viernes, 16 de octubre de 2015

Vas a ver: Cuentas pendientes: propuestas para 3 exposiciones en el estado de Morelos

1. Estaba pensando en la ventaja de tener acceso a internet como un método de divulgación de las investigaciones artísticas que uno lleva a cabo. Horacio Rentería Rocha (1912-1972) fue un artista duranguense que vivió en Taxco, Guerrero, sus últimos años y por lo mismo quedó obra suya en el estado de Morelos, la suficiente como para montarle una muestra en alguno de los espacios cuya vocación es el arte surgido en los alrededores. El Jardín Borda sería ideal para esta tarea.
El caso es que diversas personas interesadas en este pintor de identidad hasta cierto punto ignorada, han escrito a este blog tratando de saber más sobre el artista, o comentando que poseen piezas de la autoría de este artista que parafreseaba estilos coloniales durante la primera mitad del siglo XX. “Los niños de Horacio” o “Los niños de Rentería” le llaman a algunas de sus piezas más conocidas, en las que hace gala del preciosismo por los detalles que es capaz de poner en sus piezas neobarrocas. Pero ojo, hay bastantes “horacios” falsos y es relativamente fácil descubrir una lisura o modernidad en las piezas carentes de finura en el trabajo de encajes y ornatos, así como en la falta de cuidado en el color y acabado de las encarnaciones.
No está por demás recordar que de Rentería se han visto piezas en más de 200 subastas, siempre dándose el caso de que conserva su posición como pintor acreditado por la temática infantil de tono costumbrista que puso de moda: niños vestidos a la antigua usanza, en cocinas o ambientes campiranos, decoradas las piezas con flores y trastos mexicanos. También son comunes los paisajes que realizó y aunque los retratos de los virreyes de la Nueva España –que realizara copiando los que están hoy en día en el Museo del Virreinato- podemos definirlos como obras maestras del pintor (uno de ellos en la colección del Museo Soumaya), también hay que decir que existen “obras menores” salidas de su mano.

2.Por otro lado, a Luis Arenal Bastar, pariente de David Alfaro Siqueiros (que no se llamaba David), se le debe una muestra pictórica y de grabado, dado que no sólo fue un pintor más importante de lo que se cree comúnmente (se le ve como un apéndice de su famoso cuñado), sino que fue fundador, junto con Leopoldo Méndez y Pablo O´Higgins del Taller de la Gráfica Popular, en 1937.
De Arenal se había hablado a raíz de la exposición que se montara con su obra en el Centro Nacional de las Artes en México hace casi dos años, se hizo la propuesta a la gente encargada de la Secretaría de Cultura de Morelos con la encomienda de encontrar más obra suya en el estado, lo cual es viable dado que su viuda Graciela Castro vive aquí; asimismo se sugirió incluir la historia de la célebre Tallera, dado que fue él y no Siqueiros quien construyó tal espacio como centro productor de murales.
De la obra de Arenal y la exposición que se le iba a montar en Cuernavaca, en donde residió hasta el final no se supo ya nada, pues la iniciativa no prosperó en la secretaría respectiva. Lo mismo sucedió en un principio con la exposición de la inglesa Joy Laville, a quien se tardaron en montarle en el Jardín Borda, la que hasta el día de hoy podemos admirar (octubre 2015), siendo en un principio iniciativa de Edgar Assad, quien hoy funge como encargado del Instituto de Cultura de Cuernavaca, dependiente de la gestión de Morales Barud.
Otro artista a quien se les podría rendir una especie de homenaje montando lo producido en el estado y sobre todo la gestión cultural realizada aquí, es Jimmie Durham, alemán de quien acabo de encontrar un librito curioso en el Museo de Arte Moderno en la Ciudad de México, residente en la década de los noventa en Cuernavaca. Pero ésa es ya otra historia. FIN. 

Artículo publicado por: Diario de Morelos 
Por: María HelenaGonzález
Correo electrónico: helenanoval@yahoo.com.mx


miércoles, 14 de octubre de 2015

Vas a ver: Museología y Curaduría: algunos comentarios

1. Estuve hace unos días en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, en el Auditorio Emiliano Zapata, para compartir mesa de charla con Jesús Nieto (profesor de tiempo completo de la Facultad de Artes), Antonio Outón (profesor de tiempo parcial de la misma facultad), Andrea Azpeitia (estudiante) y el público asistente al Congreso de Arte y Cultura titulado “Espacio”.
Comencé diciendo que una mesa convocada a partir del tema “Museografía y curaduría” estaba dejando de lado la labor del museólogo, el profesionista del museo, refiriéndome no al comisario de arte, que puede ser sinónimo de curador. Un museólogo es el experto en estudios, ordenamiento y conservación de los bienes custodiados dentro de ese espacio social que es el museo. Entre el curador y el museólogo puede estar la colección entera del museo como objeto de interés, es decir, el curador está regularmente más involucrado con un proyecto en particular, que en la valoración o administración del espacio. Por su parte, el museógrafo se encarga de hacer sensible la muestra de obras artísticas, especialmente piensa en la mirada del espectador, pues es el que más tiene que ver con el diseño, color, tipografía, etc., de los espacios.
Uno de las conclusiones a las que llegamos es que en esta sociedad del espectáculo -nombrada así por Guy Debord-, se piensan las exposiciones para llamar la atención, privilegiando lo espectacular o el ansia de evento teatral sobre el acto de contar una historia a partir de obras de arte, que eso es lo que debe ser una curaduría.

2. Ponía yo el ejemplo de dos casos de estudio en Morelos, me refiero al Museo de Arte Popular (dependiente de la Secretaría de Cultura) y al Museo de Arte Indígena Contemporáneo (dependiente de la UAEM), mal nombrado este último por tratarse de artes de factura tradicional, más que de artes contemporáneas lo que exhibe. Hablaba yo de que perteneciendo a un circuito que podría ser virtuoso, por estar ambos en el centro de la ciudad (público cautivo que pasea y consume entretenimientos en los alrededores por ser lugar turístico), no han encontrado el sabor que podría destacar la particularidad y la originalidad de sus colecciones.
Es decir, sin ánimos de ser críticos en mal plan, diríamos que a pesar de sus ventajas (ubicación, colección, publicidad, identidad, producción local y competitividad ventajosa con los estados vecinos), estos recintos culturales dejan qué desear por cuento respecta a su presupuesto, seguridad, oferta educativa, tratamiento de públicos específicos y número de visitantes).

3. Otro de los puntos de la mesa fue la desventaja, ya hablando de curaduría, del famoso “Art Speak” o lenguaje técnico especializado que hace farragosos los textos de sala de muchas exhibiciones, tornándose aún más pesada la deambulación porque falta lugar para descansar en los museos (los curadores privilegian las obras y no al público), en este sentido, no estuvo mal recordar el “Manual del Estilo del Arte Contemporáneo”, de Pablo Helguera (Tumbona, CNCA, 2013) o el “How to visit an Art Museum. Tips for a Truly Rewarding Visit”, de Johan Idema (Bis Publishers, Amsterdam, 2014) porque ambos libros abordan con sentido del humor el mundo de esas empresas culturales, de las que a veces salimos más cansados y confundidos de lo que entramos.

4. Lo interesante de un encuentro como este congreso es que pueden lograrse desde documentos que ayuden a posicionar a los practicantes del arte en el universo nacional o internacional del arte y hasta podría influirse en las políticas públicas a la hora de generarse espacios como el Museo Juan Soriano, que el gobierno morelense está construyendo por estos días.

5. Finalmente comenté que es importante que el gestor de muestras artísticas piense su proyecto a partir de la intuición y de la imaginación, con la idea de transformarlo en una narrativa o visión personal. Resulta básico que ese conjunto de obras y su diálogo con el espectador sea posible, además de que cada muestra debe tratarse como un proyecto social.
Como consejo al calce pedí no olvidar el libro de visitas, porque éste suele ser un depósito interesante de opiniones públicas y también sugerí “molestar al artista”, es decir, abordarlo con preguntas cuando sea el caso de que esté en el sitio de la exposición, porque puede darse un “tras bambalinas” interesante.
Se me olvidó ese día hablar de las diversas miradas que inciden en la visita al museo, me refiero a la del facilitador o guía, la del experto, la del simple cazador de experiencias, la del recargador de baterías y la del artista, porque todas son diferentes e inciden en la historia de estas disciplinas, pero esa es otra historia. FIN.

Artículo publicado por: Diario de Morelos
Por: María Helena González
Correo electrónico: helenanoval@yahoo.com.mx


martes, 13 de octubre de 2015

Vas a ver: SOLAR: la voluntad de exhibir en Cuernavaca

1. Ayer 10 de octubre vivimos una tarde excepcionalmente representativa de la pluralidad del arte contemporáneo en Cuernavaca, me refiero al encuentro al que citaron varios creadores para que quienes quisiéramos visitáramos sus talleres abiertos en el centro de esta ciudad. En un edificio viejo y muy vivido, en la calle Hermenegildo Galeana, se dieron cita los huéspedes y los espectadores, los interesados en la cultura y los solidarios amigos, para demostrar que sí se pueden organizar incitativas privadas como esta titulada Solar. 

Es verdad que no estaban abarrotados los departamentos, es verdad que en los pasillos se podía transitar libremente, pero es que el arte de ser artista en Cuernavaca no es nada fácil si tomamos en cuenta la falta de apoyo estatal, la poca experiencia de las instituciones especializadas en este tipo de eventos, la no convocatoria de los medios y el nulo mercado del arte local. Sin embargo, no es la primera vez que estos egresados del Centro Morelense de las Artes lo logran y desde aquel primer intento que hicieran en Aragón y León, o la Galería Ánima Löte hace casi 15 años, seguirán haciéndolo.

Obra de Minerva Ayón en el encuentro titulado Solar

Fueron 5 los talleres del oscuro tercer piso y uno del segundo los que se abrieron, casi totalmente desprovistos de mobiliario los espacios mostraban lo más reciente de las producciones de Gabriel Garcilazo, Pável Mora, Jaime Colín, Minerva Ayón, Luis Hidalgo e Israel León y el colectivo Una línea de Gis.

2. Una de las cosas que ya sabemos quienes los hemos seguido es que el cubano Gustavo Pérez Monzón -quien ahora va a ser artista del Art Bassel de Miami- ha dejado impronta en ellos por cuanto respecta a su idea de trabajo a partir de acumulaciones visuales de puntos y líneas; proceso creativo-obsesivo, pero también sabíamos que no es lo mismo la ligereza de su línea, sus gofrados y sus polvos de aluminio, que los definitivos registros de punzón con luz por detrás de Jaime Colín y que no es lo mismo la voluptuosa instalación tipo telaraña sobre los muros hecha a partir de cierres de ropa de Ayón, que la extensa planimetría de los recortes de papel pegado sobre la pared de Colín.

Por lo que respecta a Pérez Monzón, también hay que decir que nos mostró un libro que van a reeditar en el que se aborda su trabajo de más de dos décadas. En el mismo aparece una instalación que hizo con hilo color sangre deshecho de una tela, sutil trabajo que pende más de la adherencia del muro que de la voluntad del artista. Tal trabajo se había visto ya en La Habana y ahora lo volvió a montar para que el maestro Pericles Lavat, con su acostumbrada creatividad levante el registro fotográfico necesario. Así de comprometido con su obra es el cubano, creador de dibujos inolvidables.

Obra de Minerva Ayón en el encuentro titulado Solar

Por su lado, Pavel Mora nos dejó gratamente admirados por la limpieza en técnica y el alcance estético, lírico de las xilografías abstractas que mostró, mientras que los dibujos de Gabriel Garcilazo siempre provocan una reflexión que tiene que ver con el contraste que se genera entre las ideas de tradición estilo Art Nouveau y el diseño de vanguardia caracterizado por los materiales que emplea. Igual le da pensar en los perfiles de una ciudad que realizar una maqueta con recortes del Libro Vaquero, la idea que tiene de lo urbano es siempre original y contundente por simple y veraz.

Lástima que en Cuernavaca no estemos a la altura de otras ciudades del mundo en donde estos eventos se prolongan por más días; sin duda Solar es un evento sin pretensiones que logró más de lo que se esperaban estos jóvenes creadores y esperamos con mucho interés otra convocatoria similar antes de que acabe el año. FIN.


Artículo publicado por: Diario de Morelos
Por: María Helena González





lunes, 30 de marzo de 2015

Tercera Jornada de la Cátedra Rosario Castellanos


Con broche de oro cerró este viernes la Cátedra Rosario Castellanos organizada por la Dirección de Difusión Cultural de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, con la conferencia magistral de la escritora Premio Cervantes Elena Poniatowska, quien hizo gala de su maestría discursiva, interesante, lúcida, amena, y compartió con un público predominantemente joven sus apreciaciones sobre la vida y la obra de la escritora mexicana Rosario Castellanos (25 de mayo de 1925-7 de agosto de 1974), a quien, sin ambages, calificó como “la escritora mexicana más importante, más completa, luego de Sor Juana Inés de la Cruz”.

Polígrafa, editorialista del Excélsior decente: el de Julio Schérer”, maestra amada, ícono, valiosa en sí misma y no por los papeles que le endilgaron (“esposita santa”, “funcionaria patriota”, “mujer ejemplar”). Hizo literatura con los sucesos de su vida diaria, escribió novelas autobiográficas que reflejan su vida en Chiapas, el amor por su tierra y la traición a los suyos, pues habiendo nacido blanca, hija de los amos, se alió a los más pequeños,  se descastó”; su nana chamula le descubrió la tierra marcándola con un sello indeleble. En torno al conflicto entre los amos y los esclavos, los amados y los rechazados giró su obra, flor en medio de abrojos”, “vanguardista entre un pueblo de mojigatos”.

Poniatowska compara a Rosario con la protagonista de la novela Balún Canán (FCE, 1958, Premio Chiapas), que no existe, que no vale porque no tiene nombre (¿por qué hizo esto?, se pregunta la ponente). Esa fue la lucha –dice– de la autora: tener un nombre, cobrar existencia: “mi máximo es definir mi nombre plasmado en mis letras”. En su obra quizo dar nombre, rostro y significado a quienes no lo tienen. Las indígenas sin nombre son multitud y son una sola, desde su miseria. La nana al igual que Catalina Díaz Puijol lanzará su grito de rebeldía, sonará como el arpa chiapaneca que Rosario tenía en su sala de Constituyentes y que aunque no sabía tocar tanto apreciaba. Como el guiñol petul, arma eficaz para dialogar con los niños indígenas y enseñarles higiene, contrarrestar la rocola, la cocacola, las tiendas de raya…

Durante su discurso Elena Poniatowska entrevera versos de Rosario con sus palabras. No hubo ningún escritor tan abandonado, tan rechazado como ella. De todas las escritoras mexivanas, fue ella la que no se preocupó por su prestigio, fue una mujer de palabras, siempre autocríticas, provenientes de la herencia de la escritora chiapaneca que murió el 7 de junio 1975 [sic]. Para hablar de esto hubieran invitado a Juan Bañuelos…

Fue una de las mejores maestras, su voz sonaba como una campana que despertaba a sus alumnos y los hacía reír con su extraordinario sentido del humor. Ante la violenta salida del doctor Ignacio Chávez de la rectoría de la UNAM, sobrevino un periodo de zozobra e incluso intentó suicidarse, pero durante esos años cruciales publicó 14 libros, de prosa, ensayo, poesía… Ya desde el engranaje oficial, como embajadora en Tel Aviv, gritó por las mujeres y lo hizo muy enojada tratando de dilucidar qué significa ser mujer y ser mexicana. Vivió en una sociedad que no la merecía. Octavio Paz y Carlos Fuentes no fueron generosos con ella; Revueltas y Rulfo sí, pero en realidad no la amaban, lo cual no fue un impedimento para ella en ningún momento, pues ella perteneció a la estirpe de su paisano Belisario Domínguez, quien regresó de París a atender y entender a sus hermanos. Como esas jóvenes chiapanecas –concluye la escritora y periodista– de rostros redondos y cuerpos de cantarito, Rosario Castellanos sigue siendo “la niña indígena”, la que tejió su destino en un telar que ella no escogió, pero en el que urdió su gran obra, con la que siempre, desde un principio, estuvo comprometida, llevándola a los niveles más altos de la gran literatura.

Concluyó esta magna conferencia con un público enardecido que ovacionó de pie a la maestra Elena Poniatowska y, a través de su excelente discurso, a la escritora Rosario Castellanos, protagonista de este merecido homenaje.

jueves, 26 de marzo de 2015

Segunda Jornada de la Cátedra Rosario Castellanos


Hoy tuvo lugar la segunda jornada de la Cátedra Rosario Castellanos que bajo la batuta de la poeta Alejandra Atala organiza la Dirección de Difusión Cultural de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.

Abre Atala leyendo la “semblanza” de Rosario Castellanos, su poema “Autorretrato”: “Escribo. Este poema. Y otros. Y otros. / Hablo desde una cátedra. / Colaboro en revistas de mi especialidad / y un día a la semana publico en un periódico”.

La doctora Sylvia Marcos, desde las perspectivas de género y antropológica, reconoció la gran influencia de la autora chiapaneca en su trayectoria, “los dos principales temas que trata ella –dice– son a los que yo me dedico: los indígenas y las mujeres”. Su primer acercamiento fue como integrante del pequeño grupo “lucha feminista”, sólo a través de la admiración por sus escritos, pues ella pertenecía a otro nivel sociocultural y era la única forma de acercarse. Más tarde la lectura de “Oficio de tinieblas” le da los primeros conocimientos para “irme a meter con los chamulas”. Explica cómo, siendo Rosario una niña que pertenece al mundo de los “finqueros” (su padre fue un rico terrateniente) desde pequeña es amamantada por una nana indígena y “le regalan una niña indígena para que la cargara”. Es esa presencia del mundo indígena la que la autora va a retratar en su obra; la tensión más bien entre ambos mundos, que se contraponen y complementan al mismo tiempo. Habla acerca de los “espacios de poder  femenino en el mundo indígena”, las curanderas por ejemplo, como Catalina Díaz Puilja, que tienen un lugar privilegiado y reconocido en la cosmovisión y la cotidianeidad indígenas, lo cual no ocurre en nuestro mundo, por lo que no es posible expresarlo claramente en nuestro lenguaje. Y no obstante, Rosario Castellanos, que bebió de esa leche, lo expresa claramente en su lenguaje y nos lo hace tangible a través de su literatura.

En su turno, la doctora Angélica Tornero, especialista en hermenéutica y teoría literaria, leyó un fragmento de su ensayo “Identidad, memoria y lenguaje en el pensamiento de Rosario Castellanos”, escrito principalmente a partir de los ensayos de la escritora. A lo largo de su disertación habló principalmente de cómo esos ensayos, escritos durante el tercer cuarto del siglo XX, son actuales hoy día, puesto que hablan de la vocación de la autora de “entenderse” a sí misma, de comprenderse en este mundo en el que predomina “la borradura de hechos, el corte de puentes entre las generaciones, la desmemoria, el ninguneo, la univocidad…” Asimismo, tomando como ejemplo el deseo de Pedro González Winiktón de aprender el castellano para poder darse a entender (a él y a los suyos) ante los “caxlanes” (los blancos, los hacendados), la doctora Tornero hizo énfasis en esta enseñanza de Castellanos: la de la apropiación de una realidad más amplia a través de los distintos lenguajes, la de que las palabras no deben ser usadas gratuitamente, para así poder reconocer, renombrar, reconstruir el mundo…

Dolores Gutiérrez, narradora y académica especializada en la cuentística de Rosario Castellanos y de Inés Arredondo, dijo que, entre varios otros, los indígenas y las mujeres son los dos temas principales de Rosario Castellanos, pero que más ampliamente podría analizarse en su obra el binomio víctima-victimario. Centrándose en el cuento “Modesta Gómez”, incluido en la colección “Ciudad Real” (Universidad Veracruzana, 1960), Premio Xavier Villaurrutia 1961, comenzó diciendo que las primeras humillaciones que recibió esta indígena provinieron de parte de las otras sirvientas de la casa donde es entregada por sus padres como nana del niño que al llegar a la adolescencia la violará, causando que su madre la eche a la calle cuando la muchacha queda embarazada. Gutiérrez habló entonces de la doble moral, de los abusos, las vejaciones; de cómo ante todo esto los oprimidos se convierten en opresores, al igual que Modesta quien, al volverse “atajadora” para sacar adelante a sus hijos goza ejerciendo la violencia contra una indígena menor que ella a la que ataja en su camino a la ciudad para robarle la mercancía que lleva a vender. “Campo fértil para la violencia”, dijo Dolores Gutiérrez al referirse al contexto social chiapaneco del que surge ésta y otras historias de Castellanos. Faltaría agregar, “campo fértil para la literatura” que, no obstante la gran problemática que recrea la escritora con maestría, nutre, enriquece y da gran vida a esta narrativa, hoy por hoy, “Ciudad real” y “Oficio de tinieblas”, obras maestras de la literatura mexicana.


La Cátedra Rosario Castellanos cierra mañana con la conferencia magistral “Rosario Castellanos” que la escritora Elena Poniatowska ofrecerá a las 17:00 hrs. en el auditorio Emiliano Zapata, en el campus de la UAEM.

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miércoles, 25 de marzo de 2015

Hoy se llevó a cabo la primera Cátedra Rosario Castellanos que estuvo a cargo del reconocido historiador de arte y crítico de cine Ángel Miquel, acompañado por la poeta Alejandra Atala.


En este año en que se celebra el 90 aniversario del natalicio de la escritora chiapaneca Rosario Castellanos (25 de mayo de 1925-7 de agosto de 1974), la Dirección de Difusión Cultural de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos celebra la Cátedra Rosario Castellanos, un significativo homenaje a la poeta, narradora, ensayista y dramaturga (amén de haber sido maestra de literatura, funcionario cultural de la UNAM y embajadora de México en Tel-Aviv), que tuvo entre sus principales intereses la interactuación entre personajes antagónicos como los indígenas y los hacendados, la mujer y el hombre, el escritor artista y el intelectual que medra en su provecho, criticando y rechazando en todo momento el abuso de poder de parte de cualquiera de estas instancias, pues, nada ingenua, sabía que los indios pueden ser tan abyectos como los blancos; que las mujeres, que tanto se han quejado de la posición desventajosa que les dio la sociedad, pueden ser las principales causantes de este círculo vicioso que inculcan desde la cuna a sus propios hijos; y que el escritor puede corromperse en cualquier momento por las tentaciones que el medio le va poniendo en su camino.

Hoy la primera conferencia estuvo a cargo del reconocido historiador de arte y crítico de cine Ángel Miquel que disertó, ante catedráticos y alumnos de la UAEM y del público en general, sobre la novela "Balún Canán" (FCE, 1957), su primera novela, con la que inaugura la trilogía narrativa sobre el tema indígena, a la que se suman el libro de cuentos "Ciudad real" (Universidad Veracruzana, 1960), Premio Xavier Villaurrutia 1961, y la novela Oficio de tinieblas (Joaquín Mortiz, 1962), Premio Sor Juana Inés de la Cruz del mismo año. Durante su desertación, Ángel Miquel –acompañado por la poeta Alejandra Atala, quien fungió como moderadora– habló sobre la calidad literaria y humana de la escritora y estableció las diferencias entre la novela y la versión fílmica, adaptada y dirigida por Benito Alazraki en 1977. Entre las principales diferencias, Miquel señaló que la película parte de la muerte del padre, César (personaje activo y central en la novela), dando el papel de narrador a la madre, Zoraida, y quitándoselo a la niña protagonista, "lo cual –dijo Miquel- resta en la película el tono poético que tiene la novela", asimismo, la película suprime el parentesco de Enrique, el maestro rural, con César y su prima, "lo cual elimina el conflicto del incesto que priva en la novela", además de que, al suprimir el suicidio de Matilde, la prima solterona que tiene una aventura con Enrique, da un happy end a esa parte de la película. La mesa terminó con una cordial invitación a que el público se acercara tanto a esta obra de la autora, fundamentalmente para la literatura mexicana, como a la demás obras en prosa y verso de Rosario Castellanos.

Mañana, jueves 26 de marzo, la Cátedra Rosario Castellanos nos cita a las 11 de la mañana en la Biblioteca Central Universitaria, cuando Sylvia Marcos, Angélica Torneros y Dolores Gutiérrez ofrecerán al público la mesa redonda "Rosario Castellanos, hoy", y el viernes 27 de marzo, a las 17:00 hrs., Elena Poniatowska ofrecerá la conferencia magistral "Rosario Castellanos", en el Auditorio Emiliano Zapata.



jueves, 12 de marzo de 2015

Enriquecedora disertación de la Mtra. María Helena González del universo pictórico de Manuel González Serrano




En la pasada XXXVI Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, en el salón de la Academia de la Ingeniería, tuvo lugar la presentación del libro de arte La naturaleza herida: Manuel González Serrano, coeditado por el Conaculta, el INBA y el Museo Mural Diego Rivera, y comentado durante la presentación por Teresa del Conde, María Estela Duarte, Luis Rius Caso y María Helena González, sobrina del pintor y curadora de la exposición que se ha presentado en el Museo Mural Diego Rivera, en la Ciudad de México, y en el Centro Cultural Jardín Borda, en Cuernavaca.

En su momento, cada uno de los presentadores, mediante la moderación de Julio Trujillo, expusieron al público las experiencias que haber participado, ya sea en la exposición o en la publicación, les dejó al permitirles acercarse a la obra del enigmático pintor jalisciense (1917-1960), cuya breve y prolífica vida estuvo marcada por episodios de locura que se reflejan en su obra.

Así, mientras que María Estela Duarte habló del arduo trabajo de investigación y el fascinante mundo en el que se sumergió al revisar los archivos del pintor, Luis Rius destacó la gran aportación que la muestra que se presentó en el Museo Mural Diego Rivera, bajo su dirección, hace a la Escuela Mexicana de Arte y Julio Trujillo encomió la edición tripartita, producto derivado de tan magnífica muestra.

Por su parte, Teresa del Conde, congratulando a María Helena González por ser la artífice de tan notable exposición y exhortándola a continuar tan noble y notable investigación, tejió su discurso a partir de la perspectiva psicológica, en relación con la disociación que presentan los elementos de la pintura de González Serrano, y afirmó que el pintor era, en toda la extensión de la palabra, un artista surrealista que, en caso de que André Breton hubiera conocido su obra –como conoció la de Frida Kahlo–, lo habría incluido sin ninguna duda –como incluyó la de ella– en las huestes surrealistas.

A su vez, María Helena González ofreció al público una enriquecedora disertación acerca de la riqueza del universo pictórico de Manuel González Serrano, poblado de frutos, flores, plantas, troncos y aves, que representan, en muchas de las pinturas, escenas sexuales entre los elementos antropomórficos de estos reinos. Asimismo, destacó el tono melancólico y poético predominante en la obra del pintor jalisciense y la gran aportación que ésta hace al arte mexicano. Todo esto ocurrió mientras que el público disfrutaba de una proyección de las obras de las que iba hablando la crítica de arte, como Cornucopia de rosas, Fecundación, La chirimoya, Bodegón con frutas, etc.

La presentación concluyó, luego del anuncio de que esta investigación continúa y de que muy probablemente la exposición itinerará próximamente a Florencia, Italia, entre el merecido homenaje que el público rindió de pie a la maestra María Helena González.