domingo, 24 de agosto de 2025

Rosario Castellanos: del porte juvenil a la consagración intelectual

Vicente Quirarte y María Helena González*

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Hay escritores que pertenecen a la música de orquesta. Ponen a funcionar todos los instrumentos porque necesitan que se escuchen en su integridad. En cambio existen otros para los cuales está destinada la música de cámara. A esta segunda categoría pertenece Rosario Castellanos.

Es la primera impresión que nos invade al penetrar en la pequeña sala donde se exhiben documentos, manuscritos y objetos que nos ofrecen el retrato íntegro de una mujer excepcional, pues su voz se escucha directamente gracias a la selección de textos escritos por ella, museográficamente muy bien dispuestos a lo largo del recorrido: nos guía por su trayectoria ella misma, no el equipo curatorial.

La muestra fue organizada en el Colegio de San Ildefonso por la Universidad Nacional Autónoma de México a través de su Coordinación de Difusión Cultural y la Dirección de Literatura y Fomento a la Lectura, con motivo del centenario del natalicio de la autora y en el contexto de la Feria del Libro y la Rosa, cada vez más exitosa gracias a los afanes de la también escritora y académica Rosa Beltrán. Titulada Un un cielo sin fronteras: Rosario Castellanos. Archivo inédito, cuyo texto de sala está firmado por Julia Santibáñez quien resume muy bien lo que debemos de ver, la muestra sale airosa en el mundo de las lecturas transtextuales.

Hay que decir que, con motivo del centenario del nacimiento de Rubén Bonifaz Nuño, la universidad no hizo tanto escándalo como con Rosario. A esto contribuyó su breve tránsito vital de 49 años, en los que practicó todos los géneros y en todos dejó una huella importante, pero además no olvidemos que estamos en la época de los feminismos, de los cuales ella fue bandera sin pretenderlo. Otra batalla de la que sale avante es que por su potencia evade la lectura cruzada que se suele hacer de ella y su trabajo en los motores de búsqueda de la red.

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En términos museográficos, el montaje es de gabinete, pues se centra en lo documental gracias a la flexibilidad de Gabriel Guerra Castellanos, hijo de la escritora. A estas alturas creemos que Rosario estaría de acuerdo en que no se destacara en su epistolario la relación con Ricardo Guerra y sí en cambio su amistad epistolar con Raúl Ortiz y Ortiz, su compañero más cercano junto con la poeta Dolores Castro, quien aparece en varias fotografías con ella. Por cierto aprovechamos para invitar a la presentación del volumen Cartas Encontradas, publicado por el Fondo de Cultura Económica que se llevará a cabo en el Museo de la Ciudad de Cuernavaca, MUCIC, en Cuernavaca el próximo 20 de octubre.

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Cuestionada la IA sobre la escritura autógrafa de la poeta y ensayista la cual percibimos en varios momentos de la exposición, ésta nos dice: “Las palabras que se enlazan unas con otras sin dar respiro muestran una mente desbordada, inagotable, que teje ideas a la velocidad de su angustia y de su lucidez. Allí está la escritora que piensa y siente en torrente, sin cortes, sin concesiones. El tamaño de la letra, amplio y seguro, es una declaración de presencia -aquí estoy, y no me borren-. Y al mismo tiempo, en sus titubeos gráficos, se percibe la grieta de la vulnerabilidad, la confesión de que la fortaleza no cancela la fragilidad”. En efecto, Rosario Castellanos fue una mujer fuerte, pero al mismo tiempo vulnerable, enérgica pero no violenta, en consonancia con Victoria Ocampo, Gabriela Mistral, Clarice Lispector, Marguerite Duras o Marguerite Yourcenar, quienes tampoco forzaron el lenguaje para someterlo a una ideología. Como decíamos al principio, su voz es música de cámara que nos murmura al oído con notas sutiles, pero al mismo tiempo resonantes en el espacio y en el tiempo.

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El cartel publicitario nos presenta a una muchacha joven y fresca de cejas naturales, pero a medida que avanzamos por su trayectoria vital e intelectual vamos descubriendo a una profesionista que pugnó por sus derechos en un mundo cultural dominado por los hombres, desde la presentación de sus tesis de licenciatura en filosofía en 1950 que prefigura publicaciones seminales para los estudios de género contemporáneos como Mujer que sabe latín. Antes de morir Rosario era otra: llevaba las cejas depiladas y resaltadas como se ve en las fotografías de Ricardo Salazar.

Castellanos ingresó directamente a la Rotonda de las Personas Ilustres por su estrecha cercanía con el expresidente Luis Echeverría, algo que tal vez ella no habría aprobado dada su tendencia a no molestar. Esta exposición concuerda con su espíritu en su modestia, pero no en su grandeza. La misma se podrá ver hasta el 26 de agosto.

*helenagonzalezcultura@gmail.com

Disponible en: Rosario Castellanos: del porte juvenil a la consagración intelectual - LA JORNADA MORELOS







 

domingo, 17 de agosto de 2025

Bajo el signo de Saturno: poesía y adivinación

 


Por Vicente Quirarte y María Helena González*

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Saturno es el signo de la melancolía, del arte y de la poesía. Su oscura luz alcanza a los dotados de una sensibilidad especial, como lo demuestra Walter Benjamin: “Vine al mundo bajo el signo de Saturno, el planeta de revolución más lenta, el astro de las dudas y las demoras”. O como dice César Vallejo: “Yo nací un día en que Dios estuvo enfermo. Y grave”.

Bajo la advocación de ese astro se presenta en el Museo Nacional de Arte una de las muestras más exitosas y mejor investigadas de los últimos tiempos. Se trata de una colectiva curada por David Caliz, formado como historiador en la ENAH, pero consagrado en el universo museístico gracias a su interés en otro sistema de pensamiento que no es el racional, pero que nos mueve a los seres humanos desde tiempos inmemoriales. Nos referimos a las creencias, próximas al sueño, la imaginación, la fantasía y la locura.

Los núcleos temáticos incluyen el espiritismo, la clarividencia, la quiromancia, el tarot, la cartomancia y, por supuesto, la astrología. Cierra el espacio Terror Cósmico, una especie de capilla dedicada a Rufino Tamayo y Mathías Goeritz que nos devuelve a la calle de Tacuba extasiados, alucinados. ¿Cómo es posible que una muestra de tal relevancia no se hubiera presentado antes?

El talento del curador consiste en encontrar y seleccionar obras pictóricas, esculturas y obra gráfica, además de sus referentes en publicaciones, de manera que podamos leerlos como “dispositivos de pensamiento creativo”, cuestionando la pertinencia del mundo hiperracionalizado en el que vivimos. En este ingente trabajo debemos reconocer la participación de la siempre amable y generosa Tely Duarte, quien aportó datos fundamentales.

De este modo, podemos decir que la muestra nos plantea un ejercicio epistemológico de la vida cotidiana. La representación de las artes herméticas ha convivido en nuestros hogares junto con cientos de objetos religiosos avalados desde siempre como parte de nuestro pensamiento mágico “oficial”. Así le damos explicación a la vida y a la muerte; lo que no es frecuente es que en los museos se muestre esta gran cantidad de simbolismos heterogéneos.

Una pieza importante, invaluable, es la carta astrológica de Ramón López Velarde, que llegó al fin de sus días la madrugada del 19 de junio de 1921. El poeta creía en los vaticinios, pues cuando cayó enfermo de la bronconeumonía que finalmente le arrancó la vida, recordó ante sus amigos la profecía de una gitana que le había dicho al leerle la mano: “Amas mucho a las mujeres, pero les temes. Esta línea me dice que morirás de asfixia”. En su poesía hay que buscar signos de esas creencias espiritistas y adivinatorias, como aparece en el poema inconcluso “El sueño de los guantes negros”, cuya atmósfera surreal anuncia las nuevas direcciones que su poesía iba a tomar. Junto a este documento aparece el que le dio origen a la muestra: se trata de la carta que elaborara André Breton para el poeta Jean Schuster, donada al museo en 2020 por el arquitecto Carlos Santos.

Destaca igualmente la pieza de Eugenia Martínez, artista contemporánea de Monterrey, quien presenta una mesa de tarot para despatriarcalizar el mundo vigente. La misma, de impecable factura, parafrasea los símbolos del Tarot de Marsella e incorpora un poema de Rosario Castellanos, esa feminista adelantada a su tiempo. Con esto se ve que las corrientes de pensamiento posmoderno no están reñidas con el pensamiento mágico.

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El espiritismo moderno nace en 1848 con las hermanas Fox en EE. UU. y se difunde en Europa y América Latina durante la segunda mitad del siglo XIX, gracias a figuras como Allan Kardec y Madame Blavatsky. En esa época, el espiritismo se consideraba una “ciencia de lo invisible” y llegó a atraer a intelectuales, médicos, científicos y escritores como Víctor Hugo, Arthur Conan Doyle, William Butler Yeats, Elizabeth Barrett Browning y Bram Stoker.

Las espiritistas, óleo de gran formato de Juan Téllez Toledo (1903), ilustra la manera en que se invocaba a los muertos. Es posible imaginarnos a Francisco I. Madero, cuyo retrato de civil nos recibe, tomando de la mano al vicepresidente José Ma. Pino Suárez, tratando de predecir el futuro, sin vaticinar que iban a morir juntos de manera trágica.

La pieza más reciente en el tiempo es del colectivo Tercerunquinto, cuyo trabajo se centra en intervenciones escultóricas y espaciales para explorar los límites entre lo público y lo privado. En este caso abordan las relaciones entre los terremotos de septiembre de 1985 y 2017 y la disposición de los astros en el plano celeste. Aparece ante nuestros ojos la ciudad destrozada, rearmada con pedazos de madera rescatados del desastre.

A unos cuantos pasos nos encontramos con la institucionalización de la suerte mediante piezas que representan el trayecto que va del juego de lotería de feria a la lotería nacional. Esto demuestra la amplitud de la investigación.

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“La oscuridad es otra luz”, decía la poeta argentina Olga Orozco. Del mismo modo, la penumbra no es sólo ausencia de luz: es una materia densa que se adhiere a la mirada y nos recuerda que, como Saturno, devorador de sus hijos, todo esplendor lleva en sí la semilla de su ocaso. En nuestra particular experiencia, el paseo por las salas del museo demuestra una vez más la importancia de la mirada conjunta: dos seres afanados en reconstruir el mundo a pesar de los obstáculos y la impertinencia de los necios. A veces es mejor creer en lo que no existe de manera racional.

*helenagonzalezcultura@gmail.com

Disponible en: Bajo el signo de Saturno: poesía y adivinación - LA JORNADA MORELOS

Juan Téllez Toledo, Los Espiritistas, 1093. Museo Nacional del Arte, INBAL

Agustín Víctor Casasola. La Adivinadora, ca. 1930. Fototeca Nacional, INAH. Archivo Casasola

Juan Téllez Toledo, Los Espiritistas [Detalle], 1093. Museo Nacional del Arte, INBAL












sábado, 28 de junio de 2025

Siqueiros documentado: una guía visual y crítica desde la mirada de Herner

 Por Helena González

María Helena González*

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“La interpretación de las obras de arte debe ser tan creativa como la creación misma”, escribe John Berger en Saber ver (1972), libro dedicado al análisis de la comunicación visual en un mundo saturado de imágenes. Con la inclusión de esta cita, a manera de epígrafe en el prólogo de Siqueiros documentado, la Dra. Mónica Ruiz pone el dedo en la llaga sobre lo que sucede durante la experiencia estética: el pensamiento propone y despropone de manera intermitente.

Pero la frase también sirve para enfatizar el valor de la aportación de su mentora, la Dra. Irene Herner, a la amplia bibliografía existente sobre David Alfaro Siqueiros (José de Jesús Alfaro Siqueiros, 1896-1974), uno de los diez artistas patrimoniales del país. Y es que Herner nos toma de la mano a lo largo de más de 400 páginas para enseñarnos a ver cada una de las 57 piezas seleccionadas que se nos presentan estupendamente fotografiadas.

Esta invitación a «saber ver», planteada desde el prólogo, se convierte así en una consigna metodológica que atraviesa todo el libro. Me explico: todos somos capaces de evaluar forma y fondo de las obras artísticas, pero hemos caído en el desaseo de la reflexión personal en aras de la respuesta rápida, la que nos ofrece el mercado del arte o —peor aún— la que se origina en los relatos de las vivencias de los artistas. Profundizo un poco en esta última idea antes de comentar con ustedes el volumen que nos ocupa.

Roland Barthes expresó en La muerte del autor (1967) que éste debe desaparecer para que el espectador produzca sentido. Pero, como señala Claire Dederer en Monsters: A Fan’s Dilemma (2023), en la era de las redes sociales sucede lo contrario: la experiencia estética se ve frecuentemente condicionada por el anecdotario. No vemos el valor de la metáfora plástica de La columna rota de Frida; nos preguntamos por sus abortos y amores. No apreciamos la aventurada propuesta casi expresionista de Van Gogh; vemos su locura mientras buscamos la oreja cortada.

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Herner, en cambio, no se deja seducir por aspectos biográficos o contextuales. Los menciona cuando es necesario -por ejemplo, cuando en la pintura hay algún elemento que alude al encarcelamiento del pintor, o cuando es pertinente mencionar a su esposa Angélica Arenal-, pero no se detiene en ellos. Tampoco invierte demasiado espacio en asuntos propios del coleccionismo (procedencia de las piezas, movimientos de colección, listados de exposiciones). En lugar de eso, insiste en que para entender a Siqueiros debemos tomar en cuenta su vocación experimental. Se centra en lo pictórico. Así, los elementos constitutivos de los retratos, autorretratos, paisajes y otros temas presentes en su obra aparecen desagregados en documentos que terminan leyéndose como textos autocontenidos. Al final, la magia ocurre porque logramos ver lo que le interesaba al creador: la dinámica de la mirada, la influencia del cine y de la fotografía en su obra, la fascinación por los materiales (como el Duco, un tipo de pintura automotriz, la baquelita o las piroxilinas), además del empleo de técnicas novedosas, como la pistola de aire.

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Herner añade que Siqueiros coincidía con Walter Benjamin en que el aura de la obra desaparece con la reproducción técnica; destaca que ambos señalaban que la reproducción en masa de las obras de arte (en libros, pantallas, anuncios) altera su significado y las descontextualiza. El pintor hablaba de sus creaciones como “matrices fotogénicas” susceptibles de ser reproducidas y animadas. Y puntualiza que, si bien hay aspectos del arte barroco, futurista, renacentista y cubista en su manera de recrear el mundo, es la voluntad de mestizar del pintor la que lo lleva a hacer una aportación única al arte universal. No se trata —dice la también profesora de la UNAM— de meras influencias, sino de una verdadera asimilación que deriva en originalidad.

El término mestizar se entiende muy bien en el caso de los autorretratos. La creación de los diversos “yoes” del pintor es fascinante. No importa el parecido entre la fisonomía y la creación; en cambio, el interés recae en las inusitadas maneras de presentarse, resultado del fuego creativo que lo animaba, un impulso que no habría ardido con tanta fuerza de no haber estado alimentado por un profundo conocimiento de la historia del arte.

En lo personal, si me preguntaran qué pieza me gusta más de este rubro, diría que es aquella en la que representa su rostro en un recuadro que puede ser espejo y fotografía al mismo tiempo. Se trata de un cuadro dentro del cuadro, que sostiene con una mano que —obedeciendo a un impulso lúdico— es mano pintada y fotografiada, realista y escultórica al mismo tiempo. Un juego de imágenes propio de nuestro alucinado tiempo. “Un montaje de diversas caras que convergen en una síntesis… Una evocación que hace patente una reflexión sobre la polivalencia y la volubilidad del yo, siempre cambiante, hecho de una diversidad de imágenes en movimiento. La cara del autorretratado es un acomodo de capas, personalidades diversas en el tiempo, proyectadas desde el fondo de un pasillo sin fin” (p. 63). La obra Autorretrato con espejo (1937). Piroxilina sobre baquelita, 76.2 x 61 cm., está disponible en línea en la colección del Museum of Fine Arts, Boston, que la adquirió en 2017.

*helenagonzalezcultura@gmail.com

  1. Resumen de los comentarios realizados con motivo de la presentación del libro titulado Siqueiros Documentado, de Irene Herner, de reciente aparición, publicado por el Instituto Nacional de Bellas Artes y la Secretaría de Cultura. Centro Tepoztlán, sábado 28 de junio de 2025. 


domingo, 11 de mayo de 2025

¿Museos en transformación?: comunidades, bienestar y una mirada desde Morelos

 

PorLa Jornada Morelos

 May 11, 2025

María Helena González*

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Este 18 de mayo se conmemora el Día Internacional de los Museos (DIM 2025), con el lema: El futuro de los museos en comunidades en constante cambio. Propuesta por el Consejo Internacional de Museos (ICOM) hace 47 años esta oportunidad podría servirnos para reflexionar sobre el papel de los museos en un contexto mundial profundamente marcado por la fragmentación social, la violencia y la desigualdad.

En Morelos en lo particular, donde la corrupción de la anterior administración ha contribuido a aumentar tremendamente la desconfianza en las instituciones, los museos y el patrimonio cultural edificado podrían plantearse como espacios estratégicos no devaluados ante la sociedad para la recomposición social y la construcción gradual de la tan necesaria paz.

¿Cómo o de qué manera estos centros culturales resultan tan relevantes?

En este espacio que agradezco a La Jornada Morelos trataré de explicarlo, comenzando por adelantar que más allá de servir para la conservación y la exhibición del patrimonio cultural, existe evidencia científica suficiente, desde hace cuatro décadas en otros países porque conciben como espacios enriquecidos en los que se fortalecen condiciones de salud mental y física.

Sin embargo, antes de pasar a dar detalles, es imprescindible que como historiadora del arte interesada en los sectores cultural y educativo por muchos años enfatice que es urgente superar la histórica desvinculación entre ambos sectores, el cultural y el educativo: reformular las políticas públicas desde una perspectiva verdaderamente inter y transdisciplinaria sería dar el primer paso.

Primero porque los museos son espacios donde se da el llamado aprendizaje no formal mientras que las escuelas públicas y particulares se dedican a evaluar y certificar el aprendizaje formal. Por lo tanto, no deben pensarse como instituciones aisladas, sino como nodos estratégicos dentro de ecosistemas de conocimiento, salud pública y reconstrucción social. Desde esta postura epistemológica, además los museos son importantes porque desde el surgimiento de la Museología Crítica -que cuestiona quién y de dónde nacen las narrativas que se exhiben- nos permiten integrar los saberes comunitarios en los montajes museográficos.

Hoy se habla mucho de descolonización entre los profesionales de los museos. El filósofo Enrique Dussel insistía en una «descolonización epistemológica», que implica abandonar los modelos científicos dominantes, eurocentristas y anglosajones, y crear nuevos conocimientos acordes con las necesidades de México y América Latina.

Por su parte, el pedagogo Aurelio Vázquez Ramos ha estudiado el humanismo y el constructivismo sociocultural, proponiendo que la educación debe centrarse en el desarrollo integral del ser humano y en la construcción de conocimientos significativos a través de la interacción social.

En el ámbito educativo formal, o sea en los departamentos de psicopedagogía de los colegios se habla desde hace más de dos décadas de que el aprendizaje debe ser significativo. De acuerdo con la propuesta de Ausubel y la neurociencia sabemos que aprendemos con base en la curiosidad, que a su vez genera motivación. Sabemos que ésta pasa por la zona de las emociones del cerebro (el famoso Circuito de Papez que luego se explicó de manera más compleja) y al final se consolida en la memoria extendida como recuerdos significativos.

En su obra «Humanismo mexicano y constructivismo sociocultural: Dos paradigmas de la Nueva Escuela Mexicana para la Educación Media Superior», Vázquez Ramos destaca la importancia de estos enfoques en la formación educativa.

Además, investigadores como Arturo Argueta Villamar, Eduardo Corona-M. y Paul Hersch Martínez han coordinado trabajos sobre los saberes colectivos y el diálogo de saberes en México, destacando la importancia de integrar los conocimientos tradicionales y científicos para abordar los desafíos sociales y ambientales del país. En su obra «Saberes colectivos y diálogo de saberes en México», los autores ofrecen una visión de conjunto de los múltiples saberes colectivos de los pueblos indígenas y campesinos de México, desde diversos enfoques.

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Desde mi experiencia como ex titular de la Dirección de Museos y Exposiciones de la Secretaría de Turismo y Cultura de Morelos (2018–2022), propongo ahora una reflexión situada: ¿para qué sirven casi 40 museos en una entidad como Morelos, en la que la descomposición del tejido comunitario y la falta de trabajo conjunto de los sectores educativos formal y no formal NO fomentan planes de trabajo conjunto que aprovechen las capacidades de la tan compleja cognición? La pedagogía constructivista, Piaget y Vygotsky plantearon que la estructura cognitiva del cerebro -lo estoy simplificando porque no sólo se trata del cerebro sino del cuerpo y la cultura- se va enriqueciendo a medida que los estímulos resultan de interés para el niño y lo he dicho antes, los museos de todo tipo son espacios enriquecidos que los planes pedagógicos no aprovechan.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2023), Morelos se mantiene entre los primeros lugares de percepción de inseguridad y violencia, mientras que informes del Observatorio Nacional Ciudadano advierten sobre el debilitamiento de los vínculos sociales. En este marco, urge repensar a los museos no como recintos pasivos de conservación y exhibición de objetos -intención que coincide con la de la llamada Nueva Museología propuesta a finales del siglo pasado-, sino como agentes activos en la recomposición social.

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La aprobación de la Ley General de Cultura y Derechos Culturales en 2017 representó un avance al reconocer la cultura como un derecho. Esta ley garantiza el acceso a manifestaciones culturales, infraestructura y programas educativos (Art. 12), y obliga al Estado a fortalecer la educación artística y cultural (Art. 19-IX). Sin embargo, omite de forma preocupante el vínculo entre cultura y el bienestar social, dejando fuera el potencial terapéutico, emocional y transformador de instituciones como los museos.

Durante mi gestión, supervisé seis espacios museísticos adscritos a la entonces Secretaría de Turismo y Cultura: tres conmemorativos del zapatismo (Anenecuilco, Chinameca, Tlaltizapán), el Museo dedicado a Mariano Matamoros en Jantetelco y el Centro Cultural Jardín Borda en Cuernavaca. Una de las cosas que más me gustaba era comprobar, como decía mi amigo Adalberto Ríos Szalay, que Anenecuilco era un museo comunitario sin estar formalizado como tal. La razón era la procedencia del acervo, en su mayoría piezas donadas por el pueblo para orgullo de su comunidad, máquinas de coser, metates, piezas de cestería, armamento y ropa, muchas de las piezas identificadas como “zapatistas” hacían que el lugar se percibiera casi como un espacio sagrado, pero sobre todo propicio para el fortalecimiento de redes de apoyo, toma de decisiones colectivas importantes para la comunidad.

Ninguno de los espacios culturales que con muchas dificultades dirigí porque quien encabezó la dependencia después de la actual gobernadora desconocía las teorías y el lenguaje especializado en los museos, el arte, las exposiciones y el patrimonio cultural contaba con departamentos de servicios educativos, equipos especializados permanentes ni presupuesto para investigación o programación cultural sostenida. Cuando encabecé la gestión del Museo Morelense de Arte Contemporáneo Juan Soriano nunca quiso escuchar mi plan de trabajo para el mismo.

En todos los museos el trabajo recaía en la buena voluntad de muchos de los integrantes de los equipos que hacían más labores de las que les tocaba hacer de acuerdo a sus perfiles de puesto, evidenciándose de este modo el compromiso de la gente con lo que sabía o intuía podía generar bienestar y florecimiento.

Hoy diríamos más sencillamente que a todos nos tranquilizaba y nos sanaba respirar una paz que se da más fácilmente que en la calle, que se puede acudir con la familia a pasar un buen rato, que se perciben belleza y armonía fácilmente y eso nos reducía el estrés de no contar con recursos para montar muestras a la altura del patrimonio cultural que tenemos en México, a la altura de los mejores del mundo. Además, veíamos día a día que visitar los recintos culturales (jardines botánicos también entran en esta clasificación) fortalece la cohesión social y en términos de bienestar hedónico los estímulos placenteros generan producción de neurotransmisores como la dopamina y la serotonina.

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En 2022, el Consejo Internacional de Museos (ICOM) adoptó una definición transformadora que destaca la función social de los museos:

Los museos son Instituciones permanentes, sin fines de lucro, al servicio de la sociedad, que investigan, coleccionan, conservan, interpretan y exhiben el patrimonio material e inmaterial. Abiertos al público, accesibles e inclusivos, fomentan la diversidad y la sostenibilidad. Con la participación de las comunidades, ofrecen experiencias para la educación, el disfrute, la reflexión y el intercambio de conocimientos.

Esta definición fue el resultado de años de trabajo de cientos de comités en varios países y se alinea no sólo con la corrientes de la Nueva Museología, sino que adopta implícitamente la Museología Crítica de las que ya hablamos en este artículo: incluye hallazgos publicados por científicos e instituciones académicas que han empleado instrumentos de evaluación, entre ellos escalas, observación directa, estudios cualitativos, métodos psicofisiológicos y análisis de comentarios y reseñas de los usuarios.

En Morelos, la propuesta del Plan COPIEM (Comisión para la Planeación del Desarrollo Integral del Estado de Morelos), si se toma como propuesta interdisciplinaria podría ofrecer un marco estratégico para vincular la educación formal con la no formal, como he dicho. Porque sin una integración real entre cultura, salud y educación, seguiremos reproduciendo esquemas fragmentarios.

John Falk, uno de los grandes estudiosos del bienestar en museos (2021) ha demostrado que el aprendizaje autodirigido (free-choice learning) permite construir trayectorias de conocimiento basadas en la experiencia, la curiosidad y la relevancia personal, con efectos positivos evaluables en la autoeficacia, la identidad y el sentido de pertenencia.

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Al enfrentarme con sumo gozo a una investigación de posgrado inscrita en el campo de las ciencias cognitivas enfocada en la relación entre museos y bienestar, concebido no como placer o entretenimiento, sino como un proceso dinámico de florecimiento humano, propongo pensar el bienestar -término sobre el cual podríamos hablar horas- tomando en cuenta la definición del Dr. Jorge Oseguera (2024):

Un estado emergente y dinámico resultante de la interacción sinérgica y no lineal entre múltiples dimensiones interconectadas: físico, subjetivo, social, económico y ecológico, operando desde lo individual a lo global.

La literatura científica actual permite medir distintas expresiones del bienestar:

• Hedónico: placer, relajación, disfrute.

• Eudaimónico: sentido de vida, agencia, crecimiento personal.

• Físico y social: salud, vínculos, reciprocidad comunitaria.

• Y otras

La profesora Helen Chatterjee (University College London) ha liderado investigaciones que demuestran cómo la participación en actividades museales mejora la salud mental, reduce el estrés y contribuye a la resiliencia emocional (Chatterjee & Noble, 2016, p. 104).

Estos efectos se han documentado incluso en poblaciones vulnerables, como mujeres violentadas, o personas con trastornos mentales, evidenciando el potencial reparador de los espacios culturales cuando se los concibe como espacios terapéuticos.

Durante mi gestión, el Jardín Borda llegaba a recibir hasta 1,200 visitantes en un solo domingo por el acceso gratuito y factores como la cercanía con el zócalo, el acceso a los baños y el acceso al hermoso e histórico jardín. Pero la pregunta crucial que yo me hacía era: ¿quiénes vienen?, ¿qué buscan?, ¿qué cambia en ellos tras la visita? Así fue como empecé a interesarme en el estudio de los públicos de los museos y el efecto de las visitas en ellos. Realicé mis primeras encuestas después de las prácticas de mediación que hicimos el Dr. Mario Poggio y el equipo que creyó en nosotros. Las mismas arrojaban palabras asociadas al bienestar, todas del mismo campo semántico. ¿Por qué? Porque se generaba metacognición -se trata de la cognición sobre la propia cognición (John Flavell, década de los setenta)- y eso le mostraba a la gente lo que sabía, y lo que no sabía, pero podía aprender, y sobre todo cómo iba percibiendo y luego sintiendo (en el sentido de sensación y de sentimiento) los estímulos.

Por otro lado, los museos ofrecen un entorno propicio para resignificar la experiencia del otro, me refiero a los otros, quienes formaban parte de los grupos que organizábamos. Y esto por supuesto disminuía sesgos cognitivos como el de confirmación (“tiendo a comprobar lo que ya sé con la información que busco”) o el sesgo de secuela (“mi vida tiene que darse de una sola manera porque es el resultado del hecho “a” + “b”, por lo tanto, sigue el “c”, cosa que el arte ha demostrado una y mil veces es falso). Estos procesos se ven modulados por la reflexión compartida, el diálogo intersubjetivo y la exposición a narrativas diversas.

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En su célebre epistolario de 1932, Albert Einstein le preguntó a Sigmund Freud si había alguna forma de evitar la guerra. Freud respondió que tal vez, en lo más profundo, la humanidad sólo podría orientarse hacia la paz si desarrollaba una “identificación afectiva” con los otros. Esa capacidad, añadía, podía ser cultivada mediante la educación, la cultura… y el arte.

Décadas después, Susan Magsamen y Ivy Ross (2023), desde la neuroestética contemporánea, lo confirman:

“Las artes y las experiencias estéticas son esenciales para la condición humana… Al reducir la activación de la amígdala cerebral relacionada con el estrés, se reduce el cortisol y eso nos lleva a nuestro estado parasimpático de ‘descanso y digestión’.” (Your Brain on Art, p. 32)

Ya me da miedo usar la palabra bienestar porque ha caído en un descrédito tremendo y no sólo se debe al abuso político del término, sino al contexto malentendido de la psicología positiva con el cual se relaciona. Lo que quiero decir es que los museos deben pensarse como plataformas para el florecimiento humano. Son más que plataformas para entender el mercado del arte, ir a enterarnos de las intimidades y anécdotas de las vidas de los creadores y espacios de lucimiento político. Son una necesidad.

Por ello, invito a la ciudadanía a acompañarme en una conferencia donde compartiré avances de investigación y mucho de lo que he aprendido en el CINCCO (Centro de Investigación en Ciencias Cognitivas de la UAEM). La misma se titula Cultivar el florecimiento: ¿por qué los Museos nos producen bienestar?

*helenagonzalezcultura@gmail.com

Datos para recordar:

Fecha: Sábado 17 de mayo de 2025, a las 13:00 horas, en el Centro Cultural Jardín Borda. Avenida Morelos 271, Cuernavaca, Centro, MOR.

Referencias en APA 7

• Chatterjee, H., & Noble, G. (2016). Museums, Health and Well-Being. Routledge.

• Falk, J. H. (2001). Free-choice learning: An alternative term to informal learning? International Conference on Learning Sciences.

• ICOM. (2022). Nueva definición de museo. International Council of Museums. https://icom.museum/en/resources/standards/museum-definition/

• Kawabata, H., & Zeki, S. (2004). Neural correlates of beauty. Journal of Neurophysiology, 91(4), 1699–1705. https://doi.org/10.1152/jn.00696.2003

• Magsamen, S., & Ross, I. (2023). Your Brain on Art: How the Arts Transform Us. Random House.

• Oseguera, J. (2024). [Definición inédita citada con autorización académica].

• Dussel, E. (2019). El papel de la filosofía en la ciencia y el desarrollo tecnológico. Conferencia magistral en el ciclo «Ciencia por México», organizado por el Conacyt. Recuperado de https://secihti.mx/los-latinoamericanos-hemos-dado-el-primer-paso-hacia-la-descolonizacion-epistemologica-enrique-dussel/

• Vázquez Ramos, A. (2023). Humanismo mexicano y constructivismo sociocultural: Dos paradigmas de la Nueva Escuela Mexicana para la Educación Media Superior. Xalapa, Veracruz: Colegio de Bachilleres del Estado de Veracruz. Recuperado de https://www.uv.mx/personal/auvazquez/files/2023/06/LIBRO-HUMANISMO-MEXICANO-Y-CONSTRUCTIVISMO-SOCIOCULTURAL.Aurelio.pdf

• Argueta Villamar, A., Corona-M., E., & Hersch Martínez, P. (Coords.). (2017). Saberes colectivos y diálogo de saberes en México. México: Universidad Nacional Autónoma de México. Recuperado de https://ru.iiec.unam.mx/2170/1/INR%20Saberes%20CRIM%20pdf.pdf


Disponible en: https://www.lajornadamorelos.mx/sociedad/museos-en-transformacion-comunidades-bienestar-y-una-mirada-desde-morelos/

viernes, 9 de mayo de 2025

Lo real y su doble: exposición de Beatriz Ezban en el Seminario de Cultura Mexicana

 

PorLa Jornada Morelos

 May 9, 2025

María Helena González*

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Acudí a ver la exposición de Beatriz Ezban porque soy miembro activo del Seminario de Cultura Mexicana capítulo Cuernavaca y me siento comprometida con el trabajo de mis colegas, especialmente los involucrados en las artes plásticas: si no hacemos trabajo colaborativo en tiempos de crisis, la precariedad de las instituciones se evidencia más.

Pero en este caso me llevó hasta Polanco en primerísimo lugar el planteamiento de un tema que me fascina de tiempo atrás, me refiero a la representación del yo en las artes. Lo he puesto en letras partiendo de presupuestos teóricos de las ciencias cognitivas en más de una ocasión. La más reciente cuando escribí el guion curatorial de la exposición dedicada al pintor jalisciense Manuel González Serrano para el MUSA de Guadalajara, exhibida en ese espacio hace casi 2 años. Uno de los textos fundamentales pensar ese tema ha sido el libro Neurofilosofía del yoautoconciencia e identidad personal (2022, Bonilla. UNAM. Col. Bioética) del Dr. José Luis Díaz Gómez, médico investigador quien me ha abierto los ojos de un modo que no deja de sorprenderme cuando me topo con autorretratos, autobiografías, memorias y epistolarios, por poner algunos ejemplos de obras cuyo asunto manifiesto es la propia identidad.

En el caso de la exposición de Beatriz Ezban, el tema se traduce en sus interesantes aproximaciones a la representación de lo real y su deformación, que cuestiona acremente la idea del autorretrato entendido de manera tradicional, es decir, idealizado. Para ello, la creadora emplea la tecnología y un material reflejante como soporte. En un momento más abundaré en su proceso creativo.


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Curada por Michel Blancsubé, la muestra plantea a quien se enfrenta a las piezas no sólo la pregunta ¿quién es el sujeto de la representación? refiriéndose al autor o autora, sino quién es el que mira, pues como espectadores terminamos formando parte de la pieza al encontrarnos reflejados y distorsionados en ellas. Aparecemos de pronto fragmentados entre los recortes de los collages creados por Ezban. El conflicto no se maquilla, se hace evidente desde el epígrafe con el que se abre el texto de sala: El narcisista sufre por no amarse a sí mismo: sólo ama su representación, citando a Clément Rosset.

Platicando con la pintora, con quien tuve la suerte de coincidir en la sala, pensaba en qué habría dicho la crítica de arte Teresa del Conde, quien se sujetaba a los presupuestos freudianos con verdadera pasión si hubiera estado allí. ¿Añadiría a su visión psicoanalítica algunas propuestas de Díaz Gómez? ¿Pondría en un segundo término la idea junguiana de la sombra, ese tan atormentador concepto que ha hecho de las suyas en la literatura generando obras tan importantes como The strange case of Dr. Jeckill and Mr. Hyde de Robert Louis Stevenson, para darle paso a las manifstaciones del yo en términos de la cognición?

Díaz Gómez ha encontrado más de veinte posibilidades de aproximación al yo. Entre ellas aparecen la corporalidad como base del mismo; la posibilidad de la introspección que genera un yo mental; el yo narrativo que es el que se expresa; la evocación que nos da un yo que fue y es mutable; la otredad que habla de nuestro yo encontrado en los otros y el yo como consciencia moral.

Para el caso de la exposición que comento, me parece pertinente detenerme en la idea del yo como autorreferencia, ese concepto que se basa en un yo sujeto y en un yo sustantivo, es decir, el que percibe y el que es percibido. Ahí hay un desdoblamiento muy interesante.

¿Por qué? Porque la creadora emplea grandes formatos forrados con papel espejado -mylar- sobre los cuales va pegando trozos de fotografías ampliadas de ella misma, en las que su imagen aparece distorsionada y fragmentada. Captura su imagen con un teléfono celular que a veces también aparece, la amplía, la deforma y la recorta para luego formar composiciones que terminan percibiéndose en un primer momento como si fueran trazos de un expresionismo abstracto novedoso por los materiales empleados. De este modo también contribuye a cuestionar las categorías visuales que usamos para referirnos a lo que sucede en el “espacio pictórico”, porque de bote pronto sus piezas de gran formato nos parecen una revisión más del abstraccionismo surgido en la década de los 50 en la Escuela de Nueva York.

Mirando con atención los fragmentos descubrimos poco a poco el rostro de la autora, pero de manera sorprendente también vamos descubriéndonos a nosotros mismos dentro de las obras. Formamos parte de un juego de espejos sin habérnoslo propuesto. Esta diégesis, más allá de recordar las casas de espejos de los circos nos plantean la pregunta que dio origen a la filosofía: ¿quiénes somos? ¿De verdad somos ese rostro invertido que aparece ante el espejo todos los días? ¿Quién es ese ser imposible de conocerse porque entre otras cosas jamás se verá la espalda y el cuerpo completo al mismo tiempo? ¿Por qué guían nuestra conducta las fotografías retocadas? ¿Qué papel juegan la eterna sonrisa de las imágenes de las redes sociales y la falta de ella en el trabajo de Ezban?

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La idea del doble cuenta con una larga historia en las artes, nace de la conciencia sobre lo semejante, de las habilidades de las facultades perceptivas para comparar mínimos detalles. El ejercicio más conocido en los museos es el autorretrato, pero en esos casos descubrimos que el doble termina siendo siempre diferente del autor. Nadie en México como El Corcito y Juan O´Gorman para echarnos en cara que el sujeto se percibe de un modo siendo otro, que a su vez termina re-presentado según los cánones que dictan los estilos del momento.

La historia de la Academia es el gran soporte porque basa su existencia en la posibilidad de la mímesis, en la copia de los objetos, en su transporte a la bidimensión del papel o la tela con colores, o a la tridimensión en el caso de la escultura. Pero lo que nunca ha hecho la Academia es responder por qué tenemos la angustiosa necesidad de representar lo que está allá afuera, si eso ya existe. ¿Por qué recreamos los objetos del mundo?, ¿por qué necesitamos re-asegurarnos de su existencia por medio de la imagen?

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Concluyo: si bien la idea del doble en el sentido figurado ha estimulado la imaginación desde la más temprana antigüedad porque la posibilidad de apoderarse de la propia representación seduce, en el caso de la exposición que comentamos también podríamos añadir la reflexión sobre las enfermedades de la imagen propias de la posmodernidad: esas enfermedades que autodestruyen a la persona que se siente alejada de los cánones de belleza que imponen los medios masivos de comunicación.

Los egipcios creían que el ka formado al mismo tiempo que el cuerpo material era un doble sutil. Tiempo después encontramos en el folclore la idea del doble como un ser inquietante, a veces maligno presagio de muerte, como cuando se rompe un espejo. Lo que hoy vivimos con respecto a la imagen del yo como cuerpo es esta idea llevada al extremo.

La curación tal vez resida en repetirnos que nuestro yo está conformado por una multiplicidad de yoes que se coordinan para generar cordura. Los neurocientíficos no alcanzan a ubicar en el cerebro en donde reside este yo unificador -recordemos que la cognición también es extendida y enactiva-, pero eso no debe quirarnos el sueño, lo que debemos tener en mente es que no mentimos, que no estamos locos: nos habitan personajes diversos.

Variantes de este asunto llevaron al hoy olvidado José Luis Cuevas a tomarse fotografías diarias para ser testigo de su envejecimiento; el Retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde lo inspiró. Hoy Beatriz Ezban nos recuerda esta y otras cuestiones que jamás dejaremos de hacernos frente al espejo.

Galería de exposiciones del Seminario de Cultura Mexicana. Abierta de martes a domingo de 11 a 18 horas. Avenida Presidente Mazaryk 526, Polanco. Entrada libre. Del 10 de abril al 08 de junio de 2025.

*helenagonzalezcultura@gmail.com

Disponible en: https://www.lajornadamorelos.mx/opinion/lo-real-y-su-doble-exposicion-de-beatriz-ezban-en-el-seminario-de-cultura-mexicana/ 





sábado, 12 de abril de 2025

Yolanda Quijano: la imaginación rigurosa de una maestra de la pintura-La Jornada Morelos

  Abr 12, 2025

Por: María Helena González*




El domingo 6 de abril se inauguró en el Salón de la Plástica Mexicana (Colima 196, Colonia Roma, CDMX) una exposición dedicada a la revisión del trabajo de la Maestra Yolanda Quijano -nacida Ma. de la Luz Yolanda Pantoja y Fuentes-, creadora de una obra que se puede calificar a simple vista como lírica y refinada, aunque desvelando por capas cada una de sus creaciones podemos ir descubriendo influencias e intenciones.

A sus más de noventa años de edad, Yolanda mantiene viva la llama de sus reflexiones, profundamente rigurosas. No es casual que esta muestra tenga lugar en ese espacio que —vale la pena decirlo— sobrevive más por la insistencia de las y los artistas que lo nutren (y el prestigio de muchos que han pasado por sus instalaciones) que por algún respaldo institucional. Sin ir más lejos, ella ha sido una de las más activas integrantes de dicha asociación fundada en 1949. El Salón carece de recursos, su museografía es mínima y sigue sin recibir el apoyo indispensable del INBAL, como muchos museos y galerías del país.

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Originaria de Yucatán, Yolanda ha vivido en Cuernavaca casi toda su vida. Es morelense por decisión, por pertenencia afectiva y creativa. Aquí formó a su familia, varios de ellos artistas: Alejandro Quijano, quien es escultor, gestor cultural y curador y Adriano Silva Pantoja, que es pintor.


De quien fuera su segundo marido, Adriano Silva Castañeda tendríamos que hablar otro día porque su obra escultórica es absolutamente propositiva, fue un tallador en madera de gran finura que nos legó piezas de mediano y gran formato verdaderamente memorables.

Volviendo a doña Yolanda, hemos de señalar que su obra merece una revisión más exhaustiva, porque podríamos extendendernos hablando de sus técnicas y procedimientos, pero también del contenido simbólico de largo alcance del que se ocupa, que está lejos de etiquetas simplificadoras como el surrealismo, el realismo mágico, o la magia que dice ella debemos encontrar en todo suceso vital.

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Detengámonos un momento a mirar: los fondos de sus obras, por ejemplo, son ricos en degradados, ofrecen varias dimensiones de profundidad y una paleta cromática que va del terciopelo oscuro a los tonos iridiscentes, pasando por las transparencias de las técnicas de agua, o las opacidades de la pintura más pastosa. Sus pinceles le obedecen, su maestría técnica es poco común.

Por otro lado, hay que decir que su universo temático gira en torno a la figuración fantástica, con una iconografía habitada por cuerpos, rostros, máscaras, peces, espirales y geometrías flotantes que no obedecen a la lógica del sueño, sino a la de la imaginación lúcida. Sí, su universo es femenino, pero no es feminista, no reclama, no pelea, simplemente conoce el imaginario de quien vive entre los muros del hogar creando hijos, cocinando, pensando la vida. “A veces los pinceles crean con lágrimas”, comentó su hijo Alejandro durante la inauguración, aludiendo a la vida con su primer marido, su padre, pero esa dimensión íntima, profunda, que algunas obras cargan consigo es más jocosa que triste. Lejos del sentimentalismo, esta confesión recuerda lo que decía Georges Bataille: “el arte verdadero nace de un desbordamiento interior, una herida abierta se transforma en imagen”. También Octavio Paz escribió que “la creación poética es hija del asombro y del sufrimiento”, pero en esa línea, las pinturas de Quijano no buscan ensombrecer el mundo, sino habitarlo desde la emoción, a veces contenida, siempre auténtica.

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Quiero destacar que uno de los aspectos más notables de su trabajo es el uso del recurso de la variación, una estrategia plástica que ha sido empleada por grandes maestros. Quijano toma un tema y lo transforma desde múltiples ángulos, sin perder la cohesión interna. Un ejemplo es su conjunto de serigrafías intervenidas en la década de los 80: alrededor de cien piezas, todas distintas entre sí (en la muestra no está la serie completa, cosa que hubiera sido un gran acierto), aunque derivadas de una misma placa o impresión. Lo que en una pieza aparece como una mandolina en las manos de una mujer, en otra es un pez; lo que en una composición es un fondo de rombos, en otra son ritmos creados a base de líneas, líneas que en otras piezas ya son de otro color y por lo tanto crean otra atmósfera.

A la par de su obra pictórica, Yolanda Quijano produce cajas-objeto de un encanto singular. En la tradición de Joseph Cornell, pero con una voz propia, estas piezas tridimensionales combinan elementos poéticos, visuales y simbólicos: pequeñas arquitecturas íntimas, enigmáticas, seductoras. Son cofres de memoria y ficción, armados con retazos del pasado, muñecas antiguas, pequeños niños de rosca de reyes, un universo infantil en blanco que destaca el sentido de la elegancia y sugiere que el mundo de los objetos cuenta un sinfín de historias que hemos de descubrir.


Termino insistiendo en que Yolanda Quijano es una artista de procesos, de búsquedas, de capas. Su trabajo se aleja de las estridencias del mercado o del capricho de las modas, se ofrece como un acto de creación generosa y profunda. Merece una antología razonada, porque artistas como ella no abundan, y cuando florecen en silencio, hay que hacer el esfuerzo de escuchar. La muestra termina el 6 de mayo.

*helenagonzalezcultura@gmail.com