viernes, 30 de abril de 2010

Octavio Ocampo: Un caso único en la historia del arte



Dentro de la historia del arte mundial, su caso es notable:
1.- Es el único pintor en el mundo contemporáneo que se dedica, con un estilo bien definido, personal, original e identificable a la creación artística de mágicos trucos y efectos visuales.

2.- Proviniendo del mundo elitista de arte –esto es dirigida a un sector minoritario por los lugares en los que exhibe y vende--, su obra es gustada y consumida por un amplio sector de la población en todas partes del mundo. Esto es, su pintura y escultura se da entre dos ámbitos: el del arte culto y el de las imágenes multirreproducidas.

¿De quién se trata?
Estamos hablando naturalmente de Octavio Ocampo, un creador que ha tocado con éxito varias ramas del arte, pero que se destaca por ser el creador de una obra altamente propositiva. ¿Qué quiere decir esto?: que no se parece a la de nadie más, que es originalísima, aunque haya muchos por ahí que copien y falsifiquen sus creaciones con el fin de venderlas reproducidas en todo tipo de artículos, desde cajitas y camisetas, hasta posters y serigrafías de dudosa calidad.

Guanajuatense de nacimiento, Ocampo afirma que le complace ser generoso con el espectador, que incita miradas y hace reflexionar sobre el sentido de la vista porque tiene la facultad de poder pensar en las relaciones formales que se dan al mirar figuras en varios planos al mismo tiempo.

La explicación
Hace tiempo, escribí que se pueden encontrar fácilmente algunos vasos comunicantes entre la psicología experimental y el arte de Ocampo: el sentido de la vista se relaciona con lo espiritual (“los ojos son la ventana del alma”), mientras que los demás sentidos se relacionan con lo material. También dije que los experimentos gestálticos que se enfocan en los problemas y relaciones entre el fondo y la forma a la hora de mirar algunos ejercicios planteados para analizar la mente del espectador también se relacionan con su obra.

Pero la obra metamórfica de Ocampo, que parte del ejercicio de ver, se inscribe en el mundo del arte, y deja de ser un mero juego óptico en el momento en el que los temas planteados y las sensaciones que ellos despiertan nos hacen reflexionar en nosotros mismos como hombres cultos y sensibles (hombre simbólico definió E. Cassirer).

martes, 27 de abril de 2010

Pedacitos de cielo

El poeta Efrén Hernández me enseñó hace poco, que un pedacito de cielo es suficiente cuando se tienen ganas de volar. En su cuento “Tachas”, el personaje principal se fuga por un trocito de ventana; no se mueve ni un ápice, pero su vuelo lo lleva a vivir una vida mejor. Logra tentar las nubes y tal logro es suficiente para el alma de quien se contenta con las cosas simples del espíritu. Para él un triangulito abierto es más grande que el ventanal más ancho del mundo. Lo bueno es que yo me parezco a él: mis pedacitos de cielo son necios. Gracias a ellos me escapo cada rato de esta ciudad tan atribulada. Me voy volando hacia el espacio pictórico de un buen cuadro, hacia la blandura de una escultura, hacia los planos infinitos de un grabado.
¿Qué hará usted, querido lector este fin de semana largote? Si mi ventanita se abre y los militares me permiten lanzarme por ese camino bordeado de pinos que nos enlaza con la metrópoli, yo visitaré dos o tres museos. Hoy los soldaditos de bronce ya me bajaron con mi hijito de 4 años de la camioneta. Espero no me toque de nuevo la revisión de lonchera.
Los héroes del MUNAL
Comenzaré por ver cómo es que Jaime Cuadriello logró comparar a los héroes de la Independencia y la Revolución Mexicana entre ellos y con figuras tan emblemáticas como el Moisés de la Biblia. Según lo que me contaron y lo que sé por un tal Levi-Strauss, tal parece que en nuestra mente se dan la mano santos y héroes. Que hagiógrafos y biógrafos de héroes trabajan con el mismo material psicológico (mitemas, le llaman). Lo mismo sucede, agrega Cuadriello, con los rasgos característicos de ciertas figuras mitológicas. La construcción de un héroe ocurre en vida, dice, pero es en la muerte, donde sucede la mejor parte, así sobreviven sus ideas aquellos a quienes luego convertimos en estatuas de bronce.
Dice mi amiga Tely Duarte, la más querida de todas mis amigas investigadoras, que esta exposición ofrece la posibilidad de ver con otros ojos las imágenes artísticas de nuestros prohombres, que los protagonistas del país deben bajarse de los pedestales y verse no sólo como ideólogos y seres de carne y hueso –últimamente se han puesto de moda las desmitificaciones y humanizaciones de los héroes” (léase quemones)--, sino como resultado de una rara necesidad humana, la necesidad de buscarnos modelos, ejemplos a seguir. Ahí reside, creo yo, la importancia de Superman.
Gritos desde el Archivo
Insistiendo en el azote propio del arte de talante político, es decir, para no bajarle a la emocionalidad de esta semana que comienza ruda en Morelos, iré a ver la selección de grabados que montaron en el Museo de Andrés Blaisten mi amiga Pilar García de Germenos y el crítico y curador James Oles. Ubicado en el Centro Cultural Universitario, allá por Tlatelolco, el museo se ha venido dando a conocer por su completísimo acervo dedicado a lo más granado del arte moderno y contemporáneo. Ahora que le donaron a Andrés una gran colección de grabados, la vuelta hasta ese lugar tan complicado se hace obligatoria.
La historia cuenta que los miembros del Taller de la Gráfica Popular tenían que dejar una copia de sus trabajos en el archivo, decisión crucial en términos de conservación puesto que muchos de ellos se pegaban en las paredes. Luego, en la década de los setenta, muchos de los miembros del legendario taller decidieron transferir 3400 grabados a la Academia de Artes, logrando así la colección de obras salidas del TGP más grande del mundo. Esta colección es la que guarda ahora el Museo Blaisten.
Dado que tres mil grabados son muchos, los curadores se vieron en la necesidad de montar una selección –decidirlo a base de volados habría sido demasiado arriesgado— de 66 piezas, algunas de ellas inéditas. Iré a verlas toditas, claro está.
El Felguérez de la SEP
Ya por esos rumbos y si la bulla capitalina lo permite, iré a dar con todo y el señor que me maneja, al edificio de la Secretaría de Educación Pública, en donde recientemente mi querido amigo Manuel Felguérez acaba de estrenar muralote, un abstracto, me han dicho, de esos gozosos que ha venido pintando desde que abandonó la geometría y se decidió por la línea continua y la figura cachonda y revoloteadora. De esto les platicaré en próximas semanas si decide, usted lector que le interesa el tema y me escribe un comentario a la dirección electrónica que aquí aparece. No tiene que escribir largo ni sabiondo; unas líneas bastan para decir “hola”. Ω

jueves, 22 de abril de 2010

¿Qué es lo que no vemos cuando nos sentimos tan asustados?

Comía este viernes en un céntrico restaurante --después de una conferencia dictada por José Luis Sánchez Rull sobre la novela gráfica como documento que me había dejado un poco embotados los sentidos--, cuando el email más comentado y reenviado de la semana hizo su fatídica aparición: el Cártel del Pacífico-Sur avisaba a la población que se soltarían las balaceras, que los esbirros del “Jefe de jefes” buscarían la preeminencia a como diera lugar. El narcomundo mostraba así sus alcances mediáticos y por fin esa noche habría “toque de queda” en Cuernavaca, un “toque de queda” dictado y difundido, hay que enfatizarlo para sopesar su importancia, por los malos del cuento, lo que habría representado una grave inversión de poderes, un estado de sitio total e inédito en el mundo.
Me dirigí al supermercado, pero como soy afecta a la observación y el detalle, pronto me di cuenta de nadie estaba haciendo compras de pánico, de que la ciudad que habitamos está escindida entre dos mundos antagónicos: el mundo de los precavidos y el mundo de los aficionados a las escenas dantescas.
¿Qué clase de ciudad es la que recordarán los turistas que se vieron obligados a guardarse ayer en sus hoteles? ¿Qué clase de país les presentamos a los niños a los que les cancelamos la fiesta del viernes por un email? ¿La gente que seguía su rutina diaria, la que paseaba, comía helados en el Zócalo y escuchaba música es gente irresponsable? ¿Hacen bien los medios al magnificar los crímenes repitiéndonos una y otra vez terribles crímenes y detalles?
Los momentos que vivimos los morelenses merecen un análisis de las historias que nos contamos, dado que arman cuadros que no sólo son incompatibles, sino que nos trastornan. Los discursos que norman nuestro juicio se están dando en altavoces atronadores, han perdido su mesura tradicional.
Como sabemos, cualquier sociedad está conformada por múltiples escenarios, pero esto no representa mayor problema porque las acciones de la mayoría de la gente se dan a sotovoce; el dilema se está dando en estos momentos en Morelos porque los discursos que oímos están canalizándose amplificados, lo cual ha contribuido a modificar nuestras vidas.
Así, nuestras actitudes se perciben esquizoides, parten de dos creencias que hemos ido apropiándonos alternativamente, “a según”, como dicen algunos. Una de ellas es apocalíptica y escandalosa: el mundo se acaba por los pecados cometidos, no habrá vuelta de hoja, la sociedad es víctima de sus propios vicios, la inoperancia de las leyes y la mala leche de las autoridades acabará pronto con “la Ciudad de la Eterna Primavera”. Al impacto de tal discurso contribuye, desde luego, el silencio del sujeto neutralizador del mal, el mundo del héroe o salvador, representado en este caso por las autoridades. En la mente de cada ciudadano existe un ideal de héroe, y esta necesidad la llenan, aunque sea malamente, quienes dicen velar por nuestro bien.
¿Cómo –pensé--, un comunicado de tal importancia, no lo han desmentido la PGR, la policía, las comisiones de seguridad de las cámaras? ¿Cómo el gobernador no ha salido a tranquilizar a la población a la que está obligado a proteger? ¿No es tal actitud el resultado de la carencia de una estrategia inteligente en contra del crimen organizado?
El comunicado apócrifo, adjudicado al narco lleva ya una semana llenándonos de humo la cabeza. Saturado de faltas de ortografía y carente del más mínimo buen gusto, se ha transformado en la realidad que percibimos, aunque dicha realidad no sea la que vivimos. Por fortuna.
El caos morelense no existe a pesar de los desafortunados cuarenta y tantos crímenes, afortunadamente no hemos llegado a la ingobernabilidad y la anarquía. El diario “Reforma” de hoy sábado 17 de abril, reporta en la página 5 de la sección nacional, que ayer “Decenas de comercios cerraron sus puertas ante el temor de enfrentamientos entre grupos de sicarios rivales. El transporte público disminuyó sensiblemente su actividad nocturna y las calles de la capital se veían vacías a partir de las ocho de la noche”, pero hoy en la mañana la sociedad se levantó de la cama con la idea de proseguir su vida cotidiana, de buscar la comodidad de costumbre, de sonreír.
Lo que no se ve cuando estamos tan asustados es: LA ESCENA TOTAL. Vemos partes de un rompecabezas que vamos armando conforme nuestra tendencia al fatalismo y hasta cultura visual lo dicta. La imagen de la ciudad que habito se alimenta de lo que mis memorias visuales proponen, algo vendrá de la tele, pero algo vendrá también de lo que he visto en imágenes pintadas o narradas, del mundo del arte. ¿Usted cómo va armando su Morelos particular?
Desde luego, espero que no lleguemos a tal situación de peligro en este estado, hay que tener precaución, pero no apanicarnos. El “Sitio de Cuautla” no se está repitiendo. Y esto que le escribo es sólo para recordarle que como siempre, el sentido común es la mejor arma que tenemos como seres humanos ante la adversidad. Ω

martes, 20 de abril de 2010

Alejandro Quijano EICAI

Kim Ekemar: The Crimson Blue Prints una novela brillante y única en su género

1.

En junio de 1926, Borges publicó “Profesión de fe literaria”[1], allí el autor dado a los juegos intelectuales comparaba la transacción entre autor y lector como “una confidencia”, una negociación cuya eficacia se da por la confianza del que escucha en el que escribe.

Otros llaman “contrato de verosimilitud” a esta operación que se da cuando leemos, y que no es otra cosa más que el hecho de que ante el texto bien escrito, los lectores nos creemos todo lo que está siendo narrado y luego “escuchado” o descifrado por nuestra mente. Sobra decir que esto sucede tanto en los trabajos de naturaleza realista como en los de ficción, y no habría que explicar más, salvo que las propuestas que sucedieron a las vanguardias históricas le rizaron el rizo a los preceptos básicos de la literatura.

Hoy en día, por ejemplo, podríamos hacer una breve antología de textos en los que no sólo el contrato de verosimilitud ha sido puesto en entredicho; me refiero a una serie de textos en los que además el escritor juega y confunde los conceptos de autor, narrador y personaje, e incluso va más allá escribiendo textos que se niegan a sí mismos como textos acabados o confunden su género.

Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y Salvador Elizondo son tres de los más preclaros escritores que abordaron el proceso creativo desde la escritura desde un punto de vista metalingüístico. La idea de que el texto es siempre la versión preliminar de algo que nunca llegará a ser porque siempre puede corregirse; la idea de que los personajes del texto pudieran reclamarle al autor sus vidas y escribirlas ellos mismos (o corregirle la plana al autor), o la idea de que literariamente autor y personajes viven la misma vida son algunas de las propuestas metalingüísticas más interesantes de la literatura contemporánea, y no dejan de asombrar en este sentido algunos cuentos de Cortázar, siempre brillantes y refrescantemente lúdicos.

2.

The Crimson Blueprints, una de las dos novelas escritas en Tepoztlán por el sueco Kim Ekemar (Athena Press, Londres) --quien también es resuelto pintor de obras neo-simbolistas--, comienza por poner en entredicho las nociones de autor y de protagonista al ponerse él mismo como uno de los personajes del libro que nos presenta (se asume como compilador del trabajo final que leemos), pero además borra los límites semánticos entre los diversos textos que aparecen ante nuestros ojos (dos novelas, además de un diario y algunas notas periodísticas).


El texto que nos hace creer en su historia (contrato de verosimilitud) trata sobre un escritor (Paul B. Crimson) quien es presionado por su editor (John Partidge) para que escriba otra novela tan exitosa como Velvet Nigths (incluido en el libro); un texto sobre lo vivido por Crimsonen Vietnam. Sólo que a Crimson nada se le ocurre, el famoso bloqueo del escritor lo atemoriza a tal grado que huye a una vida licenciosa en Las Vegas y Los Ángeles, hasta que al editor idea enviarlo a una especie de “residencia artística”, de esas que hoy abundan y que se ocupan de resolverle la vida cotidiana al creador para que la inspiración le regrese.

Patridge envía a Crimson a Harbor, un gélido pueblo aburrido ubicado en Nueva Inglaterra, a casa de una pareja de amigos (Inocencia y Daniel Mc Pherson) para que, medio alejado de las drogas que lo enferman, concluya The Ship, un suspense que narra los asesinatos ocurridos en un barco abandonado que servía de refugio temporal a 7 locos escapados de un manicomio…7 personajes inspirados en los 7 pecados capitales…que al mismo tiempo tienen que ver con los otros personajes del libro que leemos…


Y todo va bien hasta que Crimson enloquece y comienza a vivir una historia semejante a la que narra en la novela en la que está trabajando (The Ship) y entonces las tramas y los destinos de los personajes involucrados se confunden, haciéndonos conscientes de que la vida literaria va más allá de las páginas de un libro.


El trabajo de Ekemar, emparentado con los juegos intelectuales de Borges y de Cortázar es realmente brillante y lo traigo a estas páginas no sólo porque me parece entretenido, redondo y sumamente recomendable, sino porque siendo autor morelense vale la pena acercarse a su trabajo autoral en busca nuevos valores y ficciones propositivas e inteligentes.

Lo dicho en otras ocasiones: en nuestro estado se dan eventos culturales importantísimos, la cosa está en encontrarlos y darles la difusión que merecen. Recordemos que los grandes méritos de la humanidad se han dado en las artes y las ciencias. Lo demás sale sobrando.Ω

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[1] Capítulo final del libro de ensayos El Tamaño de mi esperanza

Abstracción y síntesis

¿Por qué no nos quejamos cuando nuestras sábanas son cuadriculadas, las toallas rayadas y el mueble de la sala repite un diseño geométrico? ¿Por qué nos gusta el diseño de una pared vieja y manchada? ¿Por qué nos vestimos a diario pensando en términos de combinaciones y contrastes sin el menos problema?

¿Por qué en cambio disentimos de la expresión abstracta cuando se trata de una pintura pensada para la pared? ¿Por qué nos es tan difícil entender que nuestra cabecita piensa lo mismo en términos abstractos que en términos figurativos?

Se ha creído a lo largo de la historia del arte que la función de las artes plásticas gira alrededor de transmitir contenidos religiosos, sociales o políticos. Este craso error nos ha impedido voltear a vernos como seres sensibles además de pensantes, y nos ha hecho perdernos la mitad de la belleza del mundo.

Entendiendo a Kandinsky en un extremo y a Mondrian en el otro --las dos posibilidades extremas de la abstracción, uno orgánico y el otro geométrico--, podremos ir armando un catálogo personal hecho a la medida de nuestros gustos y personalidad. En algún lugar intermedio quedaría la capacidad de transformar, de evocar lo figurativo, de no perder por completo la voluntad de la representación, la forma identificada. Me refiero a la capacidad de elegir, de aislar una de las partes del mundo objetual y transformarla en otro lenguaje.

En ese tramo intermedio, un trecho rico e infinito, también cabe la posibilidad de lo ornamental y de lo puramente sensual, además del expresionismo puro, la capacidad del tachismo, el rayonismo, etc. Los musulmanes fueron, durante muchos años, los amos del ornamento debido a que su religión les prohíbe la representación de la figura humana.

En el mundo del arte, cada quien abstrae como puede y como quiere: Felguérez, Rojo y Aceves Navarro los maestros de la abstracción en México, prefieren lo orgánico, mientras que Pablo Amor y Alfonso Mena prefieren destacar el poder del color; de sutilezas son las obras de Ricardo Mazal, Alfredo Falfán, Ilse Gradwhol y Perla Krauze, y geometristas no duros son Jorge Robelo, Francisco Castro Leñero y José González Veites, mientras que Sergio Hernández se desvía por el camino del juego con la imagen y la composición sin faltar por supuesto quienes se quedan a medio camino y abstraen a medias o transforman, como diría Arnaldo Coen. En este caso están Francisco Toledo, Juan Soriano y Gilberto Aceves Navarro, aunque no faltan los conceptuales Diego Toledo, el mismo Mena Pacheco, a quien ya mencionamos, o siguiendo el afán ornamental y el diseño se encuentra Pedro Preux.

En fin, que el llamado “arte por el arte” o expresión “retinal”, el que se ocupa de sus propios asuntos siendo estos el color, la forma, la materia, la composición, la línea, la mancha y las proporciones, desligándose del asunto de la representación es el meollo del arte abstracto, un estilo al que muchos no se acercan porque piensan que su función es identificar al mundo natural en el artístico, creen que hay que entender mensajes y no se dan cuenta de que el universo entero, incluido el arte, es para gustarlo. Ω

Arnold Belkin y Emiliano Zapata: Los zapatas de Belkin


El mes pasado, haciendo mi tour de exposiciones --¿seré la única loca en el estado que se programa 4 o 5 al hilo?--, conocí a Patricia Quijano, la viuda de Arnold Belkin, el creador de algunos de los “zapatas” más llamativos de la pintura mexicana. Nos vimos en el lugar en el que se le rindió homenaje a este también muralista y grabador, me refiero al Centro de Educación Continua, Unidad Allende del IPN1 Activa y entusiasta promotora de la obra de quien fuera su maestro y pareja, la joven muralista me llevó de la mano por su colección de “belkins” y me relató más de una anécdota que tiene que ver con su vida y obra, aunque el chisme no nos faltó. Quedé encantada de conocerla.
Arnold Belkin es un artista del que se seguirá hablando, no sólo porque se dio a la tarea de reinterpretar algunas obras de arte , como “La muerte de Marat” o el “Rapto de las Sabinas”, sino porque inventó para el arte mexicano una presentación modernísima. Su estilo inconfundible en algo recuerda a los futuristas y a Fernand Leger, pero aplicado con pincel de aire a la figura del revolucionario Emiliano Zapata, con la idea de desarticular y geometrizar su figura, resulta espectacular.
Al respecto, la investigadora Nadia Ugalde Gómez señala: “En 1978 comenzó la Serie Zapata, consistente en un grupo de obras realizadas a lápiz, tinta y crayón, preliminares a las pinturas de gran formato que sobre el caudillo del sur creó, incluyendo la figura de Villa. En este conjunto se observa la sensibilidad de Belkin para compenetrarse en el personaje y capturar los rasgos del general revolucionario. En Serie Zapata I, Serie Zapata II (1978) y Emiliano y Eufemio Zapata (1981), las figuras tanto de Zapata como de su hermano aparecen diseccionadas, mostrando sus anatomías, parte carne, parte estructuras geométricas. A fines de la década realizó –para el Museo Nacional de Historia— La llegada de los generales Zapata y Villa al Palacio Nacional el 6 de diciembre de 1914 (1979), pintura de grandes dimensiones para la cual recurrió al material fotográfico que sobre el hecho existe en varios archivos como el Casasola, el Archivo Brehme y el de los familiares de los revolucionarios.
“Se trata –continúa Ugalde Gómez--, de la representación pictórica de una escenificación del evento fotografiado; convirtiendo el instante real captado en la fotografía en un fragmento épico de la historia. Belkin concibió el espacio pictórico como un escenario en donde se lleva a cabo el hecho reinterpretado. Dispuso las imágenes de Pancho Villa –a la izquierda—y de Emiliano Zapata –a la derecha—mostrando su interior y exterior simultáneamente, enfatizando la condición humana de los mártires de la gesta revolucionaria a manera de testigos que delimitan la escena, logrando un nuevo discurso de imágenes y un efecto de distanciamiento entre estas figuras y la escena descrita, de la cual ellos mismos serían los principales protagonistas, enlazando así el momento histórico con el sentido trágico y épico del suceso.”
Como se deja ver, para Belkin el análisis de un momento clave, el que se dio cuando se encontraron en Palacio Nacional los máximos representantes de las fuerzas armadas que derrocaron al dictador Díaz, implica no sólo el instante de una suma hipotética suma de esfuerzos o la supuesta renuncia de Zapata a la silla presidencial --el momento en el que midieron ambos sus fuerzas--, sino el momento en el que se sintieron vulnerables, descalificados ante las circunstancias y los entes políticos con los que tendrían que negociar de permanecer en la ciudad. En otras palabras, lo que pinta Belkin es el momento en el que los dos luchadores sociales se dan cuenta de que “el rancho les queda grande”; la imagen belkiana pretende hacer énfasis, a mi modo de ver en un tiempo diferente, siendo éste el espacio virtual que surge paralelo al tiempo real, el instante en el que se tienen que tomar decisiones capitales, disposiciones que tienen que ver con la vida y la muerte.

Extranjero pero nacionalista
Considerado extranjero entre los mexicanos, Belkin sintió en no pocas ocasiones que sus colegas lo trataban como apestado, sentía que le dejaban poco espacio para colocarse como uno de los hacedores del muralismo mexicano, por más que hubiera estudiado con Siqueiros y buscado a Orozco (éste falleció cuando por fin le hizo caso y lo aceptaba para trabajar con él); la paradoja es que para los canadienses, Belkin siempre fue un artista mexicano, porque ni el paisaje canadiense típico en los museos de aquel país, ni la obra con asuntos históricos o de género de ascendencia canadiense aparecen en su iconografía.
Sin estar nacionalizado, me comenta Patricia Quijano, Arnold Belkin se cuidaba mucho de decir cosas en contra del gobierno mexicano; recordemos que se está hablando de los años 50 y 60, una época en la que el ideario de la Revolución Mexicana formaba parte de la retórica oficial todavía y aunque el muralismo y la Escuela Mexicana de Pintura sumaban dos o tres generaciones de artistas y prevalecía en la historia más por sus buenas intenciones que por sus efectos sociales. No era posible criticar las acciones del gobierno sin esperar represalias. Belkin había llegado en 1948 al país, cuando ya todo mundo sabía que el pobre seguía siendo pobre y el muralismo había logrado poco como herramienta de cambio, pero él consideró siempre que a la gente se le podía educar y que el cambio del mundo era posible a través de un humanismo ilustrado.
Con el paso del tiempo, la situación se modificaría, porque una vez nacionalizado, Belkin se volcó por México a hablar de lo que le parecía importante resaltar de la historia del país, reinterpretando hechos e idearios de quienes deseaban modernizarse en aras del bienestar de su pueblo. Por eso pintó a Doroteo Arango (Pancho Villa), a Emiliano Zapata, a Simón Bolívar y a Lucio Cabañas, implementando una especie de Tratado de Libre Comercio avant la lettre: un pacto estético que conjuntaba la monumentalidad aprendida en su país a partir del entorno canadiense, la abstracción de la imagen aprendida del arte norteamericano y los contenidos del arte nacionalista mexicano y latinoamericano.

El Método Pillet y el Arte Pop
Del Método Pillet de Dibujo, implementado en muchas de las academias de arte del mundo, se toma la idea de que cualquier figura puede ser reducida o inscrita dentro de volúmenes geométricos. Uno aprende, en clase de pintura que aprendiendo a dibujar conos, cilindros, esferas y paralelepípedos podrá modelar cuerpos, rostros y los objetos que pueblan un bodegón. Así de sencillo es aprender a dibujar. Y traigo esto a colación porque observando los dibujos de Belkin en la muestra que reseñamos, me di cuenta de que el tratamiento que le da a las figuras, incluidos los “zapatas”, su estilo característico, fueron el resultado de una evolución, habiendo comenzado por dibujar volúmenes y modelados académicos al mismo tiempo. Esto, de verdad es notorio en los estudios que realizó de las figuras de Sancho Panza y el Quijote.
Por otro lado, al “Pop Art” norteamericano se le debe la influencia más palpable de las serigrafías que con Enrique Cattaneo preparó. En las mismas, tituladas “Dos montañas de nuestra América”, (1987), Belkin representa a Zapata y a Sandino en rojo y azul, aplanando los rostros con la idea de resaltar únicamente los valores más luminosos y los más obscuros, como lo hicieran Andy Warhol con los rostros de Marilyn Monroe y hoy muchos diseñadores gráficos.
Figuras robóticas
Me cuenta Quijano, que Belkin inventó dos tipos de figuras robóticas para su pintura, los buenos y los malos, los cyborgs y los gólems, quedando la primera versión para representar a los hombres inteligentes, cultos, letrados que beneficiarían de algún modo a la humanidad, y siendo los segundos, los gólems, los que estando al servicio de la guerra (las armas son una extensión de sus cuerpos) contribuirían a la involución de la humanidad. Ω


1Arnold Belkin estuvo ligado al “Poli” desde que entró a estudiar allí, al Taller de Ensayos y de Materiales Plásticos del maestro José L. Gutiérrez. En dicho taller se inventó la pintura POLITEC. La galería en la que se expone el trabajo que reseñamos, se encuentra en Belisario Domínguez 22, Centro Histórico, casi esquina con el Eje Central Lázaro Cárdenas. Hasta el 9 de abril.
2Esto lo hizo antes de las muy recurridas “paráfrasis, citas y homenajes” teorizadas por el posmodernismo a partir de los años 80 en México.
3Obras pictóricas harto conocidas salidas de las manos de Jacques Louis David y Nicolás Posussin, respectivamente.
4Ugalde Gómez, Nadia. “Arnold Belkin: La imagen como metáfora”. CNCA, México, 1999. Págs. 23-24. (Círculo de Arte).