lunes, 29 de junio de 2020

Vas a ver: Cultos espacios públicos

1 Los espacios públicos dedicados a la cultura son múltiples y diversos. Coinciden en intereses e ideales, pero difieren en lo esencial: lo que aportan en específico a la cadena de valor de la promoción cultural.
Hoy me gustaría proponerle aquí, querido lector, que pensemos en este asuntito, dado que nos prohíben la convivencia codo a codo allá afuera, pero al mismo tiempo la alientan en otro terreno que es el de la esfera pública, con su monstruosa variante posmoderna llamada redes sociales. Allí es donde estamos convidados para pensar, disfrutar y sufrir la cultura en tiempos de covid-19.
2.
Los muchos espacios públicos de la cultura coinciden en que buscan la deliberación colectiva y la libertad de expresión. Además, están hoy aderezados con los tan políticamente correctos inclusión y  multiculturalidad.
Pero no en todos los espacios públicos de la cultura se da la flexibilidad necesaria para darle cabida a los llamados contrapúblicos (Nancy Fraser, 1993, hablando de democracia). Lo contestatario se expresa y escucha más fácilmente en las redes sociales. Allí se arman buenas broncas por deferencias de opinión. Especialmente en Twitter.
La llamada contracultura, o la cultura de la resistencia, se han presentado en cambio, generalmente a toro pasado en los museos. Si quieren sobrevivir, los museos tendrán la obligación de ampliar sus objetos de estudio; incluir la cultura contemporánea. Lo que sucede allá afuera, hoy es prioritario.
3.
Por otro lado, las tecnologías renuevan los ideales del espacio público, pero les falta lo esencial: el objeto palpable. El objeto del deseo. No su frágil imagen.
Las narrativas sobre el arte podrán convivir en las redes sociales, pero sólo podrán actualizarse frente al objeto real. Por eso en las plazas públicas en donde se representa la historia han venido dándose en los últimos tiempos ajusticiamientos simbólicos antes poco vistos. Los memes no son suficientes.
Al entender la historia de manera simplista, aplanada, de manera binaria (blanco-negro; bueno-malo; héroe-villano) nos alejamos de la realidad, que siempre es mucho más compleja.
Prueba de la miopía histórica es lo ocurrido recientemente a las esculturas que representan a Hernán Cortés y Cristóbal Colón. Bronces y monumentos han sido bajados de caballos y pedestales, han sido arrastrados y pintarrajeados en varias ciudades europeas.
Hace unos días le tocó su sarta de trancazos en Bristol, Reino Unido, a Edward Colston, un tipo que fue “negrero” (comerciante de esclavos), y a la escultura de Churchill, que no cantaba mal las rancheras del racismo, lo custodian para que no le toque su turno en la limpieza del terreno de las veneraciones.
4.
En Cuernavaca, ya lo hemos mencionado otras veces, al Cortés de Sebastián Aparicio le tocó su juicio final en el sexenio pasado. De una de las glorietas de la Avenida Teopanzolco, en la Colonia Lomas de Cortés, pasó al deshuesadero municipal. Allí yace, abandonado, maltrecho, abandonado y sin que nadie vele por él, por tratarse de un bien patrimonial, además de un símbolo.
5.
No podemos borrar la historia, pero sí modificar la manera en la que le enseñamos a los que vienen detrás a concebir lo ejemplar y lo heroico.
Hoy en día la expresión pública sobre los monumentos va mucho más  allá del enojo de las feministas que pintarrajean monumentos en la Ciudad de México: incide en la pulsión de modificar el ecosistema. En la urgencia de encontrarle otro sentido a la historia, a la vida en colectividad.
Por eso es aconsejable revisar en esos espacios públicos que son los museos lo que se hace con los acervos. Las narrativas que visibilizamos. Por poner un ejemplo, en la exposición Emiliano (Jardín Borda, diciembre 2019-agosto 2020), se actualizó el discurso del legado zapatista, al mostrar la imagen negativa que también tuvieron el Caudillo y su tropa; se incluyó la perspectiva de género y al presentarse una revisión de la amplia bibliografía que se ha generado sobre el zapatismo a 100 años de distancia de la muerte del General Zapata, se le da al público que no es afecto a los archivos y las bibliotecas, la posibilidad de encontrar más posibilidades de abordaje que la que ofrece el avasallador maniqueísmo. FIN.

Por: María Helena González / helenagonzalezcultura@gmail.com

lunes, 22 de junio de 2020

Vas a ver-Los otros, esos feos




“Yo, es otro”
Rimbaud

1.
Hemos hablado en este espacio de que las discriminaciones se cuelan por las barreras supuestamente más confiables de la cultura, entre ellas los museos. A lo largo del tiempo se han mostrado más en estos recintos las historias de los vencedores, las pinturas elaboradas por varones, las colecciones de los ricos. Por si fuera poco, desde tiempos inmemoriales, las figuras más cercanas a la belleza codificada por los cánones clásicos son las que se enseñorean de las mamparas y las bases para escultura. No hay razas en nuestra especie, pero el racismo y el clasismo existen. 

Por otro lado, la estética tiene sus capítulos preferidos, y el mayor es la belleza. Lo feo y lo desagradable se convierten en temas de estudio y exposición precisamente por estar vinculados en nuestros cerebritos con “lo otro”. Lo raro siempre deviene objeto de nuestra mirada curiosa, de nuestra mirada morbosa.  

2.
Actualmente el racismo es trending topic. Lo ocurrido en Estados Unidos a George Floyd levantó ámpula en todo el mundo. Y la cosa obviamente rebasó el ámbito de lo público y lo político. Entre los cultos dirigentes de la cultura ya se habla de curar exposiciones sobre el tema,  dejando a un lado el super de moda COVID-19; trayendo a las mesas de debate un asunto que ha estado de tiempo atrás en las agendas de los museos. El racismo adquirirá nuevas caras y narrativas.

3.
Por otro lado, en el ámbito de los consumos, a las sangres marcadas por la ignominia también se les hará algo de justicia. Este fin de semana las redes sociales anuncian un giro de 180 grados en la presentación de algunas marcas que no se quieren arriesgar a reprobar el examen de lo políticamente correcto. Circula la noticia de que “Aunt Jemima”, por haber sido una esclava afroamericana dejará de alegrar nuestros desayunos con sus sonrisa. Y parece que también lo harán el hombre maduro del arroz “Uncle Ben´s”, el chef de “Cream of Wheat” y la indígena de “LandOlakes”. HBO retira de su catálogo la película “Lo que el viento se llevó” por lo mismo.  Nos quieren contar la historia de otro modo.  

4.
Carlos Gershenson, en su columna del periódico Reforma del martes pasado se explaya sobre la intolerancia y la discriminación, haciendo hincapié en la necesidad de la empatía, en un mundo en el que todos dependemos de todos: “Gracias a la globalización, cada vez más, los beneficios de cooperar sobrepasan los costos de competir...Las interdependencias son tales, que cada vez es más difícil etiquetar a cualquiera como otro. Vemos que nos conviene eliminar el racismo y otras discriminaciones. Pero si tienen causas evolutivas, psicológicas e históricas ¿qué hacer para propagar cambios necesarios?” -se pregunta-.

El primer enemigo es la ignorancia -dice-, no la ignorancia que se quita con la escuela, sino la ignorancia de los demás: “Si conocemos a los demás, veremos que tenemos más similitudes que diferencias.”

Con él coincide Carlos Villaseñor, quien esta semana se dirigió a un amplísimo público por zoom, afirmando que en tiempos de pandemia es indispensable entender que el individualismo extremo debe darle paso a la inclusión y la colaboración si queremos sobrevivir. Nuestras costumbres -lo que nos hace diferentes de los demás-, el patrimonio cultural intangible, no debe ser motivo de  confrontación, sino de complemento. 

5.
¿Cómo apreciar mejor al ser humano que somos? Indiscutiblemente, la literatura y los museos nos ofrecerán siempre los mejores espejos. A lo largo de la historia la condición humana completa ha quedado retratada por los creadores de manera inmejorable. Si una novela nos emociona es porque estamos poniendo en práctica nuestra capacidad de empatía. Si nos miramos en los ojos de un retrato renacentista y su alma nos dice “somos”, el paso se ha dado. 

Legislación y participación ciudadanas sí, pero partiendo de que el mundo es nuestra casa. Nos conviene ser un gran NOSOTROS los imperfectos, esos que vivimos en el arte, en los libros, en los museos. 

Por esto de la igualdad tenemos que repetirnos hasta el cansancio que el cuarto pilar de desarrollo es la cultura. FIN.

María Helena González




lunes, 15 de junio de 2020

Vas a ver - Manuel Felguérez: cuatro rutas para seguirlo (in memoriam)

Felguérez parte siempre
de una necesidad innata
de organizar formas,
de crear nuevos ritmos
mediante el trazo de la pincelada
o el contraste de los colores,
sin traicionar jamás su
fidelidad original
al poder de la materia.
Juan García Ponce
1.En la Ciudad de México contamos con la posibilidad de recorrer una gozosa “Ruta Felguérez”. Dicho trayecto -dictado al paso que nos permita el siempre concurrido Paseo de la Reforma- nos regalará, para empezar, dos certezas: la de la potencia de una vocación definida como pocas y la de la entrada de nuestro país a una modernidad siempre anhelada.
Partamos de la escultura titulada “Puerta 1808” (2007), ubicada en el cruce con Avenida Juárez, a unos pasos de la Fuente de la República (2007) también de su autoría; continuemos con el mural Tierra Quemada (2006) y el Muro de Calaveras o Tzompantli, del Museo Nacional de Antropología, y terminemos con el Mural “Teorema Inmóvil”, instalado en el Auditorio Nacional, no sin antes recordar el mural de hierro, del antiguo Cine Diana, pieza que da inicio a la historia de la escultura realizada con chatarra en nuestro país, rescatado en 2014, para su exposición retrospectiva del Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC).
A Manuel Felguérez lo consintió como a pocos el Estado mexicano. Caso similar al que también protagonizó en un intercambio de ida y vuelta, el oaxaqueño Rufino Tamayo. Su obra pública es nutrida. Navegando entre la geometría y la abstracción lírica, Felguérez nos brinda, de manera pródiga y constante, la posibilidad de seguirle el paso a la poética de la materia y las polifonías de la imaginación, propias del arte abstracto.

2.
No olvidemos asimismo, que también en Zacatecas, su tierra natal, fue a sembrar, junto con su inseparable Meche, el único museo dedicado a este capítulo en nuestro país. Repleto de piezas donadas por sus colegas y amigos para que el ojo mexicano pudiera por fin entender que no se necesitan referentes reconocibles para gozar de la belleza, el recinto forma parte asimismo, de lo mejor de la historia de la diplomacia cultural mexicana.

3.
Por supuesto, la tercera ruta de acceso a Felguérez tiene que ser la literaria. Hace 15 años, Mercedes Iturbe (primera titular del Instituto de Cultura de Morelos), coordinó la exposición “Trazos y Encuentros” para el palacio de Bellas Artes, como homenaje a Juan García Ponce. La misma incluyó algunos de los trabajos que lo motivaron a escribir sobre arte y artistas, entre ellos siete piezas de Felguérez. El escritor y el pintor estarán vinculados para siempre, no sólo porque hubo relación familiar entre ambos (Manuel casó, en terceras nupcias, con Mercedes Oteyza, la madre de sus hijos Meche y Juan), sino porque no se puede entender la pintura de mediados de siglo XX en México, sin relacionarla con la literatura de pulsión internacionalista del momento.4.
Por último, me gustaría proponer seguir los pasos de Felguérez en nuestro estado, pues el de mirada transparente también gozó del aprecio de coleccionistas y seguidores entre los morelenses. En los talleres del maestro Enrique Cattaneo y Cramer, editor de gráfica avecindado en nuestro estado hace más de dos décadas, se imprimieron más de 50 piezas revisadas escrupulosamente por el zacatecano, que hoy engalanan los muros de algunas residencias locales (y cientos de foráneas).
Valga recordar, que en 1982, Ediciones Multiarte recibió el Premio Nacional de las Artes Gráficas, por el libro titulado “Diferencia y Continuidad”, de aforismos de Juan García Ponce, ilustrado con serigrafías de Manuel Felguérez. La segunda edición, con las mismas imágenes y un viraje de color, editado por el FCE, obtuvo luego el premio de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana.
Por cierto, es importante señalar que de su grupo de amigos -llamado neciamente como Generación de la Ruptura-, contamos en Morelos con la presencia y la luz de los maestros Roger von Gunten, Vicente Rojo y Arnaldo Coen. A ellos hay que voltear ahora para recuperar para la Historia del Arte lo que falta decir de esta suma de brillantes irreverencias plásticas. FIN.
Por: María Helena González / helenagonzalezcultura@gmail.com

lunes, 8 de junio de 2020

Debate 22: Manuel Felguérez

Recordando a Manuel Felguérez con la participación de María Helena González, Directora General de Museos y Exposiciones de la Secretaría de Turismo y Cultura del Estado de Morelos:
https://www.youtube.com/watch?v=MhaFq4JPh1k&feature=share&fbclid=IwAR3ny5rpTXJwTz7xDN8ISidgWPSYo_yWBrUHeRioIotrWQVeYYzCUNY8mzk&app=desktop

Vas a ver: La cultura es un ecosistema

1. La tarde de este sábado asistí, vía zoom, a un conversatorio titulado “Coordenadas de la Cultura en un Mundo Distinto”, en el que Joan Roca, Director del Museo de Historia de Barcelona propuso pensar la cultura como un ecosistema, cosa que de inmediato me emocionó, porque le bajé dos rayitas a la preocupación que tengo sobre la crisis que afecta a los espacios públicos dedicados a la cultura, cerrados hasta que el semáforo en amarillo o en verde, nos permita volver a la nueva vida social de la sana distancia.
Como usted sabe, querido lector, un ecosistema incluye un montón de organismos vivos, que interactuando entre sí, en un medio físico (hábitat), perpetúan la vida. Los ecosistemas se nutren y se sostienen entre sí. Vistas así las cosas, si hay partes del ecosistema enfermas,  otras no lo están y la capacidad autopoiética o autorregenerativa del mismo propiciará su supervivencia.
Les dejo aquí el link del encuentro organizado por el Colectivo Pro Ecosistema Cultural México, estupendamente moderado por Madelka Fiesco, Directora del Museo Papalote de Cuernavaca y Carlos Villaseñor, reconocido especialista en políticas culturales, porque no tiene desperdicio, vale la pena escucharlos más de una vez: https://www.youtube.com/watch?v=tluiqBpR4Bk.
2.
Nuestro “ecosistema cultural” es un engranaje. Actualmente, éste se ha visto afectado por el COVID-19. Desde el artista hasta el consumidor, todos los integrantes de la cadena dedicada a la conformación, cuidado, difusión y consumo del patrimonio cultural material e inmaterial perdieron recursos y la capacidad de exponer y vivir de su trabajo. Ciertamente la oferta digital de productos artísticos aumentó, pero como hemos dicho aquí, se trata de otro tipo de experiencias. No sustitutivas. Por cierto, me dio gusto escuchar a Pablo Helguera cuando dijo que en el Museo de Arte Moderno de Nueva York pasaron de 100 mil a un millón de usuarios del curso gratuito de Historia del Arte que ofrecen en su plataforma digital.
Las llamadas Industrias Culturales y las Empresas Culturales también han sido severamente afectadas por la inmovilización social y económica generada por el COVID-19, pero al igual que los espacios físicos en los que se ofrecen esos productos, incluidos los museos, las galerías, los cines, las librerías, las bibliotecas, etc., están ya trabajando y encontrando la manera alternativa de ofrecer sus servicios. La experiencia europea tendrá mucho que enseñarnos a los países que estamos siendo azotados por la pandemia porque ya están abriendo las puertas de sus espacios culturales. Y después de eso, idealmente tendrá que darse una revolución narrativa, ciudadana, turística y organizativa, dijo el señor Roca, si se quiere la supervivencia sana de la nueva vida sociocultural.
3.
Como nos informó el Consejo Internacional de Museos (ICOM) hace unos días, algunos museos del mundo desgraciadamente cerrarán sus puertas, pero la mayoría permanecerán y se reinventarán, porque como también afirmó el español, la revolución digital no será sólo tecnológica, sino presencial: “somos de carne y hueso, no podemos vivir sólo a través de las pantallas”, coincidiendo con Jorge Volpi este sábado en el Reforma.
Quienes integramos este cúmulo de engranes culto-morelenses deberemos escuchar a Carlos Villaseñor, quien destacó que en los ecosistemas sobreviven quienes se adaptan, los más aptos, los organismos más resistentes y sobre todo, los más resilientes. Reconozcamos en el otro la capacidad de interdependencia.
Confiemos en la creatividad humana, en que quien tenga la facultad de componer y tocar música lo va a seguir haciendo, en que quien use sus manitas para producir formas artísticas hará lo propio y sobre todo, en el poder revivificador de las palabras metidas en ese gran contenedor que es la literatura. Adaptemos la idea de terapia sistémica para sanar nuestro engranaje cultural. FIN
Por: María Helena González / helenagonzalezcultura@gmail.com

lunes, 1 de junio de 2020

Vas a ver: Sanitización, nuevo reto…

1 .Asco, miedo y peligro, es lo que el otro representa ahora para nosotros. El prójimo no es alguien a quien podamos tocar con gusto estos días. La sana distancia se impone. Se antojan el abrazo, el beso, el apretón de manos, pero el instinto de supervivencia nos impide hacerlo. Los limpiadores, jabones, desinfectantes y demás agentes con olor a hospital sustituyen al perfume de antaño: quien huele a gel de alcohol, es mejor persona que el que se atreve a salir a la calle simplemente bañado.
Y no hablemos del nuevo look que nos impone el tapabocas: hay de todos colores y diseños, pero ni eso nos inspira confianza, rehuimos hasta la mirada del otro, porque la paranoia nos hace pensar que somos culpables de no estar en casa. Así las cosas, volver a la “Nueva Normalidad” -eso que se escribe con mayúsculas, como si fuera el mejor eslogan político jamás inventado- será muy difícil.
Tiene razón Jorge Volpi cuando dice que México nunca ha sido normal, por lo que no podemos volver a la nueva normalidad, sino a la “Vieja Anormalidad”. Mientras unos salen a la calle como si nada, otros están aterrados, pensando que se dictarán nuevas normas para lo social. No creo equivocarme si digo que en breve la moda será querer los espacios limpios, que los pisos y mostradores rechinen de brillantes, que huelan y parezcan laboratorios. Que el prójimo permanezca detrás del improvisado acrílico. Como de ciencia ficción.
2. En este ánimo es en el que tendrán que abrirse los espacios públicos una vez actuado el semáforo verde. La gente buscará una sana y segura convivencia, pero como los protocolos de atención al público no preveían una pandemia como el COVID-19, que se puede eliminar con simple jabón y/o alcohol, pero llegó para quedarse y matar a los organismos más débiles, tendremos que examinar el tema con detenimiento.
3. Invitados por el reconocido promotor cultural Carlos Villaseñor, el jueves pasado cerca de 80 directores de museos nacionales escuchamos vía zoom a la especialista en conservación de obras de arte y sanitización de museos Dora Méndez, quien nos pasó información avalada por el Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos. Tal parece que los protocolos de los espacios públicos -entre ellos los museos- incluirán lavar el uniforme de los empleados diariamente; echar a andar los aires acondicionados días antes, para que los filtros estén en óptimas condiciones en el momento de la reapertura -y habrá que limpiarlos diariamente-; trapear con la técnica 3 x 3, es decir, con agentes ácidos, luego con agua, y terminar con productos alcalinos pues unos matan bacterias, los últimos acaban con virus, proteínas y grasas. Recordemos que el coronavirus no es un agente vivo, sino una reacción química. Habrá que solicitar micronizaciones y micronibulizaciones con desinfectantes probados para que no decoloren los objetos circundantes y desde luego no usar cloro de manera irresponsable, ya que los vapores del mismo irritan y afectan a las obras de arte.
4. El gran problema son los presupuestos; no sólo se tratará de que las requisiciones a las unidades responsables del gasto, las llamadas UEFAS rebasen los escritorios de los encargados de contestar los oficios, sino de que muy probablemente no habrá suficiencia presupuestaria para convertir los espacios públicos en símiles de quirófano. También hace falta socializar cuál será el aforo permitido en los diversos sitios a los que acuden muchedumbres, de qué manera se pondrán las barreras físicas (los acrílicos que hoy vemos en los supermercados) en los parques y plazas. Y de qué manera nos encapsularemos frente a las obras de arte, u objetos expuestos en los museos. Sin duda la tarea de investigación, capacitación y divulgación será ardua y personalmente no creo que estemos en condiciones de volver a la vida social en breve. El aislamiento sanitario apenas comienza. El futuro ya nos alcanzó.

MARÍA HELENA GONZÁLEZ