domingo, 14 de septiembre de 2025

Los 1000 de La Jornada Morelos

 Por Helena González y Vicente Quirarte

Vicente Quirarte y María Helena González*

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Los grandes escritores han sido principalmente periodistas: José Joaquín Fernández de Lizardi fue el primer mexicano en demostrar que la letra es más poderosa que la espada y se convirtió en el autor de la novela El periquillo sarniento. Su labor en los periódicos ha sido recopilada por María Rosa Palazón en uno de los volúmenes con mayor número de páginas de la Nueva Biblioteca Mexicana de la UNAM. De ahí en adelante todos los escritores pasaron por las filas del periodismo hasta llegar a fines del siglo XIX, cuando el aumento de los periódicos fue impresionante. Cuando Manuel Gutiérrez Nájera escribía sus crónicas había en México cerca de 100 periódicos. Debemos a Boris Rosen Jelomer la publicación en libros de las obras de Guillermo Prieto, Francisco Zarco e Ignacio Ramírez; a Nicol Giron, las de Ignacio Manuel Altamirano; a Fernando Ortiz Monasterio, las de Manuel Payno; y a Jorge L. Tamayo las de Benito Juárez.

Todo esto para decir que no hay arte mayor y menor, periodismo y literatura han ido estrechamente de la mano tejiendo las ideologías de las diversas comunidades que conforman el público lector. “La lectura del periódico es la oración matutina del hombre civilizado”, decía Hegel, pero no es lo mismo el grato gozo de leer el periódico que hacerlo, pues además de las colaboraciones de los autores más diversos que se ensayan cotidianamente en las lides del lenguaje, se requiere de un equipo de reporteros, cronistas, fotógrafos, diseñadores y de quien guíe desde el perfil editorial del diario la factura que mejor capture la atención del público interesado en la odisea del acontecer cotidiano. La Jornada Morelos cumple 1000 números gracias a la conducción de Enrique Balp, pero gracias también a sus lectores. Sin el diálogo conjunto no tendría sentido la ingente labor. Además, en un mundo en crisis como el nuestro, Balp ha sabido sortear mares procelosos y mantener una línea equilibrada que busca la verdad.

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José Iturriaga de la Fuente, Miguel Izquierdo Sánchez, Jesús Zavaleta Castro, Hélène Blocquaux, Oralba Castillo Nájera, Roberto Abe Camil, Alma Karla Sandoval y Lya Gutiérrez pueden dar fe de que la gimnasia diaria de escribir permite que sus obras respiren con mayor libertad. Todos ellos saben que el periodismo impone una disciplina rigurosa: no respeta autores, fija un límite de palabras y establece una fecha de entrega inaplazable. No es casual que resulten legendarias las correcciones que José Emilio Pacheco hacía a sus Inventarios, verdaderas enciclopedias donde vertía tanto sus propios conocimientos como los de otros. En nuestro caso, el de dos personas que nos sentamos a escribir una colaboración conjunta para el diario, esa misma exigencia se convierte en un estímulo que nos invita a revivir y compartir nuestra experiencia. Más que un sacrificio, el proceso se vuelve un gozo. Por ello, gracias a La Jornada Morelos.

Pero no todos los que saben leer, saben leer, decía Lizardi, significando con esto que hay mentes que no captan lo que subyace en los documentos escritos. En nuestro caso intentamos unir dos vertientes en un mismo río y repartir equitativamente los hallazgos y las culpas, pues no siempre miramos las mismas cosas. ¿O sí? El lector tiene la última palabra.

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En un país en el que cada vez se lee menos, el esfuerzo de quienes se atreven a ser periodistas vale oro, no sólo arriesgan su vida: se exponen a ser invisibles, a que nadie los lea. En este transitar de letras, que vengan otros mil y mil más.

*helenagonzalezcultura@gmail.com

Disponible en: https://www.lajornadamorelos.mx/plaza/los-1000-de-la-jornada-morelos/


domingo, 7 de septiembre de 2025

Estética Revueltas, una familia de vanguardia en el MAM

 Por Helena González y Vicente Quirarte


Vicente Quirarte y María Helena González*

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Durango es una tierra que pareciera solo fabricar botas para consumo de clientes amantes de lo exótico, o ser escenario de películas de vaqueros y de alacranes altamente venenosos. Pero también es la cuna de una ilustre familia que contribuyó decisivamente a modificar el México posrevolucionario. El cuarteto de hermanos – Silvestre (1899 –1940); Fermín (1901 -1935); Rosaura (1910 –1996) y José (1914 –1976)- ahora aparece en el Museo Arte Moderno (CDMX). La muestra se llama Estética Revueltas, una familia de vanguardia, pues los cuatro rompieron en sus varias disciplinas los esquemas exigidos por el arte oficial.

Dice Vicente Quirarte: “Pude ver a José Revueltas en 1971, en la Preparatoria Dos, cuando recién acababa de salir de la cárcel de Lecumberri. Firmaba libros y ya no era un hombre joven, pues rozaba las seis décadas, sin embargo, su pelo largo y su barba de chivo lo hacían igual a nosotros. A Silvestre lo vi en una foto que tenía Eusebio Ruvalcaba, el músico aparecía en estado inconveniente. A Fermín me lo presenta su pintura y el rostro de Rosaura, inconfundiblemente mexicano, lo identifico gracias a la época de oro del cine mexicano.”

Yo, Helena, en cambio conocí lo furibundo de esta familia mediante el retrato al óleo que le hizo Manuel González Serrano, inspirado en una escultura de Carlos Bracho, en la década de los 40 a Silvestre, muerto poco antes. En el óleo aparece despeinado, altivo, enfebrecido frente a un piano cuyas teclas tienen venas, acompañado de mujeres violín. En Cuernavaca, a principios de la década de los noventa visité a Arturo Bodenstedt, hijo de Rosaura, en cuya sala encontré otras dos espléndidas piezas de González Serrano. Aún me falta dar cuenta de la amistad que los unió.

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Una de las piezas más importantes de la exposición es El Café de Nadie (óleo/cartón, 1927) de Ramón Alva de la Canal, en la que es posible reconocer a Manuel Maples Arce, cabeza del movimiento estridentista y en la parte inferior izquierda a Leopoldo Méndez, fundador del Taller de la Gráfica Popular en 1937, del cual se exhiben grabados que demuestran su especial habilidad para transmitir mensajes políticos con economía de elementos. En la pintura también figuran el Dr. Gallardo Dávalos y a la izquierda de Maples Arce el rostro de su lugarteniente más próximo, Germán List Arzubide. La composición le debe al talento del creador lo mejor de sí, aunque no podemos descartar la influencia del surrealismo y del cubismo sintético.

Vinculados con la educación del momento destacan los grabados que hizo Julio Prieto para Troka el poderoso de List Arzubide, que pretendía formar a los niños mediante el conocimiento de la técnica y la ciencia que estaban modificando velozmente el mundo. En el lado contrario de la pedagogía, los títeres de Lola y Germán Cueto, nos guían por el sendero lúdico, contagiado a Silvestre Revueltas, quien participó en el guiñol con la música.

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Deambulando por la sala circular del segundo piso del recinto, se topa uno con la colección de Crisol. Revista de Crítica, editada por el Bloque de Obreros e Intelectuales. Los curadores se anotaron un diez solicitando en préstamo material que solamente ve uno en la Hemeroteca Nacional. En la misma vitrina aparece la edición de El Son del Corazón de Ramón López Velarde, poeta al que los estridentistas unieron de inmediato a sus vidas. La tipografía en todos estos ejemplares es de Fermín, quien apasionadamente abrevó de la ideología y las formas del Realismo Socialista ruso y del Art Decó.

En este punto nos hubiera gustado que la museografía incluyera -mediante la exhibición de fotografías en loop– algunas de las ilustraciones y viñetas que aparecen al interior de los ejemplares.

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El reto de colgar la selección de objetos de y sobre cuatro luminarias de la cultura mexicana equilibradamente es resuelto por los curadores Brenda J. Caro y Carlos Segoviano, quienes realizaron una investigación a fondo que permite al espectador darse una idea más completa de lo que fueron los trabajos y los días de los Revueltas, a quienes muchas veces se conoce solamente referenciados a partir de sus trágicos destinos. Regálese un ratito de museo, no se arrepentirá.

* helenagonzalezculturagmail.com





lunes, 1 de septiembre de 2025

El vampiro y su sintaxis en el siglo XXI: de la pantalla al mito perdurable

 

Por: Vicente Quirarte y María Helena González

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Esta semana, el cine fue nuestro estímulo para dialogar con ustedes. No es casual, buscamos temas de actualidad para motivar su curiosidad por la reflexión estética. En este caso el elegido es el vampiro, figura que ha atravesado la literatura, el cine y la artes visuales. Como los pegasos y las sirenas. Es uno de los arquetipos más persistentes de la modernidad.

Para Vicente, autor de Sintaxis del vampiro, la creatura nocturna no es solamente personaje de novela gótica: es metáfora de nuestros miedos y deseos, de la tensión constante entre Eros y Thanatos, de la fascinación por la inmortalidad y el temor a la decadencia. “Todos estamos obsesionados por los límites entre la vida y la muerte…sólo el vampiro los explora, los transgrede y los modifica” (Quirarte, 2003). En su poesía lo ha dicho contundentemente: “El Vampiro es un vicio refinado y esperará, paciente, tu retorno” (Quirarte, s. f.).

Para mí, en cambio, este universo es nuevo. En mi pobre imaginario gótico, Drácula y Frankenstein conviven con otras creaturas del Halloween de los colegios de mis hijos. Confieso mi ignorancia sobre el tema, pero como el amor es capaz de abrir horizontes insospechados, también me veo descubriendo que detrás de la sombra del vampiro hay una sintaxis luminosa, una forma de leer el mundo que se conecta con nuestra propia experiencia.

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El siglo XXI confirma que el mito vampírico sigue vigente, aunque no siempre con el mismo éxito. La reciente película Sinners de Ryan Coogler (2025), que alcanzó decenas de millones de espectadores en Estados Unidos y más de un millón en Francia, demuestra que cuando el vampiro se reinventa con claves narrativas contemporáneas puede convertirse en fenómeno de taquilla. En contraste, Drácula: A Love Tale de Luc Besson apenas rebasó el medio millón de asistentes en Francia en sus primeras semanas.

Besson intenta hacer de la novela una historia de amor, lo cual es inverosímil desde el punto de vista literario. La película no aporta nada nuevo que no aparezca en las cintas de vampiros, sobre todo los casos de James Whale, Francis Ford Coppola y Roman Polanski, quienes han contribuido decisivamente a crear metáforas inolvidables. En este caso, las gárgolas y las coreografías son un homenaje a Walt Disney. El hallazgo mayor consiste en haber elegido al actor Christoph Waltz conocido por sus caracterizaciones de villano. Es el único personaje verosómil, pues emplea su flema típica y su sentido del humor para convencer a Drácula de que debe renunciar a la vida eterna a la que ha sido condenado, para seguir perpetuando el ciclo del amor (aquí hay que recordar la noción lacaniana de goce). El enemigo del vampiro en este caso es un clérigo que recuerda a Dom Agustín Calmet, autor en el siglo XVIII de la primera radiografía del vampiro, al tiempo que emplea recursos que evocan escenas de El Exorcista. Lo peor de la película es que nunca experimentamos miedo, sino una risa piadosa, por ejemplo cuando Drácula trata inútilmente de suicidarse, o cuando Maria se enfada porque parece que le proocupa más ensuciarse el vestido que morir balaceada.

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El vampiro, en la lectura de Quirarte, es el eterno retornado. Su condición de arquetipo no radica en la sangre que derrama, sino en las metáforas que alimenta: la sed insaciable de vida, la transgresión de los límites, la eterna pregunta sobre qué significa ser humano. Esa sintaxis, la del vampiro, nos recuerda que toda cultura necesita sus sombras para comprender mejor su luz. Pero en la película de Besson esto no se transmite cabalmente.

La pregunta que nos hicimos al salir del cine, es si el deseo de vivir para siempre, aun sabiendo que la eternidad puede ser la más oscura de las condenas, será modificado por los avances de la ciencia. La interdisciplina entre genética y robótica -por mencionar dos campos del conocimiento- ofrece la posibilidad de sustituir miembros, crear piel y otros órganos en Cajas de Petri, congelar y revivir cadáveres. ¿De qué manera le gustaría a usted vivir para siempre?