martes, 27 de julio de 2010

POR PASION Y CON DINERO: ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE EL COLECCIONISMO DE OBRAS DE ARTE (Continuación)


Hablábamos antes sobre el fenómeno del coleccionismo de obras de arte, que como vimos tiene varias vertientes, susceptibles todas ellas de profundos análisis. Hoy, apuntaré algunas ideas más que me vinieron a la cabeza.
Comencemos con lo más lógico y sencillo : cada colección refleja a grosso modo la personalidad de su dueño, así, hay gentes que proyectan sus patologías mediante la adquisición de objetos sorprendentes, raros o que demuestren también alguna patología . Un ejemplo de ello sería el caso de Bill Hunt, estadounidense que colecciona obras artísticas que cumplan con la característica de que los sujetos que aparezcan en sus obras tengan los ojos cegados de alguna manera ; él explica que se siente atraído por el misterio que eso conlleva ya que el sujeto retratado no hace nunca contacto con el mundo exterior desde el cual se le ve. Pero hay otro tipo de coleccionistas, los que atesoran objetos por su mensaje ideológico o político y los hay también que coleccionan objetos intrascendentes o efímeros que con el paso del tiempo son valorados en un nuevo contexto.

Cada colección está basada en un concepto que le da cohesión y la conforma como tal, lo cual hace la diferencia entre la mera acumulación de objetos y una verdadera colección. Esto, desde luego, facilita la toma de decisiones al enfrentarse a nuevos objetos coleccionables y así se deciden las preferencias en la mayoría de los casos, pero llegar a este punto, al concepto definitivo bajo el cual se conformará la colección puede tomar años y ser muy intimidante y variable. Por otra parte, la búsqueda de ciertas cualidades para el objeto artístico no se da de manera siempre consciente y es hasta que se da el encuentro entre sujeto y objeto que aparece un “click” que dispara en el comprador la idea de que en ese momento el precio ya no importa. Por medio del descubrimiento de estos valores, el coleccionista se va conociendo a sí mismo y se puede dar cuenta, a veces dolorosamente, de que el objeto de su deseo ya no es tal sino que él mismo se ha convertido en un objeto que resulta sometido por el ahora sujeto u obra de arte.

Por otra parte, el coleccionista se caracteriza por ser un poco mago, en el sentido de que cuando se le presenta la oportunidad de adquirir un objeto valioso para su colección no se lo piensa dos veces y acepta casi siempre la oferta aunque no tenga dinero para pagarla . Él verá como le hace pero lo consigue, esto es comparable a la pasión del jugador de las Vegas porque hay muchos coleccionistas que funcionan con la idea de que comprarán solamente lo mejor en calidad. Funcionan bajo la ley del “todo o el nada” y logran por ello una sensación de ser únicos y poderosos. Así, recordamos lo que Victor Frankl, padre de la logoterapia, decía: “cuando hay un porqué, siempre hay un cómo”.

Asimismo, el coleccionista se caracteriza por pensar que tiene misiones o vocaciones de vida, es decir, su misión auto-asignada es vista por él como el motivo que le da sentido a su vida, aunque junto con esta vocación venga el deseo irrefrenable de acumular cada vez más ya que la conformación de una colección es interminable y el subsecuente deseo es insaciable. Siempre aparece la fantasía de que con el siguiente objeto que se consiga todo irá mejor. Ello nos llevaría a pensar que la vida del coleccionista es más emocionante que la de cualquier otro mortal y la pregunta que surge, dadas las actuales investigaciones neurológicas, es si tales individuos no serán adictos a ciertos neurotransmisores como las endorfinas, sustancias parecidos a las drogas, que actúan produciéndonos euforia en nuestros cerebros.

También, la mente del coleccionista funciona bajo la premisa de que un artista productivo hace cientos de cosas y que éstas deben de estar en alguna parte de donde se les tiene que rescatar ; el impulso del coleccionista es ordenador. Generalmente los coleccionistas tienen antecedentes como tales desde su primera infancia.

Hay un tipo especial de coleccionistas interesados en objetos que otros no aceptan como valiosos en su momento, tal es el caso de las gentes que se han encargado de hacer a otros famosos por medio de comprar sus obras, de darlas a conocer y de tenerles fe en todo momento ; es el ojo clínico de ciertos “dealers”. Aquí desde luego hay una intención paternalista aunque no podemos descartar el hecho de que también es la opción más barata para hacerse de grandes obras de arte “a priori”.

Otro aspecto del coleccionismo es el de los propios artistas como coleccionistas, porque aunque ellos hacen objetos para que otros los coleccionen, generalmente a ellos mismos no les gusta que se les catalogue como coleccionistas pues ven a sus objetos preciados como extensiones naturales de sus intereses artísticos, además de que muchas veces los utilizan para recontextualizarlos formando con ellos nuevas obras de arte. Ejemplo de ello son las cajas y objetos de ciertos artistas como Lucero Isaac, Felipe Ehremberg, y otros “instalacionistas” y productores de collages , que juntan objetos aparentemente sin sentido hasta que éstos se relacionan entre sí adquiriendo nuevos significados.

Y hay aún otro tipo de artistas coleccionistas, los que están motivados por fines altruistas aunque también estén impulsados por su gran amor al arte. Entre ellos están los hermanos Coronel, Rivera, Toledo, Tamayo, el matrimonio Chávez Morado y por supuesto Cuevas, quienes se han visto impulsados a conformar sus colecciones con el mero objetivo de donarlas posteriormente y así enriquecer el acervo patrimonial. En este punto, hay que destacar la visión especial que tienen como artistas para escoger lo que compran. Aquí el coleccionista es visto como un custodio cultural, pero no hay que olvidar que bajo este noble acto, subsiste el deseo de inmortalidad que cada uno, como seres humanos albergamos.

En otro sentido, no debemos olvidar que el coleccionismo también es un proceso creativo que requiere mucha energía; tal vez el coleccionista deba verse como a un artista frustrado.

Finalmente, tal vez debamos ver al coleccionista como a un ser evasivo, en el sentido de que por medio de sus obras buscan conectarse con otros momentos, con historias del pasado, con ideologías de otros individuos o con mundos fuera de la realidad. Aquí, su pasión puede convertirse en una devoción, llegar a ser una prisión o simplemente ser un homenaje. Pero en cualquiera de los casos, el sujeto que colecciona obras de arte estará siempre sometido a fuerzas ajenas a su voluntad, ya sean presiones económicas o la dolorosa imposibilidad de obtener lo que quiere porque ya pertenece a otro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario