lunes, 19 de julio de 2010

POR PASION Y CON DINERO : ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE EL COLECCIONISMO DE OBRAS DE ARTE (Primera parte)


Partamos de la base de que el coleccionismo completa el fenómeno que denominamos artístico y que consta de tres elementos básicos : el artista o productor de la obra, la obra misma y el espectador o consumidor que puede “consumirla” de manera pasiva admirándola en un museo o libro de arte pero que también puede convertirse en un consumidor activo o coleccionista si compra obras de arte y con ello promueve que se den más. Pero, ¿qué es en sí el coleccionismo ?, ¿por qué coleccionamos ciertos objetos o valores al grado de obsesionarnos con ellos ?, ¿hasta donde es sano entregarnos a ese “hobby” y en qué momento se vuelve patológico el hecho de querernos apropiar de ciertas obras de arte ?

Desde el punto de vista psicológico tenemos al menos dos tendencias : la freudiana que asume que el individuo se ha quedado fijado en la etapa anal y que el placer de retener propio de esta etapa lo ha proyectado en el placer de retener objetos con determinado valor para atraer la atención de otros. La segunda mirada a este fenómeno, sería menos patológica y hablaría solamente del placer, sobre todo estético, que da el hecho de poseer varios objetos preciados que en su conjunto hacen un todo armónico y que nos comunican ciertos sentimientos e ideas provenientes tanto del artista como de una época. Como vemos, la primera teoría se centra sobre el fenómeno del control, que puede llegar a ser sumamente destructivo ya que de hecho se tocan los límites de la locura en su modalidad de manía atesoradora, mientras que la segunda explicación se centra sobre el fenómeno del placer, y de las proyecciones personales del coleccionista, pero se trata más bien de un ímpetu ordenador y constructivo o creativo por parte del mismo y no llega a provocar angustias. Pero además tendríamos que considerar una tercera opción, la del coleccionismo por el simple y sencillo aspecto económico : la ley de oferta y demanda y el hecho de que hoy por hoy las grandes fortunas tienen que ver cada día más con las inversiones en obras de arte.

Es ya tradicional la aparición anual de un número de la revista Art News dedicado al análisis de los 200 coleccionistas de obras de arte más importantes del mundo (importantes claro está por la cantidad de dinero que invierten y de obras que poseen) . De la lectura del último suplemento dedicado a estos menesteres, se desprenden varias conclusiones : el mayor número de coleccionistas son norteamericanos, como lo hace suponer el hecho de que las grandes fortunas se amasan en el país vecino ; estos coleccionistas se centran en las ciudades de Nueva York y Los Angeles principalmente. Les siguen en importancia los coleccionistas europeos, así, en bloque para no llegar a distinciones minuciosas. Pero en tercer lugar y creciendo en importancia, aparecen los inversionistas japoneses, quienes no se miden al afirmar que : “construir una gran colección de arte es como construir una exitosa empresa” (Tsukasa Shishima, de 71 años, presidente de un banco en Fukoaka, Japón.)

Los coleccionistas latinoamericanos forman el cuarto bloque y nuestro país no hace mal papel por lo que se refiere a inversiones anuales en obras de arte a pesar de que, como afirma la revista, hemos pasado un año crítico, de severas restricciones económicas. Sin embargo, la lista de los “top collectors” mexicanos (la mayoría afincados en las ciudades de México y Monterrey) aparece relativamente igual, sin cambios con respecto a sus antecesoras ; los nombres de quienes ya sabemos se mantienen a la cabeza y no cejan en invertir en el trabajo tanto de jóvenes mexicanos como de maestros consagrados aunque sí se asegura que dejaron el primerísimo lugar que ocupaban como compradores en las subastas neoyorquinas dedicadas a los grandes maestros. Por otra parte, resulta de llamar la atención el hecho de que otros países se han aprovechado de nuestra situación socioeconómica para hacerse de algunas de nuestras obras de arte, como lo demuestra el hecho de que varios “Kahlos” se encuentren ahora en manos de un coleccionista argentino, Eduardo Constantini, quien es ahora uno de los más cortejados inversionistas por parte de los “dealers” y casas de subastas.

Lo anterior nos lleva a recordar que el mundo del coleccionismo es sumamente inestable, hoy se invierte en lo que antes ni se tomaba en cuenta como obra de arte. A partir del gradual conocimiento y aprecio de nuestra historia, se logró la combinación de la compra de antigüedades y objetos afrancesados considerados antes de “buen gusto”, con las adquisiciones de arte moderno y contemporáneo. La misma Inés Amor en las memorias sobre su galería , la primera dedicada al arte contemporáneo en México, nos asegura que las obras mexicanas en los cuarenta no eran valoradas y que sería hasta los cincuenta cuando el coleccionismo por parte de los mexicanos empezara a mirar al arte producido por nuestros compatriotas, pero que aún en los sesenta no existía una plena confianza más que en los nombres de los ya por esas fechas consagrados maestros de la Escuela Mexicana de Pintura. Pero para eso, nos dice, tuvieron que venir inversionistas extranjeros que nos enseñaron a confiar en nuestros propios productos artísticos ( Nelson Rockefeller, Edward G. Robinson, Stanley Marcus) ; así, los primeros “aventados” que conformaron las grandes colecciones de arte mexicano contemporáneo fueron Marte R. Gómez, Cesar Martino, Pascual Gutiérrez Roldán, Jacques Gelman, Lola Olmedo, Licio Lagos y Alvar y Carmen Carrillo Gil. Mención aparte merece Ricardo Pérez Escamilla, quien se ha dedicado, con una pasión pocas veces vista a tratar de rescatar del olvido a por lo menos dos artistas valiosísimos (Casimiro Castro y Manuel González Serrano).

De lo anterior se deduce que el fenómeno del coleccionismo es un poco más complejo de lo que parece, pues influyen en él varios factores : psicológicos, sociales, económicos, de moda, etc. y por lo mismo, a estas alturas es necesario reconocer que existe un triángulo, el de la valoración social de la obra de arte, que es necesario tomar en cuenta al pretender acercarnos críticamente a cualquier artista. Dicho triángulo está formado por tres catetos que serían : la crítica de arte, el coleccionismo y el mercado o circulación de las artes. Si me lo permiten, más adelante seguiré hablando de ello.

martes, 13 de julio de 2010

Presentación del libro Zapata en Morelos


Presentación del libro Zapata en Morelos, Castillo de Chapultepec, julio 5 de 2010

Me es muy grato compartir con ustedes algunas de las ideas que desarrollo en el capítulo que, en mi carácter de estudiosa de la imagen, me fue asignado por esta casa editorial.
Primero les contaré que la encomienda que me hicieron fue encontrar a Emiliano Zapata Salazar en las artes plásticas modernas y contemporáneas y desarrollar un discurso que hilara las diversas intenciones de los artistas, que por alguna razón decidieron retratarlo.
No obstante, a medida que avanzaba la investigación, me di cuenta de que la imagen zapatista excedía con mucho el ámbito de las artes plásticas; que al héroe podía encontrársele no sólo en el mundo entero, sino que sus representaciones incluían todo tipo de objetos, desde camisetas, bolsos, tazas, portadas de discos y anuncios publicitarios, hasta fotografías, películas, grafiti callejero, murales, libros y resignificaciones del discurso político.
Como soy golosa y de espíritu abarcador, tanta iconofilia no hizo más que animarme y fue así como la imagen multiplicada y multifocal de Zapata, se transformó ante mi mirada atónita en el texto titulado: La figura en el espejo: Hacia una semiótica de la imagen zapatista.

El planteamiento central es que siendo un solo sujeto, el héroe nacional deviene miles de imágenes, que en su aparente sencillez la figura ha sido leída e interpretada de diferentes maneras a lo largo de los siglos XX y XXI.
La diversidad de los tratamientos estéticos se analiza a partir de las propuestas de la iconología y la semiología de la imagen y abarca las idealizaciones, las representaciones realistas, las cristalizaciones monumentales, las irreverencias, los homenajes, las apropiaciones y los “azotes” de quienes consideran ejemplar a Emiliano Zapata.
Pongamos dos ejemplos para ver de qué se trata esto:
Por un lado el Paisaje Zapatista de 1915, de Diego Rivera, una pieza centrada en problemas estéticos. Inflamado por las noticias que le llegaban a París al pintor sobre el levantamiento armado en México, pintó un paisaje cubista al reverso de un óleo titulado “La mujer del pozo”. Una obra que vale la pena comentar porque se tendía y se tiende a pensar que el realismo es la única opción para la representación del héroe y como vemos no es así; hay apuestas modernizadoras valiosísimas como esta, o la versión contemporánea de Inda Sáenz o los maravillosos collages de Gironella, por no hablar de las desarticulaciones de Arnold Belkin.
Por otra parte, tenemos la propuesta de los diversos miembros del TGP, quienes a partir de una concepción clásica del héroe, lo convierten mediante el lenguaje vigoroso del grabado, la herencia del expresionismo y el realismo socialista, en la máxima figura de la resistencia. Ese es el Z. panfletario del arte, el más vigoroso o dinámico en términos de recepción de la imagen y su tratamiento tendrá que ver con la propaganda de la que va a ser objeto Zapata en el tiempo. Los mejores trabajos del TGP se los debemos a artistas como L. Méndez, J. Chávez Morado, A. Zalce, R. Anguiano, C. Bracho, Erasto C. J., Gabriel Fdez. Ledesma y Mariana Yampolsky. Por cierto que un grabador de Cuernavaca, heredero de esta tradición, Alejandro Aranda, logró hace poco demostrar una vez más el poder de la imagen estampada. Sus zapatas incluyen al pueblo y los neozapatistas, estando de visita en el estado, difundieron masivamente su obra.
También hablo en mi texto, de cómo Zapata no ha sido el mismo siempre: su compleja imagen incluye una “leyenda negra”, que va de lo que decían algunas publicaciones periodísticas de la época, como la Revista Cosmos –él y los zapatistas eran roba vacas, violadores y asaltantes de la gente bien--, hasta lo que J. Gpe. Posada difundió en hojas volantes para ilustrar los corridos y dichos populares. Por cierto que el apodo del “Atila del Sur” viene de un titular del periódico el Imparcial, el Moderno Atila le llamaron en 1911, respondiendo a la necesidad de ponerle cara a las ideas.

Ahora bien ¿de dónde viene el rostro zapatista?
Curiosamente, la imagen que tanto conocemos y que percibimos como muchos zapatas por los diversos fondos y tratamientos visuales, viene de unas cuantas fotografías tomadas por Agustín Víctor Casasola, los hermanos Salmerón y Hugo Brehme, básicamente. Este fenómeno, que ha sido muy bien estudiado por John Mraz, lo ha convertido en una figura icónica, en lo que el publicista denomina como tal por su capacidad de crear y explotar necesidades.
El semiólogo R. Barthes dice que estos signos no son naturales sino creados por la cultura, que al distorsionarse el valor original de la imagen, la misma se puede dinamizar infinidad de veces – ya anunciaron que habrá cerveza zapata y villa – y se prevé que surjan muchos productos zapatistas más en el mundo.

Volviendo a imágenes memorables del arte mexicano, podríamos señalar también que el componente indígena de la imagen de Zapata (acuérdense de que cuando un semiólogo habla de imagen no solamente se refiere a la que se ve, sino al significante mental) ha llevado a algunos artistas a una idealización especial del héroe, como sucede en el fresco de Rivera en el Palacio de Cortés, en Cuernavaca, en donde además de aparecer con los rasgos indígenas exaltados, se le representa vestido de manta, o en el grabado de Jesús Saldívar, en donde algunos símbolos zapatistas como las cananas aparecen vinculados a la imagen de la Coatlicue.
Añado que me parece que Zapata es el héroe nacional más representado en todo el mundo, por varias razones, la primera es que no se corrompió en el camino. No es que no se haya dejado vencer por las pasiones humanas, sí lo hizo y el hecho de que haya sido así, lo convierte en un héroe muy moderno. Pero lo importante es que es un héroe limpio y vinculado a la tierra que nos da patria.
Otra de las razones que lo mantendrá vigente como ícono y esta es una hipótesis mía que oída por expertos no me ha sido rechazada, es que su rostro tiene que ver con lo que la época de oro del cine nacional propone como un ideal: el charro guapo, bien plantado, orgulloso de sus raíces mestizas que consume lo nuestro…el galán simpático y un tanto bravucón que además se esmeraba en su arreglo, ese es Zapata; Hay testimonios de cómo ponía atención a los detalles de su vestimenta; siendo delgado, espigado y con aquella mirada profunda, fomentó el uso de su imagen en varias películas –a diferencia de Villa quien pagó por ello a una cía norteamericana de cine— y fue objeto de una resignificación política de su imagen…y no me refiero a un encumbrado político morelense que aprovechó su parecido físico, sino a las placas de los coches, al empleo de pinturas zapatistas en las oficinas de gobierno del estado y a su presencia icónica en mercados, talleres de autos, restaurantes, cantinas, etc.

Finalizo mencionando que me parece significativo el hecho de que en Morelos, la imagen de Zapata sea una especie de marca registrada, que forme parte de la identidad del estado hasta el grado de que llamándose Morelos, venga a ser representado icónicamente por Zapata y no por el héroe de la Independencia del país.
Me parece importante señalar también que si bien el fenómeno zapatista se conforma en literatura y en la cultura académica por personajes como Otilo Montaño, Pablo Torres Burgos y Eufemio Zapata, éstos sean en las artes y la cultura popular, poco representados. Lo mismo sucede con la imagen de las revolucionarias del ejército libertador del sur, quienes que se sabe acompañaron en sus lides al héroe de Anenecuilco.
Dejo en el tintero, para que me vuelvan a invitar a platicarles de Zapata, la cuestión de la escultura heroica, este asunto que tiene que ver con la noción de la religión de la patria –J A Manrique, expo 1985—y que resulta interesante porque lleva a pensar en las políticas culturales ejercidas por el Estado, habladas e instrumentadas como cuando Vasconcelos y Obregón se lo propusieron, o no teorizadas, pero sí ejercidas cada vez que se decora la ciudad con un bronce.
Es momento de señalar aquí que le debo al Dr. R. P. Montfort y a Salvador Rueda, connotados tratadistas del tema algunas de las ideas desarrolladas en mi texto.
Hace un par de días, discutía con Pablo Marentes sí Zapata es un ídolo o no. El decía que no, que el personaje que nos trae a esta mesa no incluye elementos de adoración religiosa en su presencia mediática....eso dice Marentes...pero yo digo que sí hay, que el mito Zapata tiene que ver, a estas alturas, con un sentimiento que nos envuelve a todos…una especie de religión laica muy visible en estas fechas de los festejos en torno a los centenarios.
Dice la psicoanalista H. Jacobsohn, que la imagen de Zapata es, entre otras cosas, la metáfora visual del lema "Tierra y Libertad"1, y tierra es la tierra prometida de Moises... Moisés es el Páter, el patriarca, el hacedor de la patria y del patrimonio. Probablemente no todos lo adoran a él –dice--, pero al texto subyacente sí. Zapata es el vehículo de un anhelo universal y por eso se parece a los santos.

Y yo coincido con ella y con la exposición del MUNAL “El éxodo mexicano”. Zapata es para mí una figura en el espejo que se multiplica mil veces, siempre la misma pero diferente en cada nuevo reflejo. De ese modo nos construye a nosotros como colectividad y nos infunde un sentimiento poderosísimo, el de ser orgullosamente mexicanos.

1 Reforma, Libertad, Justicia y Ley, lema zapatista.


Más información:

http://www.eluniversaltv.com.mx/detalle19166.html

http://www2.esmas.com/noticierostelevisa/cultura/182832/zapata-caudillo-mas-plasmado-historia-visuall

http://www.noticierocentral.com.mx/topico/Mar%C3%ADa+Helena+Noval

viernes, 9 de julio de 2010

Lágrimas de sangre…



…¡Y cómo no, si los cubrieron de azul turquesa! Me refiero a la escultura dedicada a Hernán Cortés y su noble caballo, ubicada en la glorieta de Teopanzolco y Nueva Bélgica, en la colonia Lomas de Cortés. Qué horror: los fans del conquistador, que es cierto, no abundan (sólo se conocen tres esculturas dedicadas al genocida), han de estar llorando de pena, como el caballo al que le escurre un rojo bermellón de los ojos. ¿Qué dirá Sebastián Aparicio, el autor de la pieza, a quien por cierto no se le da el crédito porque no se colocó la ficha técnica de la obra?

Y no sé si la audaz combinación es parte de un performance u obra de maleantes o grafiteros traviesos; no interesa, lo que hay que decir es que la pieza antes ubicada en el Casino de la Selva, escultura de bronce a la cera perdida de cerca de dos metros de altura, muy maltratada de tiempo atrás, fue “remozada” con la idea de imitar una pátina inexistente y dar la idea de una restauración artística. “Imitar” y “dar idea” son sinonimias de falsear y lo falso es, y siempre ha sido de mal gusto.

Por lo visto a la nueva administración del centro cultural (antes Muros) no le interesó conservar la pieza y como sucede comúnmente en las ciudades en las que la planeación urbana es deficiente, la reubicaron y ya. ¿Encima habrá que agradecerles el regalo?

¿Qué idea estética basa el mobiliario urbano?

Se ha comentado en simposiums especializados el asunto de la escultura urbana como un tópico de cuidado en el sentido de que el monumento al héroe ha perdido vigencia como vehículo de comunicación; la estatuaria oficial originada en la Grecia Antigua, recirculada en la Roma Imperial y retomada con ímpetus durante el neoclasicismo del XIX ha ido perdiendo su valor ejemplar, y si acaso comunica algo en el plano ideológico sería la manera en la que el héroe, frecuentemente asimilado como una caricatura humana, es desprovisto precisamente de su humanidad para convertirse en un muñeco. El valor artístico es otra cosa y de eso no estamos hablando aquí porque es materia de otro costal.

Dice Umberto Eco en su maravilloso ensayo sobre la cultura de masas y lo kitsch, que la desmesura y la búsqueda del mero efecto estético (emoción digerida y sugerida, lista para que el espectador la consuma fácilmente) son las características básicas del mal gusto. Ya con los caballotes ubicados en Río Mayo (zona de la ciclopista, Vista Hermosa) cubríamos la dosis kitsch de la zona. ¿Para qué ostentar más el mal gusto de quienes tienen el poder de decorar la ciudad? Ω

martes, 6 de julio de 2010

Es regnet, llueve sobre mojado en Cuernavaca (A los Vlady, in memoriam)


Recientemente se fue Isabel Díaz Fabela, la viuda Vlady, el ruso que tanto pintó, grabó y dibujó los frutos de su terrible imaginación y se me ocurre que podemos traerla a este suplemento para rendirle un breve homenaje y de paso honrar a la mujer del artista, la que junto con él, abre brecha, organiza las tertulias y se aguanta el hambre cuando hay que hacerlo.

Creo que muchos morelenses asistimos a las muestras de Vlady en Jardín Borda y conocemos la publicación facsimilar de uno de sus cientos cuadernos de dibujo, pero lo que no sabe mucha gente es que Isabel jugó un papel importante en la vida del México culto de los años cincuenta. Isabel fue la mujer del Vlady de Cuernavaca, pero también fue la esposa del Vlady del París de Breton y la nuera de Víctor Serge, el padre nombrado desde la más absoluta reverencia. Ella hablaba de lo leído y andado por él como si fuera lo propio y tal consciencia histórica debe diferenciarla de cualquier otra historia privada. No en balde, la crítica de arte Berta Taracena ha dicho que “Isabel era la tierra de Vlady”.

A la pobre Isabel ya nadie del mundo culto la llamaba, murió agotada y pidiendo la dejaran en paz, pero ha de saberse que hubo una época en la que ella decidía quien publicaba la obra de Vlady y quien pertenecía a eso que se ha dado en llamar generación de la Ruptura –que ni fue generación ni rompió nada--. Isabel fue una especie de Olga Tamayo, de Meche Felguérez, de Bertha Cuevas o de Lupe Marín y por lo mismo, mucha gente la respetaba y la consultaba. Aun habiendo pasado los últimos 20 años casi ciega.

Casualmente estaba visitando el breve epistolario de Vlady que guardo, cuando Carlos Díaz, el sobrino de Isabel, me llamó para informarme que a los 95 años, acababa de dejar este mundo, que iba por fin a encontrarse con su güero, fallecido hace 5 años.

Amores: sólo los torturados y no otros

Es curioso, pero también se me ocurre que la muerte de Isabel representa la muerte inconclusa de Vladimir Kibalchich Russakov ¿Por qué lo digo? Porque ella adquirió parte de su personalidad al bautizarse “Isabel Vlady” (ninguno de los dos usaba los apellidos de nacimiento de él) y porque se dieron a conocer como una de las parejas artísticas del México moderno, basándose en la premisa de que en equipo se trabaja mejor que en solitario. Y aunque la idea de la empresa no la llevaron hasta sus últimas consecuencias como otras parejas de artistas, sí sentaron precedentes en la materia, pues ella llegó a convertirse en la agente de ventas de Alberto Gironella, Josep Bartolí, Enrique Echeverría y Héctor Xavier, después de haber fundado, en 1952, la Galería Prisse en el número 163 de la calle de Londres, en la Zona Rosa[i].

No sé si lo sepas, pero cuentan que cuando se conocieron, alguien los emborrachó y los invitó a pasar a un closet, del que salieron….para casarse. Cuentan también que el compromiso amoroso no sucumbió ni cuando él se dejó encandilar por “otra” en Acapulco, una tal Guadalupe, quien por cierto lo dejó por allá en calzoncillos. Ya en Cuernavaca, él pidió perdón a su Isabel amada.

Muerto Vlady, ella no volvió a nombrarlo en casa y si acaso se le salía su nombre, pedía perdón. Creía que al no citarlo, conjuraría el dolor del abandono; no obstante, durante el sueño las imágenes se le ensoberbecían y despertaba gritando “Güero, Güero, ven”. Imagínate tú lo fuerte que pudo haber sido la embriaguez de esta pasión, que ella renunció a la maternidad en más de diez ocasiones mediante el recurso del aborto –el haber sido enfermera de un hospital en la colonia Roma, facilitó las cosas--. No sé si fue la locura de la madre de él, internada en París hasta su muerte, o el haber padecido escorbuto, malaria y epilepsia, lo que los llevó a tal grado de intolerancia ante a la vida, lo que sí sé, es que ambos soportaron el “dolor de hijo” y eso en una pareja une tanto o más que el sexo.

Termino esta nota recordando que el de ojos verdes, el Vlady de las poses duras y el discurso airado, nunca dejó de vestir colorinas camisas rusas por no perder el atractivo propio del exotismo. Tal anhelo, sin embargo, no rindió frutos rimbombantes y a lo más que llegó fue a comentarle al discreto sobrino: “Carlos, conocí a una mujer bellísima y me pidió que la pintara”. ¿Y tú qué hiciste tío? ¿Pagó en especie? –preguntaba el hoy agotado heredero de la obra vladiana--, a lo que el pintor respondía: “No la pinté” y “El día que yo me muera, no me moriré del todo. Quedarán Isabel y mi obra”. Ω

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[i] La Prisse fue piedra de toque para el desarrollo de las galerías privadas y públicas en México. Gironella contaba que cuando estaban montando la obra para la primera exposición, entró a la casa un visitante sueco que les compró un cuadro a cada uno. Casualmente pasaba por ahí un gato, y el extranjero se le acercó y le llamó cariñosamente "Prisse, prisse", por lo que como signo de buen augurio, bautizaron la galería con ese nombre. Este espacio, que se convirtió en centro de reunión de pintores y poetas duró alrededor de un año, pero la siguieron la Juan Martín, la Proteo y la de Antonio Souza con la idea de promover la joven pintura. Cfr. Germaine Gómez Haro. “La Ruptura en el Museo Cuevas”, en la Jornada Semanal, número 387. Domingo 4 de agosto de 2002.

¿Arte o jaladas?


Hoy quiero contarles un par de anécdotas chuscas, para que vean que en materia de artes plásticas no todo son disertaciones elevadas; que el arte también puede ser muy divertido.

Cuenta Thomas Hoving, quien fuera director del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, que hace años, cuando asistía al seminario de escultura contemporánea del profesor A. M. Friend, tuvo que analizar junto con sus compañeros de clase un objeto plateado montado sobre un pedestal de madera. Claro está que de todos ellos se esperaban reflexiones profundas y nunca comentarios pedestres; no en balde estaban cursando un postgrado en arte contemporáneo... Así, --narra Hoving, “hubo quienes dijeron que la tensión expresiva estaba en la plata misma, que se trataba de un Ave Fénix resucitando, que parecía un humano reclinado, etc., pero cuando me tocó a mí, me atreví a afirmar que aquella pieza no tenía fuerza, que no parecía una obra de arte, que no tenía poesía, que más bien parecía un instrumento”, y cuál no fue su sorpresa cuando comprobó que en efecto, se trataba de una espátula vaginal, y que tal pieza había sido escogida por el Dr. Friend para tenderles una trampa a sus brillantes alumnos con la idea de que no se olvidaran del sentido común frente al objeto que se pretende artístico, que en materia de arte no todo debían ser disertaciones elevadas y pomposas.

¿Quieren que les cuente mi resbalón? Pues hace cuatro dos años, en una elegante cena organizada por ese sensible y talentoso coleccionista que es Eugenio López, en su ya célebre casa de los Ángeles, California, se me ocurrió preguntarle, frente a una pieza redonda ubicada en el jardín, de suyo poblado de exotismos y obras artísticas, de quién era tan singular objeto…Y ¿qué creen que me respondió? “Eso no es obra de arte, es la sombrilla del jardín”. No es necesario aclarar que no se trataba del típico quitasol sino de un objeto estilizado, salido de las manos de un diseñador, y que yo estaba influida por el resto del ambiente artístico, pero eso no me tuvo que haber llevado a tan aprontada pregunta. A tal hecho llegué porque hoy en día los límites entre el arte y lo que no lo es, son borrosos, borrosísimos.

¿Qué decir a estas alturas de la caja de zapatos vacía que Gabriel Orozco ha presentado en varios museos como obra de arte? ¿Qué decir de la instalación conformada con varias botellas de cerveza, tazas de café y ceniceros repletos, al lado de una escalera y un caballete que Damián Hirst montó en una galería en Londres hace más de 5 año?

Que las ocurrencias, por muy buenas que sean, no son arte, como decía mi amigo Vlady, y que hoy más que nunca ciertos creadores buscan llamar la atención del inversionista con base en el refrito, ya sea de las propuestas de Marcel Duchamp --quien expusiera el célebre mingitorio como obra de arte en 1917—o de otros dadaístas y conceptualistas, pero sin avisarle al espectador que están dialogando con la propia historia del arte, en el mejor de los casos. Ø

lunes, 28 de junio de 2010

La vida: ¿se vive o se escribe? Reflexiones sobre la vocación artística



Frecuentemente me pregunto y les pregunto a otros si la vida se vive o se escribe; tal cuestión va dirigida no a confundir al oyente, sino a tratar de entender la mente de quien me interesa como interlocutor. Si escucho un apasionado “la vida se lee”, quien me habla recibe en mi lista de amores un punto a favor, pero si oigo un “la vida se vive”, entiendo prejuiciosamente que la literatura es, frente a la practicidad de la vida, una pérdida de tiempo y por lo tanto me gano una puñalada en el corazón.
Aunque la respuesta más inteligente pareciera ser “la vida se vive cuando no estás leyendo” --cosa que una aguda amiga me respondió hace poco--, yo tiendo a pensar que la vida se lee, se escribe, se pinta y se modela o se esculpe. Vivo, como quien dice, a través del arte y por el arte, porque nada hay para mí más placentero que pensar en términos estéticos y referencias literarias. Coincido con el Quijote en el hecho de que gozar de la mente y el alma de otros es un privilegio y por eso he llegado a la conclusión de que bien vista, la creatividad es la salvación del mundo, el cielo entero.
Parto de lo anterior para abordar las vocaciones de algunos escritores, entre ellos José Saramago y Carlos Monsiváis, quienes hicieron de la reflexión estética una profesión y representaron dos místicas del artista diferentes, dos maneras de leer y (d)escribir el mundo.
De vocaciones fe
La vocación es según su acepción literal, una llamada espiritual, pero en el campo de la estética, el hecho de sentirse llamado a consagrarse al arte tiene que ver con la fe inquebrantable en el propio juicio y su capacidad discursiva y responde a una necesidad interna muy fuerte. Pero ¿sigue esta vocación una misma ruta hacia la consciencia?
Para Adolfo Echeverría, destacado narrador, poeta y profesor de literatura avecindado en Cuernavaca: “La práctica de la escritura —y del arte en general— reviste muchas modalidades y depende de diversas determinantes. Hay, en efecto, elementos definitorios que se presentan frecuentemente y que parecen sugerir la instauración de un `norma’ consistente. No obstante, he llegado a pensar —por haberme detenido en las circunstancias de vida de algunos creadores— que todo gran escritor, en menor o mayor medida, representa más bien una suerte de excepción a la regla. Haces referencia a la vocación tardía de José Saramago, y pienso, en contraparte, en todas esas vocaciones insospechadas, súbitas, fulminantes. Pienso emblemáticamente en Arthur Rimbaud, en Raymond Radiguet, en Sylvia Plath o Georg Trakl; y también en Francesca Woodman, en Basquiat, en Ana Mendieta... Y creo que para cada circunstancia —para cada biografía— cuya vocación es determinada por un elemento concreto (edad, género, situación familiar, histórica, social o política) existen `casos’ que ponen en tela de juicio lo que para otros habrían significado determinantes absolutas. A veces una vocación parece una consecuencia natural, a veces hay que tomarla por asalto. Respecto a la pregunta que me haces, pienso que en un sentido literal, la vida se vive. Pero sostengo, paradójicamente, que escribimos y leemos porque, en el fondo, buscamos averiguar lo qué es, en verdad, la vida.
Leer para vivir: la crítica y la crónica como vocación
En el caso de Carlos Monsiváis, pudiera afirmarse que tomó la decisión de volcarse al mundo del lenguaje escrito por una necesidad irrefrenable de dialogar con la cotidianeidad a partir de una extraña y poderosísima capacidad de interconectar textos, ideas e imágenes. Sin ánimos de aclarar su proceso creativo –cosa imposible por la simple razón de que en el inconsciente descansan los resortes que basan los deseos humanos--, diríamos que parte del trabajo de Monsiváis consistió en ligar y devolver pasados por un sentido del humor negro muy personal --aunque al mismo tiempo muy mexicano— los conceptos vertidos por otros en los textos dedicados al análisis de la alta cultura. Al mismo tiempo, es innegable que mantuvo un permanente y lúcido diálogo con el hipertexto periodístico.
De acuerdo con Alicia Zendejas, crítica literaria, secretaria del Premio Xavier Villaurrutia, Monsiváis fue tan autocrítico que no se atrevió a publicar poesía, porque no hay más que revisar su edición sobre la poesía mexicana del siglo XX, para darse cuenta de cuánto sabía. “Sus vocaciones eran la humildad y el pueblo –dice--, sus ojos eran el pueblo, no lo digo por demagogia, sino que nunca se despegó de sus orígenes humildes. Nunca abandonó esa mirada. Eso le proporcionó la oportunidad de la crítica aguda, para corregir las barbaridades lingüísticas que las Cámaras, Alta y Baja, el magisterio y algunos políticos cometen. El dinero que ganaba lo gastaba en lo que compraba, porque hay que entender que su vocación también fue la del coleccionista, y esa ambición no se sacia. Siempre hay algo que no se tiene y por eso él sufría. Su otra vocación era la religiosa, recitaba pasajes enteros de la Biblia de memoria, fue pentecostal y evangelista. Un día, por cierto, se le puso al brinco a Octavio Paz al corregirlo sobre un texto evangélico: “No se te olvide que yo soy Guadalupano, aunque tú sepas más de esto y seas evangelista, le respondió Paz a Monsiváis.”-
Vocación a fuego lento: escribir para ser
Por su parte el Premio Nobel de Literatura José Saramago afirmó que escribía para desasosegar y para ser lo que irremediablemente se es, a pesar de las circunstancias. Según confesó, escribía porque pensaba que el mundo estaba echado a perder y la función de la literatura –si acaso hubiera que encontrarle alguna—era recordarle al lector que el optimismo no era una respuesta apropiada para la vida actual: “En cierto sentido, se podría decir que, letra a letra, palabra a palabra, página a página, libro a libro, he venido, sucesivamente, en el hombre que fui los personajes que creé. Considero que sin ellos no sería la persona que soy hoy; sin ellos tal vez mi vida no hubiese ser más que un esbozo impreciso, una promesa como tantas otras que de promesa no consiguieron pasar: la existencia de alguien que tal vez pudiese haber sido y no llegó a ser”.
Se ha dicho que Saramago fue un escritor precoz y tardío, pero de tales antinomias habría que enfatizar la demora porque la misma implica la imposibilidad de la negación de la verdadera vocación. Recordemos que Saramago se retiró de la escritura 20 años por ser extremadamente autocrítico, pero que negoció consigo mismo al dedicarse al periodismo –calzarse los lentes para leer críticamente es otra manera de escribir— hasta que no pudo más y se sentó a mecanografiar novelas a los 60 años de edad.
Habiendo nacido en el seno de un hogar muy humilde, Saramago se aventuró por el camino de la autodidaxia y buscó los medios para acercarse al libro, lo cual habla definitivamente de una vocación, de un llamado a remontarse por encima de la mediocridad. Ω
Publicado La Jornada Morelos, 26 de junio de 2010
http://www.lajornadamorelos.com/noticias/cultura/88217-la-vida-ise-vive-o-se-escribe-reflexiones-sobre-la-vocacion-artistica-

miércoles, 23 de junio de 2010

Guillermo Ruiz y la escuela de Escultura y talla Directa


Fue el investigador Agustín Arteaga quien, como director del Museo del Palacio de Bellas Artes, coordinó un proyecto, en el año 2000, que reunía trabajos de la llamada “Escuela Mexicana de Escultura”, término de reciente acuñación en el ámbito académico (años noventa). Las piezas tenían en común temáticas y tratamientos relacionados con la escultura prehispánica, el arte popular y la búsqueda de identidad nacional, y el resultado de tal investigación vino a ser un punto de referencia obligado por cuanto se refiere a las tallas en piedra o vaciados en bronce producidos en la década de los años veinte, treinta y cuarenta en nuestro país. Conforman un capítulo importantísimo de la historia del arte.

Por su parte, María Estela Duarte, quien se ha dado a conocer por trabajos tan reconocidos y completos como la más reciente publicación dedicada a Diego Rivera (Diego Rivera Obra mural completa en coordinación con otros autores, Editorial TASHEN 2006), acaba de presentar el resultado de su más reciente investigación en el Museo-Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo, siendo el tema principal de la misma, la obra del escultor Guillermo Ruiz (1896-1965), iniciador de la Escuela de Escultura y Talla Directa a partir de su regreso de Europa, en 1926.

Dicha escuela extiende los postulados de las Escuelas de Pintura al Aire Libre y como ha señalado Raquel Tibol (Escultura mexicana de la Academia a la Instalación, pagina 121 Conaculta 2001), tanto José Manuel Puig Casauranc (director de la Secretaría de Educación Públiac) como Alfonso Pruneda (rector de la Universidad Nacional) apoyaron tales proyectos convencidos de las bondades de la Escuela de Acción o Escuela Nueva, propugnadas por el pedagogo norteamericano John Dewey, quien sugería al maestro de arte que se desempeñara como un guía, que no distribuyera castigos o premios y que fomentara la libertad creativa y el gozo estético.

Como se sabe, Guillermo Ruiz trabajó la talla directa en piedra a principios del siglo XX y lo hizo con tanta enjundia, que logró que se le atribuyera ser el padre de tal técnica en el México moderno, consideración un tanto exagerada, ya que en la Academia de San Carlos o su sucesora, Escuela Nacional de Bellas Artes, se elaboraron piezas de este modo, por tradición, desde el siglo XVIII.

A Guillermo Ruiz se le deben varias piezas conocidísimas, entre ellas varios bustos dedicados a algunos poetas estridentistas y un Morelos de 40 metros de alto en Janitzio, Michoacán que se elevó después de haberse tenido que resolver dificultades técnicas importantes (la piedra fue transportada desde Morelia en troncos). Ruiz apoyó además la promoción del Teatro Guiñol con Leopoldo Méndez colaboró con artículos diversos en la revista Libertad.

De la colectiva llaman la atención varias esculturas dedicadas a temas que hoy nos podrían parecer intranscendentes por su temática; se trata de animales, siendo no la fantasía a ojos vista lo que los caracteriza –no son ilustraciones literarias--, sino su intención naturalista. Y es que en un mundo en el que privaban los temas nacionalistas, el haberle dedicado recursos físicos y materiales a tales asuntos decorativos, resulta por lo menos mencionable. Ω