domingo, 11 de mayo de 2025

¿Museos en transformación?: comunidades, bienestar y una mirada desde Morelos

 

PorLa Jornada Morelos

 May 11, 2025

María Helena González*

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Este 18 de mayo se conmemora el Día Internacional de los Museos (DIM 2025), con el lema: El futuro de los museos en comunidades en constante cambio. Propuesta por el Consejo Internacional de Museos (ICOM) hace 47 años esta oportunidad podría servirnos para reflexionar sobre el papel de los museos en un contexto mundial profundamente marcado por la fragmentación social, la violencia y la desigualdad.

En Morelos en lo particular, donde la corrupción de la anterior administración ha contribuido a aumentar tremendamente la desconfianza en las instituciones, los museos y el patrimonio cultural edificado podrían plantearse como espacios estratégicos no devaluados ante la sociedad para la recomposición social y la construcción gradual de la tan necesaria paz.

¿Cómo o de qué manera estos centros culturales resultan tan relevantes?

En este espacio que agradezco a La Jornada Morelos trataré de explicarlo, comenzando por adelantar que más allá de servir para la conservación y la exhibición del patrimonio cultural, existe evidencia científica suficiente, desde hace cuatro décadas en otros países porque conciben como espacios enriquecidos en los que se fortalecen condiciones de salud mental y física.

Sin embargo, antes de pasar a dar detalles, es imprescindible que como historiadora del arte interesada en los sectores cultural y educativo por muchos años enfatice que es urgente superar la histórica desvinculación entre ambos sectores, el cultural y el educativo: reformular las políticas públicas desde una perspectiva verdaderamente inter y transdisciplinaria sería dar el primer paso.

Primero porque los museos son espacios donde se da el llamado aprendizaje no formal mientras que las escuelas públicas y particulares se dedican a evaluar y certificar el aprendizaje formal. Por lo tanto, no deben pensarse como instituciones aisladas, sino como nodos estratégicos dentro de ecosistemas de conocimiento, salud pública y reconstrucción social. Desde esta postura epistemológica, además los museos son importantes porque desde el surgimiento de la Museología Crítica -que cuestiona quién y de dónde nacen las narrativas que se exhiben- nos permiten integrar los saberes comunitarios en los montajes museográficos.

Hoy se habla mucho de descolonización entre los profesionales de los museos. El filósofo Enrique Dussel insistía en una «descolonización epistemológica», que implica abandonar los modelos científicos dominantes, eurocentristas y anglosajones, y crear nuevos conocimientos acordes con las necesidades de México y América Latina.

Por su parte, el pedagogo Aurelio Vázquez Ramos ha estudiado el humanismo y el constructivismo sociocultural, proponiendo que la educación debe centrarse en el desarrollo integral del ser humano y en la construcción de conocimientos significativos a través de la interacción social.

En el ámbito educativo formal, o sea en los departamentos de psicopedagogía de los colegios se habla desde hace más de dos décadas de que el aprendizaje debe ser significativo. De acuerdo con la propuesta de Ausubel y la neurociencia sabemos que aprendemos con base en la curiosidad, que a su vez genera motivación. Sabemos que ésta pasa por la zona de las emociones del cerebro (el famoso Circuito de Papez que luego se explicó de manera más compleja) y al final se consolida en la memoria extendida como recuerdos significativos.

En su obra «Humanismo mexicano y constructivismo sociocultural: Dos paradigmas de la Nueva Escuela Mexicana para la Educación Media Superior», Vázquez Ramos destaca la importancia de estos enfoques en la formación educativa.

Además, investigadores como Arturo Argueta Villamar, Eduardo Corona-M. y Paul Hersch Martínez han coordinado trabajos sobre los saberes colectivos y el diálogo de saberes en México, destacando la importancia de integrar los conocimientos tradicionales y científicos para abordar los desafíos sociales y ambientales del país. En su obra «Saberes colectivos y diálogo de saberes en México», los autores ofrecen una visión de conjunto de los múltiples saberes colectivos de los pueblos indígenas y campesinos de México, desde diversos enfoques.

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Desde mi experiencia como ex titular de la Dirección de Museos y Exposiciones de la Secretaría de Turismo y Cultura de Morelos (2018–2022), propongo ahora una reflexión situada: ¿para qué sirven casi 40 museos en una entidad como Morelos, en la que la descomposición del tejido comunitario y la falta de trabajo conjunto de los sectores educativos formal y no formal NO fomentan planes de trabajo conjunto que aprovechen las capacidades de la tan compleja cognición? La pedagogía constructivista, Piaget y Vygotsky plantearon que la estructura cognitiva del cerebro -lo estoy simplificando porque no sólo se trata del cerebro sino del cuerpo y la cultura- se va enriqueciendo a medida que los estímulos resultan de interés para el niño y lo he dicho antes, los museos de todo tipo son espacios enriquecidos que los planes pedagógicos no aprovechan.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2023), Morelos se mantiene entre los primeros lugares de percepción de inseguridad y violencia, mientras que informes del Observatorio Nacional Ciudadano advierten sobre el debilitamiento de los vínculos sociales. En este marco, urge repensar a los museos no como recintos pasivos de conservación y exhibición de objetos -intención que coincide con la de la llamada Nueva Museología propuesta a finales del siglo pasado-, sino como agentes activos en la recomposición social.

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La aprobación de la Ley General de Cultura y Derechos Culturales en 2017 representó un avance al reconocer la cultura como un derecho. Esta ley garantiza el acceso a manifestaciones culturales, infraestructura y programas educativos (Art. 12), y obliga al Estado a fortalecer la educación artística y cultural (Art. 19-IX). Sin embargo, omite de forma preocupante el vínculo entre cultura y el bienestar social, dejando fuera el potencial terapéutico, emocional y transformador de instituciones como los museos.

Durante mi gestión, supervisé seis espacios museísticos adscritos a la entonces Secretaría de Turismo y Cultura: tres conmemorativos del zapatismo (Anenecuilco, Chinameca, Tlaltizapán), el Museo dedicado a Mariano Matamoros en Jantetelco y el Centro Cultural Jardín Borda en Cuernavaca. Una de las cosas que más me gustaba era comprobar, como decía mi amigo Adalberto Ríos Szalay, que Anenecuilco era un museo comunitario sin estar formalizado como tal. La razón era la procedencia del acervo, en su mayoría piezas donadas por el pueblo para orgullo de su comunidad, máquinas de coser, metates, piezas de cestería, armamento y ropa, muchas de las piezas identificadas como “zapatistas” hacían que el lugar se percibiera casi como un espacio sagrado, pero sobre todo propicio para el fortalecimiento de redes de apoyo, toma de decisiones colectivas importantes para la comunidad.

Ninguno de los espacios culturales que con muchas dificultades dirigí porque quien encabezó la dependencia después de la actual gobernadora desconocía las teorías y el lenguaje especializado en los museos, el arte, las exposiciones y el patrimonio cultural contaba con departamentos de servicios educativos, equipos especializados permanentes ni presupuesto para investigación o programación cultural sostenida. Cuando encabecé la gestión del Museo Morelense de Arte Contemporáneo Juan Soriano nunca quiso escuchar mi plan de trabajo para el mismo.

En todos los museos el trabajo recaía en la buena voluntad de muchos de los integrantes de los equipos que hacían más labores de las que les tocaba hacer de acuerdo a sus perfiles de puesto, evidenciándose de este modo el compromiso de la gente con lo que sabía o intuía podía generar bienestar y florecimiento.

Hoy diríamos más sencillamente que a todos nos tranquilizaba y nos sanaba respirar una paz que se da más fácilmente que en la calle, que se puede acudir con la familia a pasar un buen rato, que se perciben belleza y armonía fácilmente y eso nos reducía el estrés de no contar con recursos para montar muestras a la altura del patrimonio cultural que tenemos en México, a la altura de los mejores del mundo. Además, veíamos día a día que visitar los recintos culturales (jardines botánicos también entran en esta clasificación) fortalece la cohesión social y en términos de bienestar hedónico los estímulos placenteros generan producción de neurotransmisores como la dopamina y la serotonina.

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En 2022, el Consejo Internacional de Museos (ICOM) adoptó una definición transformadora que destaca la función social de los museos:

Los museos son Instituciones permanentes, sin fines de lucro, al servicio de la sociedad, que investigan, coleccionan, conservan, interpretan y exhiben el patrimonio material e inmaterial. Abiertos al público, accesibles e inclusivos, fomentan la diversidad y la sostenibilidad. Con la participación de las comunidades, ofrecen experiencias para la educación, el disfrute, la reflexión y el intercambio de conocimientos.

Esta definición fue el resultado de años de trabajo de cientos de comités en varios países y se alinea no sólo con la corrientes de la Nueva Museología, sino que adopta implícitamente la Museología Crítica de las que ya hablamos en este artículo: incluye hallazgos publicados por científicos e instituciones académicas que han empleado instrumentos de evaluación, entre ellos escalas, observación directa, estudios cualitativos, métodos psicofisiológicos y análisis de comentarios y reseñas de los usuarios.

En Morelos, la propuesta del Plan COPIEM (Comisión para la Planeación del Desarrollo Integral del Estado de Morelos), si se toma como propuesta interdisciplinaria podría ofrecer un marco estratégico para vincular la educación formal con la no formal, como he dicho. Porque sin una integración real entre cultura, salud y educación, seguiremos reproduciendo esquemas fragmentarios.

John Falk, uno de los grandes estudiosos del bienestar en museos (2021) ha demostrado que el aprendizaje autodirigido (free-choice learning) permite construir trayectorias de conocimiento basadas en la experiencia, la curiosidad y la relevancia personal, con efectos positivos evaluables en la autoeficacia, la identidad y el sentido de pertenencia.

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Al enfrentarme con sumo gozo a una investigación de posgrado inscrita en el campo de las ciencias cognitivas enfocada en la relación entre museos y bienestar, concebido no como placer o entretenimiento, sino como un proceso dinámico de florecimiento humano, propongo pensar el bienestar -término sobre el cual podríamos hablar horas- tomando en cuenta la definición del Dr. Jorge Oseguera (2024):

Un estado emergente y dinámico resultante de la interacción sinérgica y no lineal entre múltiples dimensiones interconectadas: físico, subjetivo, social, económico y ecológico, operando desde lo individual a lo global.

La literatura científica actual permite medir distintas expresiones del bienestar:

• Hedónico: placer, relajación, disfrute.

• Eudaimónico: sentido de vida, agencia, crecimiento personal.

• Físico y social: salud, vínculos, reciprocidad comunitaria.

• Y otras

La profesora Helen Chatterjee (University College London) ha liderado investigaciones que demuestran cómo la participación en actividades museales mejora la salud mental, reduce el estrés y contribuye a la resiliencia emocional (Chatterjee & Noble, 2016, p. 104).

Estos efectos se han documentado incluso en poblaciones vulnerables, como mujeres violentadas, o personas con trastornos mentales, evidenciando el potencial reparador de los espacios culturales cuando se los concibe como espacios terapéuticos.

Durante mi gestión, el Jardín Borda llegaba a recibir hasta 1,200 visitantes en un solo domingo por el acceso gratuito y factores como la cercanía con el zócalo, el acceso a los baños y el acceso al hermoso e histórico jardín. Pero la pregunta crucial que yo me hacía era: ¿quiénes vienen?, ¿qué buscan?, ¿qué cambia en ellos tras la visita? Así fue como empecé a interesarme en el estudio de los públicos de los museos y el efecto de las visitas en ellos. Realicé mis primeras encuestas después de las prácticas de mediación que hicimos el Dr. Mario Poggio y el equipo que creyó en nosotros. Las mismas arrojaban palabras asociadas al bienestar, todas del mismo campo semántico. ¿Por qué? Porque se generaba metacognición -se trata de la cognición sobre la propia cognición (John Flavell, década de los setenta)- y eso le mostraba a la gente lo que sabía, y lo que no sabía, pero podía aprender, y sobre todo cómo iba percibiendo y luego sintiendo (en el sentido de sensación y de sentimiento) los estímulos.

Por otro lado, los museos ofrecen un entorno propicio para resignificar la experiencia del otro, me refiero a los otros, quienes formaban parte de los grupos que organizábamos. Y esto por supuesto disminuía sesgos cognitivos como el de confirmación (“tiendo a comprobar lo que ya sé con la información que busco”) o el sesgo de secuela (“mi vida tiene que darse de una sola manera porque es el resultado del hecho “a” + “b”, por lo tanto, sigue el “c”, cosa que el arte ha demostrado una y mil veces es falso). Estos procesos se ven modulados por la reflexión compartida, el diálogo intersubjetivo y la exposición a narrativas diversas.

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En su célebre epistolario de 1932, Albert Einstein le preguntó a Sigmund Freud si había alguna forma de evitar la guerra. Freud respondió que tal vez, en lo más profundo, la humanidad sólo podría orientarse hacia la paz si desarrollaba una “identificación afectiva” con los otros. Esa capacidad, añadía, podía ser cultivada mediante la educación, la cultura… y el arte.

Décadas después, Susan Magsamen y Ivy Ross (2023), desde la neuroestética contemporánea, lo confirman:

“Las artes y las experiencias estéticas son esenciales para la condición humana… Al reducir la activación de la amígdala cerebral relacionada con el estrés, se reduce el cortisol y eso nos lleva a nuestro estado parasimpático de ‘descanso y digestión’.” (Your Brain on Art, p. 32)

Ya me da miedo usar la palabra bienestar porque ha caído en un descrédito tremendo y no sólo se debe al abuso político del término, sino al contexto malentendido de la psicología positiva con el cual se relaciona. Lo que quiero decir es que los museos deben pensarse como plataformas para el florecimiento humano. Son más que plataformas para entender el mercado del arte, ir a enterarnos de las intimidades y anécdotas de las vidas de los creadores y espacios de lucimiento político. Son una necesidad.

Por ello, invito a la ciudadanía a acompañarme en una conferencia donde compartiré avances de investigación y mucho de lo que he aprendido en el CINCCO (Centro de Investigación en Ciencias Cognitivas de la UAEM). La misma se titula Cultivar el florecimiento: ¿por qué los Museos nos producen bienestar?

*helenagonzalezcultura@gmail.com

Datos para recordar:

Fecha: Sábado 17 de mayo de 2025, a las 13:00 horas, en el Centro Cultural Jardín Borda. Avenida Morelos 271, Cuernavaca, Centro, MOR.

Referencias en APA 7

• Chatterjee, H., & Noble, G. (2016). Museums, Health and Well-Being. Routledge.

• Falk, J. H. (2001). Free-choice learning: An alternative term to informal learning? International Conference on Learning Sciences.

• ICOM. (2022). Nueva definición de museo. International Council of Museums. https://icom.museum/en/resources/standards/museum-definition/

• Kawabata, H., & Zeki, S. (2004). Neural correlates of beauty. Journal of Neurophysiology, 91(4), 1699–1705. https://doi.org/10.1152/jn.00696.2003

• Magsamen, S., & Ross, I. (2023). Your Brain on Art: How the Arts Transform Us. Random House.

• Oseguera, J. (2024). [Definición inédita citada con autorización académica].

• Dussel, E. (2019). El papel de la filosofía en la ciencia y el desarrollo tecnológico. Conferencia magistral en el ciclo «Ciencia por México», organizado por el Conacyt. Recuperado de https://secihti.mx/los-latinoamericanos-hemos-dado-el-primer-paso-hacia-la-descolonizacion-epistemologica-enrique-dussel/

• Vázquez Ramos, A. (2023). Humanismo mexicano y constructivismo sociocultural: Dos paradigmas de la Nueva Escuela Mexicana para la Educación Media Superior. Xalapa, Veracruz: Colegio de Bachilleres del Estado de Veracruz. Recuperado de https://www.uv.mx/personal/auvazquez/files/2023/06/LIBRO-HUMANISMO-MEXICANO-Y-CONSTRUCTIVISMO-SOCIOCULTURAL.Aurelio.pdf

• Argueta Villamar, A., Corona-M., E., & Hersch Martínez, P. (Coords.). (2017). Saberes colectivos y diálogo de saberes en México. México: Universidad Nacional Autónoma de México. Recuperado de https://ru.iiec.unam.mx/2170/1/INR%20Saberes%20CRIM%20pdf.pdf


Disponible en: https://www.lajornadamorelos.mx/sociedad/museos-en-transformacion-comunidades-bienestar-y-una-mirada-desde-morelos/

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