Por Helena González y Vicente Quirarte
Vicente Quirarte y María Helena González*
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Hace unos días cerró su ciclo, en el Palacio de Iturbide (CDMX) una amplia revisión de la obra de Miguel Covarrubias, una de las exposiciones más vivas de los últimos años[1]. Dibujante, caricaturista, cartógrafo y etnógrafo visual, este autor, a quien se le montó un homenaje nacional en el Palacio de Bellas Artes en 2005 y una muestra anterior en el extinto Centro Cultural Arte Contemporáneo de Televisa, destaca en la historiografía del arte mexicano porque logró moverse con naturalidad entre el humor y la pedagogía, entre el trazo fluido y el interés por mostrar la diversidad cultural del mundo desde muy joven.
A la cita acudimos Vicente y yo invitados por Ignacio Monterrubio, subdirector de Fomento Cultural Banamex, quien ha mostrado una visión clara y consistente en proyectos como la apertura de la Casa Villa de Antequera en Oaxaca —el sexto recinto cultural de la institución bancaria en el país—, donde coordinó la adecuación de espacios históricos con tecnología, seguridad y climatización para exhibiciones de alto nivel. Por su trayectoria y sensibilidad hacia el patrimonio, bien hubiera sido deseable que Monterrubio quedara al frente de Fomento Cultural, como garante de esa vocación de preservar y difundir el arte y la cultura mexicanos en tiempos de transición. Ojalá que con la reciente adquisición de Citybanamex por parte de Fernando Chico Pardo se fortalezca el compromiso cultural que ha definido a esta institución encabezada por por Cándida Fernández de Calderón por más de tres décadas.
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Vuelvo al comentario: siendo apasionado de Herman Melville, no me extrañó que casi al final del recorrido Vicente me haya dicho entusiasmado: “ese libro yo lo tengo” refiriéndose a Typee, obra que recrea la estancia de Melville en las islas Marquesas, ilustrado por Covarrubias, quien alli encontró el material que lo covertiría en un importante etnógrafo, como después lo demostró en sus libros dedicados a América. Éstos fueron inicialmente publicados en inglés, editados por Alfred Knopf y postriormente traducidos por la UNAM en una edición pulcra y cuidada, tanto en su tipografía como en las ilustraciones. Viéndolas se siente el entusiasmo y la erudición que estas culturas despertaron en Covarrubias. Otra cosa que nos impactó fue su capacidad de traducir el ritmo de los negros a la línea que los representa, tan diferente de los trabajos de Bali.
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Yo, en cambio, quedé prendada de las entrevistas imposibles. Son piezas doblemente originales y propositivas: combinan la caricatura con un diálogo ficticio, escrito en tono satírico, entre dos personajes públicos que nunca se habrían encontrado. Covarrubias trabajó en ellas en revistas como Vanity Fair y Vogue entre 1931 y 1935, y el resultado es fascinante.
Algunas de esas entrevistas enfrentan a Gandhi con la evangelista Aimee Semple McPherson; a Stalin con Rockefeller; a Freud con Jean Harlow; o a María de Rumania con Mae West. Son choques de mundos, juegos irónicos con la celebridad de la época. Y lo notable es que la caricatura de Covarrubias nunca es grotesca: es elegante, estilizada, de líneas fluidas y colores sobrios pero vibrantes. La ironía no degrada a los personajes, los vuelve más humanos y más cercanos al lector.
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Al salir del Palacio de Iturbide rumbo al Casino Español, en donde siempre se come muy bien, comentábamos que Covarrubias supo mirar el mundo con ojos de niño y que su Nueva York no es solo escenario: es laboratorio cultural donde convivían el jazz, los cabarets de Harlem, la moda, el cine y el cruce constante de lenguas y acentos.
Para Vicente y para mí, esa ciudad sigue siendo una pasión compartida, un punto de fuga que se explica apenas poner los pies en cualquiera de sus avenidas. Esa tarde volvimos a redescubrir la vitalidad de aquel Nueva York de entreguerras y comprobamos una vez más que el arte, cuando es auténtico, conecta geografías, épocas y sensibilidades en un mismo pulso.
*helenagonzalezcultura@gmail.com
Si usted no la vio, aquí tiene algunos libros en los que podrá apreciar el trabajo de este artista:
Miguel Covarrubias: homenaje. (1987). México, D.F.: Centro Cultural Arte Contemporáneo, A.C. / Fundación Cultural Televisa. Catálogo de exposición (febrero–mayo de 1987), 261 pp.
Navarrete, S. (1993). Miguel Covarrubias: artista y explorador. México, D.F.: Dirección General de Publicaciones, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA). 139 pp. ISBN 968-295-707-9.
Navarrete, S. (2004). Miguel Covarrubias: retorno a los orígenes = A return to origins (ed. A. Tovalín Ahumada). Puebla: Universidad de las Américas Puebla; México: Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). 196 pp. ISBN 968-6254-63-3 (UDLAP); 968-03-0058-7 (INAH). ↑
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