viernes, 7 de octubre de 2011

Mariposa





No todas las historias de horror incluyen fantasmas. ¿Cuánto tiempo vivirá
una mariposa atrapada en mi recámara? Escucho los aleteos y sus atroces
choques contra los muros.La oscuridad nos impide a mí verla y a ella escapar.
Los ojos de sus alas son mera decoración, mirada infecunda.

El deseo es lo que le da sentido a nuestras vidas. Eso lo descubrió Freud y
Lacan se encargó de explicarnos como seres deseantes de satisfacer al Otro.
Pero, y ¿si el Otro es una mariposa? ¿Si es incapaz de escucharme? ¿Si la
invitación a escapar por la ventana es inútil?

Moriré un poco esta noche. Comienzo a sentir el polvo de sus alas, le pongo
voz a un grito imposible y de pronto hace sentido lo escrito por Edgar Allan
Poe: los entierros en vida son más comunes de lo que creemos.

viernes, 30 de septiembre de 2011

La estética del buen comer




Quien sabe del buen comer, no cita restaurantes ni chefs. Habla de ingredientes y métodos de preparación, el sabor y la textura de los alimentos, dice la autora del texto, quien observa la preparación de alimentos como a una obra de arte.
Los sentidos se alebrestan ante la fritanga rellena de queso en proceso de esponjarse en el sartén. No es sólo la mirada la que anticipa el festín, las papilas salivan y el sentido del oído también se confabula: “le hincaré el diente, aunque me suba el colesterol”, pensamos. La razón deja de gobernarnos.
La imagen de un bollo elevándose en el horno es magia pura, las burbujas ocasionadas por el desprendimiento de oxígeno gracias a la acción de la levadura que fermenta, se transforman en hoyitos de paredes endurecidas durante la cocción. ¡Mmmmmm! Para ese momento el olor es insoportablemente apetitoso. Le untaremos mantequilla en cuanto salga.

Estamos frente a dos escenas tan cotidianas como aparentemente frívolas. Pero, ¿son estos instantes, en los que estamos concentrados en nuestros sentires, menos importantes que la reflexión sobre el paisaje o una obra de arte?
El gusto es el sentido que tiene por órganos las papilas de la lengua y distingue sin equívoco lo amargo, lo dulce, lo salado y lo ácido. Para efectos de la cultura, llama la atención que con sólo
cuatro saborcitos, se hayan logrado tantas cocinas y que exista tanto discurso dedicado al arte de… darle gusto al gusto.
Por su parte, dicen los estetas (Charles Taylor), que la noción de gusto nace de la intención de juzgar o comparar las cosas de acuerdo con las nociones de bello y bueno, que son dos de los más elevados valores de la humanidad.
Y tienen razón: el juicio de valor que hacemos sobre lo que nos agrada o desagrada en la mesa cobra importancia cuando la noción de “efímero” deja de estorbarnos. El goce corporal nace en el humano con la necesidad biológica del contacto, pasa por la devoción a los dioses de la comida en diversas culturas y termina relacionándose con los placeres de la sensualidad corporal, como bien lo han demostrado algunos autores golosos.



La humanidad no comió con tanta sofisticación en la Antigüedad y no escribió sobre estos temas, hasta que se dio cuenta de que su vida cotidiana no era asunto menor, hasta que una nueva concepción del sujeto le dio permiso para hacerlo. Esto sucedió en épocas muy modernas.
Esta nueva manera de entender las relaciones entre el mundo y el individuo, no según un orden establecido, sino dándole cabida a lo sensible, la intuición y la imaginación personal vino a hacerse presente hace apenas unos 200 años entre las páginas de los libros. Pero las preferencias individuales a la hora de escoger, cocinar, degustar y almacenar lo que hemos denominado comida –que no son sólo las plantitas y los animalitos que terminan en nuestros platos, sino sus implicaciones emotivas, o sea lo que los lingüistas y los psicoanalistas llaman significantes–, son como texto, más modernas que los diarios de viaje, por ejemplo.

Como soy golosa, me gusta buscar en tiendas especializadas en recetarios o librerías extranjeras memorias gourmet. No es que en nuestro país no haya, es que el sibarita, hedonista o gourmand
no puede satisfacerse a pasto pues tal género literario no es abundante. Lo escrito por personajes tan insignes como la Marquesa Calderón de la Barca, Alfonso Reyes o Salvador Novo es apenas un bocado. El Confieso que he comido, de José N. Iturriaga, comentado en Día Siete hace poco,
viene a ser pionero en la materia.

El año pasado leí Eating (Random House), del editor Jason Epstein, quien habla de sus encuentros comilones con Norman Mailer, Gore Vidal o chefs tan renombrados como Wolfgang Puck. Me gustó que confiese que dialoga con los ingredientes que compra con la pasión de un ávido coleccionista hasta transformarlos en delicias y comparta recetas. También leí Rapsodia Gourmet, de la francesa Muriel Barbery, quien escribe sobre un crítico gastronómico que a punto de morir lucha por recordar un sabor que tiene “en la punta de la lengua”. La búsqueda de tal recuerdo lo lleva a compartirnos sus experiencias y disquisiciones sobre lo crudo en la cocina oriental, sobre lo mágico que puede resultar una “esfera anaranjada, de flancos casi grumosos licuándose en el plato” (léase helado de naranja) y lo brillante que puede ser el recuerdo
de unos pescados asados en la playa por obra y magia de las manos de un querido abuelo.



Los que saben comer no suelen hablar de restaurantes y chefs, antes que nada lo hacen sobre ingredientes y métodos de preparación; el sabor, la apariencia y la textura de un alimento pueden llegar a ser tan importantes, que la tortura del batido frente al fogón puede transformarse en un placer cercano a la conquista. Y es que el hombre es una creación del deseo, no de la mera necesidad. “No sólo de pan vive el hombre”, dicen unos y es cierto: la materia excita los sentidos y cuando se trata de papilas gustativas, el discurso del goloso puede
derivar en un arte mayor. Es curiosa, esta oralidad –del discurso– que habla de lo otro oral –el alimento–, una modalidad de la disertación sensual, que viene a ser una especie de homenaje metalingüístico por el bien recibido en la zona que agradece.

Amores golosos

En esta época de desórdenes alimenticios, la comida es un termómetro social. En la mesa se articulan el hambre y el amor de una manera única. Íntimamente relacionada con el código familiar, la hora de la comida viene a ser un espacio de reflexión de significantes tan importantes como la complacencia, la convivencia y la lealtad. Por algo comer sigue siendo el placer más socorrido frente a la pérdida de otros.

Si recordar lealtades y amores no suele ser asunto fácil, hacerlo a partir de la reflexión gustativa facilita la tarea y la torna en un acto doblemente gozoso: el comelón o comilón (las dos cosas estás bien dichas) terminará relamiéndose los bigotes por el resabio de lo gustado, pero también sanará el alma. Dejar de sentirnos delincuentes alimenticios por faltarle al respeto a la autoridad médica que indica rechazar lo que nos gusta, no nos matará.






Publicado Revista Día siete, septiembre de 2011



viernes, 9 de septiembre de 2011

¿Sublime… o terrible?


En tiempos electorales, la imagen que proyectan quienes buscan legitimarse como gobernantes o mantenerse en el poder es bastante simple, se privilegia el mensaje elocuente y eficaz y frecuentemente se monta en registros gastados (léase asimilados por la población); no obstante, la noción de matiz sigue siendo importante a la hora de calificar el buen o mal gusto de los publicistas expertos en propaganda. Y guácala, a veces se les pasa la mano de cursis. Pretenden sublimarnos o conmovernos, pero terminan por hacernos reír…o llorar. Sí, señores, la imaginación es clave en el pensamiento estético contemporáneo, pero mídanse a la hora de cocinar lo que comeremos.

Se califica como “sublime” aquél espectáculo u objeto que se equipara con “lo absoluto” y mueve a la pasión. Es sublime aquello que además de ser grande, nos mueve a la admiración y facilita reflexiones profundas. En términos de contemplar la naturaleza, esto se aclara si pensamos en la pintura de un Albert Bierdstadt o de un William Turner, pero en términos de creaciones humanas, la cosa se complica: en este caso entra en juego la noción de finalidad, por lo que Estética y Ética se anudan para iluminarnos a la hora de prestarle un minuto de atención, a lo que se nos presenta a los consumidores de imágenes mediatizadas. A quienes miramos por esa ventana al mundo, que se llama TV.

El común denominador hoy en día pendula entre la presentación de un político cercano al pueblo (el que se acerca al marginado y se echa un taco con él) y el discurso heroico (estamos en guerra y nada nos impedirá ganarla). En medio de eso casi no hay nada: el miedo a la invisibilidad ha sepultado la imagen de un gobernante humano, cercano al común de la gente, como lo fue Olof Palme en Suecia.

Un dirigente estatal que se presenta en un escenario creado al más puro estilo telenovelesco, con la mirada perdida en el horizonte dirigida hacia un futuro ideal, casi flotando, se acerca a la noción romántica de los héroes de las historietas. Ya se dijo en algunos foros, el informe de Peña Nieto dejó mucho que desear en términos de semiología de la imagen. Un presidente que se dirige a la nación desde un lugar súper vinculado con la alta cultura en el país (Museo de Antropología) busca re-presentarse como gobernante, ante el pueblo lastimado por una guerra que no entiende. Y aquí el término re-presentarse viene dado en sus dos acepciones: la que lo hace re-nacer como nuevo ante la mirada del espectador y la que lo presenta como un histrión, como un profesional de los escenarios.

En contraste y ya más cerca de nosotros, un político que se atreve a duplicarse, como en las novelas de Pessoa o Saramago, además de mostrar perversidad por las intenciones que lo motivan, apela, por el lado de la estética, a la idea del plagio y la falsificación. Y como se sabe, tanto el plagio como la falsificación son dos de las creaciones humanas más desprestigiadas de la historia de la humanidad. Desde luego que en este caso no preocupa la falta de originalidad de la obra, sino la burla que se hace de la inteligencia y la capacidad visual del ciudadano de a pié.

Dicen los estetas que el ser humano permanecería indiferente sino fuera estimulado por las sensaciones, que su cuerpo –que no es retazo con hueso sino cuerpo movido por el deseo—no echaría a andar la imaginación si no fuera porque cuenta con la información que le proveen los sentidos y la memoria. El problema con la estética privilegiada por quienes detentan el poder actualmente es que gustan de lo sublime aterrizado en lo terrible. La intensidad es lo de hoy. Pobres de nosotros. Qué indigestión. Ω

Publicado en la Jornada Morelos 9 de septiembre de 2011
http://www.jornadamorelos.com/2011/9/9/

viernes, 26 de agosto de 2011

Presentación del libro de Pepe Iturriaga / Jardín Borda, Agosto 2011



Tan a gusto me sentí leyendo el libro de Pepe Iturriaga, que comencé a pensar: “¡qué gusto da, cuando uno se siente… tan a gusto leyendo cosas dedicadas… al sentido del gusto!… ¡Este gustoso comilón sí que sabe gustar de la vida y vivir a gusto!”… En tantos gustos pensé durante la lectura de “Confieso que he comido” y tantas cosas aprendí sobre sus gustos, los gustos de la humanidad y los gustos de los mexicanos, que de pronto me vi pensando que no es lo mismo el sentido del gusto, que la noción de gusto y que ésta última no es antigua, que la humanidad no comió con consciencia sobre sus gustos y con tanta sofisticación…en la Antigüedad… y sobre todo, no escribió sobre estos temas, hasta que se dio cuenta de que su vida cotidiana no era asunto menor, hasta que una nueva concepción del sujeto le dio permiso para hacerlo.

Esto sucedió cuando las relaciones entre el mundo y el individuo le permitieron darle cabida a lo sensible, la intuición y la imaginación personal. Poco a poco, las preferencias individuales a la hora de escoger, cocinar, degustar, almacenar y comerciar con lo que hemos denominado comida --que no son sólo las plantitas y los animalitos que terminan en nuestros platos, sino sus implicaciones emotivas, o sea lo que los semiólogos, los lingüistas y los psicoanalistas llaman significantes--, abandonaron los diarios de viaje y fueron generando las primeras memorias gourmet.

Dicen los estetas que la noción de gusto, nace de la intención de hacer un comparativo; que es el resultado de juzgar o sopesar las cosas de acuerdo con las nociones de bello y bueno, que son dos de los más elevados valores de la humanidad. Y el caso que analizamos, --las memorias de un gourmand, sibarita o hedonista, o sea el que come de todo sin ponerse pesado--, no es la excepción. Página tras página, Iturriaga logra aclarar jerarquías entre establecimientos, platillos, preparaciones e ingredientes, dando por resultado que lo comido en fondas, banquetas y zaguanes adquiera una dignidad inédita en nuestra cultura, muy dedicada hoy a comentar sólo lo que se come en establecimientos de lujo.

Hoy, que están de moda la nouvelle cuisine, la alta gastronomía mexicana, la cocina fusión, las esferificaciones y espumas del Bulli, no es raro que abunden los libros de cocina dedicados a las preocupaciones de las clases pudientes…. ” La sociedad está compuesta por dos grupos --decía (Sebastián Nicolás) Chamfort en vísperas de la Revolución Francesa--, los que tienen más apetito que comida y los que tienen más comida que apetito; así las cosas, comenzaremos por destacar que este libro tiene la virtud de dedicarse al amplio espectro del antojito, gustado tanto por ricos como pobres: “la más alta cocina mexicana no tiene que ver con inversiones”, explica Pepe, sino con dedicación e ingredientes… y termina por convencernos de que si no los cuidamos, a ciertos antojitos mexicanos se los va a llevar la trompada.

Por lo que respecta a la imagen de nuestro país, puedo asegurarles que el libro que presentamos deviene tentador: cuando el autor habla de san Pedro de los Baños, poblado cercano a Atlacomulco, o de algunas poblaciones veracruzanas o chiapanecas casi perdidas en los mapas turísticos, inmediatamente nos dan ganas de irnos de viaje … Y es que el oficio forma… sus descripciones puntuales del México que se nos fue o de los vestigios arqueológicos, nacen del afán del historiador por aclarar las cosas; lo mismo sucede cuando habla de costumbres alimentarias del pasado o de aquel centro de la capital, en el que su tía Mary alimentaba a los pensionados asistentes a su fonda.

Los criterios son subjetivos, al hablar de comida, a veces se reduce el hablante a dar opiniones muy personales que tienen que ver con el propio cuerpo y sus disposiciones naturales a lo salado o lo agrio y sin embargo, llega un momento en que las sintaxis del que habla de comida se van transformando en fulguraciones poéticas y éstas se convierten en el arte del verbo culinario y eso es precisamente una de las cosas más apetitosas del libro de Iturriaga: uno no puede evitar devorarse entre salivaciones del orden de lo real y lo intelectual los breves capítulos que conforman esta publicación. Sus evocaciones resultan a veces tan eficaces, que logran que el paladar nos sepa a saladito, chilito y fritanga. Lo que quiero decir, es que logra cocinar tan bien las frases y resaltar el sabor de las viandas, que termina por demostrar que se puede escribir sobre las ostras o los nacatamales, humitas, hallacas, tayuyos, mapires, juanes, pamonhas, pasteles o bollos, todos ellos tamales, con altura.
El libro no deja de lado los importantísimos estímulos visuales, la apariencia a veces extravagante de la comida es de primerísimo orden para el que se apresta o no a hincarle el diente a un platillo, y Pepe no abusa de su imaginación (aunque hay que tenerla cuando se es cocinero) y tampoco omite detalles importantes, como cuando habla de las diferentes panzas que ocupan un buen plato de pancita, a la que se le agrega pata de res…por supuesto, o cuando se confiesa comedor de víboras, ratas y alacranes.
Con tanta frescura y espontaneidad está escrito, que va uno poco a poco, saboreando junto con el autor los sabores que tan generosamente nos comparte. En este sentido, asombra no sólo su retentiva, sino la cantidad de amistades que tiene; se trata de lo social nutrido con la labor artesana de la cocina y el motor de cada reunión es el afecto. Además –y esto ya es maña del autor--, el sentido del humor no falta…por ejemplo cuando habla de las dietas de Silvia o arma el prólogo con base en una serie de dichos populares sobre la comida y la cocina mexicana.

Además, está el hecho de que sabe él reconocer la importancia entre lo recolectado y lo cosechado y estandarizado por los supermercados, la cultura de masas y las modas. Menos del 1 % que conforma la flora mundial ha sido domesticada, no obstante, la cultura de lo vegetal se ha estandarizado y lo domesticado le ha ganado la partida a lo hallado, sólo que a Iturriaga no se le pasa hacer notar la importancia de las yerbas como el chipilín o la hoja santa cuando habla de comida. Me acuerdo que recientemente le llamé para preguntarle sobre la pipitza, yerba que sigo sin conocer porque no la he encontrado en el mercado, pero él me dijo, es una especia de pápalo, ponle de ese.

En fin que “Confieso que he comido” es el libro de un excelente conversador de paladar educado que demuestra que la condición masculina no es demérito en estos asuntos de la cuchara y el perol.
Iturriaga sabe vivir y es generoso. Autor prolífico como es, construyó no un recetario aunque su libro abunde en recetas, no un libro turístico aunque invite a viajar y no las memorias de un hombre culto, aunque termine por convencernos de que la reflexión sobre lo que comemos y la historia de los sentidos valen la pena.

Publicado en La Jornada Morelos 26 de agosto de 2011 http://www.jornadamorelos.com/2011/8/26/cultura_nota_02.php

miércoles, 29 de junio de 2011

Gerardo Camargo: Exposición Galería-Café SIMÖN



Hace tiempo que quiero ver lo nuevo de Gerardo Camargo, un talentoso y comprometido artista plástico, a quien le tengo mucha fe porque es bien hecho, está comprometidísimo con el cumplimiento de su vocación --en una época muy difícil para quien decide vivir del arte-- y es, sobre todo, AUTÉNTICO.

¿En qué consiste lo auténtico y porqué, en vez de emplear una categoría estética relacionada con lo visual, uso un calificativo del orden de lo moral? --me pregunto, previniéndome de no caer en una defensa del arte a partir de postulados románticos--, pero de inmediato insisto en la noción del respeto a la voz propia, porque es ésta la que guía una y otra vez mis preguntas, durante la entrevista que le hago.



Lo orgánico como tema: una apuesta arriesgada que se torna decorativa

Gerardo Camargo (Ciudad de México, 3 de octubre de 1974) se ha dado a conocer en nuestro estado por ser el creador de un universo protagonizado por líneas que no tiene que ver con el mundo figurativo tal cual se ha venido representando en la historia del arte, sino con la idea de lo compulsivo. Tal propuesta cuenta con antecedentes en el mundo y en nuestro país --ahora mismo, en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México hay una muestra que deja ver esta tendencia renovadora del dibujo[1]--, y a grandes rasgos podemos decir que busca explorar las posibilidades expresivas de la línea que se repite formando patrones seriales.

Sin embargo, habría que decir que Gerardo Camargo le imprime una frescura que surge de la participación activa de su cuerpo completo durante el proceso creativo; la experiencia de lo orgánico o lo vital se aclara no sólo cuando sus dibujos recuerdan intestinos y venas, sino cuando declara que: “al principio aparece un gesto, que se convierte en regla y esto mismo va estructurando la composición. Por ejemplo, ve esta pieza “10.5” (esmalte sobre lona plástica, 2011. 1.80 x 1.30 cms.), que nace de una mancha que tenía en la mano. Esta mancha medía 10.5 cms. de largo y me dio la pauta para repetir sus dimensiones una y otra vez, con la ayuda de una regla, en lona plastificada, con un plumón de esmalte. Así, de manera obsesiva, se fueron configurando las diversas áreas que recuerdan pliegues y recuadros”.

Conforme vamos platicando sobre el interés que lo habita, sobre la noción del cuerpo trabajando a su favor, me platica que hasta la respiración forma parte del cúmulo de ideas que lo inspiran: “A veces, se me olvida respirar –me dice—tuve problemas alérgicos de niño y como a los once años tuve que aprender a respirar bien. Hoy cuando dibujo, estoy consciente de que a veces mi respiración se detiene por unos instantes”.

De esta observación orgánica hay indicios en la historia de los procesos creativos; el caso de Jackson Pollock, entrando en trance a partir del gesto corporal cuando pintaba es uno de los casos más conocidos, pero también están los escritos de Siqueiros y de Joseph Beuys al respecto.

Por otra parte, el reflejo de su cuerpo en la pieza titulada “36” (esmalte sobre lona color plata, 1.80 x 1.30 CMS) me lleva a pensar no sólo en la importancia de lo vital porque 36 son los años que cuenta de vida, sino en el famoso estadio del espejo del que hablara Jacques Lacan, en esa estupenda disertación sobre el descubrimiento del yo que lleva a cabo el infante la primera vez que se observa frente al objeto reflejante. Esta es, dicen los expertos, la manera en la que se va construyendo la noción de “yo” y se vive el propio cuerpo, lo cual inevitablemente lleva a pensar en la noción de autorretrato y la insistencia de lo biográfico en la historia del arte.


Galería virtual: la importancia de lo vivido como objeto del arte

“Cola de Rata” se llama la página web en la que cuelga su obra a manera de galería virtual; la misma, nombrada a partir de la evocación de una turbadora huella mnémica (el estudio en el que trabajaba antes se infestó de ratas y tal impacto lo marcó para siempre) se abre como un universo para el espectador que busca entender qué está pasando en el arte contemporáneo y cuál es la oferta visual con la que cuenta para “decorar” los espacios que le toca habitar. Entrecomillo decorar porque estoy de acuerdo con el teórico Fernando Castro Flórez en que el arte debe recuperar el gozo visual perdido en medio de tanto “azote” declarado por los artistas en los últimos 100 años; éste grito del “yo torturado” debe dar paso ya a la pulsión de gozo animada por la masiva y complaciente cultura visual que nos toca vivir. ¿En dónde han quedado las nociones de belleza, armonía, composición¿

En la galería café “Simón”, un espacio recientemente abierto para el arte joven en la Boulevard Juárez me entero de que Gerardo invitó a la gente a dibujar en uno de los cristales del local con la idea de animar su exposición. Dicho trabajo no se terminó y como quedan tres espacios pictóricos listos para el que se anime, le prometo regresar la próxima semana y dejar mi propia impronta en este su espacio temporal.


Técnicas alternativas

Fascinado con la tecnología, Camargo decidió mandar grabar con láser una serie de dibujos abstractos de pequeño formato y el resultado es espectacular. Colgados allí mismo, los cuadritos enmarcados en blanco son muestra viviente de elegancia y creatividad y en su contundencia responden a la pregunta final que me hago sobre la posible presencia del llamado “accidente controlado” en su trabajo. Tal accidente no puede existir --me digo--, a pesar de la libertad manifiesta en la elección del tema que ha elegido como asunto principal: Gerardo le dio al clavo una vez más con esta serie de dibujos pensados para el disfrute del objeto sobre la pared. Son una delicia y por ello pondré uno o dos sobre mi escritorio de inmediato. Ω

Publicado Diario de Morelos 29 de junio de 2011
http://www.diariodemorelos.com/index.php?option=com_content&task=view&id=90580&Itemid=68

Abrazo



No dejo de pensar en el abrazo que se dieran ayer Calderón y Sicilia como si se tratara de la reformulación mediática y posmoderna de aquella pintura de Jorge González Camarena titulada precisamente “El Abrazo”. En dicho óleo (que es versión de caballete del mural que pintara para el Castillo de Chapultepec en 1960), aparecen un Caballero Águila y un hombre dentro de una armadura enfrentándose fatalmente. Resulta que el acercamiento de los cuerpos deja de ser el gesto amoroso que caracteriza el saludo entre los humanos porque las lanzas que ambos portan atraviesan sus cuerpos. La muerte es inminente en esta obra maestra del arte mexicano.

Tanto en la pintura como en la fotografía que apareció en las primeras planas de los diarios de este viernes, la metáfora visual es sumamente elocuente: el choque de ambas cosmovisiones es frontal; conquistado y conquistador o poeta y mandatario apuestan hasta el corazón en la lucha por hacer prevalecer sus discursos. Son dos pasiones diferentísimas las que los mueven a actuar; los actores van al des-encuentro en un escenario iluminado por fuego. La centrada composición se acentúa porque el desastre enmarca estrambóticamente las siluetas.

Quisiera pensar que las cosas van a cambiar estando el poeta en la palestra. Tenemos puesta la fe en el que sabe pensar y hablar como si se tratara de un padre; confiamos en el que pudiera hacer que LA PALABRA coincidiera con la realidad. Durante años he querido pensar que la figura del artista idealizado, del poeta romántico sirve para algo en el México banalizado que nos toca sufrir. No obstante, lo que escucho hoy es que mientras uno habla de silencios y hace referencias culturales, el otro hace gala de batallas frontales contra el crimen organizado y pide perdón por las miles de víctimas que han pasado a formar parte de una lista interminable de muertes inútiles.

En el maremágnum de imágenes en el que nos movemos, son pocas las oportunidades que tenemos de presenciar con tanta elocuencia visual lo que nos está sucediendo. La fotografía presenta a un Calderón que mira para abajo, mientras Sicilia lo abraza como queriendo protegerlo. El que viste de traje se evade; el otro, vestido de intelectual alza el micrófono para hacerse escuchar en un idioma hablado en voz baja. La palabra y la cosa no coinciden. Nunca han coincidido. La frustración del ser humano viene de que lejos de acercarnos a nuestros ideales colectivos, nos alejamos por darle gusto al instinto. Como en la pintura del jalisciense, la pulsión de muerte nos invade. Ω

Publicado en La Jornada Morelos 26 de junio de 2011
www.jornadamorelos.com/2011/06/26/cultura.php

jueves, 16 de junio de 2011

Notitas para pensar a Artemisia Gentileschi en el mundo actual


Según estudios publicados por Linda Nochlin, Griselda Pollock, Whitney Chadwick y Frances Borzello (feministas destacadas de los años setenta), las pintoras no sólo fueron olvidadas por la historia del arte hasta el siglo XIX, sino que hubo momentos en los que se les presentaba como fenómenos, como le sucedió a Sofonisba Anguisola (Cremona, hacia 1532 - Palermo, 1625).
Se cree que el estudio de la H. A. es neutro, no amañado y que se da de la siguiente manera: los maestros les enseñan a los --y las discípulas-- y así éstos adquieren, poco a poco, la maestría para recibir el merecido reconocimiento y el encargo, sólo que no se menciona que las mujeres no pasaban casi nunca de discípulas y que aparecen como anónimas modelos en miles de cuadros porque eran un objeto más del mundo representable. Además, cuando lograban llegar al estudio del maestro para aprender, no se les dejaba hacerlo con modelo en vivo, no se les dejaba mirar el cuerpo del hombre desnudo.
Como se pudo ver en la película dedicada a Artemisia Gentileschi (dirigida por Agnés Merlet y protagonizada por Valentina Cervi) hace unos días, a la mujer le costó sangre destacarse como una profesional del arte. En su caso, y después de los tristes acontecimientos ocurridos a su persona por la falta de tacto de su padre, el pintor Orazio Gentileschi, y la vileza de Agostino Tassi, su maestro de perspectiva, ella tuvo que luchar desmedidamente para hacerse un lugar entre sus colegas y lo hizo tan bien, que terminó pintando para la corte en la Inglaterra del siglo XVII. Muchas de sus obras fueron atribuidas en su tiempo a su padre y hoy se encuentran exhibidas en varios de los museos más prestigiados del mundo. Su estilo caravaggiesco, manierista-barroco es motivo de admiraciones y su Judith decapitando a Holofernes es inolvidable por la dureza de la escena.

Lo cierto es que siendo la calidad de los trabajos la misma que la de los maestros, la historia nos ha dado sólo un puñado de nombres de mujeres a recordar. Además, notemos otra cosa: la identidad no se nota en las obras de arte: si el ser salida de manos de mujer significara que el asunto “se nota femenino”, tal vez implicaría menos calidad por ser cosa de minorías, pero no es así. No sabemos frente a una obra exhibida si ha salido de manos de mujer o de varón, salvo en los casos en los que el contenido es evidentemente feminista, y esto sólo se dio en el siglo XX.
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La pintura de Frida Kahlo titulada “Unos cuantos piquetitos”, dice Raquel Tibol, es metáfora de la violencia sufrida contra la mujer a través de la historia. El caso de Artemisia Gentileschi (Roma, 8 de julio de 1593 - Nápoles, hacia 1654) y el mismo hecho de que actualmente en el mercado del arte se vendan las obras de mujeres más baratas que las de los varones, prueban lo dicho.
Pero tal vez sea lo dicho por Leonel López Nussa, pintor y escritor cubano la muestra más repelente de la estupidez machista. Lo cito para que usted termine de leer, con cara de asombro, este artículo: “Si hay algo opuesto a la naturaleza femenina es el dibujo. Las niñas dibujan, pero las niñas no son mujeres. Las mujeres son objeto del dibujo, no sujeto. Cuando la mujer dibuja, se masculiniza. El dibujo es macho, demasiado incorpóreo para interesar a la hembra”. (El Dibujo, Ediciones Revolución, Cuba, 1963) ¿Cómo la ve? Ω

Publicado en El Diario de Morelos 15 de junio de 2011

http://www.diariodemorelos.com/index.php?option=com_content&task=view&id=90077&Itemid=68