miércoles, 26 de septiembre de 2012

El Plan de Ayala: ¿Caso cerrado? ¿Intolerancia entre investigadores?

1.- Como figura de culto, Emiliano Zapata Salazar habita amplios círculos de lo público. De esto dan cuenta no sólo el uso político de su imagen, la disertación literaria o la estatuaria oficial, sino los miles de rostros zapatistas que hoy pueblan el mundo iconófilo que nos toca vivir. Por otra parte, el Plan de Ayala, que es la prueba material de la fe que ponemos los seres humanos en la palabra, cuenta con una historia casi intocable, inamovible. Su origen y destino no se banalizan, como sucede con el héroe de las mil caras.


¿Cómo se dirime su lectura en el terreno de lo simbólico y por qué cuando surge una hipótesis nueva sobre su autoría arden las consciencias? Estas y otras preguntas me las hago después de haber leído en las páginas de este diario los artículos de Carlos Lavín, experto en el tema, quien ha abierto una línea de investigación sobre los antecedentes del código agrario, hoy cuestionada por algunos morelenses.

El tema del que estamos hablando aquí puede sintetizarse en la palabra “desmitificación”; un término que ha venido a considerarse sinónimo de denostación, cuando en realidad lo que se pretende con tal afán es la humanización de los sujetos históricos a los que terminamos por convertir en héroes de bronce.


 
Lo que aquí se ha publicado es la historia de lo que hizo Lavín recientemente: le escribió a una de las autoridades máximas en el tema, el investigador norteamericano John Womack, profesor de economía e historia latinoamericana en la Universidad de Harvard, autor del connotado libro “Zapata y la Revolución Mexicana”, para dialogar sobre la posibilidad de que el abogado formado en el estado de Guerrero, Salustio Carrasco, hubiera sido co-autor del citado documento. Lavín se pregunta sobre los antecedentes del plan. No ataca a Otilio Montaño y menos le quita el crédito a Emiliano Zapata. Lo que hace es problematizar la historia, le da un nivel más profundo al documento al analizarlo desde el uso del lenguaje y el contenido legal y técnico agrario.


Por su parte, Womack le contesta –y todo ha sido publicado en DDM–, que el asunto es largo de investigar y que él no se considera ni con el tiempo ni con la energía suficiente para ello; que desconoce las más recientes investigaciones y que está enterado de que Otilio Montaño no fue el único autor, junto con Zapata del documento. Lo congratula y lo anima a confiar en otros investigadores, entre ellos, el profesor Emilio Kouri, del departamento de historia de la Universidad de Chicago. Womack añade además, que a sus 75 años de edad tiene pensado escribir 8 libros más y que le interesa mucho “el manuscrito que (Lavín) va redactando... a pesar de que hace 50 años no se concentra en la historia del sur”.



2.- La historiografía del arte mexicano, centrada en los mitos fundadores del nacionalismo como sinónimo de identidad, se ha concentrado en el análisis de movimientos e hitos que reflejan la paulatina modernización del país y por ello es hasta fechas recientes que encontramos ensayos que cuestionen las verdades de la historia oficial. Autores como Alejandro Rosas, Enrique Krauze, Francisco Martín Moreno, entre los más conocidos –porque también están los académicos–, abordan la historia desde el sesgo de la vida íntima para tratar de entender al humano, antes que al superhombre, y esta manera de hacer historia rompe esquemas. Lo curioso es que resulta más fácil destronar hombres que “documentos sagrados”.



En su “Guía práctica de la historia y la historiografía” Armando Saitta da algunos consejos sobre cómo proceder en la reconstrucción de la vida pasada. Aclara el italiano que la historiografía moderna tuvo que sortear el Romanticismo (con sus propuestas recreacionistas) y añade que las historias “pragmáticas” que habían propuesto los historiógrafos del Iluminismo, como Voltaire, cayeron en el descrédito en el siglo XIX. De este modo, Thiers y Michelet (la historia como resurrección de la vida integral) y más adelante Weber, Léfebvre y Lucács se las vieron negras a la hora de proponer que la historia no es un producto acabado.
Por lo pronto, la idea de que fue el abogado zapatista, antiporfirista y poeta Salustio Carrasco el que le dictó algunas ideas a Gonzalo Ávila Díaz los días 26, 27 y 28 de septiembre de 1911 –justamente hace 101 años  y todo ello bajo la supervisión de Zapata y Montaño–, presenta más cerca del historiógrafo académico el trabajo del cronista Carlos Lavín.


3.- Se invita a la ciudadanía morelense a hacer una guardia de honor el día 30 de septiembre, a las 5 pm, al pie del monumento conocido como “Morelotes”, en el centro de la ciudad, con motivo del 247 aniversario de su natalicio. En la guardia se leerán “Los sentimientos de la Nación”.
Otra vez la letra y la piedra vinculadas: esto no es más que una muestra, por lo demás muy interesante, de cómo estamos necesitados de creer en algo incuestionable. Sí, pero se tiene que tratar de una fe en la palabra llamada LEY, no de la historia escrita.

María Helena Noval

helenanoval@yahoo.com.mx

Twitter: @helenanoval

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jueves, 20 de septiembre de 2012

Siqueiros en La Tallera: ¿La Tallera de Siqueiros?

“O soy pintor muralista o no soy pintor. El cuadro de caballete me repugna...delante de él siento su destino inevitable: la sala del rico...(con) sus cortinajes...su peste ... de largas horas de reunioncitas jaiboleras, y en el mejor de los casos, siento lástima por aquel final en el que van a vivir mis pobres pinturas transportables. Para mí,...el cuadro, cuando mucho, es un apunte, una nota, un recordatorio, pero nada más. Es algo no integrado, que sólo puede tener valor ya transcrito al muro.” [1]  Tal fue la declaración, no exenta de contradicciones, de José Alfaro Siqueiros (su nombre real no era David, fue bautizado así por su primera esposa, Graciela “Gachita”  Amador por su belleza), en sus memorias.


Por un lado, Siqueiros fue un pensador de izquierda, un luchador social comprometidísimo, por otro lado, sirvió en más de una ocasión a los intereses de la derecha, del gobierno y los poderosos a quienes tanto criticaba. Repudió la obra de caballete pero la pintó mucho; adoró plasmar mensajes de contenido social, pero se dedicó a la investigación técnica, plástica y óptica con osadía.  
Hoy que se inaugura en Cuernavaca La Tallera como un centro cultural de sabor posmoderno, es momento de preguntarnos en qué medida esta reapertura cumple con la vocación del muralista para el lugar que fuera su taller y su hogar.  Los murales restaurados y la obra que a partir de esta mañana se exhiben en la Colonia Jardines de Cuernavaca recuerdan la importancia y la vigencia de este innovador de la plástica mexicana y el hecho de que hayan reparado las grúas para evidenciar su idea de “parir murales desde la tierra” es un gran acierto. Sin embargo, no puedo dejar de señalar el hecho de que un grupo de ciudadanos morelenses cuestionaron la decisión del INBA y el gobierno estatal por sentir que no cumplía con la vocación del artista para el lugar y porque se cerraron de manera abrupta y grosera los talleres literarios que allí se impartían.


De acuerdo con Francisco Atala, representante de las empresas contratadas para sacar adelante el proyecto arquitectónico de Frida Escobedo –seleccionado entre varios para participar en la 13 Exposición Internacional de Arquitectura de la Bienal de Venecia, Common Ground-,  la casa en la que habitara el artista mantiene su sabor a pesar de que se le agregaron terrazas a los lados y en la azotea.  Esto se hizo para añadirle funcionalidad, tratando de respetar en todo momento la noción de museo de sitio. Por ello mismo, se decidió que se conservaran algunos de los muebles que le pertenecieran al artista (ojalá sus piedras de litógrafo no se hayan perdido).
La parte innovadora –señala Atala-, responde a la necesidad de ofrecerle al público el espacio necesario para las múltiples vocaciones de un centro cultural en el que se puedan llevar a cabo actividades diversas, desde exposiciones temporales hasta instalaciones, performances, conferencias, etc. Habrá además una cafetería y una biblioteca.  No obstante, lo que más nos debe interesar es la presencia viva de Siqueiros a través de la obra que se logró trasladar a esta ciudad.


Un poco de historia

El valor diferencial de este espacio reside en la recuperación del proceso creativo, incluido en ello materiales y técnicas como contenido museable. No hay que olvidar, que la obra siqueiriana se destaca, en el ámbito de las artes plásticas contemporáneas en México, precisamente por dicho aporte, ya que dedicó buena parte de sus  horas productivas a la investigación de pigmentos, empleando antes que nadie piroxilinas, acrílicos y el duco sobre soportes poco usados en aquellos días, como el celotex.    

Esta casa-taller se la facilitó en 1965 don  Manuel Suárez para que pudiera trabajar en los encargos que le hizo para el Casino de la Selva. Poco más tarde se consolidó como taller de integración plástica para la siguiente encomienda que le hizo, me refiero a “La marcha de la humanidad”, mural dispuesto en paneles articulables, con una superficie de 4000 metros cuadrados en el Poliforum que lleva su nombre, y que viene a ser la Capilla Sixtina mexicana según algunos historiadores.  La tallera ha sido modificado algunas veces, pero nunca de manera tan drástica como hoy. Todos apostaban a que no se terminaba a tiempo, pero finalmente, después de trabajar ininterrumpidamente las últimas semanas, se logra darle brillo a la gestión cultural de este gobierno.

A partir de hoy, al entrar al lugar por el lado de la explanada, nos encontraremos con dos de sus murales y la Sala Poliangular, que debe su nombre al concepto de “vista poliangular” o sea el que el espectador puede tener al ver la obra desde varios puntos de vista, estando en movimiento. Esto se encuadra dentro del concepto más amplio de realismo nuevo humanista que el artista de Chihuahua tenía en mente. 


Se trata pues, de un espacio que ideó como sala de estudios de la perspectiva cinética con el fin de demostrar la importancia de los puntos de fuga que estructuran un mural. Esto habla de que el artista no es un iluminado sobrenatural, sino un estudioso.


Después de la muerte del pintor, y por maniobras de Luis Arenal, cuñado del artista, La Tallera  vio un intento fugaz de reapertura con intenciones de convertirlo en escuela de muralistas pero el proyecto no prosperó y el lugar se cerró.  El 11 de abril de 1995 reabrió sus puertas como galería, la gestión de Alberto Vadas hizo historia por su entrega a un proyecto apoyado casi exclusivamente en la buena voluntad de los artistas moreleneses, entre ellos Rafael Cauduro, quien allí pintó sus murales para la Suprema Corte de Justicia. Veremos qué destino le depara a este espacio el cambio de gobierno. Æ


[1] David Alfaro Siqueiros, Me llamaban el coronelazo, (memorias) Grijalbo, México, 1977.  Pág. 599.


martes, 18 de septiembre de 2012

Un colectivo virtual de altura



La presencia multiplicada de artistas en nuestro estado, hace que de repente, por simple razón de números uno se pregunte ¿qué hacen con sus obras estas creaturas milagrosas? ¿A dónde van a parar sus pinturas y esculturas después de exhibirlas en el Borda, la Galería del CMA, La Casona o algún otro de los pocos espacios que hay para exponer en Morelos? Maldita entre los románticos, surge finalmente la cuestión práctica: ¿las venden? ¿Quién las vende, cómo, a quién, en dónde, cuándo?

 
Las respuestas son variadas, multisabores. En Morelos ha habido galerías, casas de decoración que incluyen arte en sus inventarios, subastas, colecciones hechas a fuerza de “yo creo en lo nuestro” y otras formas de comercio; no obstante la sumatoria de todo esto no hace historia. El mercado de arte en este estado es incipiente. No ha habido una galería perdurable y los llamados “cajueleros” (sin ofensas,  por favor, así se les dice a quienes venden obra sin tener un local fijo) no abundan o desisten rápido en su intento de convertirse en empresarios de arte. ¿Entonces qué?
 
Pues resulta que las redes sociales, el internet y una visión emprendedora de negocios están contribuyendo a cambiar el panorama en materia de economía cultural. Miguel Ángel Méndez, creador de Azul Colectivo Visual, nos explica su idea de una galería virtual, un portal que busca representar a sus agremiados como lo haría un representante de artistas de la TV o un agente literario: se trata de entender las bondades y facetas del objeto artístico, no sólo por su contenido simbólico, sino porque es un producto de primera necesidad. El arte es un negocio que permite a los coleccionistas serlo y a los museos exhibir la parte más elevada de la creatividad humana.
 
Este colectivo surge de manera formal hace unos meses con la intención de proveerles a los clientes –mucha gente sabe de arte en Morelos, pero pocos se asumen como consumidores y coleccionistas formales—las herramientas visuales y conceptuales para que puedan tomar una  decisión frente a la obra en vivo, habiéndola visto en la página web antes. La idea de Méndez es que la gente común pueda consumir arte, que no se quede con las ganas pensando que las galerías son exclusivamente para bolsillos sustanciosos.
 
Esta idea le surgió al ver el compromiso diario, las horas que dedica a pintar su esposa Adriana Huerta. Ya luego vino el conjuntar a los 9 artistas del colectivo, a quienes admira, porque se atreven a dejar su vida diaria para cumplir con sus vocaciones. Esto es promover el trabajo honesto.
 
 
“El arte no se vende tan fácilmente, pero sí me siento con la capacidad de decirle a la gente que se trata de una inversión en belleza y en patrimonio. Soy diseñador y también quiero meter ese tema dentro de la cultura.  Me refiero al diseño, porque la gente tiene necesidad de la belleza.  Tenemos miedo al vacío, no dejamos las paredes pelonas. Los muros son puntos en donde todo mundo buscamos algo. Y lo encontramos. El problema es que muchas veces encontramos reproducciones, copias, obras de baja calidad. Hay que abrir los ojos a la calidad, lo que va de acuerdo a nuestra infinita capacidad de percibir. Puede ser diseño gráfico o puede tratarse de arte, no importa, es la belleza lo que interesa”, me dice emocionado frente a las obras que exhibe en el Centro Hípico de Ahuatepec.
 
“Estoy aprendiendo a ver a mis artistas, cada uno ofrece una oportunidad diferente en términos estéticos. De ahí que podamos afirmar que el colectivo fomenta la competencia interna.”
 
Me deja frente a las pinturas y dibujos y me encuentro frente a trabajos muy sinceros, frescos, propositivos. Conozco a Pilar Hinojosa, Cecilia Hincapié, Marina Ribbing y Adriana Huerta. Estas son las abstractas del grupo, son las elegidas por mí para DDM porque hablan de un respeto por la técnica de la acuarela que me parece inolvidable.
 
 
De Pilar Hinojosa me llevo en la memoria visual la caligrafía de sus papeles coloreados. No hay manera de explicarla mejor que decir que se mueve en la frontera entre el dibujo y la caligrafía. Obviamente se inspira en haikus, pero la mayor parte de sus hermosas obras resultan de un honestísimo clavado hacia el interior. Son traducciones de estados de ánimo. Limpias manchas y líneas nerviosas, como es el amor.
 
De Adriana Huerta me llevo la explicación sobre su proceso creativo; ella trabaja sin preconcepciones, atrapa al vuelo lo que le sale del inconsciente, ella piensa en su obra como piezas de un ajedrez celestial, en donde una pieza mal puesta o movida desestructura el universo.  Sus armonías de amarillos y grises son una delicia.
 
A la desaparición física de su padre le debe una de sus mejores piezas. A la asistencia al taller de Huáscar Taborga le debe la parte racional de su oficio. Quiero ver más obra de ella y le pido me invite a su taller.
 
De Marina Ribbing recordaré siempre los azules y la composición abierta, insistente, floreada sin ser flores, nubosa, sin ser nubes lo que representa. No sé si son sus ganas de abarcar el mundo lo que la lleva a traducir lo que conoce en abstractos, lo que sí puedo decir es que me gusta.
 
 
En fin, la recompensa que me llevo antes de irme a casa a pensar en cómo transmitir la idea de honestidad vinculada al mercado del arte (siempre cuestionado por cuestiones de pudor mal entendido) es el haber conocido a un promotor cultural morelense preocupado por los suyos y con ganas de trabajar.  FIN


María Helena Noval



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jueves, 13 de septiembre de 2012

El Informe de Martha Ketchum: ¿con qué contamos para arrancar?

El sexenio que viene heredará un instituto dedicado a la promoción de la cultura que apareció en el mapa morelense entre 2006 y 2012; el período será conocido como el de Martha Ketchum. Duele decirlo, pero no deberá colgársele el milagrito al gobierno saliente. Su buen trabajo le costó a ella gestionar recursos federales, inventar programas, jalar a la gente no asidua a las actividades culturales y trabajar en municipios. Sus relaciones personales ayudaron. Cuando pienso en la ausencia de una política cultural dictada por el gobierno panista como plan de desarrollo social, se me ocurre que es como si le hubieran dicho a ella“haz lo que quieras con tres pesos, pero no estorbes”. Inevitable resulta relacionar esta manera de operar, con una anécdota muy conocida en el ámbito político. Cuentan que recién entrado el gobernador Gonzalo N. Santos a San Luis Potosí, le recordaron que no había nombrado a nadie en cultura, a lo que él contestó: “búsquense a cualquier rarito…”. Hay que decir que quienes han llevado las riendas de este estado en los últimos 20 años, han nadado de muertito en esta materia. Caso aparte fue la gestión de Mercedes Iturbe, aunque ésta se distinguiera más por su modelo difusionista de las bellas artes entre un grupo selecto de personas.
 
 
De todos es conocido el hecho de que el presupuesto etiquetado para cultura se va casi todo en en sueldos. Hay poco para operación. Carecemos de una Ley de Cultura y habrá que elaborar un nuevo plan de trabajo basado en la vocación del gobierno entrante, hacer diagnósticos por tema es imperativo. Mucho de lo que se hizo fue con presupuesto federal, así se pagaron montajes de muestras, becas y publicaciones. Programas como el PACMYC (apoyo a culturas municipales y comunitarias) y el PAICE (apoyo a infraestructura cultural de los estados) permitieron bajar recursos, pero como gran parte del presupuesto también se va a municipios, hubo que estirar los centavos para trabajar.

Así las cosas, no podemos dejar de comentar brevemente en este espacio que la Ketchum rindió un informe memorable por dos razones. La primera es que le puso cara y nombre a esa instancia que se llama instituto, los sujetos a los que presentó como su equipo de trabajo recibieron el crédito y antes de eso aprendieron a trabajar de manera más ejecutiva. Eso habla de los recursos humanos con los que cuenta el estado, no sólo fue una cortesía de ella el haberlos subido al escenario. La segunda razón es que nos informó a los morelenses con qué contamos para arrancar.

¿Con qué arrancamos?

La lista de lo bueno comienza con lo que heredamos de siglos atrás, me refiero al patrimonio cultural, comparable en calidad de monumentos y sitios arqueológicos con lo que tienen estados cono Puebla, el Estado de México, Yucatán y Jalisco. No son piedras, son nuestro valor diferencial, reconocido por la UNESCO por su calidad arquitectónica. Y aunque nunca he entendido bien cómo se completa la Ruta Zapata, por ejemplo, porque no hay la infraestructura necesaria de apoyo para darle servicios al turista (faltan hoteles, restaurantes, comercios, atractivos complementarios en la zona), podemos decir que adelantamos en este asunto cada vez más tomado en cuenta como materia de sustentabilidad económica en otros países.

Aunque el Centro Cultural La Vecindad está pasando por una mala época en materia de instalaciones, es justo traerlo a colación como uno de los logros de esta gestión por sus talleristas y maestros. Aquí es justo recordar que el ICM colaboró con otras instituciones dedicadas a la promoción de la cultura como la Fundación Rayuela, gestora de proyectos memorables en el estado. En el mismo rubro de educación artística y capacitación de trabajadores de la cultura hay que decir que los diplomados y cursos que se impartieron fueron un éxito probado entre promotores. De lo mejor fue, asimismo, el programa de cultura escrita con sus diversos productos editoriales y el taller “Mujer escribir cambia tu vida”, coordinado por Ethel Krauze. Otros logros son la Carreta Cinemovil con su pantalla inflable, el Festival Tamoanchán, los niños cantores del estado, la orquesta de cámara, el ballet de cámara, la Compañía de Ópera de Morelos, el Festival Miquixtli, la creación de la Comisión para el Festejo de las Conmemoraciones del Centenario y Bicentenario, la Biblioteca Vagabunda, las Salas de Lectura, los Paralibros y el programa Diversifikarte para los jóvenes.

Pero tal vez lo mejor de todo en un gobierno que ha sido cuestionado de mil maneras, es que en materia de transparencia se logró una calificación que pasó de 8 a 96%.

Desde luego que hay mucho por hacer y al gobierno entrante le tocará definir su política cultural, pero las bases están sentadas. Si el discurso del gobernador electo insiste tanto en la cultura como base del desarrollo social, si habla de orgullo por lo propio y del espacio urbano recuperado, es porque ha estudiado lo sucedido en otras ciudades del mundo y cree en la innovación. Ese será nuestro puntal de desarrollo.

Tal vez yéndonos a los números entenderemos mejor hacia dónde vamos, si es que vamos: 178 millones 637 mil pesos fue la inversión total de estos 6 años de gestión de la Ketchum. Graco Ramírez habla de 400 millones para un solo año. La suerte está echada si el ejecutivo autoriza los dineros.

Lo que he querido decir aquí, es que se trabaja el tránsito a la secretaría de cultura desde un instituto que hizo cosas. Creo que un gobierno progresista no partirá de borramientos, sino de edificaciones.

Colofón:

Contamos con 12 museos en el estado y se trabaja día y noche para que al Dr. Adame le de tiempo de inaugurar“La Tallera: Casa estudio de David Alfaro Siqueiros”, un museo que si bien le pertenece al INBA y no al ICM, terminará formando parte de la historia que se cierra. Por cierto, el proyecto arquitectónico de Frida Escobedo fue uno de los seleccionados para participar en la 13 Exposición Internacional de Arquitectura de la Bienal de Venecia, Common Ground. Ω
 
 
 

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Adolfo Mexiac: la trascendencia del dolor.

Si bien el ICM no ha destacado por el montaje de muestras concluyentes en los últimos años, necesario es decir que la retrospectiva del grabador y pintor Adolfo Mexiac que encuentra en la Sección Juárez del Jardín Borda, , viene a cerrar con "lujo de acopio" la presente administración. Obligado resulta también decir, que no se trata de una muestra fácil por la multiplicidad de obras colgadas, en las que destaca el manejo expresionista de la figura humana: hay conmoción, ruptura, dolor, deformidad; composiciones que escapan a las nociones clásicas de belleza. Como además no hay "aire" suficiente entre las piezas, aconsejo ir con calma, con ganas de pararse un buen rato frente a cada mampara, mirar una por una las piezas sin atender al conjunto.

Por efecto de contraste, podemos decir entonces, que las piezas más relacionadas con la interpretación de la naturaleza terminan brillando por sus efectos poéticos: en el alma de nosotros los espectadores acostumbrados cada vez más a una naturaleza traducida a fotografías retocadas, el encuentro con las texturas propias del grabado sobre madera y linóleo implica un re-descubrimiento de nuestra casi infinita capacidad de entender de profundidades y texturas.

Estamos entonces, en el hecho de que las piezas que se alejan de la intención narrativa, entre ellas un hermoso árbol sobre un fondo amarillo, al pie de un río y un haz de varas enmarañado detrás del cual aparece un ojo, nos muestran a un Mexiac productor de obra constante, comprometido no sólo con la necesidad de informar o ilustrar, sino con la necesidad de expresar valores y sentimientos estéticos. Esto habla de la íntima vinculación del alma humana con el entorno a través de sus formas. Justo es decir, que la pieza del ojo consigue atraparnos porque a pesar de la fuerza del primer plano, éste termina cediéndole su importancia al gran tema de la vida humana que es "te veo".

Los Migrantes

Mucho se ha hablado sobre el Taller de la Gráfica Popular y sus integrantes como generadores de contenidos artísticos vinculados con la identidad nacional. En la mayoría de los trabajos de sus integrantes, reunidos a partir de los años treinta en la Ciudad de México, los indígenas protagonizan escenas en las que destaca la dificultad de sus labores cotidianas, sus carencias, su tragedia. Vinculadas con la figuración nacida de la Escuela Mexicana de Pintura, especialmente con la producción de José Clemente Orozco, estas piezas han venido a conformar una parte importantísima de nuestro imaginario colectivo. No podemos negar el hecho de que seguimos pensando en el campesino mexicano a partir de lo que el TGP y las películas fotografiadas por Gabriel Figueroa.

En este sentido, la serie Los Migrantes, en la que destaca el afán de mostrar el proceso del grabado, viene a ser la cereza de pastel. No sólo porque vemos la plancha sobre la que el artista trabaja, de manera inversa siempre el tema a representar, sino porque el grabado, también llamado original múltiple, retrata un tema de gran actualidad: la huida, la despedida, la migración del semejante.



María Helena Noval
helenanoval@yahoo.com.mx
Twitter: @helenanoval

martes, 4 de septiembre de 2012

¿Comunidad artística?



La semana pasada la Fundación Peraza convocó a “la comunidad artística” a reunirse en el Museo Brady, por medio de redes sociales. La idea era hacerse escuchar por el gobernador electo, Graco Ramírez.  Llegadas las 6 de la tarde, de ese lunes 27 sólo apareció una veintena de artistas; la directora del museo, Sally Sloan, manifestó asombrada no saber nada de la reunión. ¿Qué sucede en este estado en el que una agrupación preocupada por promover las artes no logra el poder de convocatoria esperada? ¿Contamos los morelenses con una comunidad artística organizada?
 
Trabajo gremial vs. trabajo individual
 
A lo largo del siglo XX y lo que va del XXI, en Morelos se han congregado artistas  y aficionados al arte, en repetidas ocasiones, con el fin de ayudarse entre sí a promover su obra, abrir espacios de exhibición, pensar el arte como algo indispensable para la vida. Los llamados jardines del arte (Jardín Borda, camellones de la Avenida Teopanzolco, en la colonia Vista Hermosa, la plaza ubicada junto a La Tallera, en la colonia Jardines de Cuernavaca, en el Zócalo[1] y en el Hotel Las Quintas) son algunos de los intentos comerciales más memorables. Por otro lado están los esfuerzos de la Sociedad de Acuarelistas y la Sociedad de Arte Visual Contemporáneo, quienes han insistido en la importancia del trabajo crítico entre profesionales.
Recientemente y con motivo de los cambios de gobierno se han llevado a cabo varias reuniones de creadores y gestores culturales en Cuernavaca. La intención general que anima a quienes deciden participar en ellas es proponerle a Ramírez Garrido que se tome en cuenta el trabajo creativo como factor de desarrollo social: los artistas quieren participar de manera más activa en el bienestar común.  
En este sentido el movimiento “Cultura 33”, organizado por Bárbara Martínez Moreno ha sido uno de los más consistentes por vincular entre sí a más de 70 promotores de cultura de los municipios del estado. Una consulta a la página web (cultura33.org) basta para dar cuenta de que el trabajo reflexivo llevado a cabo por ellos ha sido profundo. Las conclusiones a las que han llegado marcan líneas de pensamiento que se podrían considerar la hora de la creación de la ley de cultura del estado. 
No obstante, y a pesar de estos esfuerzos, no podamos hablar de una comunidad cultural o artística que hable por y de Morelos. Las razones son variadas, te invito lector a que me escribas y pensemos juntos estos puntos:
  •      En Morelos carecemos de un líder cultural que vehicule intenciones, como lo hace un Francisco Toledo, en Oaxaca.
  •     No contamos con una política cultural clara, hay ideologías desdibujadas, principios universales que terminan adaptándose a los intereses particulares de cada quien.
  •      Hay mucha oferta pero muy pocos foros en los que los artistas puedan juntarse a compartir inquietudes.
  •          No ha habido vinculación política entre los representantes de la llamada alta cultura y la sociedad civil.
  •       Tal parece que no nos sentimos orgullosos de nuestro patrimonio cultural tangible e intangible.
  •      Hay una involución respecto de lo que sucedía en tiempos pasados, cuando grandes personalidades se reunían en esta ciudad a vivirla por la tertulia que implicaba. La inseguridad que vivimos hace que la gente viva a tras muros.
  •      La imagen de la ciudad no contribuye a cerrar el círculo virtuoso que debe ser la convivencia en el espacio público.
  •        No hay un departamento de investigaciones en el estado que se dedique a vincular a la comunidad artística.
  •        El centralismo que ha caracterizado el desarrollo social y económico del país hace que muchos creadores volteen a la Ciudad de México como si fuera la plataforma de despegue de sus carreras artísticas.
¿Y los chavos para donde jalan?
Por si fuera poco, egresados del Centro Morelense de las Artes y de la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos más de 100 jóvenes se debaten entre la falta de un ámbito cultural enriquecedor y las leyes que rigen el mercado del arte. Además, tienen que enfrentarse a las dificultades propias de la vocación y la formación artística, me refiero a la búsqueda de un lenguaje relacionado con lo personal, el lugar en el que viven y se han formado y/o la apropiación de técnicas, estilos y temáticas provenientes del llamado mainstream.
Este panorama hace que los artistas se representan a sí mismos, no hay un elemento identitario que les parezca suficientemente interesante para trabajar desde esa instancia: ser creadores morelenses unidos. Ω




[1] La Asociación de Pintores de Cuernavaca se protocolizó el 25 de septiembre de 1993 en la Notaría 1.
María Helena Noval
Twitter: @helenanoval