domingo, 24 de agosto de 2025

Rosario Castellanos: del porte juvenil a la consagración intelectual

Vicente Quirarte y María Helena González*

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Hay escritores que pertenecen a la música de orquesta. Ponen a funcionar todos los instrumentos porque necesitan que se escuchen en su integridad. En cambio existen otros para los cuales está destinada la música de cámara. A esta segunda categoría pertenece Rosario Castellanos.

Es la primera impresión que nos invade al penetrar en la pequeña sala donde se exhiben documentos, manuscritos y objetos que nos ofrecen el retrato íntegro de una mujer excepcional, pues su voz se escucha directamente gracias a la selección de textos escritos por ella, museográficamente muy bien dispuestos a lo largo del recorrido: nos guía por su trayectoria ella misma, no el equipo curatorial.

La muestra fue organizada en el Colegio de San Ildefonso por la Universidad Nacional Autónoma de México a través de su Coordinación de Difusión Cultural y la Dirección de Literatura y Fomento a la Lectura, con motivo del centenario del natalicio de la autora y en el contexto de la Feria del Libro y la Rosa, cada vez más exitosa gracias a los afanes de la también escritora y académica Rosa Beltrán. Titulada Un un cielo sin fronteras: Rosario Castellanos. Archivo inédito, cuyo texto de sala está firmado por Julia Santibáñez quien resume muy bien lo que debemos de ver, la muestra sale airosa en el mundo de las lecturas transtextuales.

Hay que decir que, con motivo del centenario del nacimiento de Rubén Bonifaz Nuño, la universidad no hizo tanto escándalo como con Rosario. A esto contribuyó su breve tránsito vital de 49 años, en los que practicó todos los géneros y en todos dejó una huella importante, pero además no olvidemos que estamos en la época de los feminismos, de los cuales ella fue bandera sin pretenderlo. Otra batalla de la que sale avante es que por su potencia evade la lectura cruzada que se suele hacer de ella y su trabajo en los motores de búsqueda de la red.

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En términos museográficos, el montaje es de gabinete, pues se centra en lo documental gracias a la flexibilidad de Gabriel Guerra Castellanos, hijo de la escritora. A estas alturas creemos que Rosario estaría de acuerdo en que no se destacara en su epistolario la relación con Ricardo Guerra y sí en cambio su amistad epistolar con Raúl Ortiz y Ortiz, su compañero más cercano junto con la poeta Dolores Castro, quien aparece en varias fotografías con ella. Por cierto aprovechamos para invitar a la presentación del volumen Cartas Encontradas, publicado por el Fondo de Cultura Económica que se llevará a cabo en el Museo de la Ciudad de Cuernavaca, MUCIC, en Cuernavaca el próximo 20 de octubre.

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Cuestionada la IA sobre la escritura autógrafa de la poeta y ensayista la cual percibimos en varios momentos de la exposición, ésta nos dice: “Las palabras que se enlazan unas con otras sin dar respiro muestran una mente desbordada, inagotable, que teje ideas a la velocidad de su angustia y de su lucidez. Allí está la escritora que piensa y siente en torrente, sin cortes, sin concesiones. El tamaño de la letra, amplio y seguro, es una declaración de presencia -aquí estoy, y no me borren-. Y al mismo tiempo, en sus titubeos gráficos, se percibe la grieta de la vulnerabilidad, la confesión de que la fortaleza no cancela la fragilidad”. En efecto, Rosario Castellanos fue una mujer fuerte, pero al mismo tiempo vulnerable, enérgica pero no violenta, en consonancia con Victoria Ocampo, Gabriela Mistral, Clarice Lispector, Marguerite Duras o Marguerite Yourcenar, quienes tampoco forzaron el lenguaje para someterlo a una ideología. Como decíamos al principio, su voz es música de cámara que nos murmura al oído con notas sutiles, pero al mismo tiempo resonantes en el espacio y en el tiempo.

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El cartel publicitario nos presenta a una muchacha joven y fresca de cejas naturales, pero a medida que avanzamos por su trayectoria vital e intelectual vamos descubriendo a una profesionista que pugnó por sus derechos en un mundo cultural dominado por los hombres, desde la presentación de sus tesis de licenciatura en filosofía en 1950 que prefigura publicaciones seminales para los estudios de género contemporáneos como Mujer que sabe latín. Antes de morir Rosario era otra: llevaba las cejas depiladas y resaltadas como se ve en las fotografías de Ricardo Salazar.

Castellanos ingresó directamente a la Rotonda de las Personas Ilustres por su estrecha cercanía con el expresidente Luis Echeverría, algo que tal vez ella no habría aprobado dada su tendencia a no molestar. Esta exposición concuerda con su espíritu en su modestia, pero no en su grandeza. La misma se podrá ver hasta el 26 de agosto.

*helenagonzalezcultura@gmail.com

Disponible en: Rosario Castellanos: del porte juvenil a la consagración intelectual - LA JORNADA MORELOS







 

domingo, 17 de agosto de 2025

Bajo el signo de Saturno: poesía y adivinación

 


Por Vicente Quirarte y María Helena González*

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Saturno es el signo de la melancolía, del arte y de la poesía. Su oscura luz alcanza a los dotados de una sensibilidad especial, como lo demuestra Walter Benjamin: “Vine al mundo bajo el signo de Saturno, el planeta de revolución más lenta, el astro de las dudas y las demoras”. O como dice César Vallejo: “Yo nací un día en que Dios estuvo enfermo. Y grave”.

Bajo la advocación de ese astro se presenta en el Museo Nacional de Arte una de las muestras más exitosas y mejor investigadas de los últimos tiempos. Se trata de una colectiva curada por David Caliz, formado como historiador en la ENAH, pero consagrado en el universo museístico gracias a su interés en otro sistema de pensamiento que no es el racional, pero que nos mueve a los seres humanos desde tiempos inmemoriales. Nos referimos a las creencias, próximas al sueño, la imaginación, la fantasía y la locura.

Los núcleos temáticos incluyen el espiritismo, la clarividencia, la quiromancia, el tarot, la cartomancia y, por supuesto, la astrología. Cierra el espacio Terror Cósmico, una especie de capilla dedicada a Rufino Tamayo y Mathías Goeritz que nos devuelve a la calle de Tacuba extasiados, alucinados. ¿Cómo es posible que una muestra de tal relevancia no se hubiera presentado antes?

El talento del curador consiste en encontrar y seleccionar obras pictóricas, esculturas y obra gráfica, además de sus referentes en publicaciones, de manera que podamos leerlos como “dispositivos de pensamiento creativo”, cuestionando la pertinencia del mundo hiperracionalizado en el que vivimos. En este ingente trabajo debemos reconocer la participación de la siempre amable y generosa Tely Duarte, quien aportó datos fundamentales.

De este modo, podemos decir que la muestra nos plantea un ejercicio epistemológico de la vida cotidiana. La representación de las artes herméticas ha convivido en nuestros hogares junto con cientos de objetos religiosos avalados desde siempre como parte de nuestro pensamiento mágico “oficial”. Así le damos explicación a la vida y a la muerte; lo que no es frecuente es que en los museos se muestre esta gran cantidad de simbolismos heterogéneos.

Una pieza importante, invaluable, es la carta astrológica de Ramón López Velarde, que llegó al fin de sus días la madrugada del 19 de junio de 1921. El poeta creía en los vaticinios, pues cuando cayó enfermo de la bronconeumonía que finalmente le arrancó la vida, recordó ante sus amigos la profecía de una gitana que le había dicho al leerle la mano: “Amas mucho a las mujeres, pero les temes. Esta línea me dice que morirás de asfixia”. En su poesía hay que buscar signos de esas creencias espiritistas y adivinatorias, como aparece en el poema inconcluso “El sueño de los guantes negros”, cuya atmósfera surreal anuncia las nuevas direcciones que su poesía iba a tomar. Junto a este documento aparece el que le dio origen a la muestra: se trata de la carta que elaborara André Breton para el poeta Jean Schuster, donada al museo en 2020 por el arquitecto Carlos Santos.

Destaca igualmente la pieza de Eugenia Martínez, artista contemporánea de Monterrey, quien presenta una mesa de tarot para despatriarcalizar el mundo vigente. La misma, de impecable factura, parafrasea los símbolos del Tarot de Marsella e incorpora un poema de Rosario Castellanos, esa feminista adelantada a su tiempo. Con esto se ve que las corrientes de pensamiento posmoderno no están reñidas con el pensamiento mágico.

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El espiritismo moderno nace en 1848 con las hermanas Fox en EE. UU. y se difunde en Europa y América Latina durante la segunda mitad del siglo XIX, gracias a figuras como Allan Kardec y Madame Blavatsky. En esa época, el espiritismo se consideraba una “ciencia de lo invisible” y llegó a atraer a intelectuales, médicos, científicos y escritores como Víctor Hugo, Arthur Conan Doyle, William Butler Yeats, Elizabeth Barrett Browning y Bram Stoker.

Las espiritistas, óleo de gran formato de Juan Téllez Toledo (1903), ilustra la manera en que se invocaba a los muertos. Es posible imaginarnos a Francisco I. Madero, cuyo retrato de civil nos recibe, tomando de la mano al vicepresidente José Ma. Pino Suárez, tratando de predecir el futuro, sin vaticinar que iban a morir juntos de manera trágica.

La pieza más reciente en el tiempo es del colectivo Tercerunquinto, cuyo trabajo se centra en intervenciones escultóricas y espaciales para explorar los límites entre lo público y lo privado. En este caso abordan las relaciones entre los terremotos de septiembre de 1985 y 2017 y la disposición de los astros en el plano celeste. Aparece ante nuestros ojos la ciudad destrozada, rearmada con pedazos de madera rescatados del desastre.

A unos cuantos pasos nos encontramos con la institucionalización de la suerte mediante piezas que representan el trayecto que va del juego de lotería de feria a la lotería nacional. Esto demuestra la amplitud de la investigación.

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“La oscuridad es otra luz”, decía la poeta argentina Olga Orozco. Del mismo modo, la penumbra no es sólo ausencia de luz: es una materia densa que se adhiere a la mirada y nos recuerda que, como Saturno, devorador de sus hijos, todo esplendor lleva en sí la semilla de su ocaso. En nuestra particular experiencia, el paseo por las salas del museo demuestra una vez más la importancia de la mirada conjunta: dos seres afanados en reconstruir el mundo a pesar de los obstáculos y la impertinencia de los necios. A veces es mejor creer en lo que no existe de manera racional.

*helenagonzalezcultura@gmail.com

Disponible en: Bajo el signo de Saturno: poesía y adivinación - LA JORNADA MORELOS

Juan Téllez Toledo, Los Espiritistas, 1093. Museo Nacional del Arte, INBAL

Agustín Víctor Casasola. La Adivinadora, ca. 1930. Fototeca Nacional, INAH. Archivo Casasola

Juan Téllez Toledo, Los Espiritistas [Detalle], 1093. Museo Nacional del Arte, INBAL