Mientras que la ciudad de
Cuernavaca se experimenta, por las fechas que se avecinan, como un contexto en
el que se anhela la fiesta en paz, el trayecto que une la metrópoli con nuestro
estado se ha convertido en el foco de atención de cientos de personas que se
preguntan por el destino de la escultura ecuestre del General José María Morelos
y Pavón, ubicado en el KM. 48.600 de la carretera federal, desaparecida hace unos días. Las declaraciones oficiales señalan que la pieza sí fue atacada
por vándalos y advierten que será restaurada para ser repuesta en su lugar.
1.La escultura ha cumplido siempre
con una función social: siendo discurso visual, los contenidos simbólicos,
identitarios, territoriales o políticos que logra transmitir se convierten en
detonadores de juicios de valor y de actitudes comunitarias normalmente
positivas; no obstante, los tiempos que corren demuestran, asimismo, como los
juicios de valor estético han dado paso a consideraciones mezquinas y
reprobables, basadas en el valor comercial del bronce, materia prima de muchas
de las esculturas urbanas que decoran las ciudades del país.
Como sucede con los grandes
artistas, su trayectoria no solamente abarca la gesta histórica, sino que además
produjo escultura funeraria y religiosa de primerísima calidad. Trabajó la talla
en madera y también fue pintor, incluso ganó el primer premio, en 1926, del
proyecto para unos murales titulados “Apuntalando la mina”, expuestos con bombo
y platillo en el Palacio de Minería (los murales finalmente no se pintaron).
También fue caricaturista, pero
la vida lo definió como escultor de encargos, dedicando gran parte de su vida a
cumplir patrocinios del estado y de la iglesia. Hizo el Zapata de pie que se
encuentra en Cuautla y que se distingue por portar una capa larga y estar frente
a una mazorca; las Puertas de la Suprema Corte de Justicia, el Altar Mayor de la
Catedral Metropolitana en tecali; la Virgen de Guadalupe para la Iglesia de
Lourdes en Francia; la escultura monumental del Papa Juan Pablo II en la
Basílica de Guadalupe, algunas piezas para el Instituto Mexicano del Seguro
Social, el Xicontéclatl de Tlaxcala, el Allende en mármol para hornacina de la
Casa Allende en San Miguel de Allende, Guanajuato; y las esculturas ecuestres de
Miguel Hidalgo, Mariano Jiménez e Ignacio Allende, similares a la hoy
desaparecida del General Morelos, ubicadas en el Monte de las Cruces, en el
Estado de México, para las cuáles habría que tonar las previsiones necesarias
para que no sufran actos de vandalismo como sucedió en este caso, pues ni
siquiera se encuentran a pie de la carretera, como éste.
2.Ernesto Tamariz no tuvo en vida
una exposición retrospectiva porque se la pasó trabajando para mantener a sus 6
hijos, pero sí participó en varias muestras colectivas. El presidente Miguel de
la Madrid le prometió y no le cumplió, la publicación de una monografía dedicada
a su obra. Esto consta en los archivos del escultor, en los cuales actualmente
trabajan 3 investigadores y dos de sus hijos, bajo la supervisión de la señora
Duarte; el objetivo es dar a conocer la gran cantidad de piezas públicas que
elaboró, piezas que hoy son referentes urbanos. En dicho archivo se encuentra
la autobiografía que escribió, un texto confesional y anecdótico digno de
publicación, porque además de recrear el contexto artístico que vivió, cuenta
anécdotas sobre su proceso creativo, cómo aquella que habla de cómo yendo rumbo
a su taller, vio las flamas de una fábrica de vidrio, y eso lo llevó a crear la
columnata flamígera que sirve de base a los Niños Héroes, ubicada en
Chapultepec.
3.Según los documentos que consulté
para este reportaje especial de DDM, la pieza hoy desaparecida se la encargó el
gobernador Lauro Ortega Martínez, junto con otras 7 obras, el 27 de junio de
1985. El costo del trabajo ascendía a 31 millones de pesos, más 9 millones por
concepto de la fundición a la cera perdida, en el Taller Escultura y Fundición
Maldonado. Además, Tamariz le ofreció un Morelos a pié que no sabemos si se hizo
o no, el Zapata para Cuautla de 6 metros a pie y otras piezas. El tiempo de
entrega estimado era de 13 meses, no obstante, debido a las dificultades
técnicas implicadas en la elaboración de la pieza y pese a la ayuda de Artemio
Silva y su hijo Eduardo Tamariz, la obra no estuvo a tiempo, impidiéndole a Don
Lauro inaugurarla el 30 de septiembre, como estaba planeado. Este retraso le
causó gran molestia y por ello le mandó una carta al artista, el 16 de octubre
del mismo año, increpándolo a presentar la obra en un nuevo plazo estipulado por
él, so pena de cancelarle los contratos.
Lo que vale la pena destacar de
este pasaje de la historia del arte morelense, es lo que Tamariz le contesto a
Don Lauro; en su misiva, escrita a máquina el 20 de octubre, le dice que en
materia de arte las especificaciones de los expedientes salen sobrando, que la
realidad es diferente, que las obras de arte no son productos de una industria,
que en su elaboración se multiplican los problemas artísticos, que el modelo de
plastilina tiene que satisfacer plenamente al escultor y que aún cuando se
alargue el plazo de entrega, primero está la calidad artística. Añade: “¿Qué
importa si una escultura monumental se retrasa en su develación unos días, si va
a ser admirada durante cientos de años, por muchas generaciones de personas?
¿Qué se debe preferir, ejecutar un “marmarracho” en tres meses, por cumplir un
plazo corto exigido en un papel, o realizar una obra de arte que represente a un
Héroe en toda su dignidad y gallardía y durante siglos sea admirada recordando
elogiosamente el nombre del autor y el estadista que la mandó construir? Con
estas obras no hay que coartar la libertad del artista creador… Me apena mucho
su amenaza de castigarme económicamente si no cumplo en el tiempo especificado,
pues eso me obliga a que mi mejor obra, el Morelos a caballo, la ejecute de
prisa, y mal, y no pueda superar con creces el “morelote” que con razón detesta
usted. Estoy trabajando al máximo de tiempo, le ruego me deje trabajar en
libertad de acción y esté usted seguro de que cumpliré como es
debido.”
4.Tales declaraciones sirven para
dar cuenta de que nuestro estado es depositario de obras de incalculable valor
artístico e histórico. Eduardo Tamariz, hijo del célebre escultor, quien asistió
a su padre durante la elaboración de esta pieza, está dispuesto a colaborar para
que la muestra retrospectiva cumpla parte de su itinerancia en tierras
morelenses.
Creo que las autoridades
responsables del proyecto de restauración de esta pieza, supuestamente
resguardada por CAPUFE deben acercarse a él pues además de ser el experto en la
obra de su padre, cuenta con la maqueta a escala en yeso, en su taller, ubicado
en la col. Guadalupe Insurgentes de la Ciudad de México. Ω
Otras piezas del maestro Ernesto
Tamariz:
El autor se dedicó asimismo a la
escultura religiosa y por ejemplo en el caso de los arcángeles Gabriel Rafael,
Uriel y Miguel de mármol de carrara, de una sola pieza para el Panteón del
Tepeyac o las piezas dedicadas a las representaciones Padre Plancarte y Pío X en
la Basílica de Guadalupe, en la Ciudad de México, o la Cripta de la Familia
Mundet en el Panteón Español.
La Victoria del 5 de Mayo para el
Fuerte de Loreto y Guadalupe (1961), el Monumento a los Defensores de Puebla, el
retrato de José Vasconcelos en San Ildefonso, el de Leona Vicario en la Plaza de
Santa Catarina, el Martí de la Alameda en Cuba, el Monumento a Manuel M. Ponce
en la Rotonda de los H ilustres….Para el cine latino los medallones dedicados a
las razas latina e indígena, los retratos, desde 1924 de Raquel Tibol, Pablo de
Ballester, Juan José Arreola, etc.
María Helena Noval
twitter:@helenanoval



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