lunes, 30 de marzo de 2020

Vas a ver: Coronavirus y Estética de la Catástrofe

1.Dice Leonor Arfuch, especialista en temas de imagen, que experimentamos pasión por verlo todo. Desde lo más íntimo, a lo público. Nuestra curiosidad es infinita y el sentido de la vista es el que nos domina en esta época. Vivimos en la llamada Era de la Imagen.
Para unas cosas ocupamos la capacidad de ver a detalle; para otras, la mirada panorámica. Así con el COVID-19. Nos queda clara “la culpa” de los chinos, la rapidez de las reacciones de Trump, la lentitud de los italianos. En cambio, pasamos por el tamiz del “no es para tanto” la vida pública que se sigue dando en ciertos lugares, a pesar de la instrucción que tenemos de quedarnos en casa.
No creo exagerar cuando digo que ya contamos con una estética de la catástrofe COVID-19. Lo curioso es que dicha estética se alimenta, para todas las posturas que la pandemia ha generado, de imágenes procedentes de la realidad. Todo aquel que opina “tiene la razón”, porque puede echar mano de un gran archivo de videos y fotografías que los medios han avalado como material fidedigno.
2.
De un lado, quienes creen que hay que preocuparse porque la epidemia es asunto grave, con todo y las imágenes del convoy italiano que lleva a enterrar cadáveres fuera de casa, porque ya no caben en los cementerios de las ciudades más afectadas; los hospitales atestados de gente que espera atención médica y las escenas de las tiendas siendo invadidas por quienes asustados realizan compras de pánico.
Del otro, la gente que sí sale y vemos en los mercados, los medios de transporte público, el concierto Vive Latino. En general, quienes creen que el virus es una gran mentira, acaso inventada por la élite financiera global.
3.
Pero, ¿de qué manera nos figuramos la pandemia?
La mentalidad mágica no deja de jugar un papel importante en las creencias de la posmodernidad, por más que la ciencia haya dado pasos gigantescos en la explicación de la fisiología celular. Para quienes creen que la pandemia existe como un castigo divino, porque Sodoma y Gomorra se quedan chiquitas comparadas con nuestra capacidad de pecar, existe el archivo visual (léase imaginario) del temido infierno y sus ilustradores. Al fin y al cabo, contamos con una estética de catástrofes biblicas bastante nutrida. El Gran Diluvio, las Siete Plagas y el Apocalipsis -para mí con El Bosco a la cabeza como ilustrador- conformarán el alfabeto visual básico del imaginario que nace.
Por otro lado, hay quienes se alimentan de la ficción para imaginarse la epidemia. Películas como “El Séptimo Sello”, de Ingmar Bergman, “Soy Leyenda”, basada en una novela de Richard Matheson; “Guerra Mundial Z”, basada en la novela de Max Brooks; “Diario del año de la peste”, de Daniel Defoe; “La peste” de Albert Camus y siglos atrás, el Decamerón de Bocaccio, donde siete mujeres y tres hombres cuentan historias durante la epidemia que asoló Florencia, en el siglo XIV. En todos esos casos  y muchos más, se ha reflejado el miedo que tenemos ante una enfermedad desconocida y mortal. Ilustrada por zombies, actualmente ese padecimiento será representado por pelotitas de pelos parados, que concebimos de manera antropomórfica, ante la imposibilidad de imaginárnoslos actuando autónomamente.
4.
Lo bueno es que también contamos con un gran archivo visual (al que Disney contribuirá seguramente ahora que reabran sus parques de diversiones) para  ilustrar la salvación del mundo, gracias a que nos quedamos guardados en casa unas cuantas semanas.
Ya veo por todas partes cantidad de pájaros, mariposas, flores,  parques y bosques reverdeciendo en las pantallas de las computadoras y teléfonos de millones de usuarios. No faltarán la nueva región más transparente y los ya célebres canales cristalinos de Venecia en alguna película o novela. Espero que los movimientos  ecologistas sean elegantes a la hora de aprovechar lo aprendido de esta catástrofe. FIN.
Por: María Helena González / helenagonzalezcultura@gmail.com

lunes, 23 de marzo de 2020

Vas a ver: Coronavirus y ocio



1. A más de tres meses del primer caso del COVID-19 en China, hoy sabemos que se trata de una infección peligrosa, pero no altamente letal, para la que no existe una vacuna todavía y que se controla si se reducen las condiciones que producen el riesgo de contagio. Una de estas condiciones es quedarse en casa.
Entre las sugerencias para sobrellevar la medida sanitaria, destacan la visita virtual a museos, la lectura, las manualidades, las actividades lúdicas, y por supuesto, la entrega a la pantalla chica.
De las dos primeras no hablaré en este espacio, porque usted, querido lector, sabe de mi pasión por ambos contenedores del alma humana, sólo insistiré brevemente en el hecho de que jamás la visita virtual logrará el mismo impacto que el goce estético frente a las obras en vivo. Pero las demás opciones me llevan a pensar en la noción de ocio.
2.
¿Un mes no dedicado a la vida práctica es mucho? ¿De qué manera cambiará la dinámica familiar, si descubrimos que el ajetreo diario nos ha alejado de los nuestros, a tal grado que ya no sabemos convivir con ellos más que un par de horas los domingos?
El Art. 24 de la Declaración Universal sobre los Derechos Humanos de 1948,establece que “Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas”, pero resulta que el ocio carga desde tiempos inmemoriales con un tufo flojera, que intuyo generará más de una discusión en este periodo de encierro.
A diferencia de Aristóteles, que en su Política (VIII-3, 1338) lo consideraba como sinónimo de felicidad porque produce placer, Bertrand Russell, en “Elogio de la Ociosidad”, nos dice que, entendido como contemplación, éste puede producir miseria. Entre ambas posturas se distienden un montón de creencias sobre el aprovechamiento del tiempo libre, el “carpe diem” en tiempos del moderno cólera. Y es tanta la oferta, que hasta una licenciatura dedicada a la administración del tiempo libre existe.
 3.
Después de la Revolución Industrial y el acotamiento del tiempo laboral a 8 horas diarias, ha quedado espacio suficiente para una vida paralela a la laboral, que solemos dedicar un día de la semana a actividades previamente programadas, pero esta especie de sitio -que no deja de recordarnos al de Cuautla-, nos ofrecerá cientos de horas que deberán ser dedicadas, previo acuerdo familiar a diversas actividades.
Por el culto que tenemos a la salud y la juventud, las actividades deportivas se verán con mejores ojos que los entretenimientos que ofrecen los dispositivos electrónicos -aplicaciones y plataformas, Playstation, XBox, etc.- asociados con la noción de vicio, porque enajenan al individuo.
Como los “hobbies”, vinculados al gusto y la vocación personal, potencian la imaginación creativa, la inteligencia crítica y el placer, tal vez veremos un renacer del tema pasada la cuarentena. Por cierto que los griegos bautizaron estas actividades como “otium” y a las opuestas como “nec otium”, de donde nace la palabra “negocio”, cosa que le quita un poco la carga de culpa al dedicarnos al tejido, la jardinería, la confección de conservas, el aeromodelismo y el ser “pintor de domingo”.
Yo, confieso, sacaré ganchos, agujas y estambre y me dispondré a ver las películas de Woody Allen que no he podido ver nunca. Eso después de hacer ejercicio y tratar de que mi hijo le entre a la lectura de los libros que ya le acumulé en el buró.
¿Qué es más saludable para usted, una buena novela o media hora de ejercicio? Cuando acabe esto que se parece al Diluvio Universal y llegue la Paloma de la Paz a decirnos que ya podemos salir a la calle, ya me dirá si la literatura valió más la pena que 10 sentadillas y 14 lagartijas, y si pudo sortear las tentaciones del telemarketing.
En lo que creo que todos estaremos de acuerdo, es en que esto que muchos perciben como un regalo, y otros como el anuncio del Apocalipsis, nos ha ofrecido la oportunidad de valorar lo de allá afuera frente a lo de adentro, incluidos nuestros silencios. Que le sea leve. FIN
Por: María Helena González / helenagonzalezcultura@gmail.com

lunes, 2 de marzo de 2020

Vas a ver: Cultura y Pedagogía de Género

1.
Publicó el periódico El País el 25 de febrero, que una investigación concluyó que Plácido Domingo acosó a 27 mujeres y que abusó en repetidas ocasiones del poder que le confería dirigir prestigiadas orquestas. Al cantante de ópera, educado en la “alta cultura”, no le quedó de otra más que pedir perdón, añadiendo que ninguna mujer debería sentirse así. Pero de su dicho llama más la atención la parte final, pues aseguró haber “crecido con esa experiencia”.
Y es que además de referirse a su supuesto aprendizaje, también alude a la educación machista que ha llevado a millones de hombres a sentirse con el derecho del cuerpo de las mujeres, ad libitum. Creen los señores que esto es “ligar” y se sienten seductores, cuando en realidad están viéndose ridículos.
“Bombshell” película de reciente estreno (“Escándalo” se llama en México), presenta la historia de tres comunicadoras de la cadena norteamericana Fox News, que fueron víctimas de lo mismo, hasta que se empoderaron -palabra de moda ya en desgaste- y lograron que fuera despedido.
2.
Caso aparte, pero no del todo, porque también se da en el ámbito de la cultura, es el de la mayoría de los museos de arte del mundo, en donde las narrativas de los montajes han descuidado la equidad de género, pues las mujeres aparecemos representadas más como objetos sexuales, que como profesionistas y casi siempre realizando labores maternales o del hogar, y en actitudes sumisas o dolorosas.
3.
Leo en la revista virtual Cuarto Poder, que las mujeres Zapatistas se unen contra los feminicidios. Que desde la zona Tzos Choj, en la comunidad de MORELOS Marez 17 de Noviembre, municipio de Altamirano, las zapatistas piden no rendirse, pues para ellas soñar con un país en el que no haya desaparecidas y mujeres asesinadas es posible. A decir del EZLN, en territorio zapatistas no hay mujeres violentadas. “Prende una luz en tu corazón y en tus pensamientos y no te la quedes, compártela cuando te sientas sola. Llévala a las presas, a las mujeres acosadas y violentadas. Ninguna mujer del mundo debe tener miedo”, añaden, Y ¿qué es eso sino un ejemplo de educación comunitaria con perspectiva de género, que por cierto se da hoy muchísimo en redes sociales, que son hoy las formas modernas de comunidad?
4.
Creo que una pedagogía de género en las escuelas. Urge que se les haga entender y valorar a niños y niñas el tema de la igualdad de derechos. Pero también es necesario que aprendan en libros, en novelas, en ensayos, en películas, en documentales y en los museos, de qué se trata ir modificando la cultura patriarcal en la que vivimos.
Hay que ponerlos a leer artículos como el de la revista de literatura “Anestesia”, que explica por qué hay que creer en la palabra de las mujeres, expresada en la literatura femenina: “Hemos construido el conocimiento creyendo en los saberes enseñados por los hombres desde la ciencia, la filosofía, la literatura, la política... no se nos ocurre ni siquiera que de ellos emana una perspectiva de su propio género. Damos por hecho su objetividad, su neutralidad: su humanidad universal... Por estas mismas razones hay que leer a las mujeres y creer en su palabra”, dicen.
5.
Afortunadamente hoy estamos lejos de aquellas “11 reglas para mantener a tu marido feliz,” publicadas en 1953: “Ten siempre lista la cena con su plato favorito, planéala con tiempo, / Luce hermosa, descansa 5 minutos antes para que te encuentre reluciente y fresca / Sé dulce e interesante / Arregla tu casa para que luzca impecable, / Hazlo sentir en el paraíso / Prepara a los niños -son sus pequeños tesoros- y él los querrá ver relucientes / Minimiza el ruido a la hora de su llegada -apaga la lavadora, secadora y aspiradora- e intenta que los niños estén callados / Procura verte feliz, escúchalo / Ponte en sus zapatos / No te quejes si llega tarde, si va a divertirse sin ti, o si no llega en toda la noche. Trata de entender su mundo de compromisos. / Hazlo sentir a sus anchas, ofrécele un sillón cómodo y quitarle los zapatos.”
Sí, hoy nos da risa a muchas mujeres, pero todavía hay mucho que hacer. FIN.
Por: María Helena González / helenagonzalezcultura@gmail.com