miércoles, 26 de febrero de 2025

Arte y bienestar (2da parte)

Sobre la conexión interpersonal que se fortalece frente al arte

(Segunda parte)

María Elena González


1

Frecuentemente me preguntan si existe algún método fiable para aproximarse a las obras de arte en los museos. La respuesta es que sí y no sólo uno. Museos como el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) han promovido metodologías procedentes de diversas áreas del conocimiento. A quienes trabajan en estas iniciativas los mueve la necesidad de entender el trayecto entre nuestra mirada, nuestra afectividad y nuestros pensamientos. Del terreno de la historia del arte con Gombrich, Panoksky y Francastel a la cabeza, hemos pasado al campo de las neurociencias. Hoy contamos con evidencia científica sobre el llamado cerebro social y el arte, ya lo sabemos, opera en este terreno.

Ahora bien, que haya metodologías al alcance de un clic en el teclado de nuestra computadora no invalida nuestra manera personal de desiframiento de las obras que nos interesan. Lo que se busca es enriquecer la experiencia de visita al museo. La mayoría de las veces acudimos a estos recintos obedeciendo a nuestra intuición, acto seguido nos apoyamos en los textos de sala y las fichas técnicas que se colocan junto a cada obra para obtener información. De la integración de la misma en nuestra estructura cognitiva nace nuestro primer juicio sobre lo que vemos. Tradicionalmente así se han montado las exposiciones: curadores y museólogos esperan que leamos la información y memoricemos datos. No obstante, hoy contamos con herramientas que nos permiten un mejor procesamiento de la información; hacerlo eleva la calidad de nuestra vida.

¿Por qué? Una de las explicaciones nace de la sensación de expansión que se genera cuando logramos conectar con otras maneras de ver y sentir el mundo. Esta sensación de conexión, de integración y vínculo interpersonal tiene correlatos biológicos susceptibles de ser evaluados. Esto es así porque los seres humanos somos capaces de atribuirnos estados mentales y atribuírselos a los otros. Una revisión sistemática sobre el cerebro social muestra que la empatía puede ser aprendida y mejorada a través del tiempo; el mismo estudio habla de un proceso de simulación de los eventos que se observan llevado a cabo a través de un conjunto de neuronas llamadas neuronas espejo, crucial para comprendernos intersubjetivamente: https://www.researchgate.net/publication/376500938_Conceptualizacion_del_cerebro_social_Una_Revision_sistematica


2

Abigail Hausen y Phillip Yenawine crearon el método Visual Thinking Strategies (VTS) para facilitar la comprensión de materiales complejos, que incluyen ambigüedades. Las imágenes artísticas, muchas infografías y documentos escritos lo son. Lo que sucede entre el ojo y la palabra es el resultado de procesamientos nada fáciles de explicar. Lo que sí podemos afirmar es que ver obedeciendo a procesos “top down”, como lo sugiriera Yarbus en un famoso experimento, mejora la atención y la escucha, y promueve la autoconciencia. De ahí que podamos afirmar que la serie de autopreguntas que estos expertos sugieren hacernos dé como resultado un pensamiento más enriquecedor.

Explicado simplemente el método consiste en mirar en silencio la pieza seleccionada, preguntarse qué está ocurriendo (sin prejuicios), parafrasear lo que hemos dicho o pensado y hacernos preguntas sobre este propio pensamiento. Acto seguido debemos volvernos a preguntar y establecer conclusiones. Esto inevitablemente nos lleva a comparar nuestro razonamiento con el de otros, a aceptar otras maneras de estar y ser, lo cual fortalece nuestra capacidad de empatía. El cine opera de manera análoga: cuando algo nos conmueve es porque nos hemos puesto por un segundo en los zapatos de otro. De la tolerancia nace una mejor convivencia.


3

Dan Siegel es el autor del método SIFT (acónimo de Sensation, Images, Feelings, Thougt), propuesto como herramienta nacida del estudio de la neurobiología interpersonal. Este científico se basa en nuestra curiosidad para proponer un método que nos lleve del interés en aquirir información sobre algo a la interconexión con los demás. Él explica que de las Sensaciones (que operan gracias a nuestros sentidos, incluyendo sensaciones interiores del cuerpo), nacen las Imágenes internas y externas que tenemos del mundo, y éstas a su vez generan sentimientos (Feelings) lo cual deriva en nuestros pensamientos (Thougt). Según este método los procesos pueden darse de manera altenada, lo importante es saber que un estímulo llamado obra artística es capaz de hacernos conscientes del universo mental propio y del de los demás.

Housen y Siegel se basan en la existencia de nuestro cerebro social. Contribuyen a probar que los productos de la cultura son útiles. Si ya sabemos que biológicamente estamos diseñados para operar en el mundo con los demás, aprovechemos las obras expuestas en los museos para fortalecer nuestra capacidad de empatía. Traslademos el consejo de Gilberto Owen a los recintos culturales: usemos el corazón en los ojos.

helenagonzalezcultura@gmail.com


Publicación original: 

https://www.lajornadamorelos.mx/opinion/arte-y-bienestar/?fbclid=IwY2xjawIsUKJleHRuA2FlbQIxMQABHcnyxZRi3szLY0FkP6XcgTHkmbyCh-GzE0FrUFrJc2SERlyB3MkKVqGoMw_aem_1E1wNhYBauYTPS-2c-kcMg





sábado, 8 de febrero de 2025

Arte y Bienestar: Razones para Visitar un Museo

 

PorLa Jornada Morelos

 Feb 8, 2025



María Helena González*

1

Si alguna vez has salido de un museo sintiéndote inspirado, relajado o simplemente con una sensación de satisfacción, no es casualidad. La relación entre el arte y el bienestar se está estudiando seriamente en varios países y por eso hoy sabemos que la experiencia estética puede tener efectos positivos en nuestra salud mental y emocional.

Pero vayamos por partes, porque si bien para muchos el término bienestar es sinónimo de promesas de autoayuda o discursos gubernamentales ambiguos y tendenciosos, para otros va más allá de los peligrosos estereotipos. Cientos de investigaciones dan cuenta de la historia del concepto dentro de la filosofía y la psicología, pero hoy son cada vez más los médicos que prescriben el recorrido de exposiciones por sus efectos en la salud.

El bienestar se divide en dos grandes categorías: el bienestar hedónico, que se refiere al placer inmediato, y el bienestar eudaimónico, que tiene más que ver con la satisfacción profunda con la vida a lo largo del tiempo.

Visitar un museo de arte nos ofrece ambos tipos de bienestar: por un lado, el disfrute sensorial de las piezas y los recorridos (incluidas otras áreas como la cafetería, los jardines y las tiendas) y, por otro, la posibilidad de una reflexión más profunda sobre nosotros mismos, nuestra confición humana y por supuesto sobre nuestro entorno.


2

¿Por qué el arte nos hace sentir bien?

La relación entre el arte y la felicidad humana puede explicarse de muchas maneras, algunas de ellas son las siguientes:

  • Estimulación mental: Contemplar una obra de arte activa distintas áreas del cerebro, promoviendo la creatividad y el pensamiento crítico.
  • Reducción del estrés: Se ha demostrado que la contemplación de arte disminuye los niveles de cortisol, la hormona del estrés.
  • Conexión con la historia y la cultura: Visitar un museo nos permite sumergirnos en el tiempo, explicarnos el pasado, comprender diferentes perspectivas y sentirnos parte de la colectividad social.
  • Generación de emociones positivas: Desde la admiración hasta la nostalgia, las emociones que despierta el arte pueden generar una sensación de plenitud. Además está el hecho de que nos complace lo original.
  • Interacción social y aprendizaje: Asistir a exposiciones o recorrer un museo con amigos o familiares fortalece los lazos sociales y enriquece nuestra visión del mundo.

3

La Ciencia del Bienestar y el Arte

Según reporta el Manual de bienestar de Ed Diener (2018), el interés por el tema ha crecido exponencialmente en las últimas décadas. En 1981, había alrededor de 130 estudios sobre bienestar subjetivo; para 2016, la cifra superaba los 18,000.

En el campo de las ciencias cognitivas podemos aproximarnos al tema estudiando los procesos implicados en la perpecpción del arte. Desde la activación de la atención, la memoria y el aprendizaje hasta las emociones generadas, cada visita a un museo puede convertirse en una oportunidad para probar que los museos van más allá del cuidado y exhibición del patrimonio cultural. En el Centro de Investigación en Ciencias Cognitivas de la Universidad Autónima del Estado de Morelos (UAEM), hoy me toca explorar este fértil campo a mí.

Querido lector, te invito a que explores esta relación por ti mismo. Ve a un museo de arte, observa sin prisa y descubre cómo influye en tu estado de ánimo. Tal vez encuentres en ello un nuevo hábito que transforme tu bienestar. Si te nace por favor cuéntame por correo tu experiencia, podríamos emplearla como parte de la investigación en proceso.

*helenagonzalezcultura@gmail.com

https://www.lajornadamorelos.mx/opinion/arte-y-bienestar-razones-para-visitar-un-museo/

jueves, 28 de noviembre de 2024

Un recorte contra el bienestar

Jueves 28 de noviembre del 2024

Periódico Reforma

Cultura 

Página 5


Opinión Invitada
María Helena González
Un recorte contra el bienestar

  1. Según la Estadística de Museos del INEGI en 2023, 1,993 museos recibieron un total de 484 millones de visitantes, lo que representa un incremento de 10.8 millones respecto a 2022. La cifra es significativa si aspiramos a un país con mejores índices de bienestar subjetivo. Falk y Dierking, quienes han estudiado la experiencia de museo durante más de una década, señalan que la visita a estos recintos tiene un impacto multidimensional, por lo que no resulta aventurado asegurar que el recorte del 30% del PEF para cultura afectará las dimensiones emocionales, intelectuales y sociales del público.
    Más allá de las carencias, una de las explicaciones de este recorte reside en el hecho de que nuestro patrimonio cultural ha sido valorado casi exclusivamente en términos económicos, dejando de lado su impacto en el bienestar en sus diversas facetas. ¿Cuánto daño nos ha hecho la fetichización del mercado del arte y la idealización simplista de nuestra historia artística?
    Digámoslo llanamente: los museos requieren recursos financieros porque los procesos cognitivos y emocionales que experimentamos dependen de estímulos materiales y servicios profesionales de calidad. Además, está el backstage de la operación de estos recintos: la catalogación de los acervos debe actualizarse, la infraestructura requiere mantenimiento, la seguridad resulta crucial, y la investigación cuesta.

  2. En México, la Ley General de Cultura y Derechos Culturales de 2017 promovió el acceso a bienes culturales como un derecho, pero este enfoque termina siendo abstracto porque no se entiende su beneficio en términos prácticos. Estudios recientes sobre participación cultural y bienestar subjetivo en México señalan efectos positivos en la satisfacción con la vida y el equilibrio afectivo, aunque requieren mayor especificidad técnica y metodológica. Mientras en países como Reino Unido, España, Italia y Canadá la investigación sobre bienestar en museos es más avanzada, en México se ha centrado principalmente en el capital social reportado, dejando poco explorados aspectos como la salud o los efectos en públicos vulnerables.

Cada vez que se golpea al sector cultural, obedeciendo a la idea poco realista de que el universo creativo florece solo, que de todas maneras el arte seguirá existiendo y que los profesionales de museos encontrarán el modo de pintar mamparas, colocar dispositivos de seguridad, gestionar curadurías, textos y montajes con donaciones y la buena voluntad de amigos (lo cual es cada vez más difícil), me dan ganas de escribir que las teorías del bienestar no son libros de autoayuda: funcionan como marcos conceptuales en otros países.

En los recorridos, la experiencia comienza con la percepción del estímulo, pasa por su decodificación y genera una memoria que idealmente va más allá del anecdotario o la memorización de la vida del artista. La visita al museo incluye cómo nos tratan en la taquilla, la cafetería y las salas, el funcionamiento de los baños o el estacionamiento. Aparte está la museografía, que, como mediadora entre los objetos y nosotros, debe ser resultado de un trabajo especializado. Todo ello porque la comunicación en los museos es ostensible y va más allá del lenguaje hablado. Los museos evidencian la condición humana, y esta será relevante para el espectador solo si los detalles se cuidan.

  1. Este diario reportó (20 de noviembre) que el sector cultural aportó el 2.7% del PIB en 2023 (820,963 millones de pesos). El rubro de artes visuales y plásticas representa el 4.2% del total, lo cual implica apenas el 0.1134% del ingreso total, mucho menos de lo que generan las artesanías, los contenidos digitales, los medios audiovisuales, las artes escénicas y los libros impresos.
    Debido al recorte anunciado, la política cultural imperante seguirá siendo de corte populista, tendiente a destacar tradiciones y expresiones populares (Canclini, 1990).

Una política opuesta a esta fomentaría el acceso a experiencias culturales diversas y personalizadas, reconociendo que los museos son espacios clave para generar bienestar tanto eudaimónico como hedónico.

Hoy, los profesores de educación básica sujetos a la NEM (Nueva Escuela Mexicana) están obligados a calificar la materia titulada educación estética, pero si los espacios de educación informal o free-choice learning no cuentan con las condiciones necesarias, los millones de niños y jóvenes que podrían complementar su educación formal difícilmente querrán regresar. Facilitar la autorrealización y fomentar el equilibrio emocional, integrando la salud mental y la cohesión social como objetivos centrales, debe ser obligación del Estado. Limitar los recursos para los museos es atentar contra el desarrollo humano y el bienestar de los mexicanos. Por eso, se van del país acervos como el de la Colección Gelman.


*Historiadora del arte

martes, 24 de septiembre de 2024

Guillermo Monroy, más allá de los Fridos

 

Inda Sáenz

Graciela y Guillermo Monroy en manifestación en el Zócalo (años cincuenta), 2023. Temple sobre lino, 120 x 91 cm.

Por María Helena González*

1.

Dice Vicente Quirarte: “Suntuoso y femenino, pesado como el mármol blanco que lo recubre, paradójicamente ligero como la nube o la espuma monumental de las cuales parece construido…el de Bellas Artes es un palacio en el que nadie vive pero que todos vivimos. Sus reyes sucesivos son artistas que lo justifican y fortalecen, lo transforman y reviven. Sus sostenedores, un público tan exigente como agradecido, tan necesario como la tripulación que, en todos sus niveles y responsabilidades, permite la marcha de un barco cuyas navegaciones ya son parte de la historia… Es arena de combate donde artistas de todas las armas demuestran que son dignos de ejercer con altura el escenario mayor; taller permanente en el que todos, de una u otra manera, nos hemos formado; estación final donde se rinden merecidos honores a quienes mejor han sabido expresar anhelos colectivos”. Tal es el caso del Maestro Guillermo Monroy Becerril, gracias por permitirme expresar las siguientes ideas sobre él en esta honrosa ceremonia.

Hace poco más de tres años, me tocó encabezar la curaduría de una exposición pensada para el Centro Cultural Jardín Borda ubicado, como ustedes saben en Cuernavaca, ciudad en la que vive el Maestro Monroy. Para tal efecto revisamos, guiados por Guillermo Diego su hijo todo el material disponible en su casa, perfectamente ordenado en gavetas y cartapacios. El reto desde el primer momento fue rescatar al artista de la fama que le precedía.

Y es que la historiografía del arte es necia, al paso de los años se ha insistido en presentarlo casi exclusivamente a partir de la tutoría que ejerció Frida Kahlo sobre aquel grupo de jóvenes con quienes viajó en el tren de la utopía. Me refiero a Fany Ravel (nacida Ravinovich), Arturo García Bustos, Tomás Cabrera, Arturo Estrada, Lidia Briones y Ramón Victoria. Pero como he dicho, para hacerle justicia hay que ir más allá, incluir no sólo su quehacer político, sino mostrarlo como profesor, ideólogo y sobre todo como un gozoso experimentador plástico.

Dicha senda incluye por supuesto su paso por la devoción zapatista. Una vez instalado en la capital morelense, en el año 1961, Monroy inyectó la sed de justicia y ánimo de cambio social dentro y fuera de las aulas a los alumnos del Instituto Regional de Bellas Artes de Cuernavaca, aquel IRBAC que luego daría paso al Centro Morelense de las Artes. De su mano se formaron varios de los artistas que a su vez fueron maestros, pero no insistiré en ello, quiero más bien hablar de la voluntad autopoiética que anima su obra, esa que lo inscribe en las derivas de las vanguardias históricas por la vía de la creación libérrima.

2.

¿Qué es ser un pintor moderno? ¿En dónde termina la modernidad y comienza el arte contemporáneo? ¿Guardan el mismo valor los ejercicios, que las obras de intención para museo? ¿El erotismo es un disparador de ideas igualmente vigoroso a cualquier edad?

Sobra decir, que el erotismo y las piezas abstractas son dos de los 11 núcleos de aquella muestra que más llamaban la atención y al abordarlos respondemos en parte a estas preguntas. La cuestión es simple: los saturados coloridos y los vibrantes dibujos de Monroy transmiten una concepción muy particular de la condición humana. Lo erótico es para él lo “decible” mediante el lenguaje de los sentidos. Interpretación que coincide con lo que me dijo un día: “el erotismo mexicano está presente de manera pura y potente en los baños públicos”. De la mano del erotismo, que es pulsión de vida, transitó con elegancia para pasar luego, de manera natural a la abstracción que se traduce para decirlo simplemente en forma y color liberados de narrativas.

“El erotismo es la cultura del sexo; la multiplicidad, su esencia”, dice la crítica de arte Ingrid Suckaer en “Erotismo de primera mano” (Praxis, 2011) y acto seguido, influida por Georges Bataille, especialista en estos asuntos, encuentra tres grandes rubros en los que podrían dividirse, grosso modo, las expresiones eróticas de la plástica mexicana de los siglos XX y XXI: el deseo, los sentimientos y lo sagrado.

Toda obra de tono erótico persigue la permanencia del ser, pero en su infinita variedad, dicen los expertos, aluden al cuerpo en comunión consigo mismo o con la otredad. Sobra decir, que estas pulsiones van acompañadas de creencias, prácticas sociales e identitarias, intereses espirituales e influencias artísticas.

En este sentido, hay que señalar que algunas piezas del corpus erótico de Monroy evocan, en un primer momento, la idea de lo místico, a la manera de algunos orientalismos, pasan luego por la lectura del objeto antropomorfizado y derivan en la búsqueda plástica del acoplamiento de las formas y la armonía colorística.

En Monroy no son el desnudo femenino, el cuerpo cargado de sensualidad, o el atrevimiento lo que debemos aquilatar, sino la composición, coincidiendo en este punto con el interés que muestran muchos de sus dibujos abstractos, a los que con libertad podemos llamar “divertimentos”. En Estética se dice que un “divertimento” aparta la mente de las preocupaciones y está motivado por la idea de producir una agradable impresión.

De ahí que podamos decir que su obra no le ofrece dificultades técnicas o de comprensión al espectador. Elude sabiamente los agotamientos a los que llegaron otros creadores influidos por la liberación sexual de los años sesenta. Pródigo en energía, Monroy triunfa sobre el instinto de muerte que se posa sobre muchas expresiones de la plástica contemporánea.

Concluyo diciendo que es un verdadero regalo que al tiempo que festejamos los100 cien años del pintor podamos hablar del imaginario de un hombre que sin dejar de lado la reflexión política echa mano del ímpetu del joven que descubre el mundo. Escuchémoslo recordando a sus compañeros de generación y prestemos oídos a su fina sensibilidad como aquel día durante la inauguración de su exposición, esa mañana de plena época de pandemia en la que levantando los brazos animó a la gente mientras se cantaba al unísono La Internacional.

Acaso sea esta la motivación necesaria para que podamos ver de nuevo su poética, el placer del ornamento y sus piezas abstractas. Esta es pues, la invitación para que las autoridades consideren que en este palacio se exhiba el trabajo de quien hoy es tan altamente galardonado.

*helenagonzalezcultura@gmail.com

María Helena González y Guillermo Monroy. Foto: Cortesía

Disponible en: https://www.lajornadamorelos.mx/sociedad/guillermo-monroy-mas-alla-de-los-fridos/


miércoles, 21 de agosto de 2024

“Vivir es escribir con todo el cuerpo”: Homenaje a Vicente Quirarte

 


Ayer se inauguraron en la Ciudad Universitaria de la UNAM, en la Ciudad de México, el coloquio “Vivir es escribir con todo el cuerpo” y la muestra colectiva “Los Otros Sentidos” en honor al ilustre escritor Vicente Quirarte, cuernavacense por elección y amigo de esta casa.

Aunque La Jornada Morelos reportó en este espacio los eventos del día de ayer, hoy queremos compartir con nuestros lectores dos testimonios sobre el artista que consideramos de gran valía, uno de uno de sus amigos más cercanos, Gonzalo Celorio y otro de su pareja, María Helena González que aportan detalles privilegiados sobre la obra y vida de Vicente Quirarte.

Vicente Quirarte – Hombre de Letras

Kim Ekemar

Kim Ekemar / Técnica Mixta / 305 x 455 mm / 2024

Se puede observar el multifacético acercamiento de Vicente al alfabeto convertido en palabras, palabras que han sido pesadas sobre una balanza de oro … De literatura fantástica a dramaturgia, de discursos a traducciones, de elogios a la Ciudad de México a relatos biográficos de otros escritores contemporáneos y pasados. Sí, hasta en el cuidado que tiene para componer menús por escrito para sus invitados, hasta las invitaciones generosas para compartir momentos importantes de su vida, Vicente muestra su talento para crear un delicado manejo del idioma hispano; su pluma no deja de impresionar con su sabiduría y sus contemplaciones filosóficas.

Cédula de la obra en la exposición Los Otros Sentidos, Colectiva dedicada al Doctor Vicente Quirarte. Biblioteca Nacional, Ciudad Universitaria-UNAM. Agosto 2024


Disponible en: https://www.lajornadamorelos.mx/sociedad/vivir-es-escribir-con-todo-el-cuerpo-homenaje-a-vicente-quirarte/



Mi vida con Vicente

 Por Helena González


María Helena González
No, desde luego no soy la única mujer que puede dar cuenta de su vida con Vicente Quirarte. En su amplísima bibliografía podrán ustedes encontrar, transformada en apasionadas metáforas, su vida amorosa. Y no me refiero sólo a sus relaciones de pareja, allí tiene usted 
Luz Armada, volumen dedicado a su madre, doña Luz Castañeda, sobre quien Vicente suele platicar breves anécdotas, eso sí, más gozosas que aquellas en las que aparece el reverenciado padre historiador, personaje central de La invencible, uno de sus libros más celebrados. Doña Luz era divertida, se las pinto con una anécdota: estando él en Austin College como profesor invitado, se aventó la puntada de enviarle regularmente por correo un ejemplar de La Familia Burrón y la revista Proceso.

Luego, si la curiosidad les pica, deambulen por el robusto edificio poético que ha construido el Dr. Quirarte. De reciente aparición, el volumen que conjunta su poesía completa publicado por la Universidad de Sinaloa. Está en una vitrina allá afuera, en la exposición montada en el marco de este homenaje.

Cierro este punto añadiendo que las dos espléndidas mujeres con quienes contrajo matrimonio encabezan la lista de sus recuerdos más frecuentes. Habla muy bien del poeta que las mencione con la estatura que merece quien se compromete a ayudarnos a vivir. Yo por mi parte me confío a la siempre sabia tradición popular que reza: “dicen que el primer amor, llorona, / es grande y es verdadero. / Pero el último es mejor/ y (si le echamos ganas) más grande que el primero” …

Así que, siendo este mi tiempo trataré de esbozar un retrato del hombre de a pie, no del que se encorbata y se decora con mancuernillas para la cátedra, la conferencia y la entrevista, el que invariablemente se distingue con la magia química del frasco que reza Hermes o Hugo Boss. De ese, a quien podríamos definir como un polígrafo hipersensible han hablado y hablarán en este coloquio. Les propongo en cambio, compartir un poco de la intimidad del ser humano al que descubro cotidianamente, ese que hace de la vida diaria otra forma de poesía.

Vicente vive la mayoría de los días del año en una biblioteca-casa. No duerme con libros en el buró, pero sí amanece con ellos. Si le preguntan dirá que no es cierto, pero les juro que sus comentarios de desayuno giran en torno a las cuartas de forros, las guardas, las costillas y la tipografía de los libros. O menciona el invariable texto pendiente. O se confiesa enamorado de la encuadernación de una vieja edición. En Merecer un libro dice que este fervor lo aprendió de su papá. Es una joya ese volumen. En él nos cuenta cómo fue que les puso casa y les da comida y sustento a esos objetos que le provocan “temblor estético”. Los trata como si fueran personas.

Como soy una humilde aprendiz de la obra quirarteana y me faltan mucha lecturas de la biblioteca vicentina, sus lecciones diarias me animan mucho. Afortunadamente coincidimos en la bibliofilia. Entre nosotros no tenemos hijos, tenemos perros, vajillas y libros. Con Vicente vive Carlota, una vieja pastor belga malinois a la que saca a pasear en las mañanas. Se queja de ella por mal portada, pero como a los libros, a ella también le puso casa…en Cuernavaca, ciudad en la que yo por fortuna vivo.

¿Dije vajillas? Sí, Vicente Quirarte es un espléndido cocinero. Son famosos los huevos rotos y los mejillones al vino blanco con los que recibe. Lo chiloso no le gusta y las gelatinas, el agua de horchata y los frijoles, a los que de niño llamaba “tobobos” le encantan. Prefiere los mariscos a la carne y no es excesivamente goloso. Los quesos, insiste, tienen que ir al final.

Vicente organiza selectas comidas con mesas que él mismo pone, me atrevo a decir que las concibe como montajes para escenas teatrales. En ellas incluye el menú impreso para cada comensal y nunca faltan unas cucharitas esmaltadas que serían la envidia de Martha Stuart.

Una vez servidas las entradas, llegan su famoso rabo de toro hirviendo, o un filete acompañado de su salsa de vino tinto, cuya receta es irremediablemente solicitada. Ya sabemos que en la mesa se articula el amor. Por eso, hace casi tres años que a Vicente y a mí nos unen los trastes y los platillos compartidos. ¿Habrá mayor confianza que la que nos brinda un tenedor para dos? Por supuesto en nuestro chat van y vienen los menús, las listas de invitados y las fotografías de nuestras mesas.

Hablando de nuestro chat, quiero contarles que además de poesía para publicar, esa que se pule y se trabaja a partir de la lectura ininterrumpida, Vicente también escribe chats memorables. Van unos ejemplos:…”no me recuerdes el mar, que la pena negra brota”; “tu risa es espada victoriosa”; “mañana estarás en fiera batalla, que triunfen tus tacones, ve armada de todos tus arreos”; “hay que ser educado con la gente maleducada, nada ofende tanto al enemigo como el hecho de que lo perdones”; “tenemos que ser más grandes que nosotros”; “he terminado de leer a Ray Bradbury con una sensación de rara paz”; “eres más bonita que ninguna y más guapa que cualquiara”; “mi reina, mi timonel ¿compro chicharrón para la comida? En City Market venden muy buenas esculturas de puerco…”; “te tengo más que si estuvieras aquí”.

Su memoria es prodigiosa y a la menor provocación cita a sus autores-amigos: “sólo son posibles los amores imposibles” frase de Darío Jaramillo; “usted no interrumpe ni interrumpiendo” del gran Carlos Illescas y si la situación aprieta, recurre a Bram Stoker: “hay que surcar las aguas amargas para encontrar las dulces”.

¿Qué más puedo decir del septuagenario-niño cuyo cumpleaños masivamente celebramos hoy? Que es un self-made man: un señor educado, prudente y sabio. Que entre sus méritos se cuenta que nunca presume sus medallas y que está verdaderamente comprometido con la UNAM, la institución de la que se enorgullece y para la que vive día y noche. Sus otras habitaciones: el Colegio Nacional y la Academia Mexicana de la Lengua.

A Vicente Rojo, debemos agradecerle que involuntariamente nos haya presentado, la culpa fue de una exposición que montábamos en su honor en el Jardín Borda en Cuernavaca. A solicitud mía y por la devoción mostrada ante un ejemplar de José Emilio Pacheco, Quirarte escribió algunos textos sobre los libros de Rojo. Esto fue el inicio de una relación que afianzamos decididamente. Juntos cruzamos el puente de los dolores, por nuestros muertos, por nuestras frustraciones, por la enfermedad y por nuestro México. Pero esta ida tiene un regreso, una vuelta que se torna victoriosa. Transitamos un sendero luminoso en el que cosechamos afectos y sembramos un futuro promisorio. Un mañana que estoy segura inundará de poesía gracias a su enorme talento.

Y hablando de poesía, no puedo en este momento dejar de presumirles La piel que no conozco, título de su más reciente libro, porque está dedicado a mí. Está en la vitrina de la poesía amorosa, a la izquierda, en la exposición que veremos. Su diseño, es bellísimo, Mano Santa hizo un gran trabajo. En él la mayoría de los poemas se desgranan por la vía del amor sensual, pero empático como es, Vicente también se ocupa de mi pensamiento más triste.

No me alargo más, porque a ustedes, queridos amigos es a quienes como dice él debemos seguir mereciendo. Dicho en otras palabras: no quiero abusar de su tiempo. Agradezco su atención, pero sobre todo agradezco que estén aquí hoy, en la fiesta de cumpleaños de Vicente y sobre todo que lo quieran tanto.

Enhorabuena, Vicentote, feliz festejo…

Homenaje a Vicente, UNAM, 19 de agosto de 2024


Vicente Quirarte y María Helena González. Foto: La Jornada Morelos

Disponible en: https://www.lajornadamorelos.mx/sociedad/mi-vida-con-vicente/


sábado, 10 de agosto de 2024

Notas sobre la percepción de Emiliano Zapata (publicación para La Jornada Morelos)

 


1.

En 2008, Adalberto Ríos Szalay, fotografo, investigador y promotor de las cosas de nuestro estado me pidió trabajar un texto para un libro titulado “Zapata en Morelos” pensado para publicarse en el marco del centenario de la Revolución Mexicana. La sugerencia fue analizar la imagen del nacido en Anenecuilco en el ámbito de las artes plásticas, actividad que con las herramientas propias del historiador del arte de inmediato emprendí, encontrándome muy pronto no sólo con abundante material, sino con la dificultad de tener que discriminar entre las imágenes procedentes de la cultura de masas, la cultura popular y las de los museos y los libros de arte.

Le propuse entonces a Ríos Szalay abordar la imagen del revolucionario desde la semiología de la imagen, centrándome en el significado y la resignificación que le daban los diversos creadores a su figura. Desde esta perspectiva, la portada del libro implicaba ya una lectura polisémica.

Basada en una vieja fotografía de época que se digitalizó sobre la imagen de la ropa ensangrentada que llevaba el día de él artero crimen del que fue víctima, la imagen del caudillo impresa por Lunwerg-Planeta en un formato de 32 x 27 cm nos decía mucho sobre cómo el héroe cumple con una tradición representativa. En el caso de Zapata, a esta tradición se suman de manera insistente la penetrante mirada, el atuendo de charro y la intención de representarlo como el galán número uno de la historia nacional. De ahí la controvertida pintura titulada “Zapata GQ” del artista Xolotl L. Polo (óleo/tela, 150 x 120 cm), que luego dio lugar a otro todavía más controvertido del mismo autor.


2.

No sabemos a ciencia cierta por qué a la mente le gusta reproducir la realidad. De acuerdo con el Dr. Juan C. González, director del Centro de Investigación en Ciencias Cognitivas (CINCCO-UAEM), desarrollamos esta habilidad porque nuestra cognición se genera y confirma a partir de la percepción sensorial del entorno: “No podemos imaginar, soñar, visualizar si antes no hemos percibido el mundo real, lo cual Aristóteles anunciaba ya con su famoso adagio: no hay nada en el intelecto que no haya pasado antes por los sentidos”. Gastón Bachelard escribió que el imaginario consigna imágenes, pero siempre las sobrepasa. Nuestra mente creativa funciona las 24 horas del día y valoramos mucho la imaginación que da pie a las creaciones del ámbito cultural no utilitario no sólo por razones estéticas, sino porque fortalecen nuestro pensamiento crítico. El escritor Henry James lo explicó de otro modo: todo buen relato es, por supuesto, a la vez un cuadro y una idea, y mientras más se funden ambas cosas, mejor se resuelve el problema de tener que pensar de una manera que nos permita adaptarnos existosamente a las exigencias de la vida. Luego entonces, percibir diferenciada y complejamente (habilidad propia del arte) nos ayuda a sobrevivir.


3. 

En Morelos, Zapata es una marca propia. Los tres museos de sitio dedicados al caudillo podrían ser los recintos permanentes de su culto, pero por falta de recursos y de una política pública tendiente a atender al llamado turismo cultural no lo son. Ni siquiera José María Morelos, el gran estratega militar a quien le debemos el nombre que nos diferencia de otros estados es tan representado como él y esto podría ser un pilar para que las autoridades perfilaran un museo dedicado al análisis de la poética de los héroes que nos dieron patria.

Procedente de apenas una decena de fotografías de época, la figura de Zapata ha sido apropiada por diversos métodos y técnicas. Nos es tan familiar en la entidad hasta el hecho de que hoy lo reconocemos a partir de un solo signo que pueden ser el bigote y el sombrero, o las cejas pobladas. Con es este tópico abrimos la exposición del 2019 en el Jardín Borda, el año denominado del Caudillo del Sur por el gobierno federal. El guion museológico podría comenzar con este notorio hecho.

María Helena González

Publicación original: https://www.lajornadamorelos.mx/sociedad/notas-sobre-la-percepcion-de-emiliano-zapata/