lunes, 21 de enero de 2013

Don Roberto Calleja, un coleccionista fuera de serie

Si se pudiera mapear la mente de un coleccionista, el resultado daría una representación ordenada, llena de rutas lógicas; sus hermosos tesoros, decorados a gusto del hacedor del mapa, indicarían sus ideales, sus propósitos, sus fines, sus empresas. Su lugar en el mapa señalaría las metas de una vida, el corazón del coleccionista, su lugar de llegada.
La mente del acumulador, nos daría en cambio, la impresión de una maraña.
Me atrevo a hablar en términos gráficos de las ambiciones que caracterizan a quienes dedican su vida a recolectar objetos, porque a veces resulta fácil meterlos a todos en el mismo cajón y no debemos hacerlo: la búsqueda de obras curiosas, artísticas o antiguas implica un manejo emocional muy diferente para cada vocación.
Según la especialista Ana Garduño, el coleccionista se caracteriza porque se va profesionalizando, conoce sus objetos, tiene claro lo que busca, da un mensaje al público a través de su colección y pretende hacerla pública. A diferencia de este connaisseur, el acumulador sobre todo recolecta, amontona, rellena su espacio vital de objetos diversos, sin preocuparse demasiado por adjudicar categorías, ya que lo que le interesa prioritariamente es la suma de aquellos objetos que ama. Este amante de los objetos no sigue una estrategia. Llena un almacén.
Según la Dra. Teresa del Conde --a quien le gusta coleccionar historias de coleccionistas--, las pesquisas del coleccionista son individuales, disfruta cada uno de sus hallazgos, es dueño de una biblioteca, gusta de mostrar sus tesoros y espera sobrevivir a través del conjunto que ha reunido. Es un don Juan de los objetos.
Vistas así las cosas, cuando llega uno a casa de un verdadero devoto de los objetos, hay que quitarse el sombrero: está uno frente a un profesional enamorado del diseño, frente a alguien que suele terminar soportando intelectualmente su vocación porque investiga, clasifica, exhibe, valora y cuida con el alma lo que posee.
Hace tiempo que he querido dedicarle al Sr. Roberto Calleja Garibay estas reflexiones. No sólo porque el tema del coleccionismo en Morelos es un gran asunto pendiente –no se han estimulado ni difundido en este estado el coleccionismo privado o el público--, sino porque estando frente a los miles de objetos que ha ido él coleccionando, queda uno con la boca abierta y los ojos cuadrados: ¿de dónde ha sacado tanta energía, tanto amor, tanta paciencia, tanta lealtad? ¿De dónde le nace este "espíritu de cacería”?
Escuchando sus explicaciones me queda claro que los objetos que con él viven –porque él los hace vivir al señalarnos sus particularidades, al accionarlos, al contarnos su historia--, están listos para mostrarnos una época, un uso, una costumbre, las diversas nociones de belleza y de funcionalidad que se han dado en la historia, el poder del objeto como transmisor de significados.
Lo que más me llama la atención después de la mágica visita a la que fui convidada, es la especialización que puede llegar a alcanzar la mirada. Las nociones de semejanza y distinción cobran un poder inusitado frente a cada exhibición: las llaves son llaves, las planchas son planchas y los fonógrafos son fonógrafos, pero he aquí, que no todos son iguales, cada uno requirió un diseño y un material específico y fue resuelto de una manera siempre innovadora. Semejantes, pero diferentes, todos piden una mirada diferente.
No me despido sin recordar que la formación de públicos es uno de los grandes asuntos a resolver hoy en día en el mundo cultural. El sueño de quienes se dedican a promover políticas culturales pensadas en función de la identidad de los pueblos pudiera hacerse realidad si se entiende que coleccionar objetos no sólo habla de consumismo y apertura de mercados, sino de amor por el pasado y un afán revisionista de nuestra historia.
Entonces: ¿por qué no dedicarle un museo de autor a éste generoso morelense por adopción, quien se ha encargado de hacernos entender que la creatividad humana es un asunto inspirador, emocionante, digno, museable y redituable?Ω 
 
 
María Helena Noval
twitter:@helenanoval
 

martes, 8 de enero de 2013

De sobremesa con Eduardo Tamariz y Tely Duarte

Lo ocurrido hace unas semanas a la escultura del Generalísimo José María Morelos y Pavón, elaborada en bronce, en 1985 por el Maestro Ernesto Tamariz se ha tornado nota nacional por la indignación que ha generado entre propios y extraños: no sólo se trata del agravio a la figura fundante de nuestra entidad, terrible acto simbólico, se trata de una muestra fehaciente de la descomposición social que vivimos. La enfermedad es mundial, la búsqueda en la red sobre el tema “vandalismo contra obras de arte” arroja más de 300 000 entradas, la siguiente es una de las investigaciones más sintéticas y representativas al respecto:http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2012/10/121009_mark_rothko_obras_vandalismo_mr.shtml

Comparto lo que en amena charla de sobremesa tratamos ayer el escultor Eduardo Tamariz, hijo de Ernesto Tamariz (1904-1988), autor de importantísimos monumentos cívicos ubicados en varias ciudades del país, Tely Duarte curadora de la muestra que se le prepara al autor para este verano en el Museo Casa Estudio Diego Rivera (Ciudad de México), el también escultor Isaac Tamariz, nieto del autor y Adriana Clemente, asistente curatorial, porque nos permite entender tanto el proceso creativo de la pieza que nos ocupa, como los trabajos que llevarán a su restitución en el lugar que es frontera simbólica de la entidad, tránsito mágico entre dos paisajes. 

“En 1986, al inaugurarse a pie de carretera la estatua dedicada al General Morelos, mi padre aseguraba que su obra estaba pensada para durar siglos, pero no le duró más que 27 años por lo sucedido a manos de estos bárbaros” --dice Eduardo Tamariz, quien firmó junto con Artemio Silva y su padre, la pieza, en 1985--. La obra se restituirá, no se restaurará porque el daño fue mayor y porque el armazón interior está oxidado. Hay aplastamientos irreparables por la caída y el arrastre de la pieza. El proceso de restauración sería complicadísimo y mucho más costoso. La obra monumental fue cortada con discos, y dado que no estaba bien anclada, el daño fue inmenso. Al final sus siete metros de altura sirvieron de palanca para derribarla, sin mucho esfuerzo, desde el plinto en el que reposaba. Este acto de vandalismo debió haberse hecho ocasionando mucho ruido, qué raro que nadie se dio cuenta”.

Ante el recuento de los daños, la pregunta de cuáles son los pasos a seguir llevan al maestro a declarar que el bronce que quedó, básicamente el del cuerpo del caballo, mucho más difícil de recortar, sí se va a reutilizar: “no se pueden trabajar las extremidades faltantes y pegárselas, se las arrancaron como a un pollo rostizado. Además está el hecho de que el material encoje durante las fundiciones y sería imposible empatar medidas y hacer que todo encajara sin que se notaran parches. La pieza es muy complicada, cuando la hicimos, tuvimos que hacerle una base giratoria especial para poder trabajarla y estaba sostenida por tres piernas. 

¿Cómo era el proceso creativo de tu padre?

Al final Tamariz trabajaba sin inspirarse en iconografía, ya había hecho varios Morelos (Ciudad Serdán, Puebla; Tenancingo y Toluca, Edo de México, Cuautla, Morelos, Unidad Eduardo Molina del Seguro Social, varios para logia masónica en la Ciudad de México, además de varios bustos).  Aunque he de decir que sí, en algún momento se basó para el rostro del general en unos retratos de Bethoveen realizados por Emile Antoine Bourdelle, para un Morelos que le pidió el gobernador del Estado de México Alfredo Zárate Albarrán, por cierto pariente del también escultor Luis Albarrán Pliego. Este Morelos lo realizó equiparando, de acuerdo a los ideales clásicos, belleza con bondad; aquí se trata claramente del ideal del héroe traducido a la forma. 

MHN: ¿Qué nos puedes decir del otro Morelos que hizo para nuestro estado?

ET- El primer Morelos que hizo para el estado que lleva su nombre fue una figura sedente, la hizo en 33 o 34, luego esta pieza vine a encontrarla en otra parte de la ciudad, en casa de un doctor quien me enseñó un reportaje publicado en los días de su inauguración, documento que se verá en la muestra organizada por la maestra Monserrat Sánchez Soler, quien tuvo a bien recuperar para la historia del arte mexicano la obra de mi padre; pero este Morelos sentado ya no era la que había hecho él, ese en el que se sentaban los niños frente al Palacio de Gobierno. El que vi era ya se trataba de una obra rehecha, lo único que quedaba del vaciado en concreto original, copiadas de las propias, como a veces hacemos los escultores. El rostro se veía duro. 

Vale la pena aclarar, que según el cronista Víctor Cinta, quien ha estado realizando interesantísimas y muy serias investigaciones al respecto, la pieza de la que habla Tamariz fue trasladada al Balneario Las Pilas, en Jonacatepec. El mismo Cinta llama la atención sobre el hecho de que además tenemos otra escultura perdida, se trata del Morelos que estaba en la carretera federal, antes del de Tamariz, del escultor Everardo Hernández, inaugurado en 1953 por el gobernador López de Nava. 

MH: Tely, ¿cómo va el guión curatorial de la muestra que preparas para el mes de julio?

La muestra se llamará “Épica y Gloria Monumental. Ernesto Tamariz 1904-1988” porque está muy claro el hecho de que fue un artista de importantes encargos. Realizó más de 40 obras monumentales, además de todas las que hizo para honrar a personajes históricos o recordar algunos hechos importantes. El guión incluye monumentos con visión de sitio, monumentos con proyección arquitectónica y urbanística, figuras ecuestres, los retratos de grandes humanistas como Platón y figuras solas como Leona Vicario, o las de los personajes ubicados en Paseo de la Reforma. Además están las esculturas funerarias y las religiosas. Es un trabajo de rescate documental que deberá incidir en la memoria cívica de los espectadores de manera importante. Además, lo que hay que decir es que se suman las circunstancias para una feliz resolución que va del trabajo de investigación al servicio de la cultura. Es suma de voluntades. Para mí es parte del “Maratón Guadalupe-Reyes”: todo esto empezó con la noticia de la desaparición de la pieza el 11 de diciembre y se cierra hoy, Día de Reyes, con las declaraciones del Sr. Gobernador sobre lo que vendrá en materia de rescate patrimonial. Ω 



María Helena Noval
twitter:@helenanoval

Ernesto Tamariz: autor de la escultura ecuestre del General Morelos desaparecida hace unos días

Mientras que la ciudad de Cuernavaca se experimenta, por las fechas que se avecinan, como un contexto en el que se anhela la fiesta en paz, el trayecto que une la metrópoli con nuestro estado se ha convertido en el foco de atención de cientos de personas que se preguntan por el destino de la escultura ecuestre del General José María Morelos y Pavón, ubicado en el KM. 48.600 de la carretera federal, desaparecida hace unos días. Las declaraciones oficiales señalan que la pieza sí fue atacada por vándalos y advierten que será restaurada para ser repuesta en su lugar. 

1.La escultura ha cumplido siempre con una función social: siendo discurso visual, los contenidos simbólicos, identitarios, territoriales o políticos que logra transmitir se convierten en detonadores de juicios de valor y de actitudes comunitarias normalmente positivas; no obstante, los tiempos que corren demuestran, asimismo, como los juicios de valor estético han dado paso a consideraciones mezquinas y reprobables, basadas en el valor comercial del bronce, materia prima de muchas de las esculturas urbanas que decoran las ciudades del país. 

De acuerdo con la investigadora y curadora María Estela Duarte, quien prepara para junio de 2013 la muestra titulada “Épica y Gloria Monumental: Ernesto Tamariz 1904-1988” para el Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo: “Este acto de vandalismo reporta un grave daño al patrimonio artístico de la nación porque Tamariz, originario de Villa de Acatzingo, Puebla, es uno de los escultores más importantes de la historia del arte moderno mexicano”. La especialista, desde 1987, en lo que se ha dado en llamar Escuela Mexicana de Escultura añade que: “A pesar de que es el escultor más alejado en inspiración precolombina, porque sus formas son clásicas, lo que importa es el contenido y el espíritu del nacionalismo que logra transmitir a los espectadores de sus piezas. Él fue un escultor que trabajó muchísimo, fueron 60 años de vida productiva, pensando en los valores plásticos como transmisores de valores cívicos y estéticos. Manejó el orgullo del héroe como nadie, su obra deja ver las nociones de enjundia, valor, identidad propia; y todo, esto lo logra sin copiar modelos físicos, lo interesante es que los desarrolla en la imaginación, logrando que al final uno se crea al héroe, su señoría, la grandeza del espíritu noble que se torna ejemplar y lo hace a partir del manejo gestual, las actitudes, la fortaleza de la expresión, los movimientos de los paños, el dominio del material, la composición monumental. Sus piezas no son frías, a pesar de que se trata de estatuaria oficial. Tamariz es un autor al que hay que reconsiderar como uno de los pilares del imaginario colectivo porque logró dejar monumentos en todo el país, siendo el más destacado el Monumento a los Niños Héroes ubicado en Chapultepec desde 1952.”

Como sucede con los grandes artistas, su trayectoria no solamente abarca la gesta histórica, sino que además produjo escultura funeraria y religiosa de primerísima calidad. Trabajó la talla en madera y también fue pintor, incluso ganó el primer premio, en 1926, del proyecto para unos murales titulados “Apuntalando la mina”, expuestos con bombo y platillo en el Palacio de Minería (los murales finalmente no se pintaron). 

También fue caricaturista, pero la vida lo definió como escultor de encargos, dedicando gran parte de su vida a cumplir patrocinios del estado y de la iglesia. Hizo el Zapata de pie que se encuentra en Cuautla y que se distingue por portar una capa larga y estar frente a una mazorca; las Puertas de la Suprema Corte de Justicia, el Altar Mayor de la Catedral Metropolitana en tecali; la Virgen de Guadalupe para la Iglesia de Lourdes en Francia; la escultura monumental del Papa Juan Pablo II en la Basílica de Guadalupe, algunas piezas para el Instituto Mexicano del Seguro Social, el Xicontéclatl de Tlaxcala, el Allende en mármol para hornacina de la Casa Allende en San Miguel de Allende, Guanajuato; y las esculturas ecuestres de Miguel Hidalgo, Mariano Jiménez e Ignacio Allende, similares a la hoy desaparecida del General Morelos, ubicadas en el Monte de las Cruces, en el Estado de México, para las cuáles habría que tonar las previsiones necesarias para que no sufran actos de vandalismo como sucedió en este caso, pues ni siquiera se encuentran a pie de la carretera, como éste. 

2.Ernesto Tamariz no tuvo en vida una exposición retrospectiva porque se la pasó trabajando para mantener a sus 6 hijos, pero sí participó en varias muestras colectivas. El presidente Miguel de la Madrid le prometió y no le cumplió, la publicación de una monografía dedicada a su obra. Esto consta en los archivos del escultor, en los cuales actualmente trabajan 3 investigadores y dos de sus hijos, bajo la supervisión de la señora Duarte; el objetivo es dar a conocer la gran cantidad de piezas públicas que elaboró, piezas que hoy son referentes urbanos.  En dicho archivo se encuentra la autobiografía que escribió, un texto confesional y anecdótico digno de publicación, porque además de recrear el contexto artístico que vivió, cuenta anécdotas sobre su proceso creativo, cómo aquella que habla de cómo yendo rumbo a su taller, vio las flamas de una fábrica de vidrio, y eso lo llevó a crear la columnata flamígera que sirve de base a los Niños Héroes, ubicada en Chapultepec.
 
3.Según los documentos que consulté para este reportaje especial de DDM, la pieza hoy desaparecida se la encargó el gobernador Lauro Ortega Martínez, junto con otras 7 obras, el 27 de junio de 1985. El costo del trabajo ascendía a 31 millones de pesos, más 9 millones por concepto de la fundición a la cera perdida, en el Taller Escultura y Fundición Maldonado. Además, Tamariz le ofreció un Morelos a pié que no sabemos si se hizo o no, el Zapata para Cuautla de 6 metros a pie y otras piezas. El tiempo de entrega estimado era de 13 meses, no obstante, debido a las dificultades técnicas implicadas en la elaboración de la pieza y pese a la ayuda de Artemio Silva y su hijo Eduardo Tamariz, la obra no estuvo a tiempo, impidiéndole a Don Lauro inaugurarla el 30 de septiembre, como estaba planeado.  Este retraso le causó gran molestia y por ello le mandó una carta al artista, el 16 de octubre del mismo año, increpándolo a presentar la obra en un nuevo plazo estipulado por él, so pena de cancelarle los contratos. 

Lo que vale la pena destacar de este pasaje de la historia del arte morelense, es lo que Tamariz le contesto a Don Lauro; en su misiva, escrita a máquina el 20 de octubre, le dice que en materia de arte las especificaciones de los expedientes salen sobrando, que la realidad es diferente, que las obras de arte no son productos de una industria, que en su elaboración se multiplican los problemas artísticos, que el modelo de plastilina tiene que satisfacer plenamente al escultor y que aún cuando se alargue el plazo de entrega, primero está la calidad artística. Añade: “¿Qué importa si una escultura monumental se retrasa en su develación unos días, si va a ser admirada durante cientos de años, por muchas generaciones de personas? ¿Qué se debe preferir, ejecutar un “marmarracho” en tres meses, por cumplir un plazo corto exigido en un papel, o realizar una obra de arte que represente a un Héroe en toda su dignidad y gallardía y durante siglos sea admirada recordando elogiosamente el nombre del autor y el estadista que la mandó construir? Con estas obras no hay que coartar la libertad del artista creador… Me apena mucho su amenaza de castigarme económicamente si no cumplo en el tiempo especificado, pues eso me obliga a que mi mejor obra, el Morelos a caballo, la ejecute de prisa, y mal, y no pueda superar con creces el “morelote” que con razón detesta usted. Estoy trabajando al máximo de tiempo, le ruego me deje trabajar en libertad de acción y esté usted seguro de que cumpliré como es debido.”

4.Tales declaraciones sirven para dar cuenta de que nuestro estado es depositario de obras de incalculable valor artístico e histórico. Eduardo Tamariz, hijo del célebre escultor, quien asistió a su padre durante la elaboración de esta pieza, está dispuesto a colaborar para que la muestra retrospectiva cumpla parte de su itinerancia en tierras morelenses. 

Creo que las autoridades responsables del proyecto de restauración de esta pieza, supuestamente resguardada por CAPUFE deben acercarse a él pues además de ser el experto en la obra de su padre, cuenta con la maqueta a escala en yeso, en su taller, ubicado en la col. Guadalupe Insurgentes de la Ciudad de México. Ω

Otras piezas del maestro Ernesto Tamariz:

El autor se dedicó asimismo a la escultura religiosa y por ejemplo en el caso de los arcángeles Gabriel Rafael, Uriel y Miguel de mármol de carrara, de una sola pieza para el Panteón del Tepeyac o las piezas dedicadas a las representaciones Padre Plancarte y Pío X en la Basílica de Guadalupe, en la Ciudad de México, o la Cripta de la Familia Mundet en el Panteón Español. 

La Victoria del 5 de Mayo para el Fuerte de Loreto y Guadalupe (1961), el Monumento a los Defensores de Puebla, el retrato de José Vasconcelos en San Ildefonso, el de Leona Vicario en la Plaza de Santa Catarina, el Martí de la Alameda en Cuba, el Monumento a Manuel M. Ponce en la Rotonda de los H ilustres….Para el cine latino los medallones dedicados a las razas latina e indígena, los retratos, desde 1924 de Raquel Tibol, Pablo de Ballester, Juan José Arreola, etc. 

María Helena Noval
twitter:@helenanoval