martes, 8 de enero de 2013

De sobremesa con Eduardo Tamariz y Tely Duarte

Lo ocurrido hace unas semanas a la escultura del Generalísimo José María Morelos y Pavón, elaborada en bronce, en 1985 por el Maestro Ernesto Tamariz se ha tornado nota nacional por la indignación que ha generado entre propios y extraños: no sólo se trata del agravio a la figura fundante de nuestra entidad, terrible acto simbólico, se trata de una muestra fehaciente de la descomposición social que vivimos. La enfermedad es mundial, la búsqueda en la red sobre el tema “vandalismo contra obras de arte” arroja más de 300 000 entradas, la siguiente es una de las investigaciones más sintéticas y representativas al respecto:http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2012/10/121009_mark_rothko_obras_vandalismo_mr.shtml

Comparto lo que en amena charla de sobremesa tratamos ayer el escultor Eduardo Tamariz, hijo de Ernesto Tamariz (1904-1988), autor de importantísimos monumentos cívicos ubicados en varias ciudades del país, Tely Duarte curadora de la muestra que se le prepara al autor para este verano en el Museo Casa Estudio Diego Rivera (Ciudad de México), el también escultor Isaac Tamariz, nieto del autor y Adriana Clemente, asistente curatorial, porque nos permite entender tanto el proceso creativo de la pieza que nos ocupa, como los trabajos que llevarán a su restitución en el lugar que es frontera simbólica de la entidad, tránsito mágico entre dos paisajes. 

“En 1986, al inaugurarse a pie de carretera la estatua dedicada al General Morelos, mi padre aseguraba que su obra estaba pensada para durar siglos, pero no le duró más que 27 años por lo sucedido a manos de estos bárbaros” --dice Eduardo Tamariz, quien firmó junto con Artemio Silva y su padre, la pieza, en 1985--. La obra se restituirá, no se restaurará porque el daño fue mayor y porque el armazón interior está oxidado. Hay aplastamientos irreparables por la caída y el arrastre de la pieza. El proceso de restauración sería complicadísimo y mucho más costoso. La obra monumental fue cortada con discos, y dado que no estaba bien anclada, el daño fue inmenso. Al final sus siete metros de altura sirvieron de palanca para derribarla, sin mucho esfuerzo, desde el plinto en el que reposaba. Este acto de vandalismo debió haberse hecho ocasionando mucho ruido, qué raro que nadie se dio cuenta”.

Ante el recuento de los daños, la pregunta de cuáles son los pasos a seguir llevan al maestro a declarar que el bronce que quedó, básicamente el del cuerpo del caballo, mucho más difícil de recortar, sí se va a reutilizar: “no se pueden trabajar las extremidades faltantes y pegárselas, se las arrancaron como a un pollo rostizado. Además está el hecho de que el material encoje durante las fundiciones y sería imposible empatar medidas y hacer que todo encajara sin que se notaran parches. La pieza es muy complicada, cuando la hicimos, tuvimos que hacerle una base giratoria especial para poder trabajarla y estaba sostenida por tres piernas. 

¿Cómo era el proceso creativo de tu padre?

Al final Tamariz trabajaba sin inspirarse en iconografía, ya había hecho varios Morelos (Ciudad Serdán, Puebla; Tenancingo y Toluca, Edo de México, Cuautla, Morelos, Unidad Eduardo Molina del Seguro Social, varios para logia masónica en la Ciudad de México, además de varios bustos).  Aunque he de decir que sí, en algún momento se basó para el rostro del general en unos retratos de Bethoveen realizados por Emile Antoine Bourdelle, para un Morelos que le pidió el gobernador del Estado de México Alfredo Zárate Albarrán, por cierto pariente del también escultor Luis Albarrán Pliego. Este Morelos lo realizó equiparando, de acuerdo a los ideales clásicos, belleza con bondad; aquí se trata claramente del ideal del héroe traducido a la forma. 

MHN: ¿Qué nos puedes decir del otro Morelos que hizo para nuestro estado?

ET- El primer Morelos que hizo para el estado que lleva su nombre fue una figura sedente, la hizo en 33 o 34, luego esta pieza vine a encontrarla en otra parte de la ciudad, en casa de un doctor quien me enseñó un reportaje publicado en los días de su inauguración, documento que se verá en la muestra organizada por la maestra Monserrat Sánchez Soler, quien tuvo a bien recuperar para la historia del arte mexicano la obra de mi padre; pero este Morelos sentado ya no era la que había hecho él, ese en el que se sentaban los niños frente al Palacio de Gobierno. El que vi era ya se trataba de una obra rehecha, lo único que quedaba del vaciado en concreto original, copiadas de las propias, como a veces hacemos los escultores. El rostro se veía duro. 

Vale la pena aclarar, que según el cronista Víctor Cinta, quien ha estado realizando interesantísimas y muy serias investigaciones al respecto, la pieza de la que habla Tamariz fue trasladada al Balneario Las Pilas, en Jonacatepec. El mismo Cinta llama la atención sobre el hecho de que además tenemos otra escultura perdida, se trata del Morelos que estaba en la carretera federal, antes del de Tamariz, del escultor Everardo Hernández, inaugurado en 1953 por el gobernador López de Nava. 

MH: Tely, ¿cómo va el guión curatorial de la muestra que preparas para el mes de julio?

La muestra se llamará “Épica y Gloria Monumental. Ernesto Tamariz 1904-1988” porque está muy claro el hecho de que fue un artista de importantes encargos. Realizó más de 40 obras monumentales, además de todas las que hizo para honrar a personajes históricos o recordar algunos hechos importantes. El guión incluye monumentos con visión de sitio, monumentos con proyección arquitectónica y urbanística, figuras ecuestres, los retratos de grandes humanistas como Platón y figuras solas como Leona Vicario, o las de los personajes ubicados en Paseo de la Reforma. Además están las esculturas funerarias y las religiosas. Es un trabajo de rescate documental que deberá incidir en la memoria cívica de los espectadores de manera importante. Además, lo que hay que decir es que se suman las circunstancias para una feliz resolución que va del trabajo de investigación al servicio de la cultura. Es suma de voluntades. Para mí es parte del “Maratón Guadalupe-Reyes”: todo esto empezó con la noticia de la desaparición de la pieza el 11 de diciembre y se cierra hoy, Día de Reyes, con las declaraciones del Sr. Gobernador sobre lo que vendrá en materia de rescate patrimonial. Ω 



María Helena Noval
twitter:@helenanoval

Ernesto Tamariz: autor de la escultura ecuestre del General Morelos desaparecida hace unos días

Mientras que la ciudad de Cuernavaca se experimenta, por las fechas que se avecinan, como un contexto en el que se anhela la fiesta en paz, el trayecto que une la metrópoli con nuestro estado se ha convertido en el foco de atención de cientos de personas que se preguntan por el destino de la escultura ecuestre del General José María Morelos y Pavón, ubicado en el KM. 48.600 de la carretera federal, desaparecida hace unos días. Las declaraciones oficiales señalan que la pieza sí fue atacada por vándalos y advierten que será restaurada para ser repuesta en su lugar. 

1.La escultura ha cumplido siempre con una función social: siendo discurso visual, los contenidos simbólicos, identitarios, territoriales o políticos que logra transmitir se convierten en detonadores de juicios de valor y de actitudes comunitarias normalmente positivas; no obstante, los tiempos que corren demuestran, asimismo, como los juicios de valor estético han dado paso a consideraciones mezquinas y reprobables, basadas en el valor comercial del bronce, materia prima de muchas de las esculturas urbanas que decoran las ciudades del país. 

De acuerdo con la investigadora y curadora María Estela Duarte, quien prepara para junio de 2013 la muestra titulada “Épica y Gloria Monumental: Ernesto Tamariz 1904-1988” para el Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo: “Este acto de vandalismo reporta un grave daño al patrimonio artístico de la nación porque Tamariz, originario de Villa de Acatzingo, Puebla, es uno de los escultores más importantes de la historia del arte moderno mexicano”. La especialista, desde 1987, en lo que se ha dado en llamar Escuela Mexicana de Escultura añade que: “A pesar de que es el escultor más alejado en inspiración precolombina, porque sus formas son clásicas, lo que importa es el contenido y el espíritu del nacionalismo que logra transmitir a los espectadores de sus piezas. Él fue un escultor que trabajó muchísimo, fueron 60 años de vida productiva, pensando en los valores plásticos como transmisores de valores cívicos y estéticos. Manejó el orgullo del héroe como nadie, su obra deja ver las nociones de enjundia, valor, identidad propia; y todo, esto lo logra sin copiar modelos físicos, lo interesante es que los desarrolla en la imaginación, logrando que al final uno se crea al héroe, su señoría, la grandeza del espíritu noble que se torna ejemplar y lo hace a partir del manejo gestual, las actitudes, la fortaleza de la expresión, los movimientos de los paños, el dominio del material, la composición monumental. Sus piezas no son frías, a pesar de que se trata de estatuaria oficial. Tamariz es un autor al que hay que reconsiderar como uno de los pilares del imaginario colectivo porque logró dejar monumentos en todo el país, siendo el más destacado el Monumento a los Niños Héroes ubicado en Chapultepec desde 1952.”

Como sucede con los grandes artistas, su trayectoria no solamente abarca la gesta histórica, sino que además produjo escultura funeraria y religiosa de primerísima calidad. Trabajó la talla en madera y también fue pintor, incluso ganó el primer premio, en 1926, del proyecto para unos murales titulados “Apuntalando la mina”, expuestos con bombo y platillo en el Palacio de Minería (los murales finalmente no se pintaron). 

También fue caricaturista, pero la vida lo definió como escultor de encargos, dedicando gran parte de su vida a cumplir patrocinios del estado y de la iglesia. Hizo el Zapata de pie que se encuentra en Cuautla y que se distingue por portar una capa larga y estar frente a una mazorca; las Puertas de la Suprema Corte de Justicia, el Altar Mayor de la Catedral Metropolitana en tecali; la Virgen de Guadalupe para la Iglesia de Lourdes en Francia; la escultura monumental del Papa Juan Pablo II en la Basílica de Guadalupe, algunas piezas para el Instituto Mexicano del Seguro Social, el Xicontéclatl de Tlaxcala, el Allende en mármol para hornacina de la Casa Allende en San Miguel de Allende, Guanajuato; y las esculturas ecuestres de Miguel Hidalgo, Mariano Jiménez e Ignacio Allende, similares a la hoy desaparecida del General Morelos, ubicadas en el Monte de las Cruces, en el Estado de México, para las cuáles habría que tonar las previsiones necesarias para que no sufran actos de vandalismo como sucedió en este caso, pues ni siquiera se encuentran a pie de la carretera, como éste. 

2.Ernesto Tamariz no tuvo en vida una exposición retrospectiva porque se la pasó trabajando para mantener a sus 6 hijos, pero sí participó en varias muestras colectivas. El presidente Miguel de la Madrid le prometió y no le cumplió, la publicación de una monografía dedicada a su obra. Esto consta en los archivos del escultor, en los cuales actualmente trabajan 3 investigadores y dos de sus hijos, bajo la supervisión de la señora Duarte; el objetivo es dar a conocer la gran cantidad de piezas públicas que elaboró, piezas que hoy son referentes urbanos.  En dicho archivo se encuentra la autobiografía que escribió, un texto confesional y anecdótico digno de publicación, porque además de recrear el contexto artístico que vivió, cuenta anécdotas sobre su proceso creativo, cómo aquella que habla de cómo yendo rumbo a su taller, vio las flamas de una fábrica de vidrio, y eso lo llevó a crear la columnata flamígera que sirve de base a los Niños Héroes, ubicada en Chapultepec.
 
3.Según los documentos que consulté para este reportaje especial de DDM, la pieza hoy desaparecida se la encargó el gobernador Lauro Ortega Martínez, junto con otras 7 obras, el 27 de junio de 1985. El costo del trabajo ascendía a 31 millones de pesos, más 9 millones por concepto de la fundición a la cera perdida, en el Taller Escultura y Fundición Maldonado. Además, Tamariz le ofreció un Morelos a pié que no sabemos si se hizo o no, el Zapata para Cuautla de 6 metros a pie y otras piezas. El tiempo de entrega estimado era de 13 meses, no obstante, debido a las dificultades técnicas implicadas en la elaboración de la pieza y pese a la ayuda de Artemio Silva y su hijo Eduardo Tamariz, la obra no estuvo a tiempo, impidiéndole a Don Lauro inaugurarla el 30 de septiembre, como estaba planeado.  Este retraso le causó gran molestia y por ello le mandó una carta al artista, el 16 de octubre del mismo año, increpándolo a presentar la obra en un nuevo plazo estipulado por él, so pena de cancelarle los contratos. 

Lo que vale la pena destacar de este pasaje de la historia del arte morelense, es lo que Tamariz le contesto a Don Lauro; en su misiva, escrita a máquina el 20 de octubre, le dice que en materia de arte las especificaciones de los expedientes salen sobrando, que la realidad es diferente, que las obras de arte no son productos de una industria, que en su elaboración se multiplican los problemas artísticos, que el modelo de plastilina tiene que satisfacer plenamente al escultor y que aún cuando se alargue el plazo de entrega, primero está la calidad artística. Añade: “¿Qué importa si una escultura monumental se retrasa en su develación unos días, si va a ser admirada durante cientos de años, por muchas generaciones de personas? ¿Qué se debe preferir, ejecutar un “marmarracho” en tres meses, por cumplir un plazo corto exigido en un papel, o realizar una obra de arte que represente a un Héroe en toda su dignidad y gallardía y durante siglos sea admirada recordando elogiosamente el nombre del autor y el estadista que la mandó construir? Con estas obras no hay que coartar la libertad del artista creador… Me apena mucho su amenaza de castigarme económicamente si no cumplo en el tiempo especificado, pues eso me obliga a que mi mejor obra, el Morelos a caballo, la ejecute de prisa, y mal, y no pueda superar con creces el “morelote” que con razón detesta usted. Estoy trabajando al máximo de tiempo, le ruego me deje trabajar en libertad de acción y esté usted seguro de que cumpliré como es debido.”

4.Tales declaraciones sirven para dar cuenta de que nuestro estado es depositario de obras de incalculable valor artístico e histórico. Eduardo Tamariz, hijo del célebre escultor, quien asistió a su padre durante la elaboración de esta pieza, está dispuesto a colaborar para que la muestra retrospectiva cumpla parte de su itinerancia en tierras morelenses. 

Creo que las autoridades responsables del proyecto de restauración de esta pieza, supuestamente resguardada por CAPUFE deben acercarse a él pues además de ser el experto en la obra de su padre, cuenta con la maqueta a escala en yeso, en su taller, ubicado en la col. Guadalupe Insurgentes de la Ciudad de México. Ω

Otras piezas del maestro Ernesto Tamariz:

El autor se dedicó asimismo a la escultura religiosa y por ejemplo en el caso de los arcángeles Gabriel Rafael, Uriel y Miguel de mármol de carrara, de una sola pieza para el Panteón del Tepeyac o las piezas dedicadas a las representaciones Padre Plancarte y Pío X en la Basílica de Guadalupe, en la Ciudad de México, o la Cripta de la Familia Mundet en el Panteón Español. 

La Victoria del 5 de Mayo para el Fuerte de Loreto y Guadalupe (1961), el Monumento a los Defensores de Puebla, el retrato de José Vasconcelos en San Ildefonso, el de Leona Vicario en la Plaza de Santa Catarina, el Martí de la Alameda en Cuba, el Monumento a Manuel M. Ponce en la Rotonda de los H ilustres….Para el cine latino los medallones dedicados a las razas latina e indígena, los retratos, desde 1924 de Raquel Tibol, Pablo de Ballester, Juan José Arreola, etc. 

María Helena Noval
twitter:@helenanoval



martes, 18 de diciembre de 2012

"Índice": de cómo el artista se relaciona con los libros y los convierte en obras artísticas.

Con mucho gusto inauguramos Gustavo Pérez Monzón, Andrea Torreblanca y yo, la semana pasada en la Galería de Arte del Colegio Cristóbal Colón, la muestra titulada "Índice", y lo hicimos de muy buena gana, no sólo porque la misma se gestó como trabajo final del primer semestre de la maestría en artes visuales de la UAEM, sino porque recibir a dos de los artistas del colectivo Planta Baja, a quienes no les permitieron seguir exponiendo en el mal llamado Museo de la Ciudad por pura ignorancia, se convierte en un acto de justicia y en un llamado de atención para las autoridades municipales, quienes dicen una cosa y hacen otra: ¿están dispuestos o no a apoyar el trabajo de los jóvenes artistas formados en la entidad?¿sabrán estos responsables de los espacios públicos que el patrimonio de mañana es el arte que se crea hoy?

Andrea Torreblanca, curadora asociada del Museo Tamayo tuvo a bien guiar las reflexiones de Gabriel Garcilazo, Jaime Colín, Bela Límenes y Marie- Christine Camus en torno a esos objetos llamados libros. En el texto de sala que escribió para abrir la muestra, explica que la relación que establecemos los lectores con esos objetos es abierta y da pie a la creación de otros textos, mismos que escritos o sólo pensados por cada uno de nosotros, pueden transformarse en obras artísticas.

Para la muestra que reseñamos, cada uno de los 4 artistas escogió un libro de base: El Libro Vaquero, un libro sobre consejos de belleza de principios de siglo, uno que contiene mapas de guerra y otro sobre astronomía, con todo y sus diagramas.

Éste último fue aprovechado por Jaime Colín, quien no deja de sorprenderme con sus hallazgos y sus refinamientos en torno al dibujo --siempre el dibujo en su cabeza-- para una vez descontextualizados, hacernos pensar en la fragilidad de los conceptos frente a la pervivencia y la fuerza de la expresión lineal. Proyectados en los muros de la galería por medio de un proyector de acetatos, lo que queda de estos diagramas es la suma de valores estéticos propios del dibujo: líneas, luz, sombra, longitud, entrecruzamientos, planimetría.

Gabriel Díaz Garcilazo trabajó una serie de construcciones de papel hechas con hojas del Libro Vaquero. Las pequeñas maquetas aluden al proceso de autoconstrucción que caracteriza a las urbes mexicanas. Los mexicanos "echamos un cuartito", la familia crece, le añadimos otro cuartito y así constantemente, hasta que los complejos urbanos, sobre todo los de la periferia de las ciudades, terminan poco a poco convirtiéndose en un conglomerado desordenado de habitaciones que reflejan condiciones sociales, económicas, estéticas y emocionales de las familias mexicanas. Muy significativo resulta el hecho de que Gabriel haya añadido textos que van del "mmmm" puesto al lado de la casita que representa el anhelo de la familia naciente, a las tan significativas  onomatopeyas: AAAAH!!, AY! AY!, OUGHJ !, AAAAAAAAGH!, ¿EH?, UUUUUUUUUH!,, MUJM!, UUUF!, TOC, en el caso del último escenario, una masa de voces quejumbrosas, lastimadas por el hacinamiento. Esta obra recuerda el espíritu de las obras del Bosco.










La francesa Marie-Christine Camus editó una serie de vídeos que presentan mapas de guerra para mostrarnos lo absurdo de éstas y lo poco que nos relacionamos con el entorno. Los mapas sólo muestran límites que se mueven, conceptos, apropiaciones del espacio. La guerra vista en papel deja de ser humana, sólo son grafías, representaciones. Imágenes que no tienen su espejo en la realidad. El vídeo que editó y presenta en un monitor, hace más absurda todavía la relación del hombre con su entorno, lo vivimos en papel, no hay ni un solo rastro de la naturaleza en este sistema de significantes llamado historia de las guerras.

Por su parte, Bela Límenes trabaja la relación de la mujer de principios del siglo XX con su cuerpo, a partir de la interpretación de un libro de consejos de belleza. Sigue los consejos y los convierte en imágenes esteroscópicas que luego pega en una mampara. Así, además de recordar uno de los artificios más gustados de principios de siglo, estas curiosidades que convierten dos imágenes en una (la mirada en tercera dimensión), evidencia los cánones estéticos del pasado, pensados siempre en función de la mirada masculina. Es importante destacar que la mirada es, en este caso, el asunto principal de su trabajo.

La muestra estará abierta en la Galería de Arte del Colegio Cristóbal Colón, Ave. Morelos 345, Centro, hasta las 6 de la tarde, durante esta semana. Vale la pena acercarse al trabajo de estos artistas, quienes están haciendo la historia del arte morelense por genuina vocación.














María Helena Noval 
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miércoles, 21 de noviembre de 2012

'Manda decir…': el twitter como género literario (jocoso)




No sé qué tan tarde llegó al tema del twitter entendido como un género literario propositivo y fresco por la cantidad de voces y temas que admite. Seguramente hay bastante escrito sobre este medio electrónico que acoge poemas, misivas, reflexiones, sugerencias, anuncios o recetas… y habrá también compendios que recuperen los mejores ejemplos de este género breve.
Últimamente me he hecho bastante aficionada a este espacio interlineado, en el que la obligación de escribir de manera sucinta obliga a pensar el discurso en términos de eficacia comunicativa.  Empecé, como todo mundo, leyendo noticias e información relacionada con el universo de cosas que me interesan (el arte, la historia, el mundo de los museos, los libros), pero poco a poco he ido conociendo a algunos escritores interesados en la subversión del lenguaje y el pensamiento vertido a chorritos maliciosos. Por supuesto, no faltan en mi agenda twittera esos

Seres angelicales que son los poetas, amantes de la letra, aunque hayan crecido pensando que ésta, como el amor, sólo con sangre entra.
Llaman mi atención la paradoja y los cuestionamientos de la realidad y los roles sociales. Detesto, como muchos twitteros, el uso de lugares comunes y me fascina el hecho de que se vea al lenguaje como un metalenguaje, es decir, el lenguaje como tema del propio lenguaje. Pequeños cambios en su estructura, mutaciones en la puntuación, juegos de palabras, metáforas incisivas, terminan por demostrar que detrás de la pantalla hay quienes piensan en resignificar las palabras para dotarlas de sentido nuevamente, para revivirlas: se trata de que se sientan.
...

Hace poco me llegó un mail en el que el poeta y escritor Luis Rius hace mofa del discurso  político mediante un ejercicio que consiste en componer textos a partir de lugares comunes que se pueden recombinar entre sí, dando por resultado discursos que “se oyen bien”, aunque no digan nada. La cantidad de parrafadas insulsas que resultan de este juego espanta.  
Manda decir…
Todavía no me hago una adicta al clic nocturno -he comprobado que hay varios twitteros que se dedican a la tecla día y noche, haciendo caso omiso de penumbras y exigencias físicas-, pero confieso que anoche sí caí en el juego-del-juego a distancia.
“Manda decir”, fue una serie que alguien inventó seguramente para llamar la atención sobre el valor polisémico de los “dichos”. Los ya populares twitteros Merlina Acevedo, Gustavo Martínez G, Aurelio Asiáin  y otros no tan “seguidos”, comenzaron a revertir  refranes, cultura popular:  “Manda decir la ociosidad, que no parió ningún vicio”; “Manda decir la llaga, que quiten el dedo”; “Manda decir el chocolate, que el agua está a punto de hervir”; “Manda decir el que mucho abarca, que ya no aprieten”; “Manda decir el descosido, que no le interesa el roto”; “Que manda decir la zorra, que si el abad no sabe guisar otra cosa…que este arroz ya se coció”; “Mandan decir los tacos, que no se adornen con tanta crema”; “Que manda decir el camarón, que ya no le sigan la corriente”; “Que manda decir la más fea, que no sabe bailar”; etc., etc.
Tal vez con el tiempo el twitter revolucione el discurso social por haber contribuido a demostrar que a veces menos es más, que se cazan más moscas con la miel de una frase bien puesta, que con hiel de un texto aburridor.

María Helena Noval 
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martes, 20 de noviembre de 2012

Miguel Ángel Madrigal: “Tránsito”, dos exposiciones en el centro de la ciudad.


Entregado por completo a la vida artística, Miguel Ángel Madrigal Pilón divide su tiempo entre la creación de una obra que goza del aprecio de varios coleccionistas locales y extranjeros, y las clases que imparte en el Centro Morelense de las Artes (Avenida Morelos 263), en donde precisamente y hasta el 25 de noviembre, presenta una instalación escultórica que implica una modificación total del espacio, una alteración arquitectónica efímera.  Esta muestra y la que se encuentra a un lado, en el mal llamado Museo de la Ciudad(Ave. Morelos 179) no debemos dejar de verlas quienes estamos interesados en las artes plásticas producidas en el estado, porque las piezas dan fe de la calidad con la que se proyectan nuestros artistas locales en el mundo.


¿Arte como ideología?
Existe una tesis según la cual el arte es ideología, o sea, una forma más o menos ilusoria del conocimiento. De acuerdo con dicha tesis, quienes nos acercamos a una obra artística tendremos la oportunidad de aprender algo, o por lo menos de hacer una reflexión que excede el terreno de la estética. ¿Qué ideas evocan estas piezas? ¿Cómo traducimos en palabras lo que vemos?

En este caso, 3 de las 4 instalaciones que expone Madrigal en ambos edificios parten de la creación en pequeño formato de espacios arquitectónicos; son como maquetas incrustadas en los muros, lo cual nos obliga a acercarnos mucho a los orificios por los que propone penetrar el espacio.  Pegamos la nariz a las aberturas y de repente nos vemos deambulando con la mirada el interior de unas loggias o arcadas iluminadas por focos desde atrás¿Y qué sentimos? Antes que nada, que el tránsito por el constructo humano es repetitivo, obsesivo, absurdo. Nos percatamos de que creemos llegar a donde queremos, y en realidad no llegamos nunca a ninguna parte. Nos queda claro el hecho de que los puentes y las escaleras son estructuras inestables, y que el tránsito de los seres humanos por las ciudades metaforiza muy bien la vida misma, ese proceso dinámico que incluye ascensos y descensos, trayectos de una situación a otra.

El contraste entre lo pequeño de las piezas y los grandes muros blancos de tablarroca que las contienen es imponente y no es casual: el artista busca, literalmente, golpearnos la cara con la realidad representada.  En una de ellas (CMAEM) descubrimos un pasillo conectado por escaleritas y puentes iluminados desde atrás de los muros a través de los orificios por donde salen las piezas arquitectónicas. Nos convertimos en espías del tránsito ajeno y propio, porque nos disociamos y nos vemos vagar de lejos, en dimensiones alejadas del natural.
La luz en este caso es parte importante de la instalación y la idea del precipicio debajo de los tránsitos sugeridos, no hace más que recordarnos la fragilidad de las decisiones humanas, el continuo y desequilibrado paso del tiempo, la vida como un pasillo que se prolonga infinitamente entre instancias imponentes y desconocidas porque nunca las vemos de frente.

Pieza de museo en el CMAEM
A partir de una serie de escaleritas y puentes inconexos de acrílico transparente, colgados del techo con hilos también transparentes, Madrigal, autor siempre de trabajos muy limpios y “dibujados”, nos presenta otra versión de su idea del trayecto humano, que puede terminar leyéndose asimismo como eso que llamamos vida.  Subimos, bajamos, nos movemos del lugar asignado, intentamos cruzar trechos inestables, habitamos universos que se prolongan, buscamos conectar espacios de manera virtual, etc., aunque tal  vez la idea más dramática que se desprende de esta pieza es que a pesar de tanta búsqueda, paseo, travesía, recorrido que hacemos, escasamente logramos la satisfacción de nuestros deseos.

El hecho de que la pieza flote y no haya sido expuesta en mobiliario museográfico es a mi modo de ver, un gran acierto, no sólo porque refrenda la necesidad de novedad continua por parte del autor, sino porque nos permite a los espectadores deambular libremente entre las piezas colgantes, vivirla.

Ante ambas instalaciones es inevitable recordar aquel juego de mesa llamado "Serpientes y escaleras" y la obra del holandés M. C. Escher, aunque en este caso no se alude a la creación de figuras imposibles y mundos imaginarios, sino por el contrario, a la traslación a términos artísticos de una idea tan sencilla como el paseo por la ciudades y el transcurso de la vida. Una vida que por supuesto compendia la vida amorosa. Ω
María Helena Noval

novalhelena@yahoo.com.mx

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Creatividad para la economía

Entré en contacto con el tema de las empresas culturales a raíz de un espléndido seminario impartido en el Instituto de Cultura de Morelos, por Eduardo Cruz Vázquez y su equipo, hace unos meses, y desde entonces no he dejado de parar la oreja cada vez que alguien se refiere a la economía cultural, sobre todo cuando se trata de comentarios que exceden el ámbito del mercado del arte. Me interesa el devenir de las empresas culturales en Morelos, porque son las que nos van a dignificar ante la mirada propia y extranjera: lo propio, lo diferente, lo bello, lo original, se pone en evidencia en las empresas culturales.
Se define una empresa cultural como aquella legalmente constituida, que incluye por lo menos un componente creativo en la cadena de producción, o aquella en la que hay propiedad intelectual de por medio.


Hoy felizmente vuelvo reflexionar sobre estos asuntos por escrito, porque veo con agrado que las condiciones para el emprendimiento de un negocio que tenga que ver con la creatividad son vistas con buenos ojos por parte del gobierno estatal. Esta semana se presenta en el World Trade Center la Caravana del Emprendedor, “un movimiento para sensibilizar, concientizar y motivar a la sociedad hacia el espíritu emprendedor y desarrollo empresarial, detonando un semillero de empresas a corto, mediano y largo plazo”, según su página web, cuyos objetivos son “promover el espíritu emprendedor en las nuevas generaciones, constituyendo una sociedad con iniciativas orientadas a la creación de empresas”.



Investigando un poco me encuentro con que algunos de los temas a tratar son creatividad, innovación, el seguimiento de los ideales (a los que llaman sueños) y la historia de empresas que divulgan contenidos simbólicos –en este caso, relacionados con la cultura popular mexicana-, como la de los dibujos animados titulados Huevo Cartoons.   
 
La creatividad como moneda de cambio

La idea de que la economía cultural tiene que depender del gobierno, la idea de que el artista debe vivir de subsidios y becas es cada día más desplazada por aquella en la que se comprende que los creadores, artistas, diseñadores, gestores y promotores culturales del país tienen que crear sus propias fuentes de trabajo. La situación de urgencia se aclara si tomamos en cuenta la gran cantidad de profesionistas egresados de las escuelas de arte, diseño de modas, cocina, decoración, músicos, actores, bailarines, escritores, gestores culturales, museógrafos, museólogos, etc. Son miles de personas las que van a tener que emprender su propio negocio por no poder ser absorbidas por los museos, casas de cultura, editoriales, restaurantes, empresas discográficas, productoras de espectáculos, etc., etc.


No obstante, y a pesar de esta realidad, todavía se cree, al interior del gremio artístico, que una empresa cultural demerita el valor simbólico, artístico y estético de la obra de arte. Y peor aún, se cree que el artista que se torna empresario es un mercachifle, un mercader de objetos; al quitársele el aura de genialidad que la historia le ha conferido, al artista se le desprecia.


La historia del arte cuenta con innumerables ejemplos de artistas que por empeñarse en seguir ideales románticos, decidieron no promover su obra; dedicarse exclusivamente a la producción de la misma, sin pensar en cuestiones prácticas. Van Gogh, Utrillo, Goitia, Frans Hals, Antonio Machado y Galdós son los lugares comunes cuando se habla de la pobreza de los creadores exitosos post-mortem. Pero hay muchos más.


Hoy, sin embargo, debemos entender que el artista solitario que paga sus impuestos y vende su obra personalmente es un empresario cultural. El viejo concepto de genialidad del que habla Nietzsche como una máscara de la vanidad está siendo abolido por la noción de creatividad y de innovación, entendiendo estas capacidades como la facultad de asociar libremente cosas dispares para producir un efecto novedoso en los sentidos y el entendimiento del espectador. El cerebro creativo piensa en términos de sistemas y matices, nombra las cosas del mundo de manera alternativa, es capaz de llamarle “Timbuctalia” a un país imaginado, ramillete de hojas a un bosque, piel de papel a un cuaderno, “Acerofrío” al latigazo del amor, etc.


 
Ojalá se abunde en estos aspectos de la creatividad como motor de los emprendimientos culturales y no culturales en las conferencias que se escucharán este 15 y 16 de noviembre en el World Trade Center, aquí en Cuernavaca. Algo que se tendrá que recalcar es precisamente el hecho de que la creatividad no es inspiración entendida “como si la idea de la obra de arte, del poema, del pensamiento fundamental de una filosofía, cayese del cielo como un rayo de la gracia”, sino el resultado de un trabajo de depuración constante de las ideas buenas, mediocres y malas, como dijo Nietzsche en el aforismo 155 del primer volumen de Humano, demasiado humano.

Helena Noval
helenanoval@yahoo.com.mx        
Twitter: @helenanoval
http://www.diariodemorelos.com/blog/creatividad-para-la-econom%C3%ADa

jueves, 8 de noviembre de 2012

El cambio del escudo morelense: ¿qué tanto es tantito?

Platicaba la semana pasada con el maestro Jorge Cázares sobre la propuesta que hiciera en días pasados el gobernador del estado, Graco Ramírez Garrido Abreu, concerniente a la posibilidad de modificación del escudo morelense, parte de nuestra identidad oficial: ¿qué implicaciones semiológicas, es decir, en términos de lectura de imagen, tendría la modificación del emblema? ¿Se trata únicamente de una preferencia estética?

Después de agrias disputas, el Congreso local rechazó, hace un par de semanas, la iniciativa de decreto para rescatar como escudo oficial el pintado por Diego Rivera en 1922, lo que no se dijo en los diferentes medios que abordaron el asunto (y algunos escribieron barbaridades), es que el diseño actual es del maestro Jorge Cázares, que obedece a un decreto --el número 15-- promulgado por el gobernador Emilio Riva Palacio el 1 de enero de 1969 y tampoco se abundó en la descripción de los mismos, un asunto que termina siendo crucial si comparamos los dos escudos. 

Pequeñas diferencias
Tengo en mis manos el libro titulado "Historia de los Escudos del Estado de Morelos”, publicado en 1996 por el Instituto Estatal de Documentación, a cargo en ese entonces de Don Valentín López González. El mismo da cuenta no sólo de los dos escudos implicados, sino de los otros con los que se ha identificado al estado, incluyendo antes de nuestra independencia, el del Marquesado del Valle de Oaxaca, con el escudo de armas de Hernán Cortés, escudo que se conserva en el Chapitel del Calvario. 

Como sabemos, la idea de simbolizar y diferenciar de manera esquemática las regiones cuenta con una larga historia y el caso del Estado de Morelos no escapa a las diferencias propias del gusto y las ideologías políticas de cada época. Hubo un momento en el que se representó en la papelería y las publicaciones oficiales al estado con el rostro del General José María Morelos y Pavón sobre un medallón (1883, propuesta del gobernador Carlos Quaglia), y hubo también el intento del historiador Manuel Mazari de complicar la iconografía con elementos como el símbolo de Cuauhnáhuac y el escudo de armas del conquistador. No obstante, el diseño que ha prevalecido, con ciertas modificaciones, es el de Diego Rivera, pintado en el muro sur, del Patio de las Fiestas, primer nivel, junto al de Querétaro, en 1922.

En ambos escudos destaca en el centro la planta de maíz sobre un surco: no es monte, como a veces se dice y no es el símbolo “Uno Caña” que identifica al poblado de Acatlipa, como a veces se ha comentado. Sobre la planta de maíz una estrella, símbolo del nacimiento del estado --blanca y no roja, en el caso de la pintura de Rivera--, y amarilla o color beige en el caso de la obra de Cázares. Sobre el medio círculo arriba de la planta, la frase “Tierra y Libertad”en ambos casos, aunque en el caso del escudo actual, el medio círculo es menos acentuado, quedando más como una cartela. Rodeando los rectángulos diseñador por ambos creadores, la frase identificada con la lucha armada zapatista "La Tierra Volverá a Quienes la Trabajan con sus Manos", misma que da cuenta del perfil agrario del estado en tiempos pasados: el desarrollo del campo como vía de sustento principal.

Como vemos, y de acuerdo a una teoría general de la representación, las diferencias entre ambos trabajos no son mayores, básicamente se refieren a las coloraciones de los fondos, determinados por la técnica del fresco empleada por Rivera en sus murales, así como por el resto de los escudos que pintó en el edificio aludido: rojo óxido, negro, verde y café sobre el color ocre del muro. 
Por su parte la obra del maestro Cázares, de acuerdo al decreto oficial, obedece a un afán más naturalista: “los colores serían los naturales de la estrella, la tierra y la planta, y estarían en un fondo azul cielo”, según el decreto aludido, citado por don Valentín López González en su libro (en el cual por cierto la estrella del escudo actual se imprimió color naranja y no blanca o crema como pide el decreto).

¿Qué tanto es tantito?
Sin tratarse de un asunto crucial para el bienestar del estado, podemos concluir que en tiempos de apretarnos el cinturón, la modificación emblemática implica más la necesidad de identificar al nuevo gobierno ilustrado, que al estado, actualmente más identificado con ideas como el clima (“La Ciudad de la Eterna Primavera”) y el turismo, que con la economía del campo.
Mandar hacer papelería oficial, libros escolares, identificadores, fotografías, calcomanías para vehículos, mamparas, prendedores, etc., para todas las dependencias gubernamentales de la entidad sería una inversión, y no un gasto, si además se implementara una campaña que contribuyera a inculcar en la ciudadanía las nociones de identidad y orgullo por lo propio, nobles apuestas reiteradas por el propio gobernador desde sus días de campaña. Ω 


María Helena Noval
   



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