jueves, 14 de marzo de 2013

La producción del miedo



La política de la representación de la violencia ha originado en nuestro país una polémica que lo divide en dos: de un lado están los que dicen no querer saber más del asunto y pretenden que con no enterarse de lo que sucede al lado de sus casas, no existe. Tapan el sol con un dedo. Esconden la cabeza, como los avestruces. Y de todas maneras, de vez en cuando “consumen” imágenes violentas porque no pueden no hacerlo.

Del otro lado están quienes prefieren ver, en carne viva, el sufrimiento de los demás, bien reproducido y a todo color, no sé si por el placer insano propio del morbo, o por el simple hecho gozoso de que ver que lo que le sucedió al otro no les está sucediendo a ellos. La sangre y la tortura ajenas, piensan, evidencia que estamos salvados. De momento. Pulsión de vida torpemente manifiesta.

En todo caso y por referirse a una realidad incuestionable –nuestro país es afectado como nunca por el crimen organizado-, es muy difícil tomar una postura radical al respecto. Lo que hay que comprender es que en la historia que nos toca vivir no hay víctimas ni victimarios absolutos, sino una participación colectiva de todos en la creación de un ambiente de sobresalto continuo. El altísimo consumo de contenidos relacionados con la representación del crimen es parte de la reproducción continua del mal gusto entre la población.


André Breton decía que en nuestra época “la belleza será convulsa o no será”, mientras que Baudelaire hablaba de “lo bello extravagante” como un producto de la “sensibilidad nerviosa” de la modernidad. Para los expertos en esto de la estética, el gusto posmoderno no se basa en lo natural, como en épocas pasadas, sino en la captación de lo último, lo que va a la vanguardia. Lo que está de moda es lo artificioso, al grado de que nos satisface más la descripción de un paisaje caricaturesco, informe o aterrador que una puesta de sol. Nos gusta lo feo y lo tortuoso.

Vistas así las cosas, se puede decir que nadamos entre un sinfín de imágenes de la cultura del miedo porque nos gusta: desde los descuartizados, la música de las narcobandas; desde el imaginario del cuerpo despiadadamente torturado hasta el orden de lo simbólico, todo lo que vemos nos produce recelo, aprensión, desconfianza, turbación o pavor, pero no dejamos de verlo porque todo esto es además parte de la civilización del espectáculo.


Para Mario Vargas Llosa, a quien le debemos el término “civilización del espectáculo” vivimos una revolución semántica, en la cual la incultura termina disfrazada de cultura popular, una cultura que acepta que la caca de elefante puesta en un museo es obra de arte. Para él, convertir esa natural propensión light, propia de nuestra época, a pasarlo bien tiene consecuencias a veces inesperadas y nefastas como es la banalización de la cultura, la generalización de la frivolidad y la aceptación del miedo como natural.

Lo que recibimos a diario digerido y re-presentado rimbombantemente, las muertes de los malos, de los que fueron ejecutados por sus iguales nos seguirán gustando no sólo porque intuimos que se hizo una especie de justicia divina, sino porque ya nos explicamos en mundo muy fácilmente: nosotros, los buenos morimos bonito, nosotros los buenos morimos de muerte natural, como se ve en las telenovelas. Los malos mueren feo y a las víctimas del crimen preferimos no voltear a verlas porque no nos las podemos explicar.

María Helena Noval
twitter:@helenanoval

martes, 12 de marzo de 2013

¿Ojos que no ven?

1. Según el periodista Carlos Loret de Mola, en su columna titulada “Aunque Peña no hable de muertos”, publicada en estas páginas el 17 de enero pasado, las ejecuciones en el país van a la alza pero se publican menos. Según su nota, la realidad cotidiana contrasta acremente con la política de comunicación del Presidente de la República, misma que busca esquivar el amarillismo y minimizar el peso mediático de los temas de violencia. La sangre, las balaceras, los cadáveres y la zozobra que aqueja a las sociedades de muchos lugares del país –dice–, siguen afectando el ánimo y las vidas de todos, pero como parte de su estrategia de combate a la delincuencia, el priista busca no sólo diferenciarse de su antecesor, sino que su gobierno luzca centrado en otros asuntos.  

¿Qué se pretende con esta decisión que atañe a las miradas, a la percepción de la realidad por parte de los ciudadanos del mundo? De un lado se podría pensar que es buena idea no convertir en protagonistas a los criminales: muchas veces se ha dicho que el deseo de figurar de estos truhanes es lo que los impulsa a actuar vilmente; y hay algo de realidad en ello, toda vez que los mismos medios nos han inculcado la idea de que cualquier cosa vale los 5 minutos de fama de los que hablaba el artista pop Andy Warhol.


De la mano de esta consideración está el hecho de que la publicación en primeros planos, de las fotografías de las víctimas del crimen, se convierte en una especie de catálogo de ejemplos a seguir, en una especie de recetas para la tortura: hoy, por ejemplo, los descuartizados están de moda. Tal consideración se desgrana asimismo en otras versiones, la más aceptada es aquella que indica que si consumimos violencia, producimos violencia. Pero ¿cómo explicar entonces que en Estados Unidos, en donde se consume mucho más violencia a través de los medios –cine, novelas de horror, especial gusto por la literatura policíaca— no se produzcan tantos descabezados como aquí?

La respuesta a estas y otras preguntas de orden estético, relacionadas con la política de representación del crimen en los medios, involucra aspectos éticos que vale la pena tomar en cuenta; uno de ellos se resume en la pregunta ¿ojos que no ven, corazón que no siente? Por el mero hecho de no enterarnos, ¿dejaremos de sentirnos preocupados por la violencia?
   
2 Las imágenes mediatizadas de la crueldad nacen durante el Barroco, cuando los pintores comenzaron a acostumbrarnos a las representaciones realistas de los cuerpos torturados de los mártires cristianos. Antes de eso, en la época medieval, a los cuerpos de los mártires se les representaba “gozando” el sacrificio, pues eso los acercaba a la santidad, que no era otra cosa más que buscar el parecido con la imagen cristiana.


Tertuliano, entre los siglo II y III d. C., aconsejaba a los hombres de fe soportar el sufrimiento. Pero las cosas de la antigüedad han dado paso a una posmodernidad en la que la fe no juega un papel. Hoy el sufrimiento no se considera redituable y las personas no estamos dispuestas a soportar la violencia de la que somos víctimas. La veamos o no. El Complejo del Semejante del que hablaba Freud nos hace sufrir en carne propia todo aquello de lo cual nos enteramos, aunque no lo veamos en vivo y a todo color, mediante las imágenes televisadas o impresas.

El hecho de que disminuya su presencia cotidiana como resultado de una disposición gubernamental tal vez nos tranquilice un poco y por un momento lleguemos a pensar que estamos viviendo en una sociedad que avanza moralmente.

Pero como todo se sabe tarde o temprano –y el hecho de que no se vean las cosas no implica que no existan–, llegará un momento en el que esta medida se califique como censura, como acotamiento de la libertad de expresión de los medios.

A quienes oculten la realidad tarde o temprano se les puede voltear el chirrión por el palito: corren el riesgo de perder credibilidad. La disyuntiva no reside entonces en si se presenta la violencia, sino en cómo se presenta.
María Helena Noval
twitter:@helenanoval

Cumplen 68 años de disciplina

Con motivo del 68 aniversario del Colegio militarizado Cristóbal Colón, se llevó a cabo un acto cívico en memoria del padre Armando Vargas Caraza, fundador de la institución.


Los alumnos de preescolar, primaria, secundaria y preparatoria participaron en el evento, el cual tuvo por objetivo mantener entre la comunidad estudiantil el compromiso de servir con disciplina a la sociedad morelense, declaró María Helena Noval, directora de Cultura de la escuela.

“Cumplir un aniversario más nos compromete a mantener vivo el espíritu del padre Armando, que nos dejó un legado y un compromiso con la niñez, así como una formación académica basada en la disciplina que tanto urge poner en práctica en esta sociedad tan desordenada”, dijo.

Durante la ceremonia, 10 jóvenes subieron de rango, es decir, de soldado E1 pasaron a soldado E2. Asimismo, quienes integran el equipo deportivo realizaron una muestra de lo que han aprendido en sus clases de karate.


“A los niños les damos clases de deportes, así como formación y cultura artística; para el año que entra se cumplirá el natalicio número 100 del padre Armando y tendremos festejos al respecto. Trabajaremos para que nuestra comunidad salga lo mejor preparada”, aseveró.

Posteriormente, se inauguró la exposición colectiva de maestros y padres de familia, la cual reunió la pintura, dibujo y fotografía de seis miembros de la comunidad escolar Cristóbal Colón.

María Helena Noval
helenanoval@yahoo.com.mx
http://www.diariodemorelos.com/article/cumplen-68-a%C3%B1os-de-disciplina
twitter:@helenanoval

lunes, 21 de enero de 2013

Don Roberto Calleja, un coleccionista fuera de serie

Si se pudiera mapear la mente de un coleccionista, el resultado daría una representación ordenada, llena de rutas lógicas; sus hermosos tesoros, decorados a gusto del hacedor del mapa, indicarían sus ideales, sus propósitos, sus fines, sus empresas. Su lugar en el mapa señalaría las metas de una vida, el corazón del coleccionista, su lugar de llegada.
La mente del acumulador, nos daría en cambio, la impresión de una maraña.
Me atrevo a hablar en términos gráficos de las ambiciones que caracterizan a quienes dedican su vida a recolectar objetos, porque a veces resulta fácil meterlos a todos en el mismo cajón y no debemos hacerlo: la búsqueda de obras curiosas, artísticas o antiguas implica un manejo emocional muy diferente para cada vocación.
Según la especialista Ana Garduño, el coleccionista se caracteriza porque se va profesionalizando, conoce sus objetos, tiene claro lo que busca, da un mensaje al público a través de su colección y pretende hacerla pública. A diferencia de este connaisseur, el acumulador sobre todo recolecta, amontona, rellena su espacio vital de objetos diversos, sin preocuparse demasiado por adjudicar categorías, ya que lo que le interesa prioritariamente es la suma de aquellos objetos que ama. Este amante de los objetos no sigue una estrategia. Llena un almacén.
Según la Dra. Teresa del Conde --a quien le gusta coleccionar historias de coleccionistas--, las pesquisas del coleccionista son individuales, disfruta cada uno de sus hallazgos, es dueño de una biblioteca, gusta de mostrar sus tesoros y espera sobrevivir a través del conjunto que ha reunido. Es un don Juan de los objetos.
Vistas así las cosas, cuando llega uno a casa de un verdadero devoto de los objetos, hay que quitarse el sombrero: está uno frente a un profesional enamorado del diseño, frente a alguien que suele terminar soportando intelectualmente su vocación porque investiga, clasifica, exhibe, valora y cuida con el alma lo que posee.
Hace tiempo que he querido dedicarle al Sr. Roberto Calleja Garibay estas reflexiones. No sólo porque el tema del coleccionismo en Morelos es un gran asunto pendiente –no se han estimulado ni difundido en este estado el coleccionismo privado o el público--, sino porque estando frente a los miles de objetos que ha ido él coleccionando, queda uno con la boca abierta y los ojos cuadrados: ¿de dónde ha sacado tanta energía, tanto amor, tanta paciencia, tanta lealtad? ¿De dónde le nace este "espíritu de cacería”?
Escuchando sus explicaciones me queda claro que los objetos que con él viven –porque él los hace vivir al señalarnos sus particularidades, al accionarlos, al contarnos su historia--, están listos para mostrarnos una época, un uso, una costumbre, las diversas nociones de belleza y de funcionalidad que se han dado en la historia, el poder del objeto como transmisor de significados.
Lo que más me llama la atención después de la mágica visita a la que fui convidada, es la especialización que puede llegar a alcanzar la mirada. Las nociones de semejanza y distinción cobran un poder inusitado frente a cada exhibición: las llaves son llaves, las planchas son planchas y los fonógrafos son fonógrafos, pero he aquí, que no todos son iguales, cada uno requirió un diseño y un material específico y fue resuelto de una manera siempre innovadora. Semejantes, pero diferentes, todos piden una mirada diferente.
No me despido sin recordar que la formación de públicos es uno de los grandes asuntos a resolver hoy en día en el mundo cultural. El sueño de quienes se dedican a promover políticas culturales pensadas en función de la identidad de los pueblos pudiera hacerse realidad si se entiende que coleccionar objetos no sólo habla de consumismo y apertura de mercados, sino de amor por el pasado y un afán revisionista de nuestra historia.
Entonces: ¿por qué no dedicarle un museo de autor a éste generoso morelense por adopción, quien se ha encargado de hacernos entender que la creatividad humana es un asunto inspirador, emocionante, digno, museable y redituable?Ω 
 
 
María Helena Noval
twitter:@helenanoval
 

martes, 8 de enero de 2013

De sobremesa con Eduardo Tamariz y Tely Duarte

Lo ocurrido hace unas semanas a la escultura del Generalísimo José María Morelos y Pavón, elaborada en bronce, en 1985 por el Maestro Ernesto Tamariz se ha tornado nota nacional por la indignación que ha generado entre propios y extraños: no sólo se trata del agravio a la figura fundante de nuestra entidad, terrible acto simbólico, se trata de una muestra fehaciente de la descomposición social que vivimos. La enfermedad es mundial, la búsqueda en la red sobre el tema “vandalismo contra obras de arte” arroja más de 300 000 entradas, la siguiente es una de las investigaciones más sintéticas y representativas al respecto:http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2012/10/121009_mark_rothko_obras_vandalismo_mr.shtml

Comparto lo que en amena charla de sobremesa tratamos ayer el escultor Eduardo Tamariz, hijo de Ernesto Tamariz (1904-1988), autor de importantísimos monumentos cívicos ubicados en varias ciudades del país, Tely Duarte curadora de la muestra que se le prepara al autor para este verano en el Museo Casa Estudio Diego Rivera (Ciudad de México), el también escultor Isaac Tamariz, nieto del autor y Adriana Clemente, asistente curatorial, porque nos permite entender tanto el proceso creativo de la pieza que nos ocupa, como los trabajos que llevarán a su restitución en el lugar que es frontera simbólica de la entidad, tránsito mágico entre dos paisajes. 

“En 1986, al inaugurarse a pie de carretera la estatua dedicada al General Morelos, mi padre aseguraba que su obra estaba pensada para durar siglos, pero no le duró más que 27 años por lo sucedido a manos de estos bárbaros” --dice Eduardo Tamariz, quien firmó junto con Artemio Silva y su padre, la pieza, en 1985--. La obra se restituirá, no se restaurará porque el daño fue mayor y porque el armazón interior está oxidado. Hay aplastamientos irreparables por la caída y el arrastre de la pieza. El proceso de restauración sería complicadísimo y mucho más costoso. La obra monumental fue cortada con discos, y dado que no estaba bien anclada, el daño fue inmenso. Al final sus siete metros de altura sirvieron de palanca para derribarla, sin mucho esfuerzo, desde el plinto en el que reposaba. Este acto de vandalismo debió haberse hecho ocasionando mucho ruido, qué raro que nadie se dio cuenta”.

Ante el recuento de los daños, la pregunta de cuáles son los pasos a seguir llevan al maestro a declarar que el bronce que quedó, básicamente el del cuerpo del caballo, mucho más difícil de recortar, sí se va a reutilizar: “no se pueden trabajar las extremidades faltantes y pegárselas, se las arrancaron como a un pollo rostizado. Además está el hecho de que el material encoje durante las fundiciones y sería imposible empatar medidas y hacer que todo encajara sin que se notaran parches. La pieza es muy complicada, cuando la hicimos, tuvimos que hacerle una base giratoria especial para poder trabajarla y estaba sostenida por tres piernas. 

¿Cómo era el proceso creativo de tu padre?

Al final Tamariz trabajaba sin inspirarse en iconografía, ya había hecho varios Morelos (Ciudad Serdán, Puebla; Tenancingo y Toluca, Edo de México, Cuautla, Morelos, Unidad Eduardo Molina del Seguro Social, varios para logia masónica en la Ciudad de México, además de varios bustos).  Aunque he de decir que sí, en algún momento se basó para el rostro del general en unos retratos de Bethoveen realizados por Emile Antoine Bourdelle, para un Morelos que le pidió el gobernador del Estado de México Alfredo Zárate Albarrán, por cierto pariente del también escultor Luis Albarrán Pliego. Este Morelos lo realizó equiparando, de acuerdo a los ideales clásicos, belleza con bondad; aquí se trata claramente del ideal del héroe traducido a la forma. 

MHN: ¿Qué nos puedes decir del otro Morelos que hizo para nuestro estado?

ET- El primer Morelos que hizo para el estado que lleva su nombre fue una figura sedente, la hizo en 33 o 34, luego esta pieza vine a encontrarla en otra parte de la ciudad, en casa de un doctor quien me enseñó un reportaje publicado en los días de su inauguración, documento que se verá en la muestra organizada por la maestra Monserrat Sánchez Soler, quien tuvo a bien recuperar para la historia del arte mexicano la obra de mi padre; pero este Morelos sentado ya no era la que había hecho él, ese en el que se sentaban los niños frente al Palacio de Gobierno. El que vi era ya se trataba de una obra rehecha, lo único que quedaba del vaciado en concreto original, copiadas de las propias, como a veces hacemos los escultores. El rostro se veía duro. 

Vale la pena aclarar, que según el cronista Víctor Cinta, quien ha estado realizando interesantísimas y muy serias investigaciones al respecto, la pieza de la que habla Tamariz fue trasladada al Balneario Las Pilas, en Jonacatepec. El mismo Cinta llama la atención sobre el hecho de que además tenemos otra escultura perdida, se trata del Morelos que estaba en la carretera federal, antes del de Tamariz, del escultor Everardo Hernández, inaugurado en 1953 por el gobernador López de Nava. 

MH: Tely, ¿cómo va el guión curatorial de la muestra que preparas para el mes de julio?

La muestra se llamará “Épica y Gloria Monumental. Ernesto Tamariz 1904-1988” porque está muy claro el hecho de que fue un artista de importantes encargos. Realizó más de 40 obras monumentales, además de todas las que hizo para honrar a personajes históricos o recordar algunos hechos importantes. El guión incluye monumentos con visión de sitio, monumentos con proyección arquitectónica y urbanística, figuras ecuestres, los retratos de grandes humanistas como Platón y figuras solas como Leona Vicario, o las de los personajes ubicados en Paseo de la Reforma. Además están las esculturas funerarias y las religiosas. Es un trabajo de rescate documental que deberá incidir en la memoria cívica de los espectadores de manera importante. Además, lo que hay que decir es que se suman las circunstancias para una feliz resolución que va del trabajo de investigación al servicio de la cultura. Es suma de voluntades. Para mí es parte del “Maratón Guadalupe-Reyes”: todo esto empezó con la noticia de la desaparición de la pieza el 11 de diciembre y se cierra hoy, Día de Reyes, con las declaraciones del Sr. Gobernador sobre lo que vendrá en materia de rescate patrimonial. Ω 



María Helena Noval
twitter:@helenanoval

Ernesto Tamariz: autor de la escultura ecuestre del General Morelos desaparecida hace unos días

Mientras que la ciudad de Cuernavaca se experimenta, por las fechas que se avecinan, como un contexto en el que se anhela la fiesta en paz, el trayecto que une la metrópoli con nuestro estado se ha convertido en el foco de atención de cientos de personas que se preguntan por el destino de la escultura ecuestre del General José María Morelos y Pavón, ubicado en el KM. 48.600 de la carretera federal, desaparecida hace unos días. Las declaraciones oficiales señalan que la pieza sí fue atacada por vándalos y advierten que será restaurada para ser repuesta en su lugar. 

1.La escultura ha cumplido siempre con una función social: siendo discurso visual, los contenidos simbólicos, identitarios, territoriales o políticos que logra transmitir se convierten en detonadores de juicios de valor y de actitudes comunitarias normalmente positivas; no obstante, los tiempos que corren demuestran, asimismo, como los juicios de valor estético han dado paso a consideraciones mezquinas y reprobables, basadas en el valor comercial del bronce, materia prima de muchas de las esculturas urbanas que decoran las ciudades del país. 

De acuerdo con la investigadora y curadora María Estela Duarte, quien prepara para junio de 2013 la muestra titulada “Épica y Gloria Monumental: Ernesto Tamariz 1904-1988” para el Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo: “Este acto de vandalismo reporta un grave daño al patrimonio artístico de la nación porque Tamariz, originario de Villa de Acatzingo, Puebla, es uno de los escultores más importantes de la historia del arte moderno mexicano”. La especialista, desde 1987, en lo que se ha dado en llamar Escuela Mexicana de Escultura añade que: “A pesar de que es el escultor más alejado en inspiración precolombina, porque sus formas son clásicas, lo que importa es el contenido y el espíritu del nacionalismo que logra transmitir a los espectadores de sus piezas. Él fue un escultor que trabajó muchísimo, fueron 60 años de vida productiva, pensando en los valores plásticos como transmisores de valores cívicos y estéticos. Manejó el orgullo del héroe como nadie, su obra deja ver las nociones de enjundia, valor, identidad propia; y todo, esto lo logra sin copiar modelos físicos, lo interesante es que los desarrolla en la imaginación, logrando que al final uno se crea al héroe, su señoría, la grandeza del espíritu noble que se torna ejemplar y lo hace a partir del manejo gestual, las actitudes, la fortaleza de la expresión, los movimientos de los paños, el dominio del material, la composición monumental. Sus piezas no son frías, a pesar de que se trata de estatuaria oficial. Tamariz es un autor al que hay que reconsiderar como uno de los pilares del imaginario colectivo porque logró dejar monumentos en todo el país, siendo el más destacado el Monumento a los Niños Héroes ubicado en Chapultepec desde 1952.”

Como sucede con los grandes artistas, su trayectoria no solamente abarca la gesta histórica, sino que además produjo escultura funeraria y religiosa de primerísima calidad. Trabajó la talla en madera y también fue pintor, incluso ganó el primer premio, en 1926, del proyecto para unos murales titulados “Apuntalando la mina”, expuestos con bombo y platillo en el Palacio de Minería (los murales finalmente no se pintaron). 

También fue caricaturista, pero la vida lo definió como escultor de encargos, dedicando gran parte de su vida a cumplir patrocinios del estado y de la iglesia. Hizo el Zapata de pie que se encuentra en Cuautla y que se distingue por portar una capa larga y estar frente a una mazorca; las Puertas de la Suprema Corte de Justicia, el Altar Mayor de la Catedral Metropolitana en tecali; la Virgen de Guadalupe para la Iglesia de Lourdes en Francia; la escultura monumental del Papa Juan Pablo II en la Basílica de Guadalupe, algunas piezas para el Instituto Mexicano del Seguro Social, el Xicontéclatl de Tlaxcala, el Allende en mármol para hornacina de la Casa Allende en San Miguel de Allende, Guanajuato; y las esculturas ecuestres de Miguel Hidalgo, Mariano Jiménez e Ignacio Allende, similares a la hoy desaparecida del General Morelos, ubicadas en el Monte de las Cruces, en el Estado de México, para las cuáles habría que tonar las previsiones necesarias para que no sufran actos de vandalismo como sucedió en este caso, pues ni siquiera se encuentran a pie de la carretera, como éste. 

2.Ernesto Tamariz no tuvo en vida una exposición retrospectiva porque se la pasó trabajando para mantener a sus 6 hijos, pero sí participó en varias muestras colectivas. El presidente Miguel de la Madrid le prometió y no le cumplió, la publicación de una monografía dedicada a su obra. Esto consta en los archivos del escultor, en los cuales actualmente trabajan 3 investigadores y dos de sus hijos, bajo la supervisión de la señora Duarte; el objetivo es dar a conocer la gran cantidad de piezas públicas que elaboró, piezas que hoy son referentes urbanos.  En dicho archivo se encuentra la autobiografía que escribió, un texto confesional y anecdótico digno de publicación, porque además de recrear el contexto artístico que vivió, cuenta anécdotas sobre su proceso creativo, cómo aquella que habla de cómo yendo rumbo a su taller, vio las flamas de una fábrica de vidrio, y eso lo llevó a crear la columnata flamígera que sirve de base a los Niños Héroes, ubicada en Chapultepec.
 
3.Según los documentos que consulté para este reportaje especial de DDM, la pieza hoy desaparecida se la encargó el gobernador Lauro Ortega Martínez, junto con otras 7 obras, el 27 de junio de 1985. El costo del trabajo ascendía a 31 millones de pesos, más 9 millones por concepto de la fundición a la cera perdida, en el Taller Escultura y Fundición Maldonado. Además, Tamariz le ofreció un Morelos a pié que no sabemos si se hizo o no, el Zapata para Cuautla de 6 metros a pie y otras piezas. El tiempo de entrega estimado era de 13 meses, no obstante, debido a las dificultades técnicas implicadas en la elaboración de la pieza y pese a la ayuda de Artemio Silva y su hijo Eduardo Tamariz, la obra no estuvo a tiempo, impidiéndole a Don Lauro inaugurarla el 30 de septiembre, como estaba planeado.  Este retraso le causó gran molestia y por ello le mandó una carta al artista, el 16 de octubre del mismo año, increpándolo a presentar la obra en un nuevo plazo estipulado por él, so pena de cancelarle los contratos. 

Lo que vale la pena destacar de este pasaje de la historia del arte morelense, es lo que Tamariz le contesto a Don Lauro; en su misiva, escrita a máquina el 20 de octubre, le dice que en materia de arte las especificaciones de los expedientes salen sobrando, que la realidad es diferente, que las obras de arte no son productos de una industria, que en su elaboración se multiplican los problemas artísticos, que el modelo de plastilina tiene que satisfacer plenamente al escultor y que aún cuando se alargue el plazo de entrega, primero está la calidad artística. Añade: “¿Qué importa si una escultura monumental se retrasa en su develación unos días, si va a ser admirada durante cientos de años, por muchas generaciones de personas? ¿Qué se debe preferir, ejecutar un “marmarracho” en tres meses, por cumplir un plazo corto exigido en un papel, o realizar una obra de arte que represente a un Héroe en toda su dignidad y gallardía y durante siglos sea admirada recordando elogiosamente el nombre del autor y el estadista que la mandó construir? Con estas obras no hay que coartar la libertad del artista creador… Me apena mucho su amenaza de castigarme económicamente si no cumplo en el tiempo especificado, pues eso me obliga a que mi mejor obra, el Morelos a caballo, la ejecute de prisa, y mal, y no pueda superar con creces el “morelote” que con razón detesta usted. Estoy trabajando al máximo de tiempo, le ruego me deje trabajar en libertad de acción y esté usted seguro de que cumpliré como es debido.”

4.Tales declaraciones sirven para dar cuenta de que nuestro estado es depositario de obras de incalculable valor artístico e histórico. Eduardo Tamariz, hijo del célebre escultor, quien asistió a su padre durante la elaboración de esta pieza, está dispuesto a colaborar para que la muestra retrospectiva cumpla parte de su itinerancia en tierras morelenses. 

Creo que las autoridades responsables del proyecto de restauración de esta pieza, supuestamente resguardada por CAPUFE deben acercarse a él pues además de ser el experto en la obra de su padre, cuenta con la maqueta a escala en yeso, en su taller, ubicado en la col. Guadalupe Insurgentes de la Ciudad de México. Ω

Otras piezas del maestro Ernesto Tamariz:

El autor se dedicó asimismo a la escultura religiosa y por ejemplo en el caso de los arcángeles Gabriel Rafael, Uriel y Miguel de mármol de carrara, de una sola pieza para el Panteón del Tepeyac o las piezas dedicadas a las representaciones Padre Plancarte y Pío X en la Basílica de Guadalupe, en la Ciudad de México, o la Cripta de la Familia Mundet en el Panteón Español. 

La Victoria del 5 de Mayo para el Fuerte de Loreto y Guadalupe (1961), el Monumento a los Defensores de Puebla, el retrato de José Vasconcelos en San Ildefonso, el de Leona Vicario en la Plaza de Santa Catarina, el Martí de la Alameda en Cuba, el Monumento a Manuel M. Ponce en la Rotonda de los H ilustres….Para el cine latino los medallones dedicados a las razas latina e indígena, los retratos, desde 1924 de Raquel Tibol, Pablo de Ballester, Juan José Arreola, etc. 

María Helena Noval
twitter:@helenanoval



martes, 18 de diciembre de 2012

"Índice": de cómo el artista se relaciona con los libros y los convierte en obras artísticas.

Con mucho gusto inauguramos Gustavo Pérez Monzón, Andrea Torreblanca y yo, la semana pasada en la Galería de Arte del Colegio Cristóbal Colón, la muestra titulada "Índice", y lo hicimos de muy buena gana, no sólo porque la misma se gestó como trabajo final del primer semestre de la maestría en artes visuales de la UAEM, sino porque recibir a dos de los artistas del colectivo Planta Baja, a quienes no les permitieron seguir exponiendo en el mal llamado Museo de la Ciudad por pura ignorancia, se convierte en un acto de justicia y en un llamado de atención para las autoridades municipales, quienes dicen una cosa y hacen otra: ¿están dispuestos o no a apoyar el trabajo de los jóvenes artistas formados en la entidad?¿sabrán estos responsables de los espacios públicos que el patrimonio de mañana es el arte que se crea hoy?

Andrea Torreblanca, curadora asociada del Museo Tamayo tuvo a bien guiar las reflexiones de Gabriel Garcilazo, Jaime Colín, Bela Límenes y Marie- Christine Camus en torno a esos objetos llamados libros. En el texto de sala que escribió para abrir la muestra, explica que la relación que establecemos los lectores con esos objetos es abierta y da pie a la creación de otros textos, mismos que escritos o sólo pensados por cada uno de nosotros, pueden transformarse en obras artísticas.

Para la muestra que reseñamos, cada uno de los 4 artistas escogió un libro de base: El Libro Vaquero, un libro sobre consejos de belleza de principios de siglo, uno que contiene mapas de guerra y otro sobre astronomía, con todo y sus diagramas.

Éste último fue aprovechado por Jaime Colín, quien no deja de sorprenderme con sus hallazgos y sus refinamientos en torno al dibujo --siempre el dibujo en su cabeza-- para una vez descontextualizados, hacernos pensar en la fragilidad de los conceptos frente a la pervivencia y la fuerza de la expresión lineal. Proyectados en los muros de la galería por medio de un proyector de acetatos, lo que queda de estos diagramas es la suma de valores estéticos propios del dibujo: líneas, luz, sombra, longitud, entrecruzamientos, planimetría.

Gabriel Díaz Garcilazo trabajó una serie de construcciones de papel hechas con hojas del Libro Vaquero. Las pequeñas maquetas aluden al proceso de autoconstrucción que caracteriza a las urbes mexicanas. Los mexicanos "echamos un cuartito", la familia crece, le añadimos otro cuartito y así constantemente, hasta que los complejos urbanos, sobre todo los de la periferia de las ciudades, terminan poco a poco convirtiéndose en un conglomerado desordenado de habitaciones que reflejan condiciones sociales, económicas, estéticas y emocionales de las familias mexicanas. Muy significativo resulta el hecho de que Gabriel haya añadido textos que van del "mmmm" puesto al lado de la casita que representa el anhelo de la familia naciente, a las tan significativas  onomatopeyas: AAAAH!!, AY! AY!, OUGHJ !, AAAAAAAAGH!, ¿EH?, UUUUUUUUUH!,, MUJM!, UUUF!, TOC, en el caso del último escenario, una masa de voces quejumbrosas, lastimadas por el hacinamiento. Esta obra recuerda el espíritu de las obras del Bosco.










La francesa Marie-Christine Camus editó una serie de vídeos que presentan mapas de guerra para mostrarnos lo absurdo de éstas y lo poco que nos relacionamos con el entorno. Los mapas sólo muestran límites que se mueven, conceptos, apropiaciones del espacio. La guerra vista en papel deja de ser humana, sólo son grafías, representaciones. Imágenes que no tienen su espejo en la realidad. El vídeo que editó y presenta en un monitor, hace más absurda todavía la relación del hombre con su entorno, lo vivimos en papel, no hay ni un solo rastro de la naturaleza en este sistema de significantes llamado historia de las guerras.

Por su parte, Bela Límenes trabaja la relación de la mujer de principios del siglo XX con su cuerpo, a partir de la interpretación de un libro de consejos de belleza. Sigue los consejos y los convierte en imágenes esteroscópicas que luego pega en una mampara. Así, además de recordar uno de los artificios más gustados de principios de siglo, estas curiosidades que convierten dos imágenes en una (la mirada en tercera dimensión), evidencia los cánones estéticos del pasado, pensados siempre en función de la mirada masculina. Es importante destacar que la mirada es, en este caso, el asunto principal de su trabajo.

La muestra estará abierta en la Galería de Arte del Colegio Cristóbal Colón, Ave. Morelos 345, Centro, hasta las 6 de la tarde, durante esta semana. Vale la pena acercarse al trabajo de estos artistas, quienes están haciendo la historia del arte morelense por genuina vocación.














María Helena Noval 
 helenanoval@yahoo.com.mx        
Twitter: @helenanoval