velocidad al ojo, entrenó la capacidad de observación y luego eso a mí me llevó al retrato tipo bosquejo y al retrato psicológico”, dice, quien no ha dejado nunca de mirar el mundo con la lente del arte.
“En México hice muchos retratos y a mis alumnas les hice un día, una serie en un cartón enorme con lápiz conté y aguarrás en sesiones de 30 minutos a cada una”, me dice a bote pronto cuando le pregunto por su modus operandi hablando del aprendizaje técnico, ya no el suyo, no el que habitó al lado de las personalidades que hicieron la leyenda de la Zona Rosa de los años sesenta y setenta, sino el que decodificó para el numeroso alumnado que ha tenido a lo largo de los 33 años que lleva viviendo en Cuernavaca y las clases impartidas en la Ciudad de México, en donde nació su hija Claudia Jurado, quien también compone estupendas sinfonías de colores y texturas.
“Aquella época fue de muchas vivencias; al lado de Juan José Arreola y otros artistas encumbrados, íbamos a las galerías como la Proteo y la Juan Martín. El haber expuesto con Toño Souza me formó porque era un momento en el que México se abría al mundo del arte neoyorquino, es el inicio de Clíment, Vlady, Echeverría, Rayo, Seguí. Yo estaba rigth in the smack of it. No sé si soy de la Ruptura, pero he pintado en el tenor de la libertad que me dio la época. Luego, ya trabajando con Mauricio Achar, quien me pidió que fundara una librería de las suyas en Cuernavaca, viajé a Nueva York y al entrar al MoMA el impacto estético fue enorme. Sentí que me mareaba, que me habitaba la pintura, que mi vida cambiaría. El formato grande que vi en Nueva York me apasionó, me sacó el aire y entonces decidí que eso es lo que quería hacer. Vivo del arte y establecí con el tiempo 12 temáticas. Soy maestra en técnicas, no de pintura. Me ha interesado todo y he visto mucha obra de arte. La base al temple me gusta y la reconozco, con todo y su aceite de linaza. Mi historial es enorme. Lo que no he querido es meterme a un molde. ¿Por qué no pintar un paraíso y un abstracto y seguir siendo yo, la misma Elisa? Se pregunta quien con sumo gozo se deja impactar por la materia de la vida y acepta que la habiten las otras Elisas.

Elisa Cano lleva tiempo diseñando esculturas en piedra chiluca, mármol y cantera; le encanta decorar casas y escribe poesía y narración con frecuencia. Lo que busca en estos casos es el asombro del escucha porque es afecta a la paradoja y por ello se comprende que obtenga asimismo la sonrisa cómplice. De ella se reproduce un texto en estas páginas.Ω


RECUADRO:
Pensé en ti
Pensaba en ti
Pienso en ti
Sin embargo, me paro en el mismo lugar
A la misma hora.
Sé que es difícil tratar de…
Bueno, pienso también en el esfuerzo
Es la pasión, sólo la pasión,
Lo que me impele, empuja, estruja
Cuando me paro en el mismo lugar, a la misma hora
ELISA CANO

jueves, 11 de noviembre de 2010

Reflexiones sobre la iconolatría nacionalista: Zapata y Villa en el Museo de Arte Popular


1.
El 25 de septiembre se inauguró en el Museo de Arte Popular, en la Ciudad de México (Revillagigedo e Independencia, Centro Histórico), una exposición que aborda las complejidades del imaginario colectivo; una muestra que involucra la lectura histórica con la semiología de la imagen porque presenta a las figuras de Emiliano Zapata y Pancho Villa como polisémicas, como parte de una iconolatría cívica exacerbada por los festejos centenarios.
Sabemos que las imágenes de ambos personajes se nutren tanto de la mitología clásica, como de la hagiografía cristiana y hasta de los cómics, pero la muestra va más allá y nos presenta también a los héroes que se convierten en personajes literarios. Sí, Zapata y Villa se han movido de registro, hoy son parte del un complejo diccionario nacionalista que indica por dónde anda la historia de las mentalidades en nuestra época.
La curaduría no se basa en el análisis académico de la Revolución Mexicana y por lo mismo en ciertos momentos sentimos que cojea, por ejemplo al presentarnos a un Villa al que se le atenúa su origen indecoroso para colocado a la altura moral de un Zapata menos corrupto.
Los idearios y propuestas de ambos participantes de la Revolución Mexicana partieron de necesidades diferentes y las circunstancias de sus vidas los llevaron a morir asesinados también por diferentes motivos, no obstante hoy ambos forman parte del panteón de los mártires, de una historia ligth que nos hemos inventado para llenar el “vacío” de figuras ejemplares a las que seguir. Tal es la conclusión a la que llegamos después de ver el enorme conjunto de piezas dedicadas a repetir rostros e imágenes codificadas y anheladas hasta la saciedad, un sumum de todo tipo de objetos, desde camisetas hasta cervezas, desde encendedores hasta joyería.
Siguiendo la idea de los contrastes entre ambos, llama la atención que a Zapata se le haya considerado poco atractivo para el gusto popular en alguna época por ser de “personalidad introspectiva, desconfiado, impenetrable y distante”, cosa que no sucedió con un Pancho Villa que quiso convertirse en actor y logró representarse a sí mismo levantado en armas después de firmar un contrato con una compañía cinematográfica norteamericana. Cosa curiosa, hoy Zapata es el héroe más carismático de la Revolución Mexicana y nos representa allende las fronteras a los mexicanos, mientras que Doroteo Arango (nombre real de Pancho Villa) brilla solo en el norte del país.
2.
La exhibición arranca con la imagen de los dos personajes hermanados en un mural en el que tendenciosamente el creador actualiza el vestuario de los personajes (sandalias de playa, tenis, camisetas deportivas), con el fin de hacer obvia la lectura descontextualizada que el espectador contemporáneo les da a estos ideólogos del levantamiento armado de 1910. Paradójicamente, es desde ahí y desde el texto de sala fincado en un lenguaje sencillo y no en un discurso académico, que la muestra contribuirá a conquistar públicos nuevos para esos espacios llamados museos.
La gran fotografía del Ypiranga, navío en el que partió Porfirio Díaz hacia su destierro para nunca más regresar, apoya la lectura oficial del país que nace a la modernidad cuando el dictador se va. Por su parte, la reproducción de los encabezados de algunos periódicos de la época en los que se anunciaba el fracaso del zapatismo demuestra cómo el discurso de la historia se da con el tiempo, como el periodismo –textos—nutre otros textos, como el periodismo no se traduce literalmente, sino se interpreta posteriormente.

3.
La curaduría no buscó deslindar ciertos términos que me parecen fundamentales a la hora de abordar estos asuntos que tienen que ver con lo que Jorge Alberto Manrique definió hace años como religión de la patria. ¿Cómo se concibe al héroe, qué es un mito, qué es una leyenda? ¿En qué momento se confunden en el imaginario el santo y el héroe perfecto?
Tales cuestiones en cambio las respondieron los investigadores que escribieron los textos del catálogo dedicado a la muestra titulada “El Éxodo Mexicano”, montada en el Museo Nacional de Arte (MUNAL) hace unos meses: “Los héroes son símbolos que cada generación monta sobre los propios sujetos históricos, así como sobre los rasgos característicos de ciertas figuras mitológicas“, afirmaba Jaime Cuadriello en dicho libro, por lo que ambos montajes se convertirán en reflexiones complementarias a la hora de concebir los discursos históricos de la posteridad. Ω

Publicado en La Jornada Morelos Martes 9 de noviembre de 2010 http://www.lajornadamorelos.com/noticias/cultura/92461-reflexiones-sobre-la-iconolatria-nacionalista-zapata-y-villa-en-el-museo-de-arte-popular

viernes, 5 de noviembre de 2010

El nuevo Zapata es muy viejo- Reflexiones sobre el monumento ecuestre de la Plaza de Armas.


1.
En Cuernavaca y debido a la filiación local del caudillo, a Emiliano Zapata Salazar (1879-1919), se le han rendido varios homenajes escultóricos, pero el conjunto de bronces de la Plaza de Armas de la ciudad, develado en días pasados, destaca por su ineficacia como imagen de culto. El mismo refleja la pobre visión de quienes nos gobiernan con respecto a lo que debe ser la urbe, pero además refleja el anhelo del político que busca inmortalizarse junto a los héroes que no se despeinan. El hecho de que el presidente municipal en turno haya mandado inscribir su nombre en las cabeceras del zócalo dedicado a sostener la figura de Zapata implica un exceso de egolatría.

La pieza responde a los cánones de la estatuaria oficial nacida en la antigüedad clásica, no obstante y a diferencia de otras ubicadas en la República Mexicana, ésta no propone ni ofrece una lectura a la altura del hombre que participó activamente en la reivindicación del campesinado y en la modernización del país. Lo que se ha dicho en los últimos tiempos sobre Zapata en mesas de trabajo, tanto académicas como no académicas, es muy rico en imágenes, por lo que pienso que bien podría el autor de la pieza, el señor Miguel Michel, haber abrevado en significantes más completos que los que ofrece la iconografía tradicional.

Representar el momento en el que el personaje histórico se convierte en un héroe, en un elemento de la religión de la patria que se engrandece por la muerte trágica, implica seguir traduciendo literalmente la historia oficial. La composición de la pieza no ayuda a crear consciencia histórica, más bien propone la repetición de clichés y simbolismos rancios. En pocas palabras, representar a Zapata montando un brioso corcel que bien visto se torna en un jamelgo enclenque con la idea de evocar el dinamismo de la historia grandilocuente no es novedad: es una solución simplista tomada desde un escritorio en el que no se manejan más que dineros y los libros de arte no existen.

Un simple análisis formal de la pieza nos lleva a pensar en más de una desproporción: ya se ha dicho que el pedestal es demasiado grande y que el caballo no sostiene al un jinete que se preciaba del porte de sus animales, pero además, están la falta de cuidado en los detalles por parte del fundidor porque los acabados, en vez de aprovechar las cualidades específicas del bronce y destacar su calidad de fiel reproductor del molde durante la fundición, imitan los de la cantera.

Según Roland Barthes, el imaginario colectivo está estructurado por dos instancias que se interrelacionan: la estructura verbal y la estructura fotográfica. De lo anterior se desprende el hecho de que la información que recibimos de una pieza como la que comentamos reposará en los discursos que se le inscriban y en como lo hemos visto representado desde que el nacionalismo revolucionario lo encumbró como un ideal. De lo anterior se desprende la pregunta crucial para estos tiempos electorales: ¿debemos leer el mensaje denotado --el nombre grabado del político-- como un uso político de la imagen del general más carismático de la historia nacional? ¿debemos ver la pieza como un simple acto electorero chafa?

2.
Me parece que la idea que se ha venido manejando de hace unos días para acá en el medio artístico sobre la resolución formal de la pieza a partir de la idea del fusil, de la copia, del plagio, de la cita o del homenaje a la mejor escultura ecuestre de Zapata en el estado, me refiero a la de Xerxez Díaz Loya en Chinameca, tiene fundamento en la estructura de la inspiración. En primer lugar porque Díaz Loya solucionó así la composición hace más de tres décadas. Al haberse hecho pública su escultura, él conserva los derechos de autor sobre la pieza y hasta el momento no se ha pronunciado como plagiado, lo que se ha dicho entonces, es simple jerigonza.

Los atributos físicos de Zapata, la elegante y delgada figura corporal, los penetrantes ojos obscuros y el bigote pobladísimo, dieron pie a una gran cantidad de retratos que poco a poco derivaron en leitmotiv de la iconografía zapatista. El traje de charro, el sombrero y el rostro así estructurado identifican al caudillo a tal grado que se hace casi imposible deslindar los términos antes señalados. Pero lo que sí debemos destacar es la diferencia de tratamientos técnicos entre ambas piezas, porque si una destaca por sus acabados, la otra, patinada en negro para disimular poros y chorreados recubiertos con cera, opaca no sólo las caras de los personajes sino la figura del héroe.

En fin, que ni los detalles de los pastitos que sostienen al flaco monumento, ni la inclusión de Eufemio Zapata o Genovevo de la O acabados estilo “judas de cartón” o las lonas que rezan “Estamos trabajando para ti” puestas por el gobierno municipal nos levantan la moral a los ciudadanos de esta desprotegida y eternamente edénica ciudad. Ω

Publicado Diario de Morelos 28/10/2010
http://www.diariodemorelos.com/index.php?option=com_content&task=view&id=75916&Itemid=80

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Del caos organizado o del orden de lo caótico:


Seleccionadas de entre casi 200 obras, las setenta y siete piezas del Segundo Salón de Arte Visual Contemporáneo expuestas en el Jardín Borda hasta el 21 de noviembre, responden a los criterios establecidos a priori por los miembros del jurado integrado por el editor de gráfica Enrique Cattaneo, la acuarelista Susan Flagerty, el fotógrafo Pericles Lavat y el maestro de medios alternativos de la UAEM, Héctor Ponce de León. Antes de lanzarse a la tan difícil tarea de descalificar a algunos de sus colegas, ellos decidieron tomar en cuenta la resolución técnica, la presentación de la obra y el aspecto conceptual que soporta cada trabajo. Cabe destacar que la novedad, lo que no repite recetas se tornó en un requisito indispensable porque la vocación y el título del salón así lo pedía. “Eliminamos lo malo, lo de siempre y tampoco aceptamos lo decorativo y los efectos vociferantes. Una vez descargado el trabajo más pesado, me refiero a la eliminación primaria, cada quien buscó los 15 o 20 mejores hits de su selección personal y nos dispusimos a defender los trabajos desde la discusión teórica, dejando el gusto personal a un lado” --afirma el también pintor Enrique Cattaneo--, quien añade que: “llama la atención la gran honestidad con la que enfrentaron su quehacer artístico y su condición femenina la mayoría de las mujeres presentes en la muestra.”
El texto de sala reza sobre lo contemporáneo: “El concepto de contemporaneidad se aplica no a un criterio cronológico, sino estético, definido por su ruptura con el academicismo y por su adecuación a renovadas y provocativas teorías del arte: arte deshumanizado, muerte del arte, crisis del objeto artístico o arte independiente.”, lo cual prepara al espectador para un enfrentamiento caótico, para una serie de juicios que habrá que ir razonando con más cautela que la prevista en otro tipo de muestras colectivas, en las que la invitación a transgredir no es tan manifiesta. Lo que se quiere decir aquí, es que si bien lo contemporáneo requiere por su inmediatez y su cualidad efímera una aceptación rápida –vivimos en la era líquida--, también es cierto que con el tiempo otros criterios regularán el trasvase a la Historia y no todo lo novedoso que hoy se nos presenta, subsistirá en la memoria del espectador.
Abundo en esto porque el mundo de la estética ha cambiado y el arte contemporáneo se ha tornado un discurso cada día más dirigido descaradamente a los especialistas enterados de lo que sucede en los congresos sobre pintura contemporánea. ¿A dónde nos lleva tal conclusión? Por lo menos a decir que en Cuernavaca, se está dando la posibilidad de un diálogo con el llamado mainstream, a afirmar que existe una intención palpable de integrarse al gran mundo de los museos internacionales de parte de quienes participan en esta edición del salón, aunque sin perder --porque no se puede--, el sabor de lo propio, y lo propio es la figuración empapada en color y el formato no arriesgado.

Las técnicas y la forma
En este salón las técnicas y la temática elegidas son diversas, pero destacan el encausto por el “brillo” que lograron imprimirle Christina del Valle y sus alumnas --entre ellas la ganadora Tamara Jung--, a la técnica de la cera caliente y la acuarela por la limpieza con la que se colocó el agua coloreada sobre el soporte. Valga agregar que el monotipo que presenta Victoria Pareja --aunque fuera de concurso porque ella preside este salón—es una delicia de pieza lograda a partir de una placa entintada, a la que lúdica y sutilmente, se le fueron sacando luces para formar una cactácea en primer plano, sobre un horizonte hecho de dulces gradaciones.
La gran revelación del salón se la debemos a Agustín Santoyo, joven morelense egresado del CEMA, quien también expone por estos días en la Galería Pozos de esta ciudad. Cabe destacar del autorretrato pintado con acrílico de gran formato que exhibe, no sólo la referencia literaria que remite a una traducción indirecta de una escena de “Alicia en el País de las Maravillas”, sino el contenido latente, aquello que está pulsionado por la obsesión y que se hace presente en cada una de las piezas de su autoría que he visto últimamente. El afirma que la emergencia de sus figuraciones nace de un interés en lo kitsch y los patrones presentes en las artesanías huicholes, guerrerenses o oaxaqueñas, sin embargo, a mí me hace pensar que incluso los títulos con que bautiza sus series (Bendita ave de mal agüero), remiten a una lectura psicoanalítica más interesante que lo técnico y lo formal. Su obra, él montado en un toro, él vestido como payaso, el de perfil y no de frente, él y mil veces él re-presentado casi como un otro, es, a todas luces, una manifestación de la búsqueda del ser integrado que trasciende la representación convencional del yo egocéntrico.

Las menciones honoríficas
Recibieron menciones honoríficas Gerardo Hernández Garduño, Rubén Deneb Pérez, José Luis Campos, Carlos Canales y Juan Jacobo Figueroa. La impresión fotográfica en tela de éste último, resulta de interés no sólo por su gran formato, sino porque remite a un altar de muertos en el que el culto a la Santa Muerte, propio de la narcocultura, convive con un budismo ligth basado en la apropiación de una figura sedente, desprovista totalmente de sentido, al lado de un fetiche de plástico.
Estudiante de Artes en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), Rubén Deneb presenta una fotografía análoga que aborda lo social a partir de la lobotomización de la que somos víctimas los televidentes. “Televicios” forma parte de un interesante proyecto que fue el único seleccionado en el estado, en la categoría de fotografía, para la sexta edición del Festival Entijuanarte 2010 Frontera Creativa, que se llevó a cabo el 1, 2 y 3 de este mes en Tijuana, B.C.
Carlos Canales (Gompo), pertenece a varias comunidades de fotógrafos en internet y se mantiene al día en técnicas fotográficas, y aunque afirma que aprecia más la foto al natural casi sin alteraciones de programas de postproducción digital, lo cierto es que la fotografía que presenta recuerda los alcances de la pintura abstracta y del diseño gráfico pensado para publicidad.


El erotismo no explícito de Kenia Cano:
La ganadora del primer lugar de este certamen, la escritora y artista visual Kenia Cano lleva años destacando las posibilidades de un erotismo velado, explorado sin miedo. Se trata del trabajo de una artista madre de familia que vive en una ciudad, ésta, que no se distingue por contar con un grupo de artistas feministas y sin embargo es una urbe que está urgida de trabajos en los que se represente el anhelo de completud de la mujer. Si hubiera que se describir la obra ganadora, diríamos que se trata de la representación reiterada de una figura ojival en negros con rojo mediante la técnica de la acuarela sobre “dollies” de papel. Cada una de las siete piezas enmarcadas en negro incluye poesía y algunos objetos, lo cual hace que las piezas vengan a recordarnos las cajas de Joseph Cornell más que simples acuarelas abstractas. A ella, por tratarse de una artista destacada de tiempo atrás, le dedico un espacio especial en esta mi reseña preparada para el Diario de Morelos con la emoción de quien se topa de vez en cuando con lo bueno que se hace en este estado:
MHN.- ¿Kenia, en pocas palabras diríamos que tu obra aborda lo femenino a través de un discurso que no tiene que ver con la representación del cuerpo desnudo, aunque cuerpo no deja de haber?
Kenia Cano.- “Mis piezas siguen siendo abstracciones lo que presento, aquí se puede leer omo una flama o una mandorla –incluyendo lo sagrado de las mandorlas y las Vírgenes, la madre primera, los mundos primitivos, el paleolítico, las representaciones de las diosas primitivas, etc., pero también aparece la abstracción del cuerpo entero, son al mismo tiempo vaginas y el hecho de que estas vaginas estén sobre una blonda calada, me remite al aspecto de la ofrenda y de lo que se come sobre un mantel. Pueden ser como galletas, está el aspecto nutricio de estas representaciones a la mano.
“La factura de las piezas además tiene que ver con el quehacer femenino. Hay un pedazo de un vestido de seda con flores rosas que era de mi abuela. Decidí cortarlo porque es parte de mi historia, se trata de algo de mis ancestros femeninos. La fotografía de la mujer que puse es un antepasado mío que remite a la línea matriarcal.
“Las 7 piezas las llamo “Umbrales” y son siete porque es un número vinculado a los 7 chacras; esto me lleva a pensar en un proceso de liberación para mí y las mujeres que entiendan desde donde realicé estas piezas. Hay unas con un péndulo, hay otras con semillas en forma de espiral. Casi todas cargan con algo, porque lo simbólico importa. Por ejemplo, la de la llave que sirve para abrir un universo, la de la semilla que abre la fertilidad, el hueso que habla de Tánatos en Eros.
“La oración de la monja Maha Dedikayya que aparece en los Upanishad la reescribí porque tratándose de una mística que no conocía a Dios a través del dogma de fe, sino de la experiencia personal, me pareció importantísimo su discurso y su sentir. Tengo sus poemas en papel de arroz y otros los quiero bordar porque ella, como personaje me interesa mucho.”

Roca constelada
cuando mi otra boca
escucha tus silencios
(Fragmento del poema reescrito por Kenia Cano en una de las siete acuarelas que conforman la pieza ganadora del certamen.)

Publicado en Diario de Morelos 3/11/2010
http://www.diariodemorelos.com/index.php?option=com_content&task=view&id=75007&Itemid=68

martes, 19 de octubre de 2010

“Los placeres de Alma”, un grabado que cuenta una historia de amor


Las siguientes son las declaraciones del artista plástico Alejandro Quijano sobre una de las piezas de su autoría que más me han gustado en los últimos tiempos:
“Hace un par de años realicé una pieza que se llama ´Los placeres de Alma’, con la idea de participar en el homenaje que se le realizó a Freud en la Galería Pedro Gerson, del Centro Deportivo Israelita. Durante la breve investigación que realicé sobre el padre del psicoanálisis, encontré que uno de los casos más difíciles que se le habían presentado en su vida profesional a Freud, había tenido que ver con Alma Mahler, como mujer del famoso músico de nombre Gustav, de quien ella toma el apellido Mahler. Cuenta la anécdota, que Mahler no era un hombre muy expresivo emocionalmente, que ella se sentía sola y que al tener frecuente contacto con diversos artistas y ser una mujer atractiva, se le dio la oportunidad de vivir una relación amorosa con Walter Gropius. Lo interesante del caso es que el marido engañado se fue a enterar de todo por un ´error´ o acto fallido. Resulta que Gropius le envía una carta de amor a ella, pero en lugar de dirigírsela escribiendo ´Sra Mahler´, escribe ´Sr. Mahler’, por lo que el marido la abre y se da cuenta de la infidelidad de la esposa.
“Enfurecido, lleva la misiva a Freud buscando tratamiento; la sesión duró más de 7 horas y se dice que para el psicoanalista esta fue la sesión más cansada de su vida, que quedó agotado.
“A mí, como artista, se me ocurrió plantear la historia de ella y no la representación del triángulo amoroso. Por eso esta pieza se llama los ‘Placeres de Alma´. Se refiere a la maternidad –aunque también sufrió la pérdida de dos hijos--, el amor a las artes y el amor al Gropius que la completó, porque no se enamoró de cualquier instructor del gym o persona insignificante, sino de una persona carismática y talentosa. ´Los placeres de Alma’ se refiere a la capacidad de ella enamorarse, de vivir en un mundo de artistas, de ejercer su sexualidad, de ser artista ella misma, de ser mujer cuando no se podía más que ser madre o esposa. Hay que saber además, que no sólo la cortejó Gropius; otros personajes de la época también voltearon a verla.
“La técnica de la pieza: está realizada en placa de aluminio entintada a rodillo, para buscar altorrelieve a partir de placas metálicas –gofrados—que tienen a su vez pequeños grafismos. En términos reales, la lectura de la pieza debe ser simbólica, porque los pechos no corresponden a la anatomía, el vientre está abultado por su maternidad, la flecha que señala el pubis habla de los placeres del cuerpo. El amor y la censura están indicados por los pechos que son ojos al mismo tiempo. El azul Prusia de su cuerpo da la profundidad a la pieza, pero además lo quise así porque es sedativo. Quise representar la serenidad que le dio a su vida ésta relación. Lo que me interesó no es el hecho de que el marido se sintiera traicionado y ella se sintiera censurada, sino el hecho de que ella buscara la felicidad y la placidez en medio del desánimo. Además, quise decir algo de Freud que no fuera lo cotidiano, ni proviniera de la academia. Yo quería proponer que el psicoanálisis está construido por factores humanos, eso es lo inagotable y lo valioso de esta disciplina. Habla de que el ser humano no puede ser destruido ni abordado con teorías parciales. El psicoanálisis es cuestión terapéutica, pero el factor humano incluye la aventura de la vida y eso es lo importante de la lectura de esta imagen, de este grabado que realicé movido por el asombro.”

Alma Marie Schindler (1878-1964) destacó en su Viena natal por su belleza e inteligencia. Hija de pintor, creció en un ambiente privilegiado en materia de alta cultura porque a su casa acudían diversos artistas, entre ellos Gustav Klimt, con quien se sabe tuvo amoríos. La relación con Mahler, quien le llevaba veinte años, no fue fácil para ella porque frecuentemente se veía obligada a dejar sus aficiones personales en aras de ser madre, esposa, copista y lectora de las obras de su esposo. En el verano de 1910, se enamoró del joven arquitecto Walter Gropius, fundador, años después de la Bauhaus. Se sabe que Mahler sufrió mucho por ello y buscó ayuda con Freud. Compuso la Sinfonía número 10 para sublimar esta vivencia y murió meses después. Alma tuvo además un affaire con el pintor Oskar Kokoschka, quien la retrató varias veces. Con Gropius se casó en 1915 y tuvieron una hija que murió de poliomielitis a los 18 años.
Por la persecución nazi, Alma Mahler Gropius Werfel (por su último marido, novelista) viajó a los Estados Unidos y vivió sus últimos días en Nueva York, en donde fue reconocida por su amplia cultura. Llama la atención que depositara en varios pintores (maler en alemán) su amor y que de su obra musical se hable muy poco hoy en día. Ω

sábado, 9 de octubre de 2010

Las “cubanidades” del arte cubano



1.
Cuba vive su insularidad amplificada por el régimen totalitario que la aísla del mundo (la población no cuenta con el internet abierto a todos los portales existentes y las librerías surtidas tampoco existen). Doblemente isla, Cuba se inserta de todas maneras en la sintaxis plástica mundial debido a los esfuerzos de algunos creadores que, obligados por el mercado o no, viajeros ocasionales o no, amigos de curadores y críticos informados o no, luchan por dejar huella de la cubanidad posmoderna en la historia plástica del mundo.

Y es que la isla conoce la pobreza y la cerrazón, pero no en el terreno de la creación artística. Es bien sabido que la promoción cultural siempre ha funcionado como arma propagandística a los regímenes totalitarios y en este caso específico, la producción artística se ha tornado en un aparato importante a la hora de querer conquistar simpatías internacionales. Además está el mercado del arte, generador de las tan necesarias divisas, que en alguna medida condiciona la configuración de las obras que se tornan por ello exportables.

Por otro lado, para nadie es novedad el hecho de que existe una “cubanidad cubana[1]” que se explota mucho y que el turismo compra con gusto ya sea por los valores plásticos innegables de muchas de las piezas o por el sentimiento que despiertan ciertas obras relacionadas con el destierro y la situación de los balseros. Por lo demás, están las obras que como tarjetas postales, representan a los jugadores de dominó fumando puros, las piezas relacionadas con el baile y la música y las “fachadas” cubanas semiderruídas y descascaradas que se han tornado en un leitmotiv, en un “recuerdo de viaje” (en este sentido un reconocimiento merece el mexicano Rafael Cauduro quien en la década de los ochenta adoptó y resignificó este asunto para hacerlo parte de su notable propuesta plástica). Interesante resulta también la elección de los materiales y técnicas empleadas dado que no cuentan con la vastedad de los insumos con los que cuentan los creadores de los países desarrollados y muchas veces se las tienen que ingeniar para expresarse con objetos propios de otras disciplinas o utilizan materiales de desecho como follajes, papel, etc.[2]

Un paseo por las galerías y talleres cubanos se torna en un sondeo necesario por cuanto pueda uno encontrar propuestas interesantes ya que en esa isla hay exposiciones desde los mercados al aire libre hasta las diversas galerías y los museos, pasando por los talleres abiertos al público paseante en el centro de La Habana vieja, sin duda una modalidad “democrática” y novedosa en el terreno del mercado del arte tradicional (entiéndase de los países capitalistas, en los que el mercado se dirige a una élite privilegiada que toca las puertas de galerías cerradas o va por invitación expresa).

Mención aparte merece el museo donde se exhibe el arte cubano, dependiente del Museo Nacional de Bellas Artes, en el que se ven las propuestas más sobresalientes de la plástica nacional desde la época colonial hasta nuestros días. Este edificio de hormigón y cristal es un abrevadero indispensable si uno pretende conocer más a fondo la historia del arte de este pequeño y noble país, aunque no cuente con un acervo abundante.

2.
Como sabemos, “el nuevo arte cubano”, calificación que entre otros se le ha dado a la producción plástica surgida a partir de los años 80 en esa isla, ha venido destacándose en los diversos mercados del arte que se ocupan de la producción latinoamericana. Además de eso, la Bienal de la Habana, pensada según sus curadores para dignificar sus creaciones frente al mundo occidental y los circuitos privilegiados por los grandes coleccionistas a partir de 1984, ha logrado consolidarse como la más importante feria de arte de América Latina. En el terreno ganado a la censura, mucho hicieron las muestras Volumen Uno, Trece artistas jóvenes y Sano y Sabroso, todas en La Habana en 1981[3], además de los trabajos del grupo Puré y Arte Calle en su momento. Sin duda, hoy los artistas gozan de muchas más libertades expresivas que antes, dándose el caso de que aún los antes proscritos y/o expulsados de salones de estudio y exhibición, como Tomás Sánchez, Nelson Domínguez, Juan Francisco Elso, Gustavo Pérez Monzón o Servando Cabrera hoy se exponen como si nada, a lado del realismo social que se alentó hasta los años setenta.

Durante las dos últimas décadas del siglo XX un sinnúmero de poéticas individuales han surgido como respuesta a una necesidad imperiosa de manifestarse individualmente, coincidiendo varios creadores en soluciones propias del llamados posmodernismo como son los retomes, las citas y las combinaciones de lenguajes de las vanguardias históricas.

Así sucede con las piezas de Ángel Alonso (La Habana, 1967) y Agustín Bejarano (Camaguey, 1964). El primero con más de 20 exposiciones personales en Cuba, Estados Unidos, Alemania y Suecia, sintetizando las figuras al máximo, convirtiéndolas en símbolos más que en representaciones individualizadas, coloreándolas con tintes saturados para representar con ciertas reminiscencias del pop art, a los que deciden lanzarse al mar en llantas de trailer y a quienes se conciben solos frente a ciertas circunstancias abrumadoras.

Por su parte, Agustín Bejarano, graduado en pintura y grabado en el Instituto Superior de las Artes en La Habana, ganador de múltiples premios nacionales e internacionales, se ha abocado últimamente a los grandes formatos de sabor contenido por las tonalidades grises y tierras que emplea para sus piezas de orden filosófico no exentas de melancolía –por más que la crítica que ha abordado su trabajo quiera encontrarle visos de buen humor--. Aprovechando algunas propuestas del minimalismo, alejándose de sus series anteriores en las que saturaba los espacios con figuras, trabaja sobre bastidores redondos sin enmarcar, les aplica texturas con pastas cerámicas y luego dibuja –su obra ahora es más gráfica que pictórica-- al hombre solo que somos todos enfrentado a situaciones extremas que sin embargo no sentimos penosas o amargas ya que la intención del artista siempre va por el lado de la metáfora; jamás implica una anécdota o narra situaciones reales y no cae en el “balserismo” del que hablábamos.

Antonio Canet (Casa Blanca, 1942 , La Habana, 2008 ) se hizo conocido a partir de la década de los sesenta por sus representaciones de la ciudad con sabor costumbrista y poco a poco fue desembocando en un expresionismo abstracto colorido sin pudores, gráfico en alto nivel por su incesante labor como grabador. Hoy en día Canet es un pintor reverenciado por muchos no sólo por la calidad de su obra de tenor expresionista que en ciertos momentos recuerda a Tápies, sino por su actitud de vida exenta de poses, cumpliendo con el postulado del arte por el arte, sin interesarle el mercado de sus obras con fines de lucimiento. De este grande de la plástica cubana, a quien Lezama Lima le dedicara varias páginas de “La visualidad infinita”, libro de crítica indispensable para entender la historia del arte del país, se present ó durante el mes de marzo en Quito, Ecuador y luego en Venezuela y Chile .

En fin, que creo que más allá del análisis estético que se pueda hacer, se plantea aquí el asunto de la situación política de la isla más isla de todas porque por más que el tema principal sea el urbano, la descomposición del régimen y el trato que reciben los cubanos en el mundo –recordemos el caso de la aplicación arbitraria de la Ley Burton-Helms por los directivos de cierta cadena hotelera de capital norteamericano en México-- dejará sus huellas en las obras plásticas y es que la libertad de expresión de la que gozan hoy en día los creadores puede tener que ver también con uno de los discursos más difundidos de Fidel (diciembre 2006), en el que acepta que las cosas no marchan tan maravillosamente al interior de su gobierno: el ocaso de la dictadura tendrá, como es de esperarse de los creadores sensibles, a sus primeros cronistas. Æ

[1] Si me aventuro con los términos empleados pido perdón, se trata de la emoción del espectador emocionado ante lo cubano.
[2] No confundir en este caso con las piezas de Juan Francisco Elso y de José Bedia, quienes hicieron un “arte povera” a destiempo y fuera de la isla por gusto y no por necesidad.
[3] Cfr. “Déjame que te cuente. Antología de la crítica en los ochenta“, trabajo de Margarita González, Tania Parson y José Veigas. Artecubano Ediciones, La Habana, 2002)

martes, 21 de septiembre de 2010

Jorge Cázares: pintor de paisajes morelenses


Yendo de lo general a lo particular, diré que Jorge Cázares Campos es reconocido por su trabajo promovido por la Cerillera La Central hace más de dos décadas. Jalando el hilo de la tradición, sus muy afortunados paisajes llegaron a miles de hogares llevado la representación de la naturaleza morelense a cumbres muy elevadas, porque como se puede ver, no es la realidad visual su afán básico, sino penetrar en un mundo de esencias donde la vida surge, donde eros reina sobre tánatos. Como diría Worringer, un afán de buscar un “acercamiento a lo orgánico y vitalmente verdadero...por haberse despertado la sensibilidad para la belleza...y por el deseo de satisfacer esta sensibilidad rectora de la voluntad artística absoluta” 1
Escribí hace años un texto que se convirtió luego en el único libro crítico sobre su obra. Allí decía yo que actualmente, no son muchos los creadores mexicanos que exploran el hecho de la belleza natural a partir de su totalidad, originalidad y grandeza. Sólo unos cuantos, siguiendo la tradición mexicana del siglo XIX y principios del XX, que fue grandiosa en este aspecto, han abordado en épocas recientes el asunto del paisaje apelando a nuestra capacidad de gozo o de asombro sin caer en las complacencias del decorativismo o sin incurrir en argucias intranscendentes, como las de las estrategias ramplonas de mercado: el olor a pino viene envasado como aromatizante, “mountain dew” es un refresco, “sunny delight” es un jugo, etc.

Así como el vivir de manera natural ha perdido su preeminencia en la experiencia humana, así también la ha perdido en el arte. Ello no significa que las protestas por lo que se ha hecho con el mundo a raíz de la era industrial y tecnológica estén ausentes del discurso actual del arte. Por el contrario, muchas propuestas parten de este asunto: el land art, el arte conceptual, la nueva figuración, la transvanguardia y hasta el neomexicanismo comparten cada una su manera, esta preocupación pero la vía que transitan es la de la deconstrucción, la abstracción, la protesta y la ruptura de cánones artísticos. Para muchas de las propuestas actuales en torno al paisaje, lo general es lo primario y el sitio representado, la particularidad de cada asunto natural, queda en segundo término o desaparece. La vía de la ventana abierta hacia el exterior; la pintura figurativa, representativa, naturalista, aquella que llena las salas de muchos museos porque apela a lo más esencial del hombre se produce hoy en menor medida. 2

Surge en la crítica de arte contemporáneo el término heterotopía para referirse a la creación de un paisaje en el que el artista desearía vivir o transformar su entorno. Desde ahí quiero comentar hoy que el mural de su autoría recientemente inaugurado en el Palacio de Gobierno de esta ciudad de Cuernavaca es un prodigio técnico que merece una y mil visitas. Que construido a partir de fragmentos y esencias introyectadas, la escena natural recreada es de una belleza suprema por el milagro de la entrega al detalle.

Confieso que me molestan los personajes que aparecen en los primeros planos. Dedicado a los festejos del bicentenario de nuestra independencia el mural fue “decorado” con la presencia de algunos personajes históricos cargados del dinamismo propio de la narrativa histórica y eso está bien en tanto el mural transportable cumple una función didáctica, pero por favor, fíjese usted en la atmósfera dorada y en los miles de planos que nos invitan a transitar con un ritmo sosegado hacia el fondo. Sienta el cielo cargado de brisas y olores. Piérdase en la tierra, palpe la rugosidad de la roca y del tronco añoso que habitan la escena. No se lo pierda. Recupérese de tanta fruslería que nos proponen los medios de comunicación centrados en la visualidad plana dejándose llevar por el amor que puede despertar la reflexión estética. Ω

1W. Worringer, Abstracción y naturaleza, p. 41
2Al respecto, resulta muy interesante sondear el mercado de exposiciones en busca de muestras dedicadas al análisis de este género pictórico. En nuestro país, y con excepción de 4 o 5 colecciones permanentes en las que se más o menos se puede seguir la historia de este género, una muestra temporal dedicada al paisaje mexiquense en 1995 y dos exhibiciones presentadas hace unos cinco años en el capitalino Museo de Arte Moderno, se le ha brindado poca atención a esta vertiente, mientras que en Estados Unidos (la Escuela del Hudson River marcó a varias generaciones de adeptos y sus influencias son notables hasta la fecha), Canadá y algunos países del norte de Europa se le dedican salas continuamente a la producción paisajística.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Da Vinci vs. Ingres


Me postré, la semana pasada frente a una pintura interesantísima no sólo por su contenido manifiesto: el último suspiro del anciano Leonardo da Vinci en su cama, siendo sostenido en una posición muy incómoda por el Rey Francisco I de Francia, acompañados ambos por 5 personas más en la habitación del castillo en el que vivió sus últimos años el pintor, cerca de Ambiose; sino por el contenido latente de la obra, me refiero al hecho de que salida de la mano de Jean Dominique Ingres, la obra puede leerse como la puesta en escena del “conflicto” entre las concepciones de lo que debe ser la pintura para cada uno de los artistas involucrados. Se trataría, en este caso, de la metáfora visual de la prevalencia de lo dibujístico sobre lo pictórico e Ingres estaría “matando” a Leonardo simbólicamente.
Expuesta dentro de la muestra colectiva titulada “Drama and Desire: artists and the theatre”, en la Galería de Arte de Ontario, Canadá, el pequeño óleo de 40 x 50 cm, pintado en 1818 (habitualmente expuesto en el Petit Palais), pretende en el contexto de la misma hacer evidentes los intereses de los artistas en la representación del pathos, en demostrar que la pulsión actoral ha influido desde tiempos inmemoriales en los artistas visuales, quienes representan (nótese la importancia de la palabra en este doble contexto) a sus personajes no con en una actitud corporal normal, sino obedeciendo a una gestualidad acentuada.
Tal lectura de las piezas incluidas en la exposición me parece fascinante toda vez que solemos dar por hecho que sólo los artistas barrocos martirizaron en exceso a sus personajes con la intención de atraer fieles, siendo que desde los mitos griegos nos encontramos con la idea del drama y el “Wunsch” (deseo, anhelo entendido en términos freudianos) representados, escenificados, actuados, patetizados. Somos morbosos y nos atraen los deseos y emociones de los demás.

Leonardo da Vinci (Vinci, 1452 - Amboise, 1519 ) es considerado el padre de la pintura renacentista por derecho propio. Insistió el mismo, en la importancia de la perspectiva aérea, que es aquella cualidad nos hace percibir tendiendo a lo azul los planos más alejados del paisaje. Dicho de otro modo, las montañas van cambiando de coloración a medida que se alejan, pasan de los cafés y verdes a lo azul. Por otro lado, en el famoso retrato de Mona Lisa del Giocondo, Leonardo pinta además empleando el sfumato, es decir, mezcla la pintura o hace borrosos los límites entre las zonas de colores diversos para lograr atmósfera. Por esto y por el interés del pintor en el color, Leonardo viene a representar en la historia de la pintura al equipo de los pintores, más que a los dibujantes.

Por su parte, Ingres (Montauban, 1780 – París, 1867) es considerado el padre de los pintores interesados en destacar la importancia del dibujo como estructura o soporte de la pintura. Sus retratos nos dan la idea de esculturas más que de personajes de carne y hueso, sus zonas de color son casi planas y en los espacios que representa se entienden perfectamente los límites entre los objetos. A Ingres le interesaba la claridad de la imagen y evidenciar el proceso creativo basado en la planeación de la pieza y su esqueleto fue su principal propuesta artística.
No digo más, que siendo tema de pintores para pintores, la representación de la muerte de un pintor por otro pintor, adquiere lecturas significativas interesantísimas que van más allá de lo anecdótico; inciden en los terrenos de la teoría del arte y del psicoanálisis y esto me parece mágico en una época en la que los discursos sobre el arte insisten en la muerte de la pintura y en conceptualismos ñoños. Ω
La muerte de Leonardo da Vinci, Ingres, 1818, óleo sobre tela, 40 x 50 cm, Petit Palais, París.

lunes, 30 de agosto de 2010

Cómo ser culto y no morir en el intento


El presente conjunto de sugerencias quiere ser una de las recetas básicas para el museum goer feliz.

Entre “ser” y “parecer” hay una enorme diferencia que no se reduce a posturas filosóficas o de elevada tertulia: llevado a terrenos más prácticos, el asunto adquiere una enorme relevancia: ¿Ser o no ser…en sociedad? ¿Hacerla o no hacerla en un medio que nos exige más preparación cada día?

Y es que “parecer cultos” no nos resuelve el problema: el aprendizaje de dos o tres frases lustrosas y un par de poses pseudocientíficas nos llevará al fracaso tarde o temprano: basta recordar los resbalones de ciertos políticos al mencionar autores o querer manipular piezas que forman parte del ámbito de lo sagrado para comprobarlo.

Se trata en cambio, de poder asistir a las salas del museo y saber qué hacer, qué decir y cómo enfrentarnos a esa desconocida que está frente a nosotros y que se ha dado en llamar obra artística y que se nos presenta de golpe, sin darnos más elementos para su comprensión que los propios: el color, las formas, la composición, el material. Claro está que existen las cédulas o fichas técnicas, esos pedacitos de foambord que indican quien hizo la pieza, en qué año y por medio de qué técnica. La cuestión es que los datos ayudan con la información, pero estar informados no es ser cultos y es allí en donde empieza el problema. ¿Qué debemos hacer entonces? Antes que nada, abrir bien los ojos y esquivar las cédulas porque implica una muy mala costumbre acercarse a ellas sin dedicarle el suficiente tiempo a la creación humana más humana de todas, que es la obra de arte. Dedíquese a contar en su próxima visita a cualquier templo del arte, a todos aquellos que sólo ven cédulas y no toman en cuenta las piezas a las que se refieren y verá el tamaño del desatino al que me refiero.

Si usted es culto de verdad, mejor haga un comentario culto. Respire hondo y pregúntese qué le dice la pieza, desnúdela, seguro encuentra declaraciones muy lúcidas. He aquí el consejo de los iconógrafos, aquellos que se dedican a estudiar imágenes: “Lo primero que hay que hacer, sin miedo, es una lectura rápida (las imágenes se leen, queridos amigos) para tratar de entender el tema de la pieza”. ¿Que es abstracta? No importa, aún en esos casos las obras de arte tienen mucho que contarnos si sabemos escucharlas; por ejemplo ¿Nos transmite alegría o tristeza? ¿Se ve que el autor la pensó mucho o es el resultado de un impulso pasional? ¿Nos refiere a un tema ya conocido aunque sea tangencialmente? ¿Se trata de una pieza geométrica que nos remite a valores matemáticos?

A estas alturas, ha de saberse de cajón, que el arte abstracto es diferente en cada autor y que por más que quiera copiarse, cada estilo es irrepetible y demuestra el alma de su creador. Piénsese, por ejemplo, en la contemplación serena y el valor del color en los que pensó Mark Rothko frente al impulso vital de Jackson Pollock.

Pasado el trago amargo del arte abstracto --nunca falta aquel que dice “Mi hijo de 4 años pinta mejor”, “Esto no lo entiendo, qué quiso decir el autor” “Esas son jaladas, yo lo hago en 5 minutos” y un interminable etc., de sandeces--, me regresaré un poco para explicar el abecé básico de la sala clásica de exhibiciones.

El ABC
Antes que nada hay que decir que el texto grandote, en el que suelen aparecer algunas explicaciones, la biografía del pintor y los agradecimientos institucionales, se llama “Hoja de sala” y está allí para que lo leamos y nos enteremos de la información básica. Una vez leído el rollo, que suelen ser alrededor de dos páginas compiladas en una sola, grandota, debemos pasar a ver la muestra –saltándose las cédulas lo más que se pueda, ya dije— y haremos comentarios personales cuando se pueda. Aquí lo importante es dejar claro que los mismos no deben indicar más que lo que sentimos frente a una obra de arte, así sea nada; no en balde se la pasó el artista horas o una vida haciendo cositas para que uno no sea capaz de entender un pedacito de su idea general, no hay que ser.

Por último: una retrospectiva se refiere a la presentación del trabajo realizado a lo largo de muchos años por parte de un autor; una colectiva es, desde luego, el montaje de un cúmulo de obras de varios artistas y puede haberse colgado temáticamente o por épocas. ¡Ah! Y cuando se trata de una muestra temática, entonces dedíquese a mirar cómo han cambiado los estilos y las miradas de cada hombre o mujer que se ha detenido en un asunto por un rato.

viernes, 20 de agosto de 2010

¿Quién fue Mona Lisa?


Hace un par de años leí con entusiasmo “Mona Lisa mulier ingenua”, de Giuseppe Pallanti (Polistampa, Florencia, 2004), una publicación construida a partir de la documentación existente en archivos florentinos sobre las familias Gherardini y del Giocondo. ¿Quién era esta mujer? Nos preguntamos ante el retrato más famoso del Renacimiento.

La información proporcionada por Giorgio Vasari, el más célebre biógrafo y cronista de la época indica que se trata de la esposa de un comerciante apellidado del Giocondo. No obstante, lo más significativo del texto se asienta en el prólogo: nunca se ha podido probar que Mona Lisa Gherardini, segunda o tercera mujer de Francesco Zanobi del Giocondo sea el personaje del célebre retrato que pintara Leonardo da Vinci entre 1503 y 1506, hoy en el Museo del Louvre, en París.

Lo que sí prueba el autor es el lugar de nacimiento de Lisa Gherardini (Archivos del pago de impuestos de 1480): ella nació el 15 de junio de 1479 y murió el 15 de julio de 1542, a los 63 años, en el convento de Santa Úrsula de Florencia.

Pallanti nos presenta a Lisa Gherardini como una ama de casa común y corriente, nacida en una familia de abolengo que había perdido poder económico y político para esas fechas, pero que después de casarse con del Giocondo, próspero comerciante de telas recientemente viudo y 14 años mayor que ella, gozó del bienestar de las de su clase.

Asimismo nos enteramos de que Lisa y los 5 hijos que tuvieron (Piero, Camilla, Andrea, Giocondo y sor Ludovica) heredaron lo dispuesto por éste en un testamento que se puede consultar hasta la fecha; nos cuenta que sus dos hijas fueron monjas (igual que sus hermanas) y que como ama de casa, ella fue testigo de la donación por parte de su esposo, de algunos de los bienes familiares a sus hijos Bartolomeo (nacido de su anterior mujer, Camilla Rucellai), Piero y Andrea, así como de la estipulación de una dote para su hija Camilla en 1503, año en el cual también compró una casa en vía de la Stufa, vecina a la suya, un hecho que apoya la versión del encargo del retrato a Leonardo da Vinci a manera de conmemoración de estreno de la nueva vivienda. También se nos informa que Lisa ingresó en el convento de Santa Úrsula cuatro años después de quedar viuda, donde ya era monja una de sus hijas.[]

...

Poca gente conoce y cita tal texto a pesar de que el mismo está traducido a 5 idiomas. Tampoco se ha difundido fuera del ámbito académico, el descubrimiento de un comentario escrito por el oficial Agostino Vespucci en 1503, amigo de Leonardo al margen de una edición del siglo XV de las cartas del orador romano Cicerón. Descifrado hace un par de años, el texto dice que Leonardo trabajaba en tres obras al unísono en esos días, una de ellas el retrato de la esposa de del Giocondo, lo cual, al parecer confirma que Lisa Gherardini es la mujer del retrato. Pero como poco se habla de tales asuntos, prefiriéndose en cambio el enigma que envuelve al personaje, estoy tentada a decir que la vida artística permite lecturas más interesantes que la vida cotidiana; que los hechos que entintan nuestra vida social son demasiado obtusos, o que el misterio de lo desconocido brinda más sustancia al ser imaginativo que el documento real. Ω

Publicado en Informorelos 19 de agosto de 2010 http://www.informorelos.com/noticias/index.php?id=61409&q=opinion&idCom=9

viernes, 6 de agosto de 2010

Arte post-chicano: Tony Ortega en el BMoCA 1



1.
El arte chicano es un capítulo del arte contemporáneo poco historiado, no obstante, la singular problemática que ofrece no se basa en la poca bibliografía existente, se basa en la porosidad de sus fronteras. El llamado “arte latinoamericano”, el arte de contenidos nacionalistas y lo folclórico o exótico, se relacionan frecuentemente con lo producido en Estados Unidos de Norteamérica por las llamadas minorías hispanohablantes, siendo la denominación “Arte Latinoamericano” de interés especial para quienes buscan hacerse visibles en las grandes casas subastadoras.
Por otro lado, dos siguen siendo las aproximaciones al asunto: la de quienes se asumen como “la otredad” –léase los inmigrantes que intentan representarse a sí mismos a partir de su condición social--, y la de quienes escriben sobre el arte producido en América (ellos creen que América es su país) por los foráneos o sus descendientes.
Estoy hablando, claro está de la dialéctica creadores – curadores, coleccionistas y/o críticos; una dialéctica de suyo conflictiva que en este caso se problematiza aún más y que lejos de ayudar a calificar los alcances plásticos de una obra, ha fomentado una lectura puramente sociológica del arte.

Tales reflexiones sobre la complejidad del arte chicano y post-chicano vienen a cuento porque acabo de ver, en el Museo de Arte Contemporáneo de Boulder, Colorado, la más reciente exposición del artista de Tony Ortega, quien no sólo comparte mi visión sobre la complejidad del arte producido por los migrantes, sino el doble discurso del ser bicultural.

2.
Tony Ortega en breve:
Nacido el 24 de Febrero 1958 en Santa Fe, Nuevo México, Tony Ortega se asume como artista chicano, pero presenta su trabajo en inglés en su página web;http://www.tonyortega.net/ no es un expatriado pero dice que su obra refleja el sentir del inmigrante latino (de latinoamericano, un término apropiado para designar a más de 20 países culturalmente diferentes, aunque unidos por la misma lengua); viene trabajando de tiempo atrás con la organización Self Help Graphics de East L.A., una comunidad fundada en los años noventa, con la idea de proveerle a los artistas chicanos los medios para crear y exponer su obra gráfica en ese país, pero ha logrado colocar su obra en un par de museos de primer nivel, un sueño que muy pocos artistas “pochos” o de origen mexicano logran hacer realidad.
Ante tal complejidad, las preguntas claves serían ¿En dónde reside el éxito de este aculturado artista? ¿De qué manera se inserta su trabajo en la historia del arte chicano?
3.
Según algunos estudiosos del tema, los chicanos conceden protagonismo a la memoria a la hora de representarse a sí mismos, el objetivo último de su arte lo definen en términos de identidad étnica y aprovechan los medios gráficos para expresar sus inquietudes, situaciones que Tony Ortega comparte, a pesar de formar parte de una segunda o tercera generación de artistas chicanos.
Su narrativa abarca, desde una perspectiva casi neutra y vinculada con el pop art, la presentación de ciertos eventos y oficios desarrollados por quienes han decidido cruzar la frontera en aras de una mejor vida y posición económica (sirvienta, carpintero, plomero, mecánico, jardinero, agricultor), pero al representarlos sin rostros, está eligiendo hacer énfasis en la experiencia colectiva y no en la historia personal del inmigrante:

“My artwork reflects the Latino experience through individual slices of life of the community, family, and other sectors of urban and rural society. The collective is the primary focus in all my work. Individuals in my artwork are faceless because they are important only to the extent that they help define the group-the community interacting and participating in its many rituals, social settings, and group functions". 2

Por otro lado y vista en términos estéticos, su obra reviste una especial importancia. Al alejarse del drama y los lugares comunes de algunos discursos de la cultura de la resistencia que nacen de la experiencia del “wet back” o inmigrante ilegal3 y enfocarse en la resolución plástica de sus composiciones, Ortega pone el acento en la esencia de lo bidimensional frente a otros medios de expresión artística.
El artista cuenta con un Fine Arts Master´s Degree4 de la Universidad de Colorado y ha impartido clases en la misma institución, situaciones que bien pueden explicar su interés en el desplazamiento de lo personal hacia lo artístico, en la lectura menos politizada de lo que le interesa.
Dado que el buen colorista no es aquél que pone muchos colores, sino el que le saca más color al color, podemos destacar de su obra el contraste entre la brillantez del tono plano y las transparencias y texturas logradas mediante grafismos sobrepuestos. Y si bien los monotipos sobre serigrafía y collages sobre impresos son recursos técnicos que el artista comparte con otros de su generación, no por ello el efecto poético deja de ser muy afortunado. Son, en definitiva, el dominio del oficio, la calidad de su dibujo y el manejo colorístico las características que más nos hacen voltear a ver una y otra vez sus propuestas.

“West Side Jóvenes”, es un acrílico y collage (1991) de gran formato que el artista realizó para el fondo de un programa televisivo (FMTV). En él aparecen 6 figuras sin rostro que representan a unos jóvenes que trabajaban en la calle, cerca de su taller, vendiendo diversos objetos. “Ellos aprendían a negociar y entendían de mercadotecnia, hacían negocios redondos –me dice--. Se reunían y descansaban frente a la parada del autobús y eso es lo que decidí dibujar y pintar. Incluí anuncios de la calle, algunos posters y e invitaciones a festividades y eventos promovidos por la iglesia. Como los jóvenes se comunican en los barrios a través de estas pintas, entendí que las huellas culturales que dejan son parte de la cultura chicana. Además añadí el nombre de mi esposa, mi hijo, mi perro y algunas frases personales. Después de exponer la pieza en la galería que me maneja, el Museo de Arte de Denver la compró.” 5

4.
La estrategia que ha venido utilizando de tiempo atrás, me refiero a la sobreimposición de íconos con la idea de reflejar la constante resignificación de los mismos y la complejidad de la globalización actual, es una de las características relacionadas con el arte chicano que llama más la atención de la muestra del BMoCA.
Asimilados pero no al grado de olvidarse de su cultura de origen, algunos personajes aparecen representados no sólo como parte de una masa de trabajadores especiales o manifestantes, sino reverenciando a la Virgen de Guadalupe6 vestida de Estatua de la Libertad, o mejor dicho a una Estatua de la Libertad (ícono que representa el nacionalismo norteamericano) con cara de la Virgen de Guadalupe.
Su vestimenta y lenguaje corporal no indica que forman parte de una comunidad religiosa que se asume diferente y acaso temporal en tierra ajena, refleja en cambio que son seres aculturados y que están dispuestos a aceptar parte de la cultura que los acoge. Han aprendido a ser un poco “gringos” al vivir allá y se han apropiado de los íconos anglosajones para recargarlos con nuevas ideas, lo cual me recuerda la otra gran aculturación o colonialismo que se dio en América, me refiero a la Conquista española del mundo prehispánico, pues los habitantes de Mesoamérica se vieron forzados a realizar sincretismos similares. A espaldas de la Iglesia Católica y esculpidas bajo las piedras con las que edificaban el nuevo mundo religioso, los indígenas reverenciaban a sus antiguos dioses.

5.
“The Apparition”, instalación que el artista realizó in situ en el museo de Boulder, destaca porque resume la lectura que hace el inmigrante de un país que ofrece la posibilidad de la realización del “American Dream”; un lugar en el que las púas de la alambrada ya no lastiman porque forman más parte del imaginario o el recuerdo que de la realidad.

6.
El trabajo de Ortega es políticamente correcto ya que expresa los modos de relación neocoloniales del momento. Su aproximación “junguiana” al tema del inmigrante latino o chicano habla de una cultura de la imagen cargada de símbolos que se resignifican constantemente. Lejos de mostrarse como una revisión de la tradición por parte del artista, su trabajo debe verse como la apuesta del arte post-chicano nacido de quien migra voluntariamente entre culturas y decide adoptar una “matria” 7 más compleja, propia del globalizado mundo del siglo XXI.Ω

___________________________________________________
1Museo de Arte Contemporáneo de Boulder, Colorado.
2Texto tomado de la página web del artista tonyortega.net
3El cine chicano, por ejemplo, suele presentar a la familia desintegrada, la mujer oprimida, el cholo mal vestido, etc.
4Maestría en Bellas Artes, Universidad de Colorado, en Boulder.
5Entrevista telefónica realizada al artista en agosto de 2010.
6La Virgen de Guadalupe y otros símbolos relacionados con el nacionalismo mexicano aparecen en el Arte Chicano en repetidas ocasiones.
7Empleo el término “matria” para enfatizar el interés del artista en los símbolos nacionalistas Estatua de la Libertad y Virgen de Guadalupe.

miércoles, 28 de julio de 2010

Erotismo peruano: ¿lecciones de moral, vicios o meros rituales?


Aunque no se han dado explicaciones contundentes sobre su origen y función, la existencia de miles de esculturas dedicadas a la representación de la vida sexual pre-incáica, confirma la importancia que tuvo para las culturas Moche y Vicús tal aspecto de la vida adulta.

El Museo Arqueológico Rafael Larco Herrera (Lima, Perú) cuenta con la colección de vasos eróticos peruanos más grande del mundo, y en el breve capítulo del catálogo dedicado a la colección, se afirma que es en el norte del país donde hallamos el más importante centro generador de representaciones eróticas de América, siendo los mochicas quienes se especializaron en este tipo de vasos generalmente no empleados en la vida diaria.

Como sabemos, desde el amanecer de lo que hoy conocemos como arte, la sexualidad y lo sagrado –entidades concebidas como una sola--, contribuyeron a explicar el origen del mundo y a garantizar la continuación de la vida. Se ha afirmado que por ello encontramos esculturas fálicas, venus esteatopigias y escenas eróticas de muy diversos tipos, en gran parte de Europa y Asia. No obstante, es en la América pre-incáica en donde se elaboraron cientos de vasos de barro “quemado” (con el fin de endurecerlos) y policromado --siempre limitados a la exigencia de la forma básica del recipiente--, con 4 intenciones diferentes, según el arqueólogo Larco Hoyle.

En primer lugar, existen las representaciones eróticas naturales, que según el especialista, servían como ofrendas funerarias para garantizar la propagación de la especie y la fecundidad de la tierra. En segundo lugar, están las representaciones del erotismo religioso, con la idea de reverenciar o glorificar al amor entre dioses y humanos, demostrando en dónde radicaba la fuerza creadora del mundo. Hasta aquí no hay diferencias notables con las intenciones de otras culturas pre-cristianas, pero las otras dos categorías, conformadas por los llamados “vasos humorísticos” –representaciones de enormes o deformados genitales-- y los “vasos moralizadores” --siendo éstos últimos aquellos en los que aparecen esqueletos en diversas actitudes sexuales--, me resultan interesantísimas por lo “moderno” de su concepción y la lectura a la que invitan en nuestra época llena de psicologismos.

¿Qué llevó realmente a estos hombres a la representación de la vida que consideramos hoy en día privada pero que cada vez se hace más pública? ¿Por qué la burla o la necesidad de mofarse de las partes del cuerpo tradicionalmente más cubiertas y culturalmente más condenadas?

Una de las conclusiones a las que podemos llegar se basa en la lectura cultural de nuestra época, en la que abundan los objetos eróticos de aspecto grosero y los chistes rojos. No es necesario especificar que en las tiendas especializadas en la cultura erótica, abundan los genitales antropomorfizados y otras bromas similares. Las señas y gestos que forman parte de la comunicación no hablada, y las imágenes televisivas y mediáticas cargadas de representaciones sexuales en primer plano no son más que dos ejemplos de la tendencia humana a pensar en el aparato reproductor como si perteneciera a la otredad, como si fuera un ente separado y desconocido al cual hay que analizar y ridiculizar por alguna causa jamás completamente aclarada. Hasta aquí puedo aventurar entonces que esta tendencia no es exclusiva de nuestra era y que estaba ya presente en América hace más de 3000 años.

Como dice el filósofo, sociólogo e historiador francés Michel Foucault, una de las voces más autorizadas sobre el tema de la sexualidad en el mundo: “Al hablar tanto del sexo, al descubrirlo desmultiplicado, y especificado justamente allí donde se ha insertado, no se buscaría en el fondo sino enmascararlo: discurso encubridor, dispersión que equivale a evitación”

Vayámonos más a fondo y recurramos a otra voz autorizada, la de Freud, cuya teoría si bien ha sido muy cuestionada, también forma parte fundamental de nuestra cultura, de nuestra concepción sobre la sexualidad. Y ¡oh paradoja!, resulta que ni el padre Freud, quien pretendió convertir el asunto en ciencia pudo esquivar el problema. Foucault abunda al respecto: “…el sólo hecho de que se haya pretendido hablar desde el punto de vista purificado y neutro de una ciencia es en sí mismo significativo…, pues (Freud) se refirió sobre todo a sus aberraciones, perversiones, rarezas excepcionales, anulaciones patológicas, exasperaciones mórbidas. Era igualmente una ciencia subordinada en lo esencial a los imperativos de una moral cuyas divisiones reiteró bajo los modos de la norma médica”

¿Qué sucede entonces? Vistas las cosas de este modo, creo que la respuesta sobre las piezas que aquí analizamos, será verá opacada por la inexistencia de textos pre-hispánicos que den luz al asunto y nuestra incapacidad de afrontar el tema, a partir de una sana aceptación de esta parte de la vida humana. Y ojo, que no se me olvide aclarar que hay que distinguir entre las vasijas mamiformes, vinculadas con rituales dedicados a la fecundidad de la tierra (propios de las culturas prehispánicas de Mesoamérica también), y los objetos de los que hoy hablamos, y que si usted quiere podemos seguir comentando en este blog.Ω

1Michel Foucault, “ Historia de la sexualidad 1: La voluntad de saber”. Siglo XXI Editores, México, 1996, pág. 67.
2Íbídem. Págs. 67 y 68.

Publicado
http://www.diariodemorelos.com/index.php?option=com_content&task=view&id=26984&Itemid=68

martes, 27 de julio de 2010

POR PASION Y CON DINERO: ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE EL COLECCIONISMO DE OBRAS DE ARTE (Continuación)


Hablábamos antes sobre el fenómeno del coleccionismo de obras de arte, que como vimos tiene varias vertientes, susceptibles todas ellas de profundos análisis. Hoy, apuntaré algunas ideas más que me vinieron a la cabeza.
Comencemos con lo más lógico y sencillo : cada colección refleja a grosso modo la personalidad de su dueño, así, hay gentes que proyectan sus patologías mediante la adquisición de objetos sorprendentes, raros o que demuestren también alguna patología . Un ejemplo de ello sería el caso de Bill Hunt, estadounidense que colecciona obras artísticas que cumplan con la característica de que los sujetos que aparezcan en sus obras tengan los ojos cegados de alguna manera ; él explica que se siente atraído por el misterio que eso conlleva ya que el sujeto retratado no hace nunca contacto con el mundo exterior desde el cual se le ve. Pero hay otro tipo de coleccionistas, los que atesoran objetos por su mensaje ideológico o político y los hay también que coleccionan objetos intrascendentes o efímeros que con el paso del tiempo son valorados en un nuevo contexto.

Cada colección está basada en un concepto que le da cohesión y la conforma como tal, lo cual hace la diferencia entre la mera acumulación de objetos y una verdadera colección. Esto, desde luego, facilita la toma de decisiones al enfrentarse a nuevos objetos coleccionables y así se deciden las preferencias en la mayoría de los casos, pero llegar a este punto, al concepto definitivo bajo el cual se conformará la colección puede tomar años y ser muy intimidante y variable. Por otra parte, la búsqueda de ciertas cualidades para el objeto artístico no se da de manera siempre consciente y es hasta que se da el encuentro entre sujeto y objeto que aparece un “click” que dispara en el comprador la idea de que en ese momento el precio ya no importa. Por medio del descubrimiento de estos valores, el coleccionista se va conociendo a sí mismo y se puede dar cuenta, a veces dolorosamente, de que el objeto de su deseo ya no es tal sino que él mismo se ha convertido en un objeto que resulta sometido por el ahora sujeto u obra de arte.

Por otra parte, el coleccionista se caracteriza por ser un poco mago, en el sentido de que cuando se le presenta la oportunidad de adquirir un objeto valioso para su colección no se lo piensa dos veces y acepta casi siempre la oferta aunque no tenga dinero para pagarla . Él verá como le hace pero lo consigue, esto es comparable a la pasión del jugador de las Vegas porque hay muchos coleccionistas que funcionan con la idea de que comprarán solamente lo mejor en calidad. Funcionan bajo la ley del “todo o el nada” y logran por ello una sensación de ser únicos y poderosos. Así, recordamos lo que Victor Frankl, padre de la logoterapia, decía: “cuando hay un porqué, siempre hay un cómo”.

Asimismo, el coleccionista se caracteriza por pensar que tiene misiones o vocaciones de vida, es decir, su misión auto-asignada es vista por él como el motivo que le da sentido a su vida, aunque junto con esta vocación venga el deseo irrefrenable de acumular cada vez más ya que la conformación de una colección es interminable y el subsecuente deseo es insaciable. Siempre aparece la fantasía de que con el siguiente objeto que se consiga todo irá mejor. Ello nos llevaría a pensar que la vida del coleccionista es más emocionante que la de cualquier otro mortal y la pregunta que surge, dadas las actuales investigaciones neurológicas, es si tales individuos no serán adictos a ciertos neurotransmisores como las endorfinas, sustancias parecidos a las drogas, que actúan produciéndonos euforia en nuestros cerebros.

También, la mente del coleccionista funciona bajo la premisa de que un artista productivo hace cientos de cosas y que éstas deben de estar en alguna parte de donde se les tiene que rescatar ; el impulso del coleccionista es ordenador. Generalmente los coleccionistas tienen antecedentes como tales desde su primera infancia.

Hay un tipo especial de coleccionistas interesados en objetos que otros no aceptan como valiosos en su momento, tal es el caso de las gentes que se han encargado de hacer a otros famosos por medio de comprar sus obras, de darlas a conocer y de tenerles fe en todo momento ; es el ojo clínico de ciertos “dealers”. Aquí desde luego hay una intención paternalista aunque no podemos descartar el hecho de que también es la opción más barata para hacerse de grandes obras de arte “a priori”.

Otro aspecto del coleccionismo es el de los propios artistas como coleccionistas, porque aunque ellos hacen objetos para que otros los coleccionen, generalmente a ellos mismos no les gusta que se les catalogue como coleccionistas pues ven a sus objetos preciados como extensiones naturales de sus intereses artísticos, además de que muchas veces los utilizan para recontextualizarlos formando con ellos nuevas obras de arte. Ejemplo de ello son las cajas y objetos de ciertos artistas como Lucero Isaac, Felipe Ehremberg, y otros “instalacionistas” y productores de collages , que juntan objetos aparentemente sin sentido hasta que éstos se relacionan entre sí adquiriendo nuevos significados.

Y hay aún otro tipo de artistas coleccionistas, los que están motivados por fines altruistas aunque también estén impulsados por su gran amor al arte. Entre ellos están los hermanos Coronel, Rivera, Toledo, Tamayo, el matrimonio Chávez Morado y por supuesto Cuevas, quienes se han visto impulsados a conformar sus colecciones con el mero objetivo de donarlas posteriormente y así enriquecer el acervo patrimonial. En este punto, hay que destacar la visión especial que tienen como artistas para escoger lo que compran. Aquí el coleccionista es visto como un custodio cultural, pero no hay que olvidar que bajo este noble acto, subsiste el deseo de inmortalidad que cada uno, como seres humanos albergamos.

En otro sentido, no debemos olvidar que el coleccionismo también es un proceso creativo que requiere mucha energía; tal vez el coleccionista deba verse como a un artista frustrado.

Finalmente, tal vez debamos ver al coleccionista como a un ser evasivo, en el sentido de que por medio de sus obras buscan conectarse con otros momentos, con historias del pasado, con ideologías de otros individuos o con mundos fuera de la realidad. Aquí, su pasión puede convertirse en una devoción, llegar a ser una prisión o simplemente ser un homenaje. Pero en cualquiera de los casos, el sujeto que colecciona obras de arte estará siempre sometido a fuerzas ajenas a su voluntad, ya sean presiones económicas o la dolorosa imposibilidad de obtener lo que quiere porque ya pertenece a otro.