lunes, 9 de febrero de 2026

Hamnet: duda existencial y remordimientos

 Vicente Quirarte y María Helena González*

A la memoria de Diego, siempre vivo.

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Hamlet es el prototipo de la duda existencial. Su poderoso mensaje llega hasta nosotros sin que podamos darle una respuesta definitiva. “Ser o no ser” es la premisa fundamental de la obra y la utilizamos en cualquier momento; se amplía su sentido al de “actuar o no actuar”, “vivir o no vivir”, cuando nos enfrentamos a los desafíos de la existencia. Esto convierte a William Shakespeare en un clásico: retrata una parte de la condición humana que no cambia. El otro asunto permanente con el que lidiamos es la experiencia emocional, hoy tan actual gracias a las neurociencias y el desarrollo de talleres para gestionarlas.

Paul Ekman, quien exploró este campo a través de estudios transculturales, explica que en principio son 6 las emociones básicas que nos mueven a actuar: ira, asco, miedo, alegría, tristeza y sorpresa. Según él, las experimentamos biológicamente y no se pueden evitar, dado que sirven para salvarnos la vida. Otras, como la nostalgia, la melancolía, la consternación, la indignación, etc., han sido clasificadas por los expertos con modelos que integran factores cognitivos. Así, los celos estarían compuestos de asombro, desilusión, sensación de pérdida y miedo y se complementarían con procesos mentales como la memoria, el pensamiento crítico y la imaginación. Martha Nussbaum añade que las normas y los valores sociales influyen, por lo que la gestión emocional contiene sutilezas que problematizarían su universalización. 

Imagen : Universal Pictures

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La película Hamnet es obscura como lo era la época de Shakespeare, pues no existían los avances tecnológicos y científicos de hoy, pero la falta de luz también metaforiza la dificultad de encontrar los motivos por los que el autor escribió varias versiones existentes de la tragedia, además de que se sabe que perdió un hijo de once años llamado Hamnet. El filme incluye metalenguajes y guiños de otras obras literarias, como sucede en la escena inicial de Macbeth, actuada por tres personajes infantiles.

No se trata solo de un juego onomástico entre Hamlet y Hamnet, sino de una propuesta de Chloé Zhao y Maggie O’Farrell, novelista y directora, quienes logran un impecable trabajo al narrar una historia que incluso alude a los discursos de género sin obviedades: la madre naturaleza, el maternaje y la maternidad se exaltan visualmente -las raíces se destacan varias veces en primeros planos-, mientras que las relaciones entre abuelas, madres e hijas aumenta en valor conceptual a lo largo de la película.

Imagen : Universal Pictures

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Al final, el gran tema al que nos enfrentamos es el duelo. En esta versión de la tragedia isabelina, el motor de las actuaciones es el remordimiento. Chloé Zhao y Maggie O’Farrell trasladan ese complejo sentir  compuesto de arrepentimiento, enojo, frustración y tristeza más allá del ámbito íntimo y doméstico; lo convierten en el principal motivo de la película. La protagonista, interpretada por Jessie Bucley, logra la catarsis cuando ve -y vemos- a su hijo muerto en escena. Pero no está sola: el público la acompaña. La escena culminante es un homenaje al teatro y la importancia del público para el mismo.  

AsíHamnet no reescribe Hamlet: lo rodea, lo antecede y lo explica desde la fragilidad humana, mostrando cómo la gran tragedia metafísica nació también de un duelo concreto, privado y ferozmente reconocible. Estamos ante una de las obras más perturbadoras del canon occidental. Por eso ha permitido tantas paráfrasis y adaptaciones.

*helenagonzalezcultura@gmail.com

Imagen : Universal Pictures
Link de referencia: Hamnet: duda existencial y remordimientos – LA JORNADA MORELOS

lunes, 2 de febrero de 2026

Gonzalo Celorio, el otro, el mismo.

 Vicente Quirarte y María Helena González* 

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Bajo la invocación de Jorge Luis Borges, Gonzalo Celorio habla de los otros refiriéndose a él mismo. Su originalidad reside en la valentía con la que recupera el tiempo perdido, evocando sus múltiples ocupaciones como escritor, profesor, editor y funcionario público en Ese montón de espejos rotos (Tusquets, 2025). Llama la atención la implacable lectura que hace de sí mismo y de quienes tenemos la fortuna de ser nombrados en ese río caudaloso. Pero ante el ejemplar también nos preguntamos: ¿qué distingue al Gonzalo de papel que narra sus vidas del de carne y hueso que come una vez al mes con los amigos en la Tertulia del Convento? A tal encuentro asisto yo con puntualidad cada mes desde hace más de veinte años. Fundada por José Rogelio Álvarez, a su desaparición física, decidimos continuarla -Gonzalo con más celo que los demás-, respetando la nómina original, lo cual ha permitido que los lazos se estrechen, aunque algunos como nuestro inolvidable amigo Hernán Lara Zavala ya no estén. 

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Una de las características más evidentes de la posmodernidad es la obsesión por la vida de los demás. Los biopics abundan en las plataformas de streaming, en las librerías las biografías, las memorias y los epistolarios se colocan en los lugares más visibles. Y las “cultas” intimidades se hermanan cotidianamente con las secciones de sociales de los diarios, como lo demostró Enrique Serna en su novela El miedo a los animales.  Tanto en la sátira feroz de Serna, como en las agudas memorias de Celorio, el mundo intelectual aparece como un teatro de prestigios frágiles, rivalidades larvadas y egos hipersensibles: un territorio donde la cultura aspira a la verdad, pero suele extraviarse en el juego de los espejos. 

3 Gonzalo no escapa al fervor que distingue el borramiento entre lo público y lo privado, pero va más allá al narrar hechos que presentan asimismo la historia del país y las instituciones que lo han acogido. A partir de la lectura de su vida vamos construyendo al escritor -llama la atención la puntualidad de los datos, lo cual habla de que lleva un registro minucioso en agendas y libretas- pero si tenemos la suerte de conocerlo, completamos el retrato en vivo y a todo color. Gonzalo siempre celebra la comida y la vajilla en la que le sirven, aunque come poco; no perdona su tequila mismo que vierte con maestría y siempre deja la cerveza a medias. Fiel al espíritu que dio origen a la tertulia llega con su libro de más reciente aparición y su “andar asturiano”, lo lleva a despedirse de nosotros balanceando los brazos extendidos al lado del cuerpo.    

Con respecto a quienes aparecen en sus memorias, también puede decirse que los retratos -por definición- siempre serán parciales. Aun así, es posible añadirles pequeñas anécdotas que los hagan respirar con mayor plenitud. Sirva este ejemplo: Celorio recuerda a Alcira, figura excéntrica y memorable a partir de los sucesos del 68 en la UNAM, pues permaneció oculta allí durante varios días; sin embargo, en mi memoria el personaje se completa gracias a un apunte de Vicente: “Después de mi examen profesional, Alcira me insultó en los pasillos de la Facultad porque doña Luz, mi madre, le impidió pernoctar en la casa, ya que —como era sabido— no contaba con un lugar estable donde vivir”. 

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Al otro Gonzalo que es finalmente el mismo, de acuerdo con la expresión de Borges, lo hemos gozado públicamente en la Academia Mexicana de la Lengua, en la Facultad de Filosofía y Letras y en sus conferencias. No podemos negar que pronuncia discursos con facilidad y a la menor provocación, cosa que en el trato íntimo también hace. Esto nos une en una afortunada complicidad: ambos estamos en el mejor momento de nuestras vidas, pero también ambos experimentamos el paso negativo del tiempo y la enfermedad que nos aqueja. Aunque el diagnóstico no es el mismo, nos hermana la condición de quien guarda silencio a fuerzas y de quien tiene dificultad para trasladarse de un lugar al otro como lo hacíamos apenas unos párrafos atrás en las narrativas de nuestras vidas. Sin embargo, Gonzalo es ejemplar porque sigue adelante con sus responsabilidades académicas, mientras que yo me afano en mis labores de manera más tímida.  

*helenagonzalezcultura@gmail.com 


Link de consulta en: Gonzalo Celorio, el otro, el mismo.  – LA JORNADA MORELOS