miércoles, 18 de enero de 2012

Estela de luz: La cultura en la que ya no hay nada que decir

Reflexionar el monumento implica verse viendo. No existe manera de hacerse opinión frente la fotografía de una escultura pública. Por eso se ha hablado más en los medios de comunicación sobre los costos de la Estela de Luz, una pieza que se quería eficaz en términos de comunicación de ideales (léase patriotismo, nacionalismo), que en términos de recepción estética.

Este tipo de construcción, me refiero a la escultura urbana, tradicionalmente modelada, moldeada, cincelada, tallada o armada, se piensa para ser vivida y no sólo contemplada. Se trata de una modificación del espacio que deambulamos. De ahí la primera cuestión: ¿por qué no se pensó en una pieza y plaza de dimensiones y propuesta acogedoras para conmemorar el bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución Mexicana?

Su pobreza artística, la nula apropiación que hace del espacio que le fue concedido, el alcance icónico que tendrá con el tiempo -lo que simbolizará-, apuntan a una lectura de la cultura que le da origen. Un análisis formal, en cambio, nos hablará del regusto o la moda que dejó el arte de los años sesenta. Es decir, nos permitirá vernos viendo un minimalismo aplanado, una propuesta conceptual mezclada con tendencias del diseño industrial y comercial.

La luzPoca luz nos da mirar de frente la pieza conmemorativa sobre su apuesta artística, esto dicho irónicamente, porque es precisamente la luminosidad la apuesta principal de la empresa constructora iii y su tardado autor, el arquitecto César Pérez Becerril.

De interminables módulos, la pieza está diseñada para iluminarse en su totalidad sin justificación alguna, de comienzo a fin. No hay variedad ni graduacion matérica, no permite lectura de contrastes. Haciendo mal uso de la estética minimalista (consúltese la obra de Dan Flavin), al autor se le ocurrió que cualquier repetición modular aderezada con focos sería suficiente, que la fascinación del hombre por la luz, daría por resultado una pieza digna de tan alto costo, que un elevado conjunto de piezas encendidas, seria por sí mismo admirable. Pero ¿Qué lo diferencia de una marquesina vertical?

Las dimensiones de la pieza y el material (cuarzo translúcido, acero inoxidable, cientos de leds), tampoco funcionan en términos simbólicos porque no se logra la asociación de ideas entre la fecha que se conmemoraba y el tema de la pieza, que termina siendo la luz. No hay metáfora.

La historia

La historia de los monumentos en el mundo refleja un abanico de intenciones que van de la necesidad de imprimir en el ciudadano la idea de respeto y admiración por un hecho histórico (Columna de la Independencia, Monumento a la Revolución), un héroe o figura ejemplar (Zapata, Hidalgo, Morelos), un grupo de ciudadanos (Los Burgueses de Calais) o una idea abstracta (la paz, el amor, la maternidad, etc.)

En todos los casos, la admiración como resorte es la apuesta básica del comitente y del autor de los monumentos cívicos; la escultura urbana busca formar consciencia, educar al espectador en lo moral y en lo cívico. Se busca doblegar el espíritu.

No obstante, en la pieza que comentamos, los valores estéticos no alacanzan a formar opinión porque la simpleza de la solución no permite una asociación de ideas asombrosa; el arrobamiento propio de lo sublime no se da. Más bien son la vergüenza y la desilusión lo que nos lleva a pensar en la inoperancia del mobiliario urbano en el Paseo de la Reforma (sí, mobiliario, no arte en este y en otros casos) y nos llevará con el tiempo a voltearnos para otro lado cuando pasemos por allí, porque esta obra es la prueba palpable de que en esta época no hay nada que decir. De que las formas sin referentes son lo actual.

MARIA HELENA NOVAL





miércoles, 11 de enero de 2012

Vas a ver...¿De qué se ríen?



Dependiendo de la forma de su mentón y lo acostumbrados que estén a ejercitar los orbiculares, pelan más o menos el diente blanqueado. ¡Quieren verse contentos y guapos en los espectaculares que rentaron! Para conseguir su mejor imagen, les plancharon el atuendo, eligieron la corbata del color más conveniente y posaron largos minutos. Claro está que esperan el flechazo (¿flashazo?) de la suerte, el que los haga más llevadero el engorroso trabajo que implica una campana sembrada de promesas. Pero ¿de qué se ríen los políticos morelenses? ¿Acaso saben algo que nosotros los ciudadanos desconocemos? El exhibirse de ese modo es costumbre política antigua, querer agradar buscando mostrar la mejor cara, darse a entender como amigos, camaradas, iguales, simpáticos, ligeros tiene su historia. Convocar empatías, identificaciones contigo y conmigo, con nosotros, a quienes sin embargo desconocen, es lo primordial. Es estrategia probada. Se ha hecho así desde el nacimiento de la modernidad, se hizo propaganda política en tiempos de Maquiavelo y algunos de los más grandes pintores trabajaron este tipo de telas hoy pertenecientes al género histórico. La otra caraNo obstante, la cosa cambia cuando se trata de la preservación de la imagen del ya electo, del que ya agarró chamba, en la memoria colectiva. Ese retrato es de otro estilo: ese pide seriedad, exige respeto a la investidura ...en esos rostros la sonrisa desaparece. ¡Ya no somos cuates!, parece decirnos ...el servidor público que en algún momento nos apapachó. La reverencia se impone. La mirada la dispara de frente, obligando al que lo ve desde abajo, al ciudadano de a pie, a cubrirse con parpadeos, a bajar el testuz como muestra de decepción o simplemente a quedarse con la boca abierta...de la sorpresa. Obedeciendo ambos tipos de retrato a códigos casi inamovibles, resulta interesante compararlos por qué nos lleva a preguntarnos por qué la sonrisa se torna en rictus, cómo es que una representación se conecta con la otra, por qué nos causa tanto VÉRTIGO el cinismo abierto: por que del vértigo no pasamos al vómito y nos quitamos de una vez el malestar y la indigestión. No hay más. La proliferación de imágenes como estas que hoy comentamos, dan cuenta de la necesidad de sustitución de algo que se ha perdido. Me refiero a la alegría y la seriedad verdaderas.


miércoles, 4 de enero de 2012

VAS A VER... VIDA NO-VELADA

He pasado los últimos días leyendo las cartas dirigidas por el pintor José Clemente Orozco a Refugio Castillo, publicadas recientemente por Editorial Lumen y eso me ha llevado a pensar en la importancia para el arte, de las vidas no-veladas. Reveladas.

Si uno voltea a ver la enorme cantidad de publicaciones que salen a la luz en Estados Unidos, por ejemplo, notará que el trabajo de campo, el clavado en los archivos, la entrevista directa es muy común. Se rescatan las fuentes originales. Se oye o se lee lo dicho y escrito por los actores de la cultura. En México, en cambio, lo común es el libro basado en el libro, la opinión sobre lo conocido. Lo dicho sobre lo dicho. Por eso, un epistolario hecho público en nuestro país, puede ser revelador a pesar de ser por su naturaleza reiterativo.

Hipocondriaco y monero

Cuando le escribe el joven José a la niña Cuquita, le dice que la ama apasionada pero secretamente: protagoniza una relación inventada por él, una relación basada en el deseo de ser amado. Es un amor del que nadie debe enterarse porque ella tiene 12 años y el 26. Pero cuando ella le contesta pidiéndole cordura y congruencia, cuando se siente presionada por la diferencia de edades y sobre todo por el que dirán, está asimismo construyendo la vida de los amantes. Nadie debe morir sin haber conocido estas intensidades y sobre todo sin entender que el amor ofrece posibilidades insospechadas de interacción.

La historia se da en los primeros años del siglo XX en el México que se prepara para la Revolución, un México habitado por una clase alta afrancesada y sostenido por una gran cantidad de trabajadores aleccionados en el "hay que aguantar vara, que así nos tocó vivir". Carta tras carta, Orozco le cuenta a Cuca el creciente incendio del país, las incomodidades que se viven en la Academia de San Carlos y las suyas propias porque se siente tan enfermo como pobre, porque los diagnósticos lo enferman aún más, porque se sostiene haciendo "monos" y retratos de muertos. Porque a cada rato cree que se va a morir...de amor.

Son casi 500 cartas las que la autora Adriana Malvido recogió de manos del periodista Julio Scherer (son del coleccionista José Antonio Pérez Simón) para transformarías en una novela-epistolario que viene a revelarnos a un pintor desconocido, a un hombre apasionado, atrevido y soñador que busca dejar de ser pobre para aliviar las penas maternas y poder casarse con su "Fugito", la hija de la portera de la vecindad en la que habitan, ubicada en la calle de Pila Seca, hoy Isabel la Católica, en el centro de la Ciudad de México. En dicha vecindad se cruzan papelitos, se dejan recados en las macetas y debajo de las cubetas, se miran y se poseen de cuerpo entero sin tocarse jamás.

Cuando su familia se la lleva a Sombrerete, Zacatecas, buscando mejores oportunidades de trabajo, los cuerpos vírgenes, las bocas sedientas, las frases dispuestas a susurrarse en encuentros imaginados comienzan a apagarse. Después de casi diez años de noviazgo y promesas, él se casa con Margarita Valladares y ella se convierte en maestra en Zacatecas. Los azahares nunca la coronaron. Hay que suponer que ella cual flor de temporada, se fue secando; que la amargura creciente en el tono de las cartas de ambos fue tornando dulzura en sinsabores y veneno:

"¿Dónde quedó el fuego? ¿Por qué la escogió a ella como protagonista de una interminable espera? ¿Por qué no la deja ir de una buena vez? Hace meses que no sabe de él; se siente desterrada en su propia casa y sin embargo lo piensa en todo momento, lo sueña, mira sus retratos...", escribe Malvido antes de contarnos cómo la imagen fotográfica viene a suplir el contacto humano entre los dos: "Te vas a retratar con la blusa más bonita que tengas...que la blusa sea escotadita como la que tienes en este retratito, que sea de cuerpo entero y lo más grande posible. Luego lo besas mucho y lo pones sobre tu corazón todo un día y muy bien envuelto me lo mandas si quieres proporcionarme una dicha aunque sea pequeña mientras puedo tenerte a ti de veras, toda entera, enterita..."

En fin, que este tipo de libros enriquecen la historia del arte no sólo por la vía de lo anecdótico: invitan al espectador al usar la imaginación a la hora de acercarse a la obra museística; nos hacen mirar humana y no acartonadamente la pieza salida de las manos y el corazón del semejante. Así el arte nos parece más cercano, más obra nuestra.

martes, 3 de enero de 2012

VAS A VER... UNO POR OTRO




De iridiscencias doradas era la escultura de Cuauhtémoc que acaban de reubicar en la colonia Lomas de Cortés, en la Avenida Teopanzolco. Recién lavada del color que le habían aplicado queriendo imitar una pátina del bronce que la piedra no debe llevar, la colocaron donde estaba el Cortés azul alberca, aquel varias veces grafiteado con rojo. Daba risa cómo hacían llorar al caballo lágrimas de sangre. Una y otra vez se comprueba que el conquistador está condenado a perder la batalla en el imaginario público. Por su actuar impío, el jinete y su montura fueron embodegados una vez más, gestión cabildeada de por medio. Bajar del pedestal la escultura implica querer borrar de la historia al representado, anhelo que comparten en este caso quienes tomaron la decisión, con algunos artistas mexicanos que han decidido asimismo maltratarlo a lo largo del tiempo. Uno de los más insistentes fue Diego Rivera. Es como si con este acto quisieran emular el derribo de las estatuas de Stalin, Husein y Kadafi en sus respectivos países. Es como si se llevara a cabo un ritual de budú posmoderno: en vez de muñecos de trapo saturadas de alfileres, esculturas grafiteadas, derribadas, removidas. Y aún así, la historia del arte está poblada de personajes indeseables. ¿Acaso debemos destruir a Gorgonas, Laocoontes, Holofernes, Gengis Kahnes, Pilatos? Esto me recuerda el caso Guillén de Lampart o William Lampert o Lambert, un precursor de la independencia de la Nueva España, encerrado, de piedra, en la columna de la Independencia en el Distrito Federal porque no alcanzó la dignidad suficiente, en tiempos de Porfirio Díaz como para que se le edificara monumento al aire libre. Por otro lado ¿por qué poner a Cuauhtémoc en el lugar de Cortés? Lo más significativo de esta sustitución es que el de cantera, próximo a develaras como novedad, viene a representar al héroe con el que nos identificamos actualmente, a la pobre víctima que somos todos hoy. La violencia, la impunidad, el poder desmedido -o la falta del mismo-, hacen que Cuauhtémoc ya no brille por dorado, sino porque es todos nosotros.

María Helena Noval

novalmariahelena.blogspot.com


miércoles, 14 de diciembre de 2011

La cultura de la simulación: el político inculto como hazmerreír

VAS A VER
María Helena Noval
novalmariahelene.blogspot.com
helenanoval@yahoo.com.mx


La decepción que nos llevamos la semana pasada quienes escuchamos las pifias de los políticos entrevistados sobre libros leídos, no debe hablarnos sólo de incultura, sino del hecho de que si no saben salir de un aprieto tan sencillo como es una entrevista de televisión ¿cómo van a poder gobernar un país con tantos problemas como el nuestro? No se trata, como dijeron algunos comentaristas de que sus asesores no les prepararan las tarjetas adecuadas o les soplaran las respuestas por el “chícharo” a tiempo, se trata de que la cultura de la simulación está en su máximo apogeo en el mundo y se trata de que en México es todavía más chafa porque traduce el nivel educativo de todo un pueblo.
Los gobernantes no le ven el beneficio a la educación del ciudadano –y suya-- porque sus ganancias no se traducen en dinero rápido y líquido, porque sus frutos pertenecen al ámbito del espíritu, y el espíritu es menos importante que la materia. Ellos hacen negocios y punto. No obstante, como tienen que dar discursos y el material de los discursos son las palabras, las frases, las expresiones, en pocas palabras el lenguaje, tienen que verse obligados a la clase de retórica, aunque sea “express”, para oírse y VERSE bien. Y ahí es donde está el problema, en la imagen acartonada que terminan exhibiendo, porque se saben un solo papel, porque no saben improvisar, porque caen en lugares comunes y citas gastadas.
El político como parte de la hiperrealidad ficcional
Ver el entierro político de MMG en el programa televisivo de Denisse Maerker ha sido tan sorprendente como doloroso para los morelenses: ¿por qué dejamos una ciudad como esta, con tantas posibilidades de brillo en manos de quien se aprende con dificultad un solo discurso? El diccionario de quien aceptó la entrevista para sacarse la espinita y aprovechar el foro fue vergonzosamente simple: “transparencia… democracia… alternancia...ahí están las obras”, como de campaña para lograr el voto. Su lenguaje corporal previsible: mano izquierda, mano derecha, las dos manos hacia adelante, como moviendo el ambiente que lo incendiaba, como bateando las palabras-bala de la periodista. Su vestimenta codificada. Todo pre-diseñado al estilo pri-dinosaurio. Nunca contestó lo que ella, dueña de un pensamiento claro le preguntaba, él llevaba un discurso preparado, un número ya puesto y de ahí no se salió nunca. Se equivocó de acto. Salió en otra obra. Confundió un momento de elevada trascendencia en su carrera política, un momento que lo pudo haber ayudado si fuera de a deveras, con un acto de proselitismo. Las cejas se le fueron agachando, le costó mucho sostener la sonrisa hasta el final.
Cuentan que a Hitler le daba clases de oratoria un maestro de ópera; que impedido por naturaleza para moverse con libertad y frescura a la hora de hablar ante el público, decidió proveerse de movimientos teatrales preestablecidos. Con el mismo estilo actuaron los integrantes del Tercer Reich, las tablas gimnásticas, la coreografía y lo esquemático fueron su inspiración. Ahí se apuntaló fuertemente la cultura de la simulación política. Sólo que han pasado más de 50 años y eso que hoy se mira a la luz de la seducción de las imágenes hiperreales, viene a ser ridículo. Hoy los espectáculos piden del actor un mejor desempeño.
Como Moreira, convertido desde hace unos días en objeto de museo –se muestran hasta sus tarjetas personales como si fueran documentos históricos en el Museo del Palacio, en Satillo, Coahuila--, MMG, muestra que la ambición de parecer lo que no se es, viene a convertirse a la larga, en un lastre, en una tumba.
Decía el sociólogo francés Jean Baudrillard que vivimos en un mundo de simulacros, que nos dejamos seducir por signos sin referentes, por signos vacíos, sin sentido, absurdos, por una hiperrealidad ficcional. No obstante, hace hincapié en el hecho de que la realidad supera a la ficción y nos pide dejar de ser espectadores pasivos, consumidores de apariencias.
Para eso precisamente sirve la literatura: nos lleva a fijarnos en contenidos, en ideas, no sólo en manos que se mueven y distraen, no sólo en los efectos del photoshop, sino en el pensamiento manifiesto o la carencia del mismo. Por eso hay que leer. Ω



http://www.diariodemorelos.com/index.php?option=com_content&task=view&id=100754&Itemid=68

viernes, 9 de diciembre de 2011

Vas a ver Ruta 2012: mapa y territorio morelense





Puestas las miras en las elecciones del 2012, quienes ejercen el poder --mucho o poco-- en nuestro estado, han dejado de ver el territorio morelense como un espacio beneficiado por la pródiga Naturaleza y lo han convertirlo en un campo de batalla mediático, en un mapa modificable a según sus intereses particulares.

Como sabemos, un mapa es una representación gráfica de una porción del territorio, una traducción dibujística o pictórica de un espacio, en el que señalamos por medio de signos lo que nos interesa que se sepa. Un mapa es una convención social, es una traslación de lo real a lo simbólico. Así las cosas, en un mapa cabe todo tipo de señales. Contamos con mapas carreteros y turísticos, con mapas orográficos, etnológicos, estadísticos y por supuesto con mapas en donde se anuncian establecimientos y objetos comerciales.

¿Por qué llego a tal lectura de la imagen urbana? Porque el libramiento México- Cuernavaca-Acapulco que nos toca recorrer a diario, está abarrotado de espectaculares, porque los políticos nos indican rutas a seguir en nuestro tránsito por la vida: porque como cartógrafos, se dividen el estado para anunciarnos sus productos.

Lo peor es que nos quieren convencer con simplismos o lugares comunes y en sus precampañas mediáticas abusan de la estrategia de la representación teatral. El guión lo escriben los más altos funcionarios, las campañas se arreglan como si de un casting se tratara: todavía no son oficiales las candidaturas, pero a estas alturas, ya se sabe quiénes van de extras y quienes van a formar parte del reparto principal.

Para anunciarse, ya se deshacen en risitas, ya los vemos por todas partes enseñando diente blanqueado, ya se cortaron el pelo, andan engominados y bien planchaditos. Eso sí, piden que la foto no se vea como de photoshop, aunque lo sea.

Ninguno de ellos llora por la situación actual, a nadie se le ocurre que son tiempos de pésame para algunas familias, de mesura en la promesa, de respeto al semejante que ya no se cree nada. El paisaje se ha convertido en un escaparate y por ello nuestros trayectos urbanos los vivimos como rutas groseramente discursivas.

El espectacular como reducto de retrato burgués

Nacido durante el Renacimiento, el retrato burgués de medio cuerpo, de tres cuartos con fondo neutro, nos invita a pensar en el posante o comitente (el retratado) como el que puede darse el lujo de posar para la posteridad porque es importante en su medio social y puede pagar por el servicio. Como se trata de un trabajo por encargo, el retrato incluye lo que el posante pide para satisfacer al ego (el suyo y el de los suyos). Si antiguamente el paisaje del fondo identificaba al terrateniente y ciertos objetos identificaban al cazador, al hombre de letras o al de ciencias, hoy en cambio, el posante pide se incluyan textos –las ideas que vende—y demanda nuestra mirada con la suya, tan complaciente como anhelante.

En fin, que nosotros, los habitantes de las ciudades ya sabemos lo que sigue. Ya lo hemos vivido. Sabemos que ahorita se trata de “jugar al mapa”. Más adelante jugarán al Turista Mundial o Monopoly, pero ese juego de mesa lo jugarán pocos. Unos comprarán hoteles, otros cafés, otros… gasolineras. Eso sí, poco a poco, todos dejarán de sonreír en los traseros de los camiones y los postes. Saldrán más serios en los retratos de fondo neutro. Llegarán a la meta, sus metas, más o menos felices. Irán abandonando el paisaje.

Ojalá 2012 pase rápido y nos devuelvan el verdor morelense. Ω


Publicado en Diario de Morelos Miércoles 7 de diciembre de 2011 http://www.diariodemorelos.com/index.php?option=com_content&task=view&id=100775&Itemid=68

jueves, 1 de diciembre de 2011

Vas a ver... El MUVA de Chinameca: Zapata re-loaded



Inaugurado hace un par de días, el Museo del Agrarismo (MUVA), en la Ex-Hacienda de Chinameca, pretende dar a conocer la historia de la tierra trabajada y peleada por el hombre. No se trata pues, de un museo dedicado a la historia de los aperos de labranza o las hortalizas, ni se trata de cómo las culturas prehispánicas se beneficiaban de los frutos de la tierra, aunque se mencionen tales asuntos de pasada. Se trata de mostrar, mediante presentaciones electrónicas, la manera en la que el hombre ha tenido que regular su tenencia, de sus leyes y sus luchas. Un museo de la guerra, se puede decir.
La idea no es original, en Matamoros, Tamaulipas, ya existe un museo dedicado a lo mismo. La diferencia estriba en que el acervo morelense es virtual, lo cual nos lleva a pensar en un público gustoso de los botones y las pantallas. EL MUVA fue construido a lo largo de un año. Dispone de 9 salas digitales y cuenta con 53 cédulas interactivas, 8 cédulas informativas, 8 cédulas sonorizadas y 4 videos. El MIDE --Museo de Economía, también virtual--, ubicado en la Ciudad de México está vacío siempre, esperamos que en este caso no suceda lo mismo. ¿Por qué?
Porque el sitio viene a cerrar el circuito que comienza con el Museo Sitio casa de Zapata en Anenecuilco, mismo que incluye el cuartel de Zapata, en Tlaltizapán, y los tres aprovechan la figura icónica de Emiliano Zapata, una figura que por carismática puede atraer al turismo cultural pero también al no especializado. Y en los tiempos que vivimos, eso es precisamente lo que nos hace falta: gente que se lleve una buena impresión de nuestro estado.

Tales museos, como muchos otros, funcionan a partir de la estrategia de la representación, pretenden re-presentar al héroe ante los ojos del espectador. Pero ¿cómo revivir, hacer eternamente presente a quien desapareció físicamente hace años? ¿Por qué necesitamos ver, re-ver, mirar y admirar a los personajes de la historia? ¿Por qué a los personajes ejemplares no basta recordarlos mediante la palabra escrita? ¿Por qué necesitamos casi tocar sus objetos como si fueran reliquias? Por estos amores al objeto, anda la cama zapatista presentándose desde hace casi dos años en los museos. Por la misma razón, la ropa del caudillo y una de sus sillas de montar se exhiben en vitrinas, como si fueran obras de arte.
Decía yo aquí mismo, la semana pasada, que nuestra cultura actual es visual, que existe un gusto característico de nuestra época por la imagen hiperreal, que como Santo Tomás, nosotros “hasta no ver, no creer”, esa es la respuesta más fácil y rápida a la pregunta de por qué necesitamos tantas imágenes del héroe; no obstante, la imagen de Zapata ha venido a convertirse en una especia de “marca registrada” morelense y de esto vale la pena hablar un poco más. La idea es que podamos incorporar al hombre para entender más al héroe de las mil caras.
Por un lado, está el hecho de que Zapata pertenece a una genealogía de héroes modernos en el sentido de que es tan idealizado como humano. Es tan inmortal como Superman y tan pecador como cualquiera que haya ordenado la muerte de otro; basta consultar los diarios de la época para comprobar la existencia de su leyenda negra y caricaturesca junto a la mitología que lo hizo volar por los aires o morir en Arabia…
Zapata frente a la cámara
Las miles de imágenes que se han pintado, esculpido o fotografiado mediante diversas técnicas desde su muerte, nos hablan de un Zapata carismático, un personaje de mirada profunda y melancólica que se presenta mirando de frente, como un luchador social digno, consciente de su papel en la historia, un militar no de carrera, pero sí por derecho propio.
En el MUVA se incluye el retrato que se le adjudica al fotógrafo alemán Hugo Brehme, una imagen de cuerpo completo tomada en el Hotel Moctezuma, en el centro de Cuernavaca que ha recorrido el mundo porque fue copiada por José Guadalupe Posada, Diego Rivera y Arnold Belkin, entre otros. De la autoría de éste último pintor, se presenta la reproducción de una pintura que no se pidió a tiempo y que en cambio podrá verse próximamente en el Museo de la Revolución.
Concluyo con una pregunta picante: Ahora que comienzan las pre-campañas ¿quién de los aspirantes a gobernador le dará mayor uso político a la imagen de Zapata? Ω