Sobre la conexión interpersonal que se fortalece frente al arte
(Segunda parte)
María Elena González
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Frecuentemente me preguntan si existe algún método fiable para aproximarse a las obras de arte en los museos. La respuesta es que sí y no sólo uno. Museos como el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) han promovido metodologías procedentes de diversas áreas del conocimiento. A quienes trabajan en estas iniciativas los mueve la necesidad de entender el trayecto entre nuestra mirada, nuestra afectividad y nuestros pensamientos. Del terreno de la historia del arte con Gombrich, Panoksky y Francastel a la cabeza, hemos pasado al campo de las neurociencias. Hoy contamos con evidencia científica sobre el llamado cerebro social y el arte, ya lo sabemos, opera en este terreno.
Ahora bien, que haya metodologías al alcance de un clic en el teclado de nuestra computadora no invalida nuestra manera personal de desiframiento de las obras que nos interesan. Lo que se busca es enriquecer la experiencia de visita al museo. La mayoría de las veces acudimos a estos recintos obedeciendo a nuestra intuición, acto seguido nos apoyamos en los textos de sala y las fichas técnicas que se colocan junto a cada obra para obtener información. De la integración de la misma en nuestra estructura cognitiva nace nuestro primer juicio sobre lo que vemos. Tradicionalmente así se han montado las exposiciones: curadores y museólogos esperan que leamos la información y memoricemos datos. No obstante, hoy contamos con herramientas que nos permiten un mejor procesamiento de la información; hacerlo eleva la calidad de nuestra vida.
¿Por qué? Una de las explicaciones nace de la sensación de expansión que se genera cuando logramos conectar con otras maneras de ver y sentir el mundo. Esta sensación de conexión, de integración y vínculo interpersonal tiene correlatos biológicos susceptibles de ser evaluados. Esto es así porque los seres humanos somos capaces de atribuirnos estados mentales y atribuírselos a los otros. Una revisión sistemática sobre el cerebro social muestra que la empatía puede ser aprendida y mejorada a través del tiempo; el mismo estudio habla de un proceso de simulación de los eventos que se observan llevado a cabo a través de un conjunto de neuronas llamadas neuronas espejo, crucial para comprendernos intersubjetivamente: https://www.researchgate.net/publication/376500938_Conceptualizacion_del_cerebro_social_Una_Revision_sistematica
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Abigail Hausen y Phillip Yenawine crearon el método Visual Thinking Strategies (VTS) para facilitar la comprensión de materiales complejos, que incluyen ambigüedades. Las imágenes artísticas, muchas infografías y documentos escritos lo son. Lo que sucede entre el ojo y la palabra es el resultado de procesamientos nada fáciles de explicar. Lo que sí podemos afirmar es que ver obedeciendo a procesos “top down”, como lo sugiriera Yarbus en un famoso experimento, mejora la atención y la escucha, y promueve la autoconciencia. De ahí que podamos afirmar que la serie de autopreguntas que estos expertos sugieren hacernos dé como resultado un pensamiento más enriquecedor.
Explicado simplemente el método consiste en mirar en silencio la pieza seleccionada, preguntarse qué está ocurriendo (sin prejuicios), parafrasear lo que hemos dicho o pensado y hacernos preguntas sobre este propio pensamiento. Acto seguido debemos volvernos a preguntar y establecer conclusiones. Esto inevitablemente nos lleva a comparar nuestro razonamiento con el de otros, a aceptar otras maneras de estar y ser, lo cual fortalece nuestra capacidad de empatía. El cine opera de manera análoga: cuando algo nos conmueve es porque nos hemos puesto por un segundo en los zapatos de otro. De la tolerancia nace una mejor convivencia.
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Dan Siegel es el autor del método SIFT (acónimo de Sensation, Images, Feelings, Thougt), propuesto como herramienta nacida del estudio de la neurobiología interpersonal. Este científico se basa en nuestra curiosidad para proponer un método que nos lleve del interés en aquirir información sobre algo a la interconexión con los demás. Él explica que de las Sensaciones (que operan gracias a nuestros sentidos, incluyendo sensaciones interiores del cuerpo), nacen las Imágenes internas y externas que tenemos del mundo, y éstas a su vez generan sentimientos (Feelings) lo cual deriva en nuestros pensamientos (Thougt). Según este método los procesos pueden darse de manera altenada, lo importante es saber que un estímulo llamado obra artística es capaz de hacernos conscientes del universo mental propio y del de los demás.
Housen y Siegel se basan en la existencia de nuestro cerebro social. Contribuyen a probar que los productos de la cultura son útiles. Si ya sabemos que biológicamente estamos diseñados para operar en el mundo con los demás, aprovechemos las obras expuestas en los museos para fortalecer nuestra capacidad de empatía. Traslademos el consejo de Gilberto Owen a los recintos culturales: usemos el corazón en los ojos.
helenagonzalezcultura@gmail.com
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