lunes, 20 de octubre de 2025

Cartas encontradas, un homenaje a Rosario Castellanos

 

PorJazmin Aguilar

Este fin de semana, la Feria Internacional del Libro Malcolm Lowry llenó el Museo de la Ciudad con una amplia oferta de actividades literarias. El segundo día abrió con un homenaje a Rosario Castellanos, en el que nuestros queridos amigos jornaleros Vicente Quirarte, María Helena González y Ángel Cuevas dialogaron en torno al libro Cartas encontradas (1966-1974), que reúne el intercambio epistolar entre la escritora y Raúl Ortiz y Ortiz.

El homenaje estuvo acompañado por la voz y la guitarra de Jessica Hamed, cantautora y colaboradora de este periódico. Quien interpretó versiones musicalizadas de los poemas Los adioses, La tierra que piso y El otro. Una propuesta inédita que tuvo su estreno durante la feria.

Cartas Robadas

Ángel Cuevas fue el primero en abrir el conversatorio. Señaló que el libro resulta imprescindible no sólo por su alta calidad literaria, sino también porque constituye un testimonio de la profunda amistad entre Rosario Castellanos y Raúl Ortiz y Ortiz. Además, dijo, es un valioso documento que permite asomarse a los acontecimientos y protagonistas más relevantes de la vida cultural y política de los años sesenta y principios de los setenta, principalmente en México, aunque también en el contexto internacional, dada la naturaleza cosmopolita de ambos autores.

Cuevas subrayó que el libro cubre una laguna importante en la vida y obra de Castellanos, ya que en sus cartas le cuenta a su amigo las vicisitudes que enfrentó durante su estancia en Israel, así como los proyectos literarios que debió interrumpir tras el estallido de la guerra de Yom Kippur, a finales de 1973.

Relató, además, que las cartas originales enviadas fueron sustraídas de la biblioteca de Ortiz. Por esa razón, la primera edición que se publicó llevó por título Cartas robadas, elaborada a partir de copias fotostáticas que el propio Ortiz había conservado con previsión. Cuevas recordó también que, gracias al trabajo y la tenacidad de María Helena González, presente en el podio, se logró una nueva edición del libro, que estuvo a punto de no ver la luz ante el desinterés de diversas instituciones. Finalmente, fue Óscar Ortiz, sobrino del autor, quien financió la publicación definitiva, concretando así un esfuerzo editorial que requirió años de trabajo minucioso y de perseverancia para poder materializarse.

La ciudad de Jerusalén

El escritor y ensayista Vicente Quirarte, compartió el texto Bitácora de una amistad, donde reconstruyó la presencia de Rosario en Jerusalén, ciudad que él también habitó como segundo ocupante de la cátedra que lleva su nombre. Describió la diversidad humana de la ciudad y la fuerza simbólica de la urbe que resume lo mejor y lo peor de las pasiones humanas. Desde ese paisaje, Quirarte reflexionó sobre la labor diplomática de Castellanos y su papel como “fugaz embajadora de la cultura”, cuya estancia en Israel marcó un antes y un después en su vida y en la de otros escritores mexicanos.

Al referirse a Cartas encontradas, destacó el doble sentido del título como un hallazgo de materiales inéditos y un cruce epistolar que revela la amistad entre autores: “la amistad es el único vínculo exclusivamente humano, que requiere cultivo, inteligencia y constancia”. Mencionó además el trabajo de Ángel Cuevas y Hernán Lara Zavala, quienes contribuyeron a rescatar el epistolario y a darle forma en la edición, donde las cartas y fotografías reconstruyen la sensibilidad íntima de la autora.

Gracias a esas cartas, afirmó, podemos apreciar a una Rosario con sentido del humor, capaz de convertir la tristeza en lucidez. “Toda su obra está impregnada de una melancolía salvada por la precisión de su lenguaje”, dijo. De haber vivido más tiempo, agregó, hoy Castellanos tendría cien años y sería integrante del Colegio Nacional, como anticipaban ya las ideas plasmadas en Mujer que sabe latín y en su tesis de licenciatura en la Facultad de Filosofía y Letras, textos fundamentales para el feminismo mexicano.

“Leemos sus cartas como literatura”, concluyó, “no sólo por su lenguaje claro y elegante, sino porque revelan sus emociones más íntimas, la cotidianidad de su vida académica en Houston, su paso por Israel y la odisea de una mujer que supo transformar la experiencia en pensamiento.”

El pensamiento vuelto papel

Durante su intervención, María Helena agradeció a los gestores culturales que continúan creyendo en el libro como un objeto de conocimiento y pensamiento, afirmando que “las ferias del libro son pensamientos de papel dispuestos a ser leídos por otros”.

En torno al nuevo epistolario, subrayó el valor de estas cartas no radica solo en su carácter inédito, sino en el modo en que permiten escuchar la voz íntima y profesional de una mujer que se asumía como escritora, madre y pensadora. “Rosario era una profesional de la cultura, una mujer de carne y hueso que enfrentó la maternidad desde la razón y no desde el romanticismo”, señaló.

María Helena destacó la conciencia estética y narrativa de Castellanos, quien sabía que sus cartas, aunque personales, algún día serían leídas como documentos literarios. Por ello, consideró que el epistolario tiene un valor como testimonio de época y como obra de reflexión sobre el yo consciente. Retomando a Vicente Quirarte, recordó el episodio de la muerte de la autora al limpiar una lámpara, símbolo que, dijo, “le dio la ironía de marcharse en brazos de la luz”.

Finalmente, concluyó que hoy las lectoras se acercan a Rosario Castellanos no solo desde la admiración literaria, sino como parte de un diálogo contemporáneo con su pensamiento y su lucidez. “Después de años de insistencia, este epistolario nos permite leerla de nuevo, con la conciencia de su tiempo y la vigencia de su mirada. Es una lástima que se haya marchado en su plenitud”, afirmó.

Ángel Cuevas abrió el conversatorio con una reflexión sobre el valor testimonial y literario de Cartas encontradas, obra que documenta la amistad entre Rosario Castellanos y Raúl Ortiz y Ortiz, a su izquierda el escritor Vicente Quirarte, la crítica de arte María Helena González y la música Jesica Rivera Hamed. Foto: Jazmin Aguilar.

Vicente Quirarte compartió un texto donde reconstruyó la estancia de Rosario Castellanos en Jerusalén y su papel como “fugaz embajadora de la cultura mexicana”. Foto: Jazmin Aguilar



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