miércoles, 14 de marzo de 2012

De mujeres, lugares comunes y zombis

Hace unos días se inauguró en el Jardín Borda de esta ciudad, una muestra colectiva planteada En torno a los sobadísimos asuntos de género. No vale la pena abundar en el hecho de que los discursos del 8 de marzo abusaron --en todas partes y aquí no podía ser la excepción--, del lugar común: “unidas somos fuertes”, “no somos objetos”, “hemos salido avante de la opresión, pero todavía nos falta”, etc.

No es que esas verdades tan contundentes hayan decrecido en importancia, es que el lenguaje que se usa para comunicarlas se gastó. Tenemos que encontrar la manera de hablar de nuestros deseos y esencia profiriendo nuevas estructuras, frases que se escuchen y que no se echen al basurero en el que sistemáticamente botamos los comerciales televisivos, los aturdidores slogans, la martirizante nota roja.

Es en este sentido en el que debemos entender el valor de la exposición propuesta por el Instituto de Cultura de Morelos, a través del coordinador de Museos y Exposiciones Edgar Assad. Se trata de destacar el valor funcional, comunicativo del arte.

Discurso Social y Arte
Interpretado desde tiempos inmemoriales como el retrato de la sociedad, el arte se ha venido explicando como un instrumento empleado en rituales para la subsistencia de las hordas de cazadores primitivos; como medio de propaganda de dioses y reyes; y más recientemente, dice Arnold Hauser: “en épocas de una relativa seguridad o de neutralización del artista, el arte se retira del mundo y se nos presenta como si existiera sólo por sí mismo y por razón de la belleza, independientemente de toda clase de fines prácticos” 
 
Esto no quiere decir que la función mimética del arte hoy en día esté ligada únicamente con el placer estético; alejado en tiempo de la época de Hauser, el arte contemporáneo ha sumado a esta posibilidad discursiva (la del placer estético) el discurso social como eje temático. 
 
Hoy en día una poética afortunada puede lograrse bordando con gusto, trabajando con paciencia en términos de contenido y de forma problemas como el embarazo de las adolescentes, los tan terribles feminicidios, o la violencia intrafamiliar, por poner tres ejemplos. La percepción del espectador puede transformarse en mirada atenta si el discurso se traduce al lenguaje artístico.

Teterismos

Interesada en un tema previamente abordado desde el arte, me refiero al pecho femenino, la ceramista María del Carmen Castrejón, exhibe en la primera sala del Borda teteras y platos chorreados de engobes azulados. Acompañando a las piezas de barro, las fotografías que retratan el cuerpo como soporte de palabras terminan de darle a la muestra una lectura funcional.  

Casi todas sus piezas incluyen mamas, la creadora aborda el pecho femenino como una metonimia: este órgano representa al cuerpo completo de la mujer. Las ideas que basan su trabajo tienen que ver con el cáncer de mama y con su preocupación por el hecho de que se ve comúnmente a la mujer como el objeto de deseo del varón

Concluyo mi postura sobre sus piezas diciendo que cuando habla con las manos, Castrejón logra piezas memorables. Los platos por ejemplo, por su factura libre y el dibujo a línea continua que los habita. En cambio, cuando quiere traducir literalmente palabras, nos hace sentir que su trabajo es superficial. El ejemplo más claro es la balanza en la que pesa más el corazón sobre plumas que el cúmulo de pechitos. 

Por otro lado, una instalación como esta recuerda la práctica académica que le pide al artista en ciernes abordar con varias técnicas un asunto dado. Eso habla de compromiso con la búsqueda de un lenguaje y un discurso dado

Los zombis de Paola Esquivel

La sala Juárez, la que da al exuberante jardín exhibe El baile final, una pieza de la artista Paola Esquivel que vale la pena observar con el detenimiento con el que miramos las escenas de las películas de horror: su instalación incluye monstruos, se trata de un espectacular montaje de zombis ideados desde una poética que reposa en el barroquismo de una orgía y en el manejo artístico del detalle trabajado a consciencia y con placer.  

Por otro lado, siendo zombis, los personajes de Esquivel invitan a pensar en la noción de “tipo”.
Dijo el poeta Guillermo Apollinaire, en un texto dedicado a sus amigos los cubistas, que ha sido facultad del arte, su función social, crear TIPOS” a lo largo de la historia. Ponía él como ejemplo el arte egipcio: las momias se parecen a sus representaciones. En el caso de la pintura de Rubens y de Manet, pedía comparar las obras con las fotografías de la época para dar cuenta del acuerdo que existe entre la gente y sus representaciones. Las ilusiones o apariencias ideadas por los artistas terminan siendo los tipos de la época. 
 
Pero ¿se trata en el caso de la obra de Paola Esquivel de personajes tipo? De acuerdo a su texto de sala y lo platicado con ella, sus zombis son como nosotros, actúan como nosotros: se comen entre ellos, abusan de sí mismos y de otros. La pieza es contundente.  

Platicaba con Edgar Assad durante la inauguración, que el éxito (o la controversia) que pudiera originar esta obra reside en la manera de decir las cosas. Una idea tan sencilla: “somos como zombis: muertos en vida, seres desalmados, medio animales, es llevada a un grado de reflexión inolvidable por la transgresión del orden social que eligió Paola para su instalación hecha de barro de Oaxaca quemado a baja temperatura.

“Las piezas cuando son íntimas se vuelven perturbadoras. Si las redimensionara a escala humana, perderían ese encanto personal, íntimo. Se volverían grotescas. Su barro tiene el color de la carne, son trocitos de carne. El erotismo no se distrae ni siquiera por los pliegues que trabaja con maestría. Sus rictus son de muerte, pero al mismo tiempo son lúbricas y muy eróticas. La dimensión de las piezas consigue un efecto doblemente erótico, concluye Edgar Assad, con quien sostengo esta tarde del lunes una deliciosa plática, de esas que tanto me complacen. Ω

[1] Arnold Hauser, Introducción a la historia del arte, Guadarrama, Madrid, 1961. Pp. 79-83

Maria Helena Noval

miércoles, 7 de marzo de 2012

Manuel González Serrano y Lagos de Moreno

Me cuenta Lya Gutiérrez que acaba de estar en Lagos de Moreno y la sola mención del lugar basta para ponerme emotiva: “¿Fuiste a la Casa de Cultura? Tienen una sala de exposiciones dedicada a Manuel González Serrano, pintor excelso del que quiero platicarles en el seminario un día”, le digo. Y sé de qué se va a tratar mi columna del miércoles, concluyo.

Así es la identidad.  Tiene que ver con el espejo y el apellido, tiene que ver con la imagen y con la actividad que uno escoge, pero antes que nada, tiene que ver con lo que a uno le han contado sobre la familia. Y la mía, paterna, proviene de Lagos, la tierra de los mejores dulces de leche, el lugar donde nació la nana Tata –preparo sus “metateados” (pacholas) en mi casa muy seguido—.  El lugar retratado frenéticamente por Manuel merece una y mil visitas. Y por supuesto un artículo morelense. Algo hay en el rojo de su tierra, en el señorío de sus casas, que invita a llorar de gusto. ¿Es esto la añoranza?
 
 
Con sabor a dulce de leche
 
 
Hoy en día Lagos de Moreno es una de las principales entidades del Estado de Jalisco, localizada en Los Altos, ha sido visitada por los Reyes de España y declarada monumento colonial. Su parroquia bellísima y monumental, lo mismo que muchas de sus construcciones habla de una población que ha tenido señorío e importancia. Durante la época prerrevolucionaria era una localidad en la que vivían grandes terratenientes cuyas propiedades abarcaban hasta el estado contiguo de Guanajuato y con menos de 15 000 habitantes ya se jactaba de prosperidad, movi­miento y de dar nacimiento a hechos importantes ya que allí se fraguó parte importante de la historia de nuestro país, pero con la Revolución y el movi­miento agrario cedió su lugar de importancia a otras ciudades, ya no de terratenientes y aristócratas sino de gentes revolucionarias pertenecientes a la nueva burguesía, con el nuevo poder económico y político en las manos.  El libro "El Alcalde de Lagos y otras Consejas" de Alfonso de Alba, habla ya de la importancia de la gente que ha vivido allí, pero también habla de la rivalidad que existía entre ésta y la ciudad contigua de San Juan de los Lagos, que con el tiempo pasó a ser el lugar de peregrinaciones religiosas por excelencia de esa zona del país, ganándole la figura religiosa de San Juan a San Hermión, el Santo cuyas reliquias de cuerpo completo Roma regaló a la entidad; sin embargo Lagos de Moreno es y ha sido tierra de hombres ilustres, se habla por ejemplo en el mismo libro de las tradiciones que han hecho famosa a esta región, de las buenas costumbres de su gente, y de la buena cuna que poseen; una de las familias mencionadas es la iniciada por Don Primitivo Serrano, de quien desciende en línea directa el pintor, siendo él uno de los grandes artistas que Lagos de Moreno ha dado a México.
 
 
Manuel González Serrano: el monólogo apasionado
 
 
Su obra se nutre de una deformación de la realidad que aflora para crear toda una simbología. Pintor sólo conocido y sumamente apreciado por especialistas” Teresa del Conde
La obra de Manuel González Serano es fuerte, profunda, pero no violenta, como sí parece haberlo sido él personalmente” Raquel Tibol.
La locura...una manera heroica de ejercer la libertad” Mario Vargas Llosa
Las opiniones de dos especialistas sobre la pintura de Manuel González Serrano (1917-1960), hablan sobre su genio y su asombrosa y atormentada pintura. Quienes hemos sido cautivados por su espíritu, nos vemos fascinados cada vez que se presenta de nuevo al público. Sirva el presente texto para adelantar que el próximo año se comenzará a preparar una muestra muy completa de su obra.

Entre sus pinturas se cuentan sus cristos-autorretrato, esos hombres avejentados y adoloridos que sin embargo se muestran pasivos, inmersos en su dolor; los paisajes desolados influidos por la pintura chiriquiana que conoció a través de sus lecturas y sus pocas amistades del medio artístico; los antropomorfismos de origen manierista tan gustados por él y algunos otros; el retrato de Andrea Hanckock, la mujer con la que se casó en 1945, aquella que aparece con los pies metidos en las aguas del inconsciente, tumbada sobre la tierra seca y erosionada, repetida al fondo por su imagen vista de espaldas; el retrato del periodista y escritor Rubén Salazar Mallén acompañado de un papel arrugado, posado en sangre del color de la tinta; los caracoles marinos y terrestres que nos hacen pensar en la sexualidad, la permanencia del ser y la muerte y el soberbio sofá herido por un paraguas, un mueble fuera de contexto que nos recuerda la estética daliniana aún sin querer hacer asociaciones fáciles.  Están por todos lados sus azules, tan profundos como un sentimiento enterrado, tan sordos como el dolor del abandonado.
 
 
 
El periodista Javier Aranda Luna bautizó al pintor como “El Hechicero” en un texto escrito con motivo de la exposición retrospectiva del pintor en Guadalajara (1998) y en el Palacio de Bellas Artes (1999). A Aranda Luna hube de corregirle sin embargo, que la historia clínica de González Serrano no ha sido debidamente rastreada y que hablar de tratamientos sin acreditarlos correctamente, conlleva a quitarle seriedad a su estupendo y emotivo texto.
 
 
 
Digo todo esto y me inflamo de pasión cuando se trata de González Serrano, porque crecí oyendo hablar a mi familia sobre Manuel, el tío pintor amado profundamente por todos. A mi padre, Alfonso González Serrano le pedí que me narrara anécdotas sobre su excéntrico hermano y mil veces repasé con la mirada cada una de las pinturas que colgaban de las paredes de su oficina y de nuestras casas.  La Tata, la nana que nos cuidó a todos de chicos nos hizo notar siempre que “su hijo” consentido fue el Nene, Manuel, con quien vivió años y de quien se hizo cargo, junto con mi padre, en repetidas ocasiones a lo largo de su vida. Visité a varios de sus coleccionistas desde niña, y afortunadamente poseo algunas sus pinturas más importantes.



La historia de mi relación familiar con él la he narrado muy pocas veces, no la conté en mi tesis de licenciatura en historia del arte, misma que les regalé hace  años a los investigadores Teresa del Conde, Raquel Tibol, Enrique Franco Calvo y Ricardo Pérez Escamilla, curador y especialista en su obra. Tampoco la he expuesto en los artículos que en diversos medios he publicado con este tema o en el librito que escribí para CONACULTA (Círculo de Arte). En lugar de eso, me he remitido a tratar asuntos propios de su formidable pintura, tratando siempre con respeto su vida personal.
 
 
 
Hoy cuento esto porque el oír hablar de Lagos me abrió el corazón. Volteé a ver el último autorretrato del pintor y pensé “hace tiempo que no hablo de los muros descascarados de las haciendas laguenses y de la tristeza de tus ojos. Me dejé llevar por la nostalgia. Iré pronto, estoy segura.

Maria Helena Noval





jueves, 1 de marzo de 2012

El cine sobre el cine: a veces de nostalgias vive el hombre

Tanto “La invención de Hugo Cabret”, como “El artista” son lo que se llama un metalenguaje: son películas que hablan de cine. Se trata de homenajes de cineastas para el propio medio que le da sentido a sus vidas y como recurso artístico, el hecho de que el cine se refiera a su propio lenguaje, termina siendo una apuesta muy posmoderna.

En la primera se narra de manera indirecta la historia del cineasta Georges Méliès, autor de cine mudo.  En el segundo se representa la transición entre el cine mudo y el cine hablado.

Además, en ambas se entretejen historias secundarias que van haciendo de las cintas obras entretenidas, sin llegar a la complejidad absurda de las tramas de las series televisivas norteamericanas. Buscan halagar la inteligencia del espectador, sobre todo “El artista” y no sólo embotar los sentidos.

Ésta última está nominada para obtener un montón de “óscares”, cosa sorprendente tratándose de una película casi totalmente muda: ¿cómo es posible –nos preguntamos-- que un film desestime uno de los recursos técnicos y expresivos más redituables en términos económicos (el sensurround) de la actualidad? Y aún más: ¿cómo lograron explorar lo mejor de la condición humana sin caer en la típica historia de amor besucón?

Lecturas metafóricas: el cine que invita a la reflexión
Si entendemos, como dice mi amiga Hedwig, experta en lectura de humanos, que la película comienza presentándonos la muerte de un sujeto para darle paso al nacimiento de un personaje que luego muere para que nazca un sujeto, entenderemos el mensaje manifiesto del guión: en Holywood las personas dejan de serlo, se convierten en actores forzados a representarse a sí mismos y esto los lleva a su ruina si no saben manejar la fama y el engreimiento.

La lectura es sintomática de los momentos que vivimos.  A finales de los años veinte nace el cine hablado, no obstante, el protagonista, George Valentin se niega a entrarle a la nueva industria, no quiere dejar de ser el galán de gestos sobreactuados de las películas mudas, se niega a dejar de ser el personaje en el que se ha convertido y decide no aventurarse junto con el naciente motion pictures al momento que le toca vivir.  Esto lo lleva la ruina, hasta que en un momento de lucidez se da cuenta de la importancia del lenguaje hablado y se deja guiar por su amiga Peppy Miller, quien le da la oportunidad de volver a nacer, entendiendo que existen lenguajes alternativos en la comunicación humana, uno de ellos el baile.
Cuando el cine nos pone bien

El hecho de que una historia tan simple como la de “El artista” pueda hacernos pasar un excelente rato habla bien de nosotros. Se nota que quienes producen creen en un humano capaz de leer imágenes, sin necesidad de echar mano de pomposos efectos especiales: eso indica que el arte todavía es capaz de tocar corazones y esto resulta felizmente alentador.

En el caso de Hugo Cabret, la historia paralela que se teje, tiene que ver con lo que los psicoanalistas definen como “castración”: el niño que quiere terminar la obra inconclusa del padre. Este tema es universal en el arte. En este caso se trata de un autómata de cuerda que puede dibujar, una figura preciosa, presentada de diversos tamaños según las tomas de la cámara, un rompimiento de escalas hecho a propósito.
¿Cómo será el hombre del año 2112, el que pueble la Tierra en cien años? Seguramente vivirá más tecnificado y habrá resuelto problemas ecológicos y económicos graves. O tal vez no. Pero lo que sí es seguro, es que seguirá siendo el mismo niño necesitado de la mirada del semejante. Me gusta que el cine diga eso de vez en cuando.

Teatro sobre el cine
Acabo de ver “Nadando con tiburones”, una obra de teatro que aborda las relaciones laborales al interior de la industria cinematográfica hollywoodense. Y no me gustó. No obstante los esfuerzos interpretativos de los actores, la obra me pareció fría, muy lejana a lo entrañable. Será tal vez porque la misma aborda pasiones y no buenos sentimientos, envidias y traiciones. En el guión no existen diálogos que hablen de ganas de agradar.

Por eso, entre esta obra teatral que aborda la historia del cine y las otras dos, me quedo con los metalenguajes, con las cintas que comento. Ambas me hicieron confiar en la inteligencia y la sensibilidad humana la tarde y la noche de este domingo. Ω

Helena Noval

       

lunes, 27 de febrero de 2012

Montaje: entre documentos y fotografías, el perfil de una época




“Excelentísimo señor y mi buen Padre:


“Pido a Dios Nuestro señor que se conserve V.E.R. sin novedad, trabajando por su gloria.


“Como el Padre encargado del Colegio Cristóbal Colón, a petición nuestra, nos trajo las cuentas del Colegio Juana de Arco, se volvió a reunir el Consejo para estudiar las condiciones del traspaso del Colegio de Niñas; y con pena manifiesto a V.E.R. que no podemos tomar dicho Colegio, a pesar de la buena voluntad que le habíamos manifestado a V.E.R.


“Vemos en las cuentas que el Colegio tuvo el año pasado un deficiente mensual de $1835.00, por lo cual el Colegio Cristóbal Colón tuvo que dar una ayuda mensual que ascenderá al fin del año escolar a $15,000.00.


“Nosotras absolutamente carecemos de fondos para dar a aquella casa lo que le falte para completar sus gastos hasta que estuviera en condiciones de subsistir por sí sola. Además, me hicieron notar las Madres Consejeras que en ese Colegio no tendríamos la libertad que en todas partes tenemos para dar las actividades que acostumbramos tener en nuestros colegios, que constan de kindergarten, primaria, secundaria, preparatoria y normal. El kindergarten lo tiene el Padre del Cristóbal Colón y no había de querer que se pasaran las niñas al nuestro porque quizá le hagan falta esas entradas para completar sus gastos. El Comercio lo tienen las Madres del Guadalupano, y si se diera el caso de alguna niñita de primaria que quizá se le vislumbrara vocación, al pasarse de nuestro colegio al de ellas, si quisiera estudiar Comercio, perderíamos esa vocación. Por ésas, y varias otras razones, nosotras no aceptamos ninguna escuela sin que estemos seguras de que las hermanas puedan sacar sus gastos, tengan atención espiritual y plena libertad para desarrollar todas las actividades y tener internado, cuando lo juzguemos conveniente.”.


Las anteriores reflexiones, dirigidas por Sor María Concepción Solís, Madre Superiora del Sagrado Corazón de Jesús a Monseñor Alfonso Espino y Silva, VI Obispo de Cuernavaca, son parte de una carta más extensa en la que se confirma la relación existente entre dos de las instituciones educativas más antiguas de nuestra querida Cuernavaca. Esta historia se está perdiendo. Ya poca gente sabe que el Padre Armando Vargas Caraza fundó el colegio que después militarizó y también el de niñas, dirigido por monjas. El rescate de estas historias íntimas es trabajo tradicional de los cronistas, ellos son los que se dedican a contar la historia local de las ciudades. A los cronistas le debemos el saber porqué una calle se llama de tal manera, qué sucedió en la vía pública y las demás anécdotas que hacen de una comunidad lo que es: un grupo de personas con una personalidad que la distingue de las otras comunidades.

La crónica y la historia


A punto de colocar en un mueble museográfico la carta dirigida por la monja al obispo, en la que declina la invitación a hacerse cargo de la administración del Colegio Juana de Arco, pienso en las relaciones que se dan entre el cronista, quien suele ocuparse de la microshistoria, de la historia de la vida común, cotidiana y privada, y el historiador, quien suele fijarse más en los hechos publicados, en los grandes acontecimientos, en los encabezados de los diarios, en los documentos oficiales.


Pienso que ambos profesionistas al darse la mano a la hora de contarle a la gente en qué consiste su historia sientan las bases para el porvenir de una población: quien se siente nacido de una historia digna de contarse, busca seguir siendo memorable a la hora de proyectarse al futuro. Los jóvenes de hoy necesitan conocer su historia.


En el caso de la muestra dedicada a la historia del Colegio Cristóbal Colón en imágenes, tanto los cronistas Víctor Cinta y Carlos Lavín, como la periodista Lya Gutiérrez Quintanilla han hecho lo suyo al recordar con sus espléndidos textos la obra del Padre Armando. Por su parte, el equipo de diseñadores, supervisado por el experto Fernando Arechavala, ha completado, mediante el tratamiento de lo visual, la historia de una parte muy importante de la vida escolar en la entidad.


Me queda claro que el perfil de una época, eso que los teóricos de la historia llaman weltanschauung -que no es otra cosa que la cosmovisión de un momento dado-, implica el clavado al archivo, el trabajo de campo, el rescate del documento, pero también la correcta presentación de una imagen.


Vistas así las cosas, la carta aludida, escrita con una caligrafía hermosa y limpia, sobre un papel liso, hoy amarillento por el paso del tiempo, nos habla de las relaciones sociales y laborales que se dieron entre organismos religiosos, pero también nos habla de una manera de entender la noción de autoridad, del estilo de comunicación de una época (la carta escrita y no el email) y hasta de la letra que se usaba, hoy casi en desuso.

A punto de pegar en las mamparas las composiciones fotográficas y pensando en la distribución de las frases de apoyo que van a ayudar a “leer las imágenes”, puedo adelantar que el impacto emocional que las fotografías tengan sobre los espectadores se verá enriquecido por comentarios como “¿Ya te fijaste en la letra palmer de esta monja?”,“¿Te ves retratado en la emoción que esta fotografía condensa?”, “¿Ya viste que el Diario de Morelos, encabezó su primera plana con el asunto dedicado a la muerte del Padre Armando hace 25 años?”ó “¡Qué bien hizo el Profesor Rafael González de Alba, al guardar esta bella misiva”.


Maria Helena Noval



lunes, 20 de febrero de 2012

Y sin embargo...se mueve: a pesar del poco interés por la cultura florece un museo en Cuernavaca

"Y sin embargo se mueve", es la frase que se le atribuye a Galileo Galilei en el momento en el que era juzgado por su visión heliocéntrica del universo, en el siglo XVII. Dicha frase ha sido miles de veces repetida para aludir al hecho de que aún cuando las condiciones son adversas, lo que tiene que suceder, va a suceder. Es una metáfora pues, válida para referirnos al florecimiento de un museo en Cuernavaca, en donde éstos no nacen con la suerte de permanecer en el tiempo y en el corazón de la gente.


Recientemente abierto, el museíto del que les voy a platicar, cuenta con una historia conmovedora. Se trata de una muestra de amor radical: comienza por la relación hijo-padre y cristaliza cuando la nieta escribe un ensayo escolar sobre la obra pictórica del abuelo. Fernando Cué, quien dirige el encantador espacio ubicado a un costado de la pirámide de Teopanzolco, en la colonia Vista Hermosa, gustoso narra a quien llega a su trapecio de concreto, fierro y cristal, sus peripecias de museógrafo solitario.

Resulta que un colega suyo, el arquitecto Héctor Román planeó el edificio como su estudio, pero este quedó inconcluso hasta que Cué lo adquirió para llevar a cabo el sueño compartido con su hija: brindarle un espacio de exhibición permanente a la obra de su padre, pintor aficionado pero no por ello menor. De origen asturiano (Güelu, significa abuelo en bable), el museo lleva hoy un nombre íntimo, coloquial, que aclara desde la calle la vocación del espacio.

El sitio se vive delicioso si uno quiere pasarse un rato pensando en las posibilidades de la pintura exploratoria de los estilos nacidos después de las vanguardias históricas. Ante nuestra asombrada mirada, en apenas 150 metros cuadrados de construcción, Cué despliega un conjunto de obras diversas entre las cuales aparecen un retrato anónimo, un retrato de su madre, un paisaje y un par de dibujos preparatorios realizados en los años setenta por Fernando Cué Gómez, en torno a cuya obra gira cada exposición.

Exposiciones subsecuentes

La colectiva que me tocó ver es la segunda de tres dedicadas a 21 artistas seleccionados por él director del museo. El tema que los reunía era el paisaje y la obra me pareció refinada y mesurada en el color; siempre figurativa, no dejó de recordarme que en esa época hubo en el país, en los círculos intelectuales, un gran interés por la pintura compuesta a base de sintetismos.

Compartiendo ingeniosas mamparas movibles, destacaba la obra de la maestra Elisa Cano, especialmente un estupendo paisaje tan atrevido como ella, por el gran formato y la perspectiva oriental de la que se vale. El giclé biombo del gran paisajista Jorge Cázares no dejó de lanzarme preguntas, pues resulta que la obra es atípica en su produccion. El morelense no acostumbra ni los grandes formatos ni la reproducción, por lo que esta innovación práctica, montada junto al óleo original que retrata un paisaje de Amecameca, merece reflexión....

Reto difícil pero estimulante:
Actualmente se está preparando la tercera muestra del ciclo. El tema es la mujer y el guión se pretende alejado del mainstream: no le interesa formar parte del agitado mundo del arte posmoderno y esto sin duda será refrescante, siempre y cuando no pierda de vista la calidad de las piezas invitadas.
Por lo que respecta al asunto que articula la vocación del lugar, con el tiempo vera que es todo un reto eso de darle la vuelta a la colección para presentaría de manera innovadora sin caer en la repetición.
La Expo del paisaje termina el 29 de febrero y "Algarabía", la de la mujer comienza enseguida.

MARIA HELENA NOVAL


miércoles, 8 de febrero de 2012

La Expo de la Colón: un reto que se pretende inolvidable

Tratar de articular una exposición que aborde la historia del Colegio Cristóbal Colón en fotografías no ha sido nada fácil; no lo es porque habiendo suficiente material de época, la selección implica privilegiar unos recuerdos y descartar otros. ¿Con qué criterio vamos a exponer las fotos de grupo y los desfiles? En el caso de los ex alumnos fotografiados de manera individual y en primer plano ¿a quién seleccionamos?¿A los hoy famosos, a los que más sonríen, a los que salen de frente? ¿Separamos por temas o por fechas las fotografías? Se trata de la historia de muchas familias morelenses ¿Destacamos nombres o sólo la emoción condensada en cada evento?


Tales han sido las cuestiones que nos han llevado semanas de reflexión en la escuela fundada por el Padre Armando Vargas Caraza hace 67 años en Cuernavaca, ciudad a la que llegó el jalapeño proveniente de la Ciudad de México, con la vocación magisterial decidida, sin imaginarse que terminaría representando el papel de "padre de todos", según me han contado algunas personas a las que he entrevistado, siempre instigada por el hecho de que su obra está viva y de que su recuerdo se engrandece con el tiempo.


No deja de ser una gran sorpresa, una vivencia muy agradable el hecho de que cada vez que menciono que colaboro en el departamento de cultura de dicha institución, termine narrándoseme una anécdota ocurrida en la escuela, la mayor parte de las veces estando involucrado el Padre Armando. "Dimos mucha guerra...Un día pasó atrás de mí y me tiró un gancho el Padre, me pegó de broma, yo sin verlo, le contesté el golpe sin querer...pero no se enojó, entendió que era una reacción lógica y terminamos riéndonos", me cuenta Roberto Abe, distinguido ex alumno al que entrevisté la semana pasada frente a un montón de fotografías antiguas. Disfruté sus recuerdos, sus sonrisas, porque me trasladó a aquella época, la época de la ciudad provinciana, aquella en la que los jóvenes soñaban con las muchachas de la federal, porque la Colón todavía no era mixta. "Fuimos el primer grupo que desfiló, causamos una conmoción, la gente esperaba ver pasar a los muchachos de la Colón, porque no estaban acostumbrados a aquellos uniformes y a aquella disciplina." Añade Abe, quien amablemente me presta material para la muestra.



La Colón es la Colón


Bautizada en femenino, como si fuera una referencia materna, la escuela militarizada de la ciudad es recordada ampliamente por la gente de raigambre morelense, no sólo la de cierta edad; me refiero a que los hijos y los nietos de quienes aquí estudiaron también identifican sus lugares emblemáticos. A años de distancia de las graduaciones de algunos, pudiera parecer difícil que se diera una vinculación espacio-temporal duradera, pero la semana antepasada, que conviví con un grupo de ex alumnos entusiasmados con el desfile en el que van a participar, me convencí de que los amores permanecen y de que la gente busca vivir de nuevo el pasado. No pongo aquí su nombre, pero una ex alumna, hoy destacada empresaria, derramó lágrimas al encaminarse por el pasillo que da hacia el gran patio. Muchos otros comentan por FB si el uniforme les queda o no todavía y si será apropiado llevarlo al desfile organizado por el Subteniente Giles para dentro de tres semanas.


El recuerdo tan vivo que guarda la gente de algunos profesores, el entusiasmo del Padre por las artes escénicas, su destacada función como fundador de los Boy Scouts de Morelos, su pasión por lo militar y desde luego los actos religiosos, sugieren una museografía dividida por temas, no obstante, el tema principal de la muestra que estamos colgando será precisamente el Padre Armando, de quien se sabe poco en el aspecto familiar. Allí se verán por ejemplo, imágenes de sus hermanos y se dirá que su familia fundó la Asociación de Charros de Jalapa, Veracruz.


Una Expo para que se sientan como en la sala de su casa


Hay una voz en Morelos: es la voz del exalumno del Padre Armando, la voz del "colono", palabra que usan para nombrarse a sí mismos los jóvenes y no tan jóvenes tocados por esta figura tan ejemplar. Para esa voz que articula emociones atragantadas con recuerdos visuales es la muestra. La idea es que la nostalgia no se quede a medias, queremos, que las imágenes cristalicen en sentimientos positivos, dicho de otro modo, que el linaje, el sentimiento de pertenencia a una comunidad, nos recuerde a todos que en esta ciudad y en este estado se han vivido tiempos inolvidables, sucesos gloriosos, hechos históricos: que somos capaces de vivir como hermanos, en paz, aprendiendo y siendo creativos.


De ahí que el cierre implique dejar un espacio vacío para colocar la última foto, que es la que se va a tomar cuando marchen todos, es la que va a revelar el espíritu que se sostiene 67 años después. Lo que hay que entender es que el espíritu no muere y que este espíritu vivo, el del Padre Armando es el que queremos exponer. Una tarea nada fácil en términos museográficos, desde luego, por eso esperamos que el esfuerzo se vea coronado con muchas visitas a la galería ubicada en el segundo piso de la escuela.


"Pocas veces ha habido en Cuernavaca una pesadumbre tan negra como cuando murió el Padre Armando. La gente se volcó a la calle, hubo un duelo generalizado, sucedió como con los ídolos", me dice por teléfono el maestro Cázares, distinguido "colono" , autor de los escudos del colegio. "Es que era un papá para todos", me dice su esposa Minda, al recordar asimismo que sus hijos hicieron la Primera Comunión en el colegio. De esta función paterna tan sui generis y completa es de lo que se va a tratar todo esto.¥


María Helena Noval


jueves, 2 de febrero de 2012

“Champagne”: obra de teatro sobre arte y locura de Rubén Pizano

Divertida y profunda nos pareció, a quienes asistimos a la casa de la escritora Marcela del Río el domingo pasado, la lectura dramatizada de "Champagne", pieza teatral en dos actos del escritor Rubén Pizano. La misma aborda el caso de un artista plástico al que su hermana Olga y su galerista apellidado Fregor, quieren declarar loco para así poder disponer de su fortuna a voluntad. El drama se desenvuelve en la casa del pintor (leído por el propio Pizano); los diálogos nos enteran de su vida, sus anti-convencionalismos y las falsas premisas que se manejan en el mundo de arte.


Aparecen en escena además del representante artístico (actuado por Gerardo Sánchez) y la solterona hermana (Silvia Benítez), una famosa periodista (personaje actuado por la actriz Carmen Rodríguez, basado en Oriana Fallaci), la novena esposa del pintor, el psiquiatra que dará cuenta del estado mental del artista (nuestro amigo Ares Demertzis personificó a un simpático psiquiatra aquejado de tics) y el juez del que se espera el veredicto final (Arístides García).


Como es de esperarse, al final resulta que el supuesto loco es el más cuerdo de todos, mientras que aquellos que lo juzgaron insano terminan quedando en ridículo por insensibles, avaros y egoístas, aunque él mismo no deje de ser un manipulador. No deja de insistir Pizano en el hecho de que lo único que ha buscado Campaneri es realizar plenamente su vocación artística y salirse con la suya.


De interés para el espectador, debe ser el hecho de que se pone claramente en tela de juicio la valoración de la obra de arte basada en el criterio de genialidad, tan propio del arte de vanguardia como sospechoso si se pretende ser sensato al hablar de arte.

Arte y locura: ¿binomio inseparable?


La serie de preguntas que surgen ante la excelente obra de Rubén Pizano son de orden ontológico: ¿es el artista un ser hipersensible dotado de una mentalidad especial? ¿Es excéntrico porque busca ganar dinero haciéndose el interesante? ¿Se trata de una idealización romántica del oficio?


La bibliografía sobre el tema arte-locura es abundante. Hace algún tiempo que se vienen dando interesantes disquisiciones sobre la patología en los artistas. Los libros de Lombroso y Kris y Kurs son clásicos. En El genio y la locura, Philippe Brenot, nos cuenta cómo se ha concebido al artista a lo largo de la historia, pasando de ser un creador equiparable a Dios, a ser un simple artesano, hasta que a raíz del romanticismo se le considera un genio en el sentido peyorativo, un loco.


Recientemente la Dra. Teresa el Conde publicó “Arte y psique” en México para dar cuenta de casos como los de Leonora Carrington, Martín Ramírez y Manuel González Serrano. De especial interés es el capítulo que le dedica a la excentricidad de algunos creadores mexicanos que son precisamente eso, excéntricos, no enfermos. Consigue pues, diferenciar actitudes de enfermedad.


Además de eso, las diversas biografías de Camille Claudel, Federico Nietzsche, Antonio Gaudí, Vincent van Gogh, o Antonin Artaud, dan cuenta de que efectivamente existe lo que se ha dado en llamar personalidad artística.


Esta se organiza en torno a un sentimiento estético de la vida, produce obras artísticas, no le interesa mucho la resolución de vida práctica, resalta lo subjetivo en sus reacciones, se relaciona difícilmente con los demás, privilegia la libertad de expresión y provoca que el artista se manifieste melancólico, que no es lo mismo que estar deprimido.


A salvo del cliché


Analizadas por los especialistas en el comportamiento humano, las características de la personalidad artística fueron estupendamente retratadas por Pizano sin caer en la creación de un cliché. “Se trata de una colección de artistas sintetizados en uno solo” --me dijo--, hoy lunes que le hablé para felicitarlo por el éxito obtenido ayer.


No me quedé con las ganas de decirle que a mí lo que me sorprende es que dichas características sigan siendo motivo de extrema curiosidad y sorpresa por parte del público del arte; no me quedé con las ganas de decirle que me parece curioso que se idealice la locura ajena antes de entender la propia. Pizano ha escrito 24 obras de teatro y es un escritor en activo que vive en nuestro estado desde hace mucho años. Ω


HELENA NOVAL