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Recibe al espectador la pintura de Alberto Castro Leñero para la galería de retratos de El Colegio Nacional. El artista transmite mediante pinceladas vigorosas la fuerza de un hombre que no dejó de hacer todo lo que un humano puede: fue pintor, escritor, vulcanólogo, investigador, buscador de oro, divulgador de las artes y por supuesto gran amante. La postura de la cabeza, el gesto adusto y la mirada desafiante lo dicen todo del genio polifacético.
Nos referimos a la muestra curada por el Maestro Luis Rius Caso para la Galería de El Colegio Nacional, en la misma se exhiben obras de pequeño y mediano formato, a diferencia de la voluntad de otras selecciones que optan por el gran formato. En esta en cambio, vemos una faceta poco conocida de Gerardo Murillo, conocido como Dr. Atl, como lo bautizó Leopoldo Lugones. Incapaz de someterse a la normatividad de la institución, renunció apenas tres meses después de haber ingresado. Sin embargo, la corporación conserva sus libros y manuscritos originales, lo que facilitó las acuciosas investigación de Rius, quien por su experiencia con el tema de los japonismos vinculados a la obra de José Juan Tablada, encontró allanado el camino para señalar paralelos planimétricos en la obra de Atl.
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Una de las mayores virtudes de la exposición es que nos sorprende: no sólo por la gran cantidad de obra escrita por el pintor, sino porque descubrimos que el artista siempre es un libro abierto a las múltiples lecturas que cada idea suya despierte. Así, por ejemplo, en el núcleo dedicado al pintor en su faceta de etnógrafo, Rius destaca que entre 1921 y 1927, el Dr. Atl publicó estudios decisivos para la historiografía del arte mexicano: Catálogo de pinturas y dibujos de la Colección Pani (1921), Las artes populares en México (1922) e Iglesias de México (1929). Estos libros, surgidos durante su estancia en el ex convento de la Merced, revelan su interés por el arte popular, la arquitectura religiosa y las vanguardias, en diálogo con Roberto Montenegro y Jorge Enciso, dos de los jasliscienses con los que trabajó en varios momentos de su vida. Aclaramos que vivió en lo que hoy es el Museo de la Ciudad de méxico, porque tenía el encargo de su recuperación.
Este núcleo incluye también su novela autobiográfica Gentes profanas en el convento (1950) y materiales vinculados a la también pintora Carmen Mondragón, Nahui Olin, entre ellos el notable retrato que Atl le hizo a la artista en 1922 (Col. Blaisten).
Aquí encontramos la parte más significativa de la obra narrativa de Atl: Las sinfonías del Popocatépetl (1921), Cuentos bárbaros (1930), Cuentos de todos colores (1936–1946), Un hombre más allá del universo (1935), El Padre Eterno, Satanás y Juanito García (1938).
En estos libros aparece un paisaje humano que complementa el panorama natural de su pintura: personajes marcados por la crueldad y la ternura, por la miseria, el humor y los claroscuros de la experiencia mexicana.
Sus relatos recogen el habla, las costumbres y las tensiones sociales que Atl conoció como artista, observador político y testigo de la Revolución.
Un hombre más allá del universo destaca como una obra especulativa que investigadores como Roberto Javier Acuña Gutiérrez (2019) consideran la primera novela de ciencia ficción en México.
Los dibujos geométricos y abstractos exhibidos —probablemente hechos para ese libro— dialogan con la exploración imaginativa y las hipótesis visuales que atraviesan su ficción.
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En sus cuentos es notable la trascripción del habla del pueblo, sobre todo en sus personajes femeninos; pero nos gustaría cerrar con el comentario sobre El cuadro mejor vendido, porque en él Atl despliega una mirada mordaz sobre el mercado del arte: narra cómo un cuadro menor, casi un ejercicio sin importancia para su autor se convierte en una pieza célebre gracias a la especulación, la moda y el entusiasmo artificial de marchantes y críticos. La obra asciende de valor no por su calidad estética sino por un entramado de intereses, exageraciones y deseos ajenos, hasta volverse “el cuadro mejor vendido”. Con este relato, Atl revela con claridad los mecanismos que distorsionan el juicio artístico ayer y hoy. Desmonta, con humor y lucidez, la facilidad con que la opinión pública puede ser moldeada alrededor de una obra. Este heterodoxo que ahora nos invita a leerlo es el que nos llevamos tras haber visitado la muestra de Rius en El Colegio Nacional.
* helenagonzalezcultura@gmail.com
Link de consulta: Un hombre más allá del universo – LA JORNADA MORELOS

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