sábado, 12 de abril de 2025

Yolanda Quijano: la imaginación rigurosa de una maestra de la pintura-La Jornada Morelos

  Abr 12, 2025

Por: María Helena González*




El domingo 6 de abril se inauguró en el Salón de la Plástica Mexicana (Colima 196, Colonia Roma, CDMX) una exposición dedicada a la revisión del trabajo de la Maestra Yolanda Quijano -nacida Ma. de la Luz Yolanda Pantoja y Fuentes-, creadora de una obra que se puede calificar a simple vista como lírica y refinada, aunque desvelando por capas cada una de sus creaciones podemos ir descubriendo influencias e intenciones.

A sus más de noventa años de edad, Yolanda mantiene viva la llama de sus reflexiones, profundamente rigurosas. No es casual que esta muestra tenga lugar en ese espacio que —vale la pena decirlo— sobrevive más por la insistencia de las y los artistas que lo nutren (y el prestigio de muchos que han pasado por sus instalaciones) que por algún respaldo institucional. Sin ir más lejos, ella ha sido una de las más activas integrantes de dicha asociación fundada en 1949. El Salón carece de recursos, su museografía es mínima y sigue sin recibir el apoyo indispensable del INBAL, como muchos museos y galerías del país.

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Originaria de Yucatán, Yolanda ha vivido en Cuernavaca casi toda su vida. Es morelense por decisión, por pertenencia afectiva y creativa. Aquí formó a su familia, varios de ellos artistas: Alejandro Quijano, quien es escultor, gestor cultural y curador y Adriano Silva Pantoja, que es pintor.


De quien fuera su segundo marido, Adriano Silva Castañeda tendríamos que hablar otro día porque su obra escultórica es absolutamente propositiva, fue un tallador en madera de gran finura que nos legó piezas de mediano y gran formato verdaderamente memorables.

Volviendo a doña Yolanda, hemos de señalar que su obra merece una revisión más exhaustiva, porque podríamos extendendernos hablando de sus técnicas y procedimientos, pero también del contenido simbólico de largo alcance del que se ocupa, que está lejos de etiquetas simplificadoras como el surrealismo, el realismo mágico, o la magia que dice ella debemos encontrar en todo suceso vital.

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Detengámonos un momento a mirar: los fondos de sus obras, por ejemplo, son ricos en degradados, ofrecen varias dimensiones de profundidad y una paleta cromática que va del terciopelo oscuro a los tonos iridiscentes, pasando por las transparencias de las técnicas de agua, o las opacidades de la pintura más pastosa. Sus pinceles le obedecen, su maestría técnica es poco común.

Por otro lado, hay que decir que su universo temático gira en torno a la figuración fantástica, con una iconografía habitada por cuerpos, rostros, máscaras, peces, espirales y geometrías flotantes que no obedecen a la lógica del sueño, sino a la de la imaginación lúcida. Sí, su universo es femenino, pero no es feminista, no reclama, no pelea, simplemente conoce el imaginario de quien vive entre los muros del hogar creando hijos, cocinando, pensando la vida. “A veces los pinceles crean con lágrimas”, comentó su hijo Alejandro durante la inauguración, aludiendo a la vida con su primer marido, su padre, pero esa dimensión íntima, profunda, que algunas obras cargan consigo es más jocosa que triste. Lejos del sentimentalismo, esta confesión recuerda lo que decía Georges Bataille: “el arte verdadero nace de un desbordamiento interior, una herida abierta se transforma en imagen”. También Octavio Paz escribió que “la creación poética es hija del asombro y del sufrimiento”, pero en esa línea, las pinturas de Quijano no buscan ensombrecer el mundo, sino habitarlo desde la emoción, a veces contenida, siempre auténtica.

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Quiero destacar que uno de los aspectos más notables de su trabajo es el uso del recurso de la variación, una estrategia plástica que ha sido empleada por grandes maestros. Quijano toma un tema y lo transforma desde múltiples ángulos, sin perder la cohesión interna. Un ejemplo es su conjunto de serigrafías intervenidas en la década de los 80: alrededor de cien piezas, todas distintas entre sí (en la muestra no está la serie completa, cosa que hubiera sido un gran acierto), aunque derivadas de una misma placa o impresión. Lo que en una pieza aparece como una mandolina en las manos de una mujer, en otra es un pez; lo que en una composición es un fondo de rombos, en otra son ritmos creados a base de líneas, líneas que en otras piezas ya son de otro color y por lo tanto crean otra atmósfera.

A la par de su obra pictórica, Yolanda Quijano produce cajas-objeto de un encanto singular. En la tradición de Joseph Cornell, pero con una voz propia, estas piezas tridimensionales combinan elementos poéticos, visuales y simbólicos: pequeñas arquitecturas íntimas, enigmáticas, seductoras. Son cofres de memoria y ficción, armados con retazos del pasado, muñecas antiguas, pequeños niños de rosca de reyes, un universo infantil en blanco que destaca el sentido de la elegancia y sugiere que el mundo de los objetos cuenta un sinfín de historias que hemos de descubrir.


Termino insistiendo en que Yolanda Quijano es una artista de procesos, de búsquedas, de capas. Su trabajo se aleja de las estridencias del mercado o del capricho de las modas, se ofrece como un acto de creación generosa y profunda. Merece una antología razonada, porque artistas como ella no abundan, y cuando florecen en silencio, hay que hacer el esfuerzo de escuchar. La muestra termina el 6 de mayo.

*helenagonzalezcultura@gmail.com









sábado, 29 de marzo de 2025

Ida Rodríguez Prampolini: una vida dedicada a la Historia del Arte descrita por Irene Herner

 Por Helena González

María Helena González*

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Este 2025 se conmemora el centenario del nacimiento de Ida Rodríguez Prampolini (1925-2017), figura central en la historiografía del arte en México. Su trayectoria intelectual se caracteriza por el análisis de la aparente contradicción entre el arte por el arte y la pintura de contenido social, aunque también se ocupó de la reivindicación de lo irracional como dimensión legítima del conocimiento.

Formada en un ambiente de apertura epistemológica, Rodríguez Prampolini ocupó la silla de José Fuentes Mares en la Academia Mexicana de la Historia, de él heredó la disciplina metodológica y la necesidad de tomar postura frente a los procesos históricos. Según nos cuenta la doctora Irene Herner, quien ha escrito un penetrante análisis sobre ella para el volumen colectivo titulado Mujeres: Aportes a la historia, el arte y otras ciencias sociales, de reciente aparición , Rodríguez Prampolini fue: “una mujer barroca…mestiza en su persona, con diversos ejes que interactuaron en su manera de ser: el académico; el periodístico; el político; el de mexicana; el de viajera y el de mujer de gran belleza que se aventuró a vivir una historia personal apasionada.”

Al respecto y contrario al formato de gran cantidad de textos institucionales, Herner Reiss comienza por hacernos un retrato hablado de quien fuera su maestra, nos habla de sus parejas sentimentales: Edmundo O’Gorman -con quien compartió una etapa inicial de reflexión sobre la historia y sus límites narrativos- y Mathías Goeritz, con quien emprendió un viaje existencial que redefinió su concepción del arte.

Fue precisamente Goeritz quien le transmitió a Rodríguez Prampolini la idea de que el arte es como una oración, de que lo sagrado inunda las cosas del mundo. A través de su relación con el escultor, y en particular tras una experiencia fundacional en la cueva de Altamira, Ida profundizó en la conciencia del yo como fuente legítima de conocimiento estético. Compartieron residencias en Cuernavaca y Tepoztlán, donde la influencia mutua fue decisiva: él, crítico de las texturas visuales y harto de las repeticiones estilísticas; ella, atenta a los signos culturales que escapan al marco racionalista y que emergen desde lo fantástico y lo onírico.

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El legado de Rodríguez Prampolini es indiscutible, sobre todo por su capacidad de ampliar el campo de estudio más allá del análisis formal y de las cronologías estilísticas. Su propuesta se desmarca del enfoque tradicional que privilegia la razón ilustrada como único criterio de legitimidad. En su obra El surrealismo y el arte fantástico de México (1969), plantea la necesidad de explorar el inconsciente como territorio estético, apostando por una comprensión del arte vinculada con lo mítico, lo simbólico y lo irracional. Este desplazamiento de la mirada -que coincide con los objetivos de la Dra. Teresa del Conde, otra de las académicas incluidas en el libro- forma parte de una transformación más amplia dentro de la historiografía del arte en México, la cual ha oscilado entre enfoques positivistas, narrativas nacionalistas y, más recientemente, perspectivas críticas y plurales. En ese contexto, la voz de Rodríguez Prampolini se erige como un puente entre el archivo y el asombro, entre el método y la sensibilidad.

Académica de formación, viajera por vocación, Ida Rodríguez Prampolini se definió a sí misma como una ‘aprendiz permanente’. Su obra y pensamiento revelan a una interlocutora de las corrientes internacionales, pero también a una voz profundamente enraizada en las tensiones culturales de México.

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En este punto, es pertinente subrayar el trabajo de Irene Herner no solo como investigadora y experta en Siqueiros, sino como alguien cuya voz admiro profundamente por su lucidez y valentía intelectual. He tenido la fortuna de coincidir con ella en espacios de diálogo académico -el afamado Centro Tepoztlán es uno de ellos- y reconozco en su texto una contribución indispensable para comprender el lugar que esta pensadora ocupa dentro del pensamiento artístico en México. Recordemos que la historia del arte y la museología tradicional designan el objeto, mientras que del historiador del arte esperamos que contribuya a enriquecer nuestra mirada y nuestro horizonte de afectos sobre el patrimonio cultural.

Cierro diciendo que, aunque Rodríguez Prampolini formó parte importante de la vida intelectual veracruzana, su paso por Morelos no fue anecdótico, nuestro estado fue parte importante de su búsqueda de un pensamiento más abierto, más plural y sensible a las múltiples formas de vida y expresión.

*helenagonzalezcultura@gmail.com

Disponible en: https://www.lajornadamorelos.mx/especial/ida-rodriguez-prampolini-una-vida-dedicada-a-la-historia-del-arte-descrita-por-irene-herner/


domingo, 23 de marzo de 2025

Travesías: Un viaje intelectual y emocional a través de la literatura

  Mar 23, 2025

Por: María Helena González*


La literatura es mucho más que un ejercicio de creatividad; es una herramienta poderosa para expandir nuestra percepción del mundo y fortalecer nuestras habilidades cognitivas y emocionales. Travesías, la séptima publicación de la Sociedad de Escritores de Morelos (SEM), libro presentado recientemente en el Museo Universitario de Arte Indígena Contemporáneo nos invita a emprender un viaje intelectual y emocional a través de cuentos y ensayos que exploran la condición humana desde diversas perspectivas.

Como lectora apasionada e investigadora sobre la relación entre el arte y sus impactos positivos en la cognición, encuentro en Travesías una obra que no solo nos deleita con su narrativa, sino que también ilustra, de manera práctica, lo que la ciencia ha descubierto sobre los beneficios de la literatura en el cerebro (y en el cuerpo, porque no olvidemos que la cognición es corporizada).

La ciencia y la ficción: leer nos transforma

Estudios en neurociencias han demostrado que la lectura estimula la neuroplasticidad, fortalece redes neuronales en la corteza somatosensorial y el giro supramarginal, como lo demostraron Berns et al. en 2013. Esto significa que la lectura no solo nos entretiene, sino que literalmente cambia nuestro cerebro.

Además, la teoría de la mente (ToM) sugiere que comprender las emociones y pensamientos de los personajes en una historia activa las mismas áreas cerebrales que usamos en interacciones sociales reales. Este es un fenómeno que podemos experimentar al leer Apuntes, contingencia coronavirus, de Oralba Castillo Nájera, quien entrelaza su experiencia con La peste de Albert Camus, haciéndonos vivir su angustia y reflexiones como si fueran propias.

Otro aspecto clave es la activación del sistema de neuronas espejo. Cuando leemos pasajes intensamente sensoriales, nuestro cerebro los procesa como si los estuviéramos viviendo en carne propia. Un ejemplo impactante es el texto Huellas de familia, de José N. Iturriaga, que describe el castigo de un prisionero con tal detalle que sentimos cada latigazo en nuestra propia piel.

Leer para el placer y el bienestar

La literatura también contribuye a nuestro bienestar emocional. Un estudio de la Universidad de Sussex (2019) encontró que solo seis minutos de lectura pueden reducir el estrés hasta en un 68%, más que escuchar música o beber té. Esta es una noticia alentadora para quienes disfrutamos de la lectura por placer y también un argumento en contra de quienes, como Paco Ignacio Taibo II, consideran que leer por placer es «fifí».

Además, la lectura mejora la memoria de trabajo y la flexibilidad cognitiva, aspectos fundamentales para el aprendizaje y la creatividad. Nos permite recordar a cientos de personajes literarios y sus historias con una claridad sorprendente. De hecho, hoy sabemos que la lectura genera Reserva Cognitiva, es decir, protege nuestro cerebro contra el deterioro relacionado con la edad.

La literatura como un contrato muy especial

Cuando leemos ficción, firmamos un «contrato de verosimilitud» con el autor: aceptamos mundos donde los lobos pueden disfrazarse de abuelita o donde Remedios la Bella asciende al cielo. Este proceso involucra lo que en ciencias cognitivas se llama «cognición extendida», que no es otra cosa que la manera en que nuestros procesos mentales funcionan. No están confinados en nuestro cerebro, sino que se expanden a través del lenguaje y las experiencias estéticas.

Un gran ejemplo de esto aparece en Dos mujeres, dos épocas, de Hortensia Rosas, que imagina una conversación post mortem con Elena Garro. Este cuento nos invita a reflexionar sobre el tiempo y la memoria, elementos que en literatura se diluyen y fusionan, permitiendo nuevas formas de interpretación del pensamiento humano.

La Carga Cognitiva y el placer de aprender

La literatura también desafía nuestra capacidad de comprensión a través de la carga cognitiva implicada. Algunos textos requieren un esfuerzo adicional para ser entendidos, como La zarpa de Leonel, de Hugo Calleja, que explora la historia del arte a través de la restauración de una escultura, o Bitácora de viaje, de Reicelda Oxilia, que mezcla historia, feminismo y reflexiones sobre la cultura occidental.

El razonamiento analógico también juega un papel clave en la literatura. Mutación, de Graciela Barabino, propone un mundo donde las mujeres dejan de embarazarse debido a la ausencia de placer en la intimidad. Esta idea nos invita a reflexionar sobre la intersección entre ciencia, género y ficción. Otro ejemplo es Fantástica realidad en el pasado, de Graciela Salas, que explora la imposibilidad de comprendernos plenamente como seres humanos a través de un viaje entre el presente y el pasado prehispánico.

Literatura y Guiones Cognitivos

Nuestra mente sigue ciertos patrones, llamados guiones cognitivos, que influyen en cómo tomamos decisiones y entendemos la realidad. Travesías nos desafía a cuestionar estos patrones a través de historias que nos invitan a repensar nuestras creencias. Algunos de estos guiones incluyen:

  • El guion de la secuela: La idea de que la vida debe seguir una trayectoria lineal y predecible.
  • El guion del complaciente: La presión por cumplir expectativas sociales a costa de nuestros deseos.
  • El guion épico: La creencia de que nuestras vidas deben ser extraordinarias para tener valor.

Al exponernos a nuevas formas de experimentar el mundo, la literatura expande nuestra conciencia y nos ayuda a romper con patrones mentales limitantes.

La magia de Travesías

Travesías no es solo una colección de cuentos y ensayos; es una experiencia transformadora que expande nuestra mente y enriquece nuestra visión del mundo. Como bien argumentan Susan Magsamen e Ivy Ross en Your Brain on Art: How the Arts Transform Us, comprender cómo las experiencias estéticas influyen en nuestro cerebro y cuerpo puede mejorar nuestra salud, ayudarnos a prosperar y construir comunidades más fuertes.

Invito a los lectores a embarcarse en esta travesía literaria, a dejarse llevar por las historias y a experimentar en carne propia el poder de la literatura. Porque leer no solo es un placer, sino también una herramienta para la transformación personal y colectiva.


Contacto: *helenagonzalezcultura@gmail.com

Disponible en: https://www.lajornadamorelos.mx/opinion/travesias-un-viaje-intelectual-y-emocional-a-traves-de-la-literatura/


miércoles, 26 de febrero de 2025

Arte y bienestar (2da parte)

Sobre la conexión interpersonal que se fortalece frente al arte

(Segunda parte)

María Elena González


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Frecuentemente me preguntan si existe algún método fiable para aproximarse a las obras de arte en los museos. La respuesta es que sí y no sólo uno. Museos como el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) han promovido metodologías procedentes de diversas áreas del conocimiento. A quienes trabajan en estas iniciativas los mueve la necesidad de entender el trayecto entre nuestra mirada, nuestra afectividad y nuestros pensamientos. Del terreno de la historia del arte con Gombrich, Panoksky y Francastel a la cabeza, hemos pasado al campo de las neurociencias. Hoy contamos con evidencia científica sobre el llamado cerebro social y el arte, ya lo sabemos, opera en este terreno.

Ahora bien, que haya metodologías al alcance de un clic en el teclado de nuestra computadora no invalida nuestra manera personal de desiframiento de las obras que nos interesan. Lo que se busca es enriquecer la experiencia de visita al museo. La mayoría de las veces acudimos a estos recintos obedeciendo a nuestra intuición, acto seguido nos apoyamos en los textos de sala y las fichas técnicas que se colocan junto a cada obra para obtener información. De la integración de la misma en nuestra estructura cognitiva nace nuestro primer juicio sobre lo que vemos. Tradicionalmente así se han montado las exposiciones: curadores y museólogos esperan que leamos la información y memoricemos datos. No obstante, hoy contamos con herramientas que nos permiten un mejor procesamiento de la información; hacerlo eleva la calidad de nuestra vida.

¿Por qué? Una de las explicaciones nace de la sensación de expansión que se genera cuando logramos conectar con otras maneras de ver y sentir el mundo. Esta sensación de conexión, de integración y vínculo interpersonal tiene correlatos biológicos susceptibles de ser evaluados. Esto es así porque los seres humanos somos capaces de atribuirnos estados mentales y atribuírselos a los otros. Una revisión sistemática sobre el cerebro social muestra que la empatía puede ser aprendida y mejorada a través del tiempo; el mismo estudio habla de un proceso de simulación de los eventos que se observan llevado a cabo a través de un conjunto de neuronas llamadas neuronas espejo, crucial para comprendernos intersubjetivamente: https://www.researchgate.net/publication/376500938_Conceptualizacion_del_cerebro_social_Una_Revision_sistematica


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Abigail Hausen y Phillip Yenawine crearon el método Visual Thinking Strategies (VTS) para facilitar la comprensión de materiales complejos, que incluyen ambigüedades. Las imágenes artísticas, muchas infografías y documentos escritos lo son. Lo que sucede entre el ojo y la palabra es el resultado de procesamientos nada fáciles de explicar. Lo que sí podemos afirmar es que ver obedeciendo a procesos “top down”, como lo sugiriera Yarbus en un famoso experimento, mejora la atención y la escucha, y promueve la autoconciencia. De ahí que podamos afirmar que la serie de autopreguntas que estos expertos sugieren hacernos dé como resultado un pensamiento más enriquecedor.

Explicado simplemente el método consiste en mirar en silencio la pieza seleccionada, preguntarse qué está ocurriendo (sin prejuicios), parafrasear lo que hemos dicho o pensado y hacernos preguntas sobre este propio pensamiento. Acto seguido debemos volvernos a preguntar y establecer conclusiones. Esto inevitablemente nos lleva a comparar nuestro razonamiento con el de otros, a aceptar otras maneras de estar y ser, lo cual fortalece nuestra capacidad de empatía. El cine opera de manera análoga: cuando algo nos conmueve es porque nos hemos puesto por un segundo en los zapatos de otro. De la tolerancia nace una mejor convivencia.


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Dan Siegel es el autor del método SIFT (acónimo de Sensation, Images, Feelings, Thougt), propuesto como herramienta nacida del estudio de la neurobiología interpersonal. Este científico se basa en nuestra curiosidad para proponer un método que nos lleve del interés en aquirir información sobre algo a la interconexión con los demás. Él explica que de las Sensaciones (que operan gracias a nuestros sentidos, incluyendo sensaciones interiores del cuerpo), nacen las Imágenes internas y externas que tenemos del mundo, y éstas a su vez generan sentimientos (Feelings) lo cual deriva en nuestros pensamientos (Thougt). Según este método los procesos pueden darse de manera altenada, lo importante es saber que un estímulo llamado obra artística es capaz de hacernos conscientes del universo mental propio y del de los demás.

Housen y Siegel se basan en la existencia de nuestro cerebro social. Contribuyen a probar que los productos de la cultura son útiles. Si ya sabemos que biológicamente estamos diseñados para operar en el mundo con los demás, aprovechemos las obras expuestas en los museos para fortalecer nuestra capacidad de empatía. Traslademos el consejo de Gilberto Owen a los recintos culturales: usemos el corazón en los ojos.

helenagonzalezcultura@gmail.com


Publicación original: 

https://www.lajornadamorelos.mx/opinion/arte-y-bienestar/?fbclid=IwY2xjawIsUKJleHRuA2FlbQIxMQABHcnyxZRi3szLY0FkP6XcgTHkmbyCh-GzE0FrUFrJc2SERlyB3MkKVqGoMw_aem_1E1wNhYBauYTPS-2c-kcMg





sábado, 8 de febrero de 2025

Arte y Bienestar: Razones para Visitar un Museo

 

PorLa Jornada Morelos

 Feb 8, 2025



María Helena González*

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Si alguna vez has salido de un museo sintiéndote inspirado, relajado o simplemente con una sensación de satisfacción, no es casualidad. La relación entre el arte y el bienestar se está estudiando seriamente en varios países y por eso hoy sabemos que la experiencia estética puede tener efectos positivos en nuestra salud mental y emocional.

Pero vayamos por partes, porque si bien para muchos el término bienestar es sinónimo de promesas de autoayuda o discursos gubernamentales ambiguos y tendenciosos, para otros va más allá de los peligrosos estereotipos. Cientos de investigaciones dan cuenta de la historia del concepto dentro de la filosofía y la psicología, pero hoy son cada vez más los médicos que prescriben el recorrido de exposiciones por sus efectos en la salud.

El bienestar se divide en dos grandes categorías: el bienestar hedónico, que se refiere al placer inmediato, y el bienestar eudaimónico, que tiene más que ver con la satisfacción profunda con la vida a lo largo del tiempo.

Visitar un museo de arte nos ofrece ambos tipos de bienestar: por un lado, el disfrute sensorial de las piezas y los recorridos (incluidas otras áreas como la cafetería, los jardines y las tiendas) y, por otro, la posibilidad de una reflexión más profunda sobre nosotros mismos, nuestra confición humana y por supuesto sobre nuestro entorno.


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¿Por qué el arte nos hace sentir bien?

La relación entre el arte y la felicidad humana puede explicarse de muchas maneras, algunas de ellas son las siguientes:

  • Estimulación mental: Contemplar una obra de arte activa distintas áreas del cerebro, promoviendo la creatividad y el pensamiento crítico.
  • Reducción del estrés: Se ha demostrado que la contemplación de arte disminuye los niveles de cortisol, la hormona del estrés.
  • Conexión con la historia y la cultura: Visitar un museo nos permite sumergirnos en el tiempo, explicarnos el pasado, comprender diferentes perspectivas y sentirnos parte de la colectividad social.
  • Generación de emociones positivas: Desde la admiración hasta la nostalgia, las emociones que despierta el arte pueden generar una sensación de plenitud. Además está el hecho de que nos complace lo original.
  • Interacción social y aprendizaje: Asistir a exposiciones o recorrer un museo con amigos o familiares fortalece los lazos sociales y enriquece nuestra visión del mundo.

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La Ciencia del Bienestar y el Arte

Según reporta el Manual de bienestar de Ed Diener (2018), el interés por el tema ha crecido exponencialmente en las últimas décadas. En 1981, había alrededor de 130 estudios sobre bienestar subjetivo; para 2016, la cifra superaba los 18,000.

En el campo de las ciencias cognitivas podemos aproximarnos al tema estudiando los procesos implicados en la perpecpción del arte. Desde la activación de la atención, la memoria y el aprendizaje hasta las emociones generadas, cada visita a un museo puede convertirse en una oportunidad para probar que los museos van más allá del cuidado y exhibición del patrimonio cultural. En el Centro de Investigación en Ciencias Cognitivas de la Universidad Autónima del Estado de Morelos (UAEM), hoy me toca explorar este fértil campo a mí.

Querido lector, te invito a que explores esta relación por ti mismo. Ve a un museo de arte, observa sin prisa y descubre cómo influye en tu estado de ánimo. Tal vez encuentres en ello un nuevo hábito que transforme tu bienestar. Si te nace por favor cuéntame por correo tu experiencia, podríamos emplearla como parte de la investigación en proceso.

*helenagonzalezcultura@gmail.com

https://www.lajornadamorelos.mx/opinion/arte-y-bienestar-razones-para-visitar-un-museo/

jueves, 28 de noviembre de 2024

Un recorte contra el bienestar

Jueves 28 de noviembre del 2024

Periódico Reforma

Cultura 

Página 5


Opinión Invitada
María Helena González
Un recorte contra el bienestar

  1. Según la Estadística de Museos del INEGI en 2023, 1,993 museos recibieron un total de 484 millones de visitantes, lo que representa un incremento de 10.8 millones respecto a 2022. La cifra es significativa si aspiramos a un país con mejores índices de bienestar subjetivo. Falk y Dierking, quienes han estudiado la experiencia de museo durante más de una década, señalan que la visita a estos recintos tiene un impacto multidimensional, por lo que no resulta aventurado asegurar que el recorte del 30% del PEF para cultura afectará las dimensiones emocionales, intelectuales y sociales del público.
    Más allá de las carencias, una de las explicaciones de este recorte reside en el hecho de que nuestro patrimonio cultural ha sido valorado casi exclusivamente en términos económicos, dejando de lado su impacto en el bienestar en sus diversas facetas. ¿Cuánto daño nos ha hecho la fetichización del mercado del arte y la idealización simplista de nuestra historia artística?
    Digámoslo llanamente: los museos requieren recursos financieros porque los procesos cognitivos y emocionales que experimentamos dependen de estímulos materiales y servicios profesionales de calidad. Además, está el backstage de la operación de estos recintos: la catalogación de los acervos debe actualizarse, la infraestructura requiere mantenimiento, la seguridad resulta crucial, y la investigación cuesta.

  2. En México, la Ley General de Cultura y Derechos Culturales de 2017 promovió el acceso a bienes culturales como un derecho, pero este enfoque termina siendo abstracto porque no se entiende su beneficio en términos prácticos. Estudios recientes sobre participación cultural y bienestar subjetivo en México señalan efectos positivos en la satisfacción con la vida y el equilibrio afectivo, aunque requieren mayor especificidad técnica y metodológica. Mientras en países como Reino Unido, España, Italia y Canadá la investigación sobre bienestar en museos es más avanzada, en México se ha centrado principalmente en el capital social reportado, dejando poco explorados aspectos como la salud o los efectos en públicos vulnerables.

Cada vez que se golpea al sector cultural, obedeciendo a la idea poco realista de que el universo creativo florece solo, que de todas maneras el arte seguirá existiendo y que los profesionales de museos encontrarán el modo de pintar mamparas, colocar dispositivos de seguridad, gestionar curadurías, textos y montajes con donaciones y la buena voluntad de amigos (lo cual es cada vez más difícil), me dan ganas de escribir que las teorías del bienestar no son libros de autoayuda: funcionan como marcos conceptuales en otros países.

En los recorridos, la experiencia comienza con la percepción del estímulo, pasa por su decodificación y genera una memoria que idealmente va más allá del anecdotario o la memorización de la vida del artista. La visita al museo incluye cómo nos tratan en la taquilla, la cafetería y las salas, el funcionamiento de los baños o el estacionamiento. Aparte está la museografía, que, como mediadora entre los objetos y nosotros, debe ser resultado de un trabajo especializado. Todo ello porque la comunicación en los museos es ostensible y va más allá del lenguaje hablado. Los museos evidencian la condición humana, y esta será relevante para el espectador solo si los detalles se cuidan.

  1. Este diario reportó (20 de noviembre) que el sector cultural aportó el 2.7% del PIB en 2023 (820,963 millones de pesos). El rubro de artes visuales y plásticas representa el 4.2% del total, lo cual implica apenas el 0.1134% del ingreso total, mucho menos de lo que generan las artesanías, los contenidos digitales, los medios audiovisuales, las artes escénicas y los libros impresos.
    Debido al recorte anunciado, la política cultural imperante seguirá siendo de corte populista, tendiente a destacar tradiciones y expresiones populares (Canclini, 1990).

Una política opuesta a esta fomentaría el acceso a experiencias culturales diversas y personalizadas, reconociendo que los museos son espacios clave para generar bienestar tanto eudaimónico como hedónico.

Hoy, los profesores de educación básica sujetos a la NEM (Nueva Escuela Mexicana) están obligados a calificar la materia titulada educación estética, pero si los espacios de educación informal o free-choice learning no cuentan con las condiciones necesarias, los millones de niños y jóvenes que podrían complementar su educación formal difícilmente querrán regresar. Facilitar la autorrealización y fomentar el equilibrio emocional, integrando la salud mental y la cohesión social como objetivos centrales, debe ser obligación del Estado. Limitar los recursos para los museos es atentar contra el desarrollo humano y el bienestar de los mexicanos. Por eso, se van del país acervos como el de la Colección Gelman.


*Historiadora del arte

martes, 24 de septiembre de 2024

Guillermo Monroy, más allá de los Fridos

 

Inda Sáenz

Graciela y Guillermo Monroy en manifestación en el Zócalo (años cincuenta), 2023. Temple sobre lino, 120 x 91 cm.

Por María Helena González*

1.

Dice Vicente Quirarte: “Suntuoso y femenino, pesado como el mármol blanco que lo recubre, paradójicamente ligero como la nube o la espuma monumental de las cuales parece construido…el de Bellas Artes es un palacio en el que nadie vive pero que todos vivimos. Sus reyes sucesivos son artistas que lo justifican y fortalecen, lo transforman y reviven. Sus sostenedores, un público tan exigente como agradecido, tan necesario como la tripulación que, en todos sus niveles y responsabilidades, permite la marcha de un barco cuyas navegaciones ya son parte de la historia… Es arena de combate donde artistas de todas las armas demuestran que son dignos de ejercer con altura el escenario mayor; taller permanente en el que todos, de una u otra manera, nos hemos formado; estación final donde se rinden merecidos honores a quienes mejor han sabido expresar anhelos colectivos”. Tal es el caso del Maestro Guillermo Monroy Becerril, gracias por permitirme expresar las siguientes ideas sobre él en esta honrosa ceremonia.

Hace poco más de tres años, me tocó encabezar la curaduría de una exposición pensada para el Centro Cultural Jardín Borda ubicado, como ustedes saben en Cuernavaca, ciudad en la que vive el Maestro Monroy. Para tal efecto revisamos, guiados por Guillermo Diego su hijo todo el material disponible en su casa, perfectamente ordenado en gavetas y cartapacios. El reto desde el primer momento fue rescatar al artista de la fama que le precedía.

Y es que la historiografía del arte es necia, al paso de los años se ha insistido en presentarlo casi exclusivamente a partir de la tutoría que ejerció Frida Kahlo sobre aquel grupo de jóvenes con quienes viajó en el tren de la utopía. Me refiero a Fany Ravel (nacida Ravinovich), Arturo García Bustos, Tomás Cabrera, Arturo Estrada, Lidia Briones y Ramón Victoria. Pero como he dicho, para hacerle justicia hay que ir más allá, incluir no sólo su quehacer político, sino mostrarlo como profesor, ideólogo y sobre todo como un gozoso experimentador plástico.

Dicha senda incluye por supuesto su paso por la devoción zapatista. Una vez instalado en la capital morelense, en el año 1961, Monroy inyectó la sed de justicia y ánimo de cambio social dentro y fuera de las aulas a los alumnos del Instituto Regional de Bellas Artes de Cuernavaca, aquel IRBAC que luego daría paso al Centro Morelense de las Artes. De su mano se formaron varios de los artistas que a su vez fueron maestros, pero no insistiré en ello, quiero más bien hablar de la voluntad autopoiética que anima su obra, esa que lo inscribe en las derivas de las vanguardias históricas por la vía de la creación libérrima.

2.

¿Qué es ser un pintor moderno? ¿En dónde termina la modernidad y comienza el arte contemporáneo? ¿Guardan el mismo valor los ejercicios, que las obras de intención para museo? ¿El erotismo es un disparador de ideas igualmente vigoroso a cualquier edad?

Sobra decir, que el erotismo y las piezas abstractas son dos de los 11 núcleos de aquella muestra que más llamaban la atención y al abordarlos respondemos en parte a estas preguntas. La cuestión es simple: los saturados coloridos y los vibrantes dibujos de Monroy transmiten una concepción muy particular de la condición humana. Lo erótico es para él lo “decible” mediante el lenguaje de los sentidos. Interpretación que coincide con lo que me dijo un día: “el erotismo mexicano está presente de manera pura y potente en los baños públicos”. De la mano del erotismo, que es pulsión de vida, transitó con elegancia para pasar luego, de manera natural a la abstracción que se traduce para decirlo simplemente en forma y color liberados de narrativas.

“El erotismo es la cultura del sexo; la multiplicidad, su esencia”, dice la crítica de arte Ingrid Suckaer en “Erotismo de primera mano” (Praxis, 2011) y acto seguido, influida por Georges Bataille, especialista en estos asuntos, encuentra tres grandes rubros en los que podrían dividirse, grosso modo, las expresiones eróticas de la plástica mexicana de los siglos XX y XXI: el deseo, los sentimientos y lo sagrado.

Toda obra de tono erótico persigue la permanencia del ser, pero en su infinita variedad, dicen los expertos, aluden al cuerpo en comunión consigo mismo o con la otredad. Sobra decir, que estas pulsiones van acompañadas de creencias, prácticas sociales e identitarias, intereses espirituales e influencias artísticas.

En este sentido, hay que señalar que algunas piezas del corpus erótico de Monroy evocan, en un primer momento, la idea de lo místico, a la manera de algunos orientalismos, pasan luego por la lectura del objeto antropomorfizado y derivan en la búsqueda plástica del acoplamiento de las formas y la armonía colorística.

En Monroy no son el desnudo femenino, el cuerpo cargado de sensualidad, o el atrevimiento lo que debemos aquilatar, sino la composición, coincidiendo en este punto con el interés que muestran muchos de sus dibujos abstractos, a los que con libertad podemos llamar “divertimentos”. En Estética se dice que un “divertimento” aparta la mente de las preocupaciones y está motivado por la idea de producir una agradable impresión.

De ahí que podamos decir que su obra no le ofrece dificultades técnicas o de comprensión al espectador. Elude sabiamente los agotamientos a los que llegaron otros creadores influidos por la liberación sexual de los años sesenta. Pródigo en energía, Monroy triunfa sobre el instinto de muerte que se posa sobre muchas expresiones de la plástica contemporánea.

Concluyo diciendo que es un verdadero regalo que al tiempo que festejamos los100 cien años del pintor podamos hablar del imaginario de un hombre que sin dejar de lado la reflexión política echa mano del ímpetu del joven que descubre el mundo. Escuchémoslo recordando a sus compañeros de generación y prestemos oídos a su fina sensibilidad como aquel día durante la inauguración de su exposición, esa mañana de plena época de pandemia en la que levantando los brazos animó a la gente mientras se cantaba al unísono La Internacional.

Acaso sea esta la motivación necesaria para que podamos ver de nuevo su poética, el placer del ornamento y sus piezas abstractas. Esta es pues, la invitación para que las autoridades consideren que en este palacio se exhiba el trabajo de quien hoy es tan altamente galardonado.

*helenagonzalezcultura@gmail.com

María Helena González y Guillermo Monroy. Foto: Cortesía

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