domingo, 17 de agosto de 2025

Bajo el signo de Saturno: poesía y adivinación

 


Por Vicente Quirarte y María Helena González*

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Saturno es el signo de la melancolía, del arte y de la poesía. Su oscura luz alcanza a los dotados de una sensibilidad especial, como lo demuestra Walter Benjamin: “Vine al mundo bajo el signo de Saturno, el planeta de revolución más lenta, el astro de las dudas y las demoras”. O como dice César Vallejo: “Yo nací un día en que Dios estuvo enfermo. Y grave”.

Bajo la advocación de ese astro se presenta en el Museo Nacional de Arte una de las muestras más exitosas y mejor investigadas de los últimos tiempos. Se trata de una colectiva curada por David Caliz, formado como historiador en la ENAH, pero consagrado en el universo museístico gracias a su interés en otro sistema de pensamiento que no es el racional, pero que nos mueve a los seres humanos desde tiempos inmemoriales. Nos referimos a las creencias, próximas al sueño, la imaginación, la fantasía y la locura.

Los núcleos temáticos incluyen el espiritismo, la clarividencia, la quiromancia, el tarot, la cartomancia y, por supuesto, la astrología. Cierra el espacio Terror Cósmico, una especie de capilla dedicada a Rufino Tamayo y Mathías Goeritz que nos devuelve a la calle de Tacuba extasiados, alucinados. ¿Cómo es posible que una muestra de tal relevancia no se hubiera presentado antes?

El talento del curador consiste en encontrar y seleccionar obras pictóricas, esculturas y obra gráfica, además de sus referentes en publicaciones, de manera que podamos leerlos como “dispositivos de pensamiento creativo”, cuestionando la pertinencia del mundo hiperracionalizado en el que vivimos. En este ingente trabajo debemos reconocer la participación de la siempre amable y generosa Tely Duarte, quien aportó datos fundamentales.

De este modo, podemos decir que la muestra nos plantea un ejercicio epistemológico de la vida cotidiana. La representación de las artes herméticas ha convivido en nuestros hogares junto con cientos de objetos religiosos avalados desde siempre como parte de nuestro pensamiento mágico “oficial”. Así le damos explicación a la vida y a la muerte; lo que no es frecuente es que en los museos se muestre esta gran cantidad de simbolismos heterogéneos.

Una pieza importante, invaluable, es la carta astrológica de Ramón López Velarde, que llegó al fin de sus días la madrugada del 19 de junio de 1921. El poeta creía en los vaticinios, pues cuando cayó enfermo de la bronconeumonía que finalmente le arrancó la vida, recordó ante sus amigos la profecía de una gitana que le había dicho al leerle la mano: “Amas mucho a las mujeres, pero les temes. Esta línea me dice que morirás de asfixia”. En su poesía hay que buscar signos de esas creencias espiritistas y adivinatorias, como aparece en el poema inconcluso “El sueño de los guantes negros”, cuya atmósfera surreal anuncia las nuevas direcciones que su poesía iba a tomar. Junto a este documento aparece el que le dio origen a la muestra: se trata de la carta que elaborara André Breton para el poeta Jean Schuster, donada al museo en 2020 por el arquitecto Carlos Santos.

Destaca igualmente la pieza de Eugenia Martínez, artista contemporánea de Monterrey, quien presenta una mesa de tarot para despatriarcalizar el mundo vigente. La misma, de impecable factura, parafrasea los símbolos del Tarot de Marsella e incorpora un poema de Rosario Castellanos, esa feminista adelantada a su tiempo. Con esto se ve que las corrientes de pensamiento posmoderno no están reñidas con el pensamiento mágico.

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El espiritismo moderno nace en 1848 con las hermanas Fox en EE. UU. y se difunde en Europa y América Latina durante la segunda mitad del siglo XIX, gracias a figuras como Allan Kardec y Madame Blavatsky. En esa época, el espiritismo se consideraba una “ciencia de lo invisible” y llegó a atraer a intelectuales, médicos, científicos y escritores como Víctor Hugo, Arthur Conan Doyle, William Butler Yeats, Elizabeth Barrett Browning y Bram Stoker.

Las espiritistas, óleo de gran formato de Juan Téllez Toledo (1903), ilustra la manera en que se invocaba a los muertos. Es posible imaginarnos a Francisco I. Madero, cuyo retrato de civil nos recibe, tomando de la mano al vicepresidente José Ma. Pino Suárez, tratando de predecir el futuro, sin vaticinar que iban a morir juntos de manera trágica.

La pieza más reciente en el tiempo es del colectivo Tercerunquinto, cuyo trabajo se centra en intervenciones escultóricas y espaciales para explorar los límites entre lo público y lo privado. En este caso abordan las relaciones entre los terremotos de septiembre de 1985 y 2017 y la disposición de los astros en el plano celeste. Aparece ante nuestros ojos la ciudad destrozada, rearmada con pedazos de madera rescatados del desastre.

A unos cuantos pasos nos encontramos con la institucionalización de la suerte mediante piezas que representan el trayecto que va del juego de lotería de feria a la lotería nacional. Esto demuestra la amplitud de la investigación.

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“La oscuridad es otra luz”, decía la poeta argentina Olga Orozco. Del mismo modo, la penumbra no es sólo ausencia de luz: es una materia densa que se adhiere a la mirada y nos recuerda que, como Saturno, devorador de sus hijos, todo esplendor lleva en sí la semilla de su ocaso. En nuestra particular experiencia, el paseo por las salas del museo demuestra una vez más la importancia de la mirada conjunta: dos seres afanados en reconstruir el mundo a pesar de los obstáculos y la impertinencia de los necios. A veces es mejor creer en lo que no existe de manera racional.

*helenagonzalezcultura@gmail.com

Disponible en: Bajo el signo de Saturno: poesía y adivinación - LA JORNADA MORELOS

Juan Téllez Toledo, Los Espiritistas, 1093. Museo Nacional del Arte, INBAL

Agustín Víctor Casasola. La Adivinadora, ca. 1930. Fototeca Nacional, INAH. Archivo Casasola

Juan Téllez Toledo, Los Espiritistas [Detalle], 1093. Museo Nacional del Arte, INBAL












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