Por Helena González
María Helena González*
El saqueo y el tráfico ilícito de bienes culturales no solo priva a las comunidades de sus símbolos materiales, también destruye los lazos espirituales que les dan sentido de pertenencia.
ICOM, México
El espejo de París
El robo de las joyas napoleónicas en la Galerie d’Apollon del Musée du Louvre duró apenas siete minutos. Cuatro hombres, sin armas de fuego, entraron por una ventana con un elevador mecánico y se llevaron ocho piezas históricas. La escena parecería de película si no fuera porque ocurrió en el museo más visitado del mundo. Ese golpe fulminante recuerda que ni siquiera los colosos son invulnerable y nos devuelve inevitablemente a México, donde la memoria de nuestros propios atracos sigue siendo incómoda.
El robo del siglo
El 25 de diciembre de 1985, dos estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México entraron al Museo Nacional de Antropología y sustrajeron 124 piezas prehispánicas. Entre ellas, se citaba la máscara de jade del Señor de Kalakmul. Cuatro años después se recuperaron 111, pero varias jamás volvieron. El caso convirtió al MNA en emblema de vulnerabilidad tanto como de grandeza.
Jardín Borda: un museo herido
En agosto de 2016, en Cuernavaca, desapareció Dunas (1920) de Miguel Covarrubias durante la exposición Adolfo Best Maugard. La espiral del arte. Meses más tarde, otra nota local habló de la pérdida de Motivo tropical, también de Covarrubias. El Centro Cultural Jardín Borda, corazón cultural de Morelos, quedó marcado por la herida silenciosa de esas piezas ausentes.
Iglesias vaciadas
Pero los robos más frecuentes no aparecen en titulares internacionales. Se consuman en parroquias rurales, donde cada domingo desaparece un santo más. Según un editorial del diario local La Jornada Morelos, “la falta de un inventario facilita el robo y hasta la venta de este tipo de artículos en un circuito de millones de dólares… hace algunos años se calculaba que en México eran robadas 26 iglesias a la semana (…) y desaparecían piezas coloniales que podían venderse fácilmente hasta los 150 000 dólares; las entidades más saqueadas eran Puebla, Tlaxcala, Estado de México, Ciudad de México… y desde luego, Morelos” https://www.lajornadamorelos.mx/editorial/el-arte-sacro-mas-que-fe-e-historia/?utm_source=chatgpt.com
De hecho, según datos de distribución nacional del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) vía transparencia, el estado de Morelos no registró denuncias de robo de arte sacro entre 2015 y 2023, salvo el caso de una escultura de San Antonio de Padua sustraída en 2002 en Santiago Apóstol (Jiutepec), recuperada en 2022 en Dallas, Texas https://www.eluniversal.com.mx/cultura/siete-estados-lideran-el-robo-de-arte-sacro-en-el-pais-inah/?utm_source=chatgpt.com
El silencio estadístico puede significar tanto ausencia de robos como falta de denuncias, lo que refuerza la hipótesis de invisibilidad institucional. Especialistas del INAH e ICOM han insistido en que la ausencia de catálogos públicos unificados dificulta la identificación y recuperación de piezas, y alimenta el mercado ilícito.
La hipótesis incómoda
Como hemos dicho, sin bases de datos estandarizadas las piezas se “licúan” y reaparecen en subastas o colecciones privadas. Recordemos que el arte prestigia y las piezas religiosas son especialmente sustanciosas porque suele vinculárseles con linajes familiares asociados con el coleccionismo, cosa que potencia el modus operandi de los llamados “cajueleros”, vendedores de arte que no operan en galerías y no declaran las ventas al fisco.
Lo que falta
Las soluciones no requieren ciencia ficción: un inventario público interoperable; una alerta patrimonial inmediata —como la Alerta Ámbar, pero para el arte—; y medidas básicas de resguardo en parroquias rurales. Las políticas concretas tienen que mandatar la colocación de sistemas de vigilancia con cámaras, detectores de movimiento, alarmas y denuncias obligadas con datos específicos. El chequeo regular de los inventarios debe ser obligado.
Florezcamos como colectividad cuidando lo nuestro
Como investigadora del bienestar, sostengo que la infraestructura invisible de la seguridad también es bienestar en sus versiones de cognitivo, eudemónico, social y económico. Un museo, un templo, una comunidad protegida puede florecer culturalmente. Si “París bien vale una misa” -es decir la inversión en el viaje- es porque todos saboreamos el prestigio de Notre Dame, Sacre-Coeur y Chartres, entre otros sitios icónicos para el turismo.
El robo y la dispersión del patrimonio no solo implican pérdidas simbólicas, socavan también una economía cultural que podría generar empleos, ingresos y desarrollo regional. En este sentido, Carlos Villasenor Anaya ha señalado que la inversión en infraestructura cultural —museos, archivos, equipamiento de iglesias— es parte integral del desarrollo sostenible: proteger las piezas implica también activar el valor económico de lo cultural.
El Consejo Internacional de Museos (ICOM) publicó en 2017 la Lista Roja de Bienes Culturales en Peligro de México y Centroamérica, revisada en 2019 con apoyo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y la UNESCO. Este documento no es un inventario de piezas robadas, sino una herramienta preventiva internacional destinada a orientar a aduanas, policías, museos y casas de subastas sobre los tipos de objetos que suelen ser saqueados y traficados ilícitamente.
Categorías de objetos más vulnerables
- Objetos arqueológicos:
Cerámica prehispánica, figurillas, máscaras, esculturas y elementos arquitectónicos. - Arte virreinal y colonial:
Lienzos de gran formato, imágenes devocionales, tallas en madera y marfil. - Arte sacro:
Esculturas policromadas, retablos, custodias, cruces procesionales, orfebrería litúrgica. - Objetos de museos e iglesias:
Piezas patrimoniales que, por su tipología o materiales, suelen ser blanco de exportación ilegal.
Advertencias principales de ICOM
- La mayoría de los saqueos ocurre en contextos rurales: iglesias poco vigiladas, capillas aisladas y yacimientos arqueológicos sin resguardo.
- Cada robo implica la pérdida no solo de un objeto artístico, sino también la ruptura de la memoria espiritual y cultural de comunidades enteras.
- El tráfico ilícito priva a los pueblos de sus símbolos de identidad, debilitando su cohesión social y sus tradiciones. No olvidemos además que las fiestas patronales forman parte del patrimonio cultural inmaterial de los pueblos y éste se asocia con el turismo cultural nacional, por lo que debemos asociarlo con la economía cultural.
📖 Referencia APA 7
International Council of Museums. (2019). Red List of Endangered Cultural Objects of Central America and Mexico. ICOM. https://icom.museum/en/ressource/red-list-of-endangered-cultural-objects-of-central-america-and-mexico/
*helenagonzalezcultura@gmail.com
Disponible en: https://www.lajornadamorelos.mx/sociedad/paris-bien-vale-una-misa-pero-y-las-piezas-robadas-de-las-iglesias-mexicanas/
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