1.
Este jueves 4 de diciembre se presentará en el Centro Cultural Jardín Borda La Gaceta de Museos del INAH, un nuevo número dedicado a la relación entre arquitectura, patrimonio y museos. Rosa María Sánchez Lara, coordinadora en esta ocasión de una de las publicaciones más relevantes del INAH se encargó de reafirmar la vocación que dio inicio a la publicación hace tres décadas: el análisis crítico, la divulgación bien hecha y la reflexión sobre los recintos culturales como espacios donde la historia se actualiza en cada visita.
En un contexto nacional marcado por recortes, cierres temporales y un deterioro silencioso de varios museos, este número aparece como un recordatorio necesario de que los recintos culturales no son lujos prescindibles, sino parte del tejido que sostiene nuestra vida pública.
2.
Dado que la edición incluye mi artículo “El Jardín Borda en el imaginario colectivo” procedo a presentarlo aquí brevemente. No puedo más que hacerme responsable de lo escrito. Espero sea de su interés, estimado lector.
Aclaro que escribí el texto a partir de mi pasión por las Ciencias Cognitivas. Las habilidades de pensamiento vinculadas con la creatividad, la fantasía y la memoria siempre me han interesado, entre otras cosas porque revelan que conocer el mundo no es un acto pasivo, sino un proceso activo de interpretación. Hoy sabemos, gracias a la neuroestética, que al percibir obras artísticas se activan muchas de las mismas áreas cerebrales involucradas en la emoción, la toma de decisiones, la memoria autobiográfica y la imaginación. Investigadores como Semir Zeki (1999), Anjan Chatterjee (2014) y Kawabata & Zeki (2004) han mostrado que regiones como V4, V5/MT, la corteza orbitofrontal y el sistema límbico participan simultáneamente en la experiencia estética: vemos, sentimos, recordamos y evaluamos de manera integrada. Estos hallazgos confirman que la percepción del arte no ocurre solo en la retina, sino en un cerebro que compara, completa, anticipa y reconstruye, haciendo de cada experiencia estética un acontecimiento único y profundamente personal.
Todo esto porque las formas en que imaginamos el Jardín Borda se basa en narrativas visuales, literarias e históricas y desde la pintura de castas del siglo XVIII hasta las representaciones del Segundo Imperio realizadas por Salvador Tarazona; desde las leyendas locales sobre túneles y banquetes hasta la figura persistente de la “India Bonita”, el Borda se ha convertido en un espacio donde la memoria colectiva se mezcla con la percepción. Esto coincide con lo que sostienen autores como Mara Dierssen y Yuval Noah Harari: nuestra mente no recuerda hechos aislados, sino imágenes y relatos que organizan la experiencia. “El cerebro compara experiencias nuevas con memorias previas para decidir la respuesta más adecuada”, afirma Diersen (2018), mientras que Harari lo confirma desde otro ámbito: “el ser humano recuerda mediante relatos, no mediante listas de hechos aislados”.
3.
Por otro lado, al escribir también contó mi experiencia como directora del recinto, entre 2018 y 2022. Durante esos años, conviví diariamente con la gente del querido equipo de la Dirección de Museos en los jardines, en el estanque y en la Sala Ponce. Me dolían a diario los muros afectados por los sismos, y confirmé que el patrimonio no solo se administra: se siente, se interpreta y sobre todo se guarda en la memoria corporal de quienes lo habitan.
El Jardín Borda es, en ese sentido, un museo vivo. Sus 27 mil metros de jardines, su arquitectura virreinal, sus estanques y sus rincones evocan lo que Pablo Soler Frost llama “la idea de paraíso”, un espacio donde se entrelazan nostalgia, historia y deseo. La ciudad de Cuernavaca ha proyectado en él sus anhelos y su identidad: es escenario de relatos imperiales, de celebraciones populares, de tardes familiares, de conciertos y exposiciones que marcaron generaciones.
4.
La presentación de la Gaceta de Museos en este mismo recinto no es coincidencia: es una oportunidad para recordar que el Jardín Borda sigue siendo un símbolo cultural de la ciudad y un laboratorio de imaginación histórica. En tiempos en que urge repensar el papel de los museos en México, este número nos recuerda que los recintos culturales no son solo espacios para “ver cosas”, sino lugares donde se construye comunidad, se fortalece la memoria y se imaginan el pasado, el presente y el futuro.
helenagonzalezcultura@gmail.com
Link de consulta: El Jardín Borda y la memoria que nos construye – LA JORNADA MORELOS
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