lunes, 2 de diciembre de 2019

Vas a ver: Estéticas comunitarias



1.
Dos asuntos me llevan a pensar en la noción de “estética comunitaria”, una especie de creación colectiva consensuada que se transmite de generación en generación, mostrando las preferencias formales de una época. Me refiero a la estética presente en el ARTE POPULAR, vinculada íntimamente al trabajo artesanal; por el otro a la estética del GRAFITI, tan comentada estos días a raíz de las pintas hechas por las feministas, por segunda ocasión, la semana pasada, en la vía pública.
En el primer caso, me atrevo a decir que no dejará de sorprendernos la voluntad de los artesanos morelenses, que saliéndose de la rutina de la elaboración de piezas decorativas o utilitarias similares, de cuya venta se sostienen, se dan a la tarea de echar a andar la imaginación para presentar nuevas creaciones a un concurso. Me refiero al certamen que inició en este estado, hace más de 20 años, el generoso Guillermo Helbling, quien era además coleccionista y legó a nuestro estado un rico acervo, hoy lamentablemente perdido y expuesto en mínima parte en el Museo de Arte Indígena Contemporáneo. 
A ese concurso se presentaron en días pasados 132 artesanos con 189 piezas y la premiación se dio este sábado. No dejo de señalar que los miembros del jurado, integrado por los maestros Adalberto Ríos Szalay, Gobi Stromberg, Edgar Assad, Lázaro Sandoval y Eduardo Hernández, verdaderos conocedores de las culturas del estado, insisten en reconocer la calidad y sencillez de las piezas.
Un chiquihuite tallado en piedra que imita la cestería con detalle; una “maromera” tallada en madera que recuerda un juguete antiguo; una calavera de cartón con bebé que nos lleva a pensar en las “maternidades” presentes en tantas pinturas renacentistas y un rebozo rojo de lana que parece pieza de pasarela dan cuenta de lo que dice el teórico Kirk Varnedoe: la historia del arte es la suma de una serie de pequeñas vueltas de tuerca, una serie de pequeñas adiciones a lo preexistente. A aquello que existía le damos un giro, lo recombinamos, le modificamos presentación, dimensiones, materiales, etc., y se convierte en algo nuevo que a la mirada resulta maravilloso. Lo increíble es que la creatividad nos sorprenda. Por favor, querido lector, no deje de ver las piezas ganadoras en el Museo Morelense de Arte Popular, hoy a cargo de la comprometida Maestra Gudelia Colín.
2.
El otro asunto que me trae el pensamiento como si me volara una mosca zumbadora adentro, es el que se refiere al patrimonio cultural material pintarrajeado por las manifestantes en contra de la violencia en contra de las mujeres, en el centro capitalino. Las posturas en las redes sociales son diametralmente opuestas. Hay quienes las defienden a raja tabla argumentando que es muestra de sumo hartazgo, una acción desesperada porque no se toman medidas al respecto, porque mueren en promedio 9 mujeres diario por culpa de eso que eufemísticamente se llama “violencia de género” y que no es otra cosa que el despiadado maltrato que vivimos muchas, por culpa de una educación machista, inequitativa en muchos sentidos. Además de eso que es ya insoportable, me refiero a la impunidad.
Platico de este asunto con mi amiga, la reconocida artista feminista y crítica de arte Mónica Mayer, quien no condena las pintas, a pesar de ser una clara defensora del arte y el patrimonio cultural y en la conversación feisbukera intervienen Cynthia Grandini y Claudia Barragán, quienes me comparten dos links que amplían el punto de vista sobre la postura que defiende las manifestaciones estéticas de hartazgo de las que hablamos:  https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=157143735661371&id=100633174.... Y https://www.facebook.com/100633174645761/posts/158599175515827?d=n&sfns=mo.
Ya usted normará su criterio, querido lector, yo por mi parte añado que si bien las pintas no son una creación planeada para reconocerse como obra artística, sí son una acción colaborativa que seguramente será recordada en más de un texto académico por el ideal coherente que la sostiene. Y no puedo evitar pensar en lo que dijo Jung, quien hablaba de que la imaginación del creador es la expresión de la consciencia colectiva integrada por arquetipos. Falta el análisis de lo que se escribió con spray de colores sobre los pedestales, para entender la expresión plástica grafietera posmoderna de la furia. FIN.
Por: María Helena González / helenagonzalezcultura@gmail.com

lunes, 11 de noviembre de 2019

Vas a ver: Poéticas plásticas morelenses

1.
Edgar Assad es un verdadero poeta de la plástica y se nota en las dos muestras que montó recientemente en el Museo de la Ciudad o MUCIC, como también se le conoce a ese recinto (del 10 de octubre al 25 de noviembre).  Por poéticas de la plástica entendemos aquellas propuestas que como efecto estético buscan la evocación. Frente a las mismas debemos partir de la lectura formal, pero de inmediato hay que recurrir a la asociación de ideas para que florezca el sentimiento. La poética se ofrece al alma, evade la conceptualización que tanto ha movido al ser humano después del Positivismo. Las poéticas plásticas tocan lo sublime y sorprenden. Y por supuesto nos enamoran más que abordajes como el mal Hiperrealismo, basado en la mera técnica. 
Si a esto que les cuento le añadimos que hay por allí quienes se levantan a vivir con una actitud estética, entonces tenemos que agradecer que existan posturas que nos devuelven el alma. De esto hablaba Höelderlin cuando acentuaba la importancia de la fascinación. 
“Dos años y 21 días”, curaduría de Edgar Assad se inauguró exactamente en ese lapso de tiempo transcurrido desde el terremoto que azotó Jojutla, lugar donde él habita. Hoy domingo me cuenta que el sismo está muy fresco todavía, que éste modificó completamente el paisaje y que de la noche a la mañana nos dejó sin memoria: “Mi madre ya no sabía por dónde caminar. Y sin embargo, como la vida tiene un proceso de recuperación natural y el dolor te ayuda a sobrevivir, me puse a trabajar en este montaje que da cuenta de cómo vivimos ese hecho de la naturaleza. Me encontré por metro cuadrado con un montón de materiales que dan cuenta de lo que sucedió en términos emotivos. El mola mola (nombre de una de las piezas expuestas) es un pez que implica malos augurios; como es un animal de los abismos, cuando aparece en la superficie anuncia malas faenas para los pescadores y como el terremoto generó saqueo, vandalismo, nostalgia, etc., el pez simboliza el inicio de lo que sucedería después. Pero pensé que era pesimista cerrar así la colectiva y por eso le pedí a Fernanda Araujo que me prestara esa pieza de alambrón que representa a un hombre vacío; puesta allí significa el ser al que pudiéramos rellenar. Significa que estamos en pie, eso sirve para pensar la Jojutla de hoy”. 
Otra de las obras expuestas es un diálogo entre Nelva Basáñez y él. Se trata de dos charolas de madera en la que los albañiles mezclan el cemento; en una hay un mini tótem que habla de cómo se construyen cosas, un elemento sobre otro, en la otra bandeja había un espejo que irónicamente se rompió y hoy no está en la muestra, en cuya cédula dice “como te ves me vi, como me veo te verás”.  
También verá usted, querido lector, una instalación efímera de Edgar Ortega Méndez (de quien exponemos actualmente una obra en la vitrina arquelógica del Borda), que incorpora ramas de un árbol que se metió por la ventana en una casa en Jojutla, poniendo en evidencia la destrucción que generó el terremoto, pero también la vida que parte de esa vicisitud. 
“Tiempo de albañiles” es un reloj que habla de la presión que vivieron quienes se dedican a la construcción para que se terminaran velozmente las nuevas casas, pero como su mecanismo, que incluye una lata de atún (de esas miles que les llegaron a los damnificados) va al revés, también habla de las ganas de echar el tiempo para atrás que experimentamos todos.  
Finalmente fíjese usted, en qué hay una mesa que reúne tepalcates y piedras, eso habla de que el terremoto dejó 2500 años de ocupación de la zona, desde el preclásico hasta nuestros días, y por eso están allí expuestos, simulando una mesa de trabajo arqueológica.   
2.
“Patology”, muestra de obras del propio Assad, alude a la enfermedad que experimenta nuestro planeta a causa del plástico. Incorpora piezas intervenidas (compradas por él en bazares de viejo para transformarlas luego con el objeto de resignificarlas). Así, tres tipos de paisaje pintados por autores desconocidos, muestran “inocentes” patitos de plástico que tardarán miles de años en disolverse. Y sus otras piezas “puntillistas” hablan de los millones de tapitas de plástico que invaden el mundo. En su no disolvencia, disuelven la naturaleza. Eso se ve claramente en la botella de Cloralex que se confunde con su entorno, obra saturaciones que habla de la saturación plastificada que nos está matando.
3.
Hoy hace 19 años que nos dejara el coleccionista y experto en arte popular Guillermo Helbling, pero por esas coincidencias raras de la vida, el aniversario coincide con el hecho de que hoy se llevará a cabo la dictaminación del XIX Concurso de Arte Popular y Tradicional, asunto que le concierne al Museo Morelense de Arte Popular (MMAPO), hoy dirigido por la diligente Gudelia Colín, quien se empeña todos los días en hacer un estupendo trabajo y de la mano de los expertos en esa materia monta muestras como la que inauguró este viernes, centrada en esa maravilla mexicana que es la cartonería. 
La colección que brilla de tan bonita, es del señor Fernando Betancourt, director del Centro Cultural “El Cuco Machorro” de San Luis Potosí y muestra una rica variedad de hermosas figuras que representan el catálogo tradicional de esa técnica artesanal, desde las muecas en paños menores, hasta los diablos, soles y judas. 
 4.
Estela Barona y Tere Güemes se presentaron este sábado en el Centro Cultural Las Campanas, un espacio que está tomando una vida que ya hacía falta en Cuernavaca. Hoy, gracias a la incansable labor de la Barona podemos reírnos a carcajadas y aprender historia del arte porque a su espectáculo, basado en las vidas de Frida Kahlo y Chabela Vargas no le falta nada. Van de lo personal al México de la época, retratando situaciones y anécdotas increíblemente bien seleccionadas. Enhorabuena. Se presentarán de nuevo el sábado 16 de noviembre a las 5:30 y 7 pm. FIN.

María helena gonzález
helenagonzalezcultura@gmail.com

lunes, 4 de noviembre de 2019

Vas a ver: Después del Miquixtli...

1.
No estoy segura de si se pueda afirmar que la noción de BARRIO se reposicionará en nuestro “culto vocabulario” después del Miquixtli vivido este fin de semana. No sé si el análisis post fiesta alcanzará para valorar eso que tanto defendía nuestro amigo Víctor Cinta cuando nombraba y recordaba el sabor de los barrios que conforman Cuernavaca. Lo que sí habremos de revalorar es el sabor del Centro de la capital morelense, hoy alegre porque se vistió de fiesta, a pesar de lo sucio y descuidado que lo tienen las autoridades municipales.
Este fin de semana, en la geografía cultural del estado volvió a brillar el emblemático Jardín Borda.  Miles de personas formaron un río sui generis que no dejó de circular entre los parterres que conforman el jardín colonial. Miles de personas escucharon música, adquirieron mercancías a los artesanos, entraron a la sala de la exposición temporal dedicada al Segundo Imperio Mexicano y admiraron el retablo neobarroco diseñado por el arquitecto Gerardo Palma para la ocasión.
En unos cuantos días, la enorme pieza elaborada por el equipo de la Dirección de Museos y Exposiciones de la STyC perderá la gama de violetas que le dio un singular contraste con la fachada azul del inmueble (son tintes análogos). Poco a poco veremos cómo se esfuma la consistencia de los suaves pétalos de sus cientos de flores, como su cuerpo de papel de china y cartulina iris nos lleva a pensar en las contradicciones de lo biodegradable. Pero estoy segura de que permanecerá en la memoria de la gente que quiere ver bonito el centro de la ciudad. 
Con el tiempo diremos que este trabajo manual fue un capítulo más del Arte Popular morelense, no sólo por la técnica con la que fue elaborado, sino porque recupera elementos iconográficos de la Capilla de la Tercera Orden, el Ex Convento de Tlayacapan y la fachada de la Iglesia de Xoxocotla, a la vez que incluye dos reproducciones de pinturas basadas en aquella fotografía de Zapata tomada en 1911, en el Hotel Moctezuma por F. Mackay o F Moray, es decir, contiene elementos de la historia del arte local.
Y tal vez está mal que lo diga, querido lector, porque peco de poca modestia al tener algo que ver con la vida actual de este inmueble, pero no puedo dejar de mencionar que este montaje inédito, este arco efímero, le dio un sello particular a la actual administración gubernamental carente de recursos. 
2.
Desde tiempos inmemoriales, sabemos que las fiestas tradicionales modifican la vida familiar y la pública, pero tal vez lo mejor que hacen es distraernos de lo mediático. Por obra y gracia del jolgorio dejamos de enterarnos un rato de los crímenes, corrupción, violencia y demás atrocidades que nos circundan. 
Las vacaciones sirven para librarnos del peso de la vida rutinaria. Las remembranzas colectivas aligeran la experiencia individual de desasosiego. Pero lo interesante y lo valioso es que no se trata del famoso “pan y circo”, generado desde la esfera política, sino del ánimo colectivo que opera entre nosotros desde tiempos inmemoriales. La fiesta es un mecanismo de defensa contra el miedo. 
En nuestro país y en Morelos se viven la Cuaresma, la Semana Santa y la Navidad.  Esta última cada vez más globalizada y agringada, pero estos días dedicados a los difuntos son especialmente valiosos porque catalizan lo que de espiritual y ritual todavía tenemos. Ojalá nos duren el anhelo del olor a incienso y a copal y el antojo de pan de muerto. De alguna manera todo este sensorio nos aquieta. 
Bendito Miquixtli, aunque es mucho trabajo, ya quiero que vuelva. FIN.

María helena gonzález
helenagonzalezcultura@gmail.com

lunes, 28 de octubre de 2019

Vas a ver: Miquixtli: patrimonio cultural y política

1.
Dice el pintor Fernando Hidalgo, a quien todos conocemos en el pequeño universo cultural morelense por sus aportaciones a la literatura especializada en patrimonio cultural, que los días de muertos morelenses se distinguen de los de otros estados en nuestro país, porque trascienden el ámbito de lo familiar y se extienden al ámbito de lo comunitario de una manera particular, porque nos relacionan a los ciudadanos a través de la costumbre, la tradición, el afecto, el rito y la fe con personalidad propia. Mixquic y Janitzio sí, pero Morelos también y con mucho orgullo.
Siendo el rito, la fe y la plasticidad morelenses poderosos elementos del ámbito de lo sensible y lo espiritual que nos atañe a todos (porque hay estudios que dividen lo sensorial a partir de lo económico y entonces habría lo sensorial propio de las clases vulneradas), me parece que tenemos un COMPROMISO con la perdurabilidad del patrimonio cultural. No abundan las festividades que unan al país.  Y menos frente al embate de la globalización. Si no nos cuidamos, se nos escurrirá entre las manos el tradicional festejo frente al barullo de otros jolgorios incorporados al calendario de la posmodernidad por obra y gracia de la globalización. ¿No cree usted, querido lector, que películas como “Coco” y la del 007 filmada en la CDMX banalizan los colores y composición de nuestro natural barroquismo?
2.
Vivo cerca de Ocotepec, pequeño poblado en el que destaca su cementerio, tachonado de pequeñas construcciones que imitan iglesias, casas y catedrales. Ya por estos días está el rumbo más florido que de costumbre, pero acercándose las fechas de festejar a los niños y a los difuntos mayores (1 y 2 de noviembre), aquello olerá muchísimo a cempasúchil, incienso, copal y comida, se escucharán rezos y se compartirán sabores. Ocotepec, dejará de lado, al menos un par de semanas, la venta de fruslerías cotidianas, para dedicarse a presumir que es pueblo con tradiciones.
En Morelos se montan ofrendas distintas: entre ellas, las colgantes, las de piso que son indígenas, las escalonadas, las de mesa y las del ánima sola. Pero creo que es la de cuerpo presente y la Ofrenda Nueva -representativa de Ocotepec, destinada a los fallecidos en los meses anteriores- las que más llaman la atención de los jóvenes porque dan fe de nuestro gusto por la imitación de la realidad, asunto inexplicable este: ¿por qué existiendo los objetos, nos da por imitarlos llegando a realismos extremos? 
3.
Recuerdo que me tocó aplaudir allí el reconocimiento que le hiciera la UNESCO,  tratándose de las festividades tradicionales indígenas, como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, en 2014. Desde entonces, en el ámbito de lo político escasamente se menciona este logro en el que tuvieran mucho que ver el promotor cultural y fotógrafo Adalberto Ríos Szalay y el antropólogo Miguel Morayta. 
Ha sido la arquitectura funeraria del pequeño cementerio más apreciada por estudiosos y fotógrafos especializados, turistas curiosos y locales, que por las autoridades obligadas a fortalecer el valor del lugar como capital material e inmaterial. 
Debemos recordarles a quienes invierten en estas cosas y autorizan los magros fondos existentes para la cultura, que somos seres sensibles y que la mayoría de las decisiones que tomamos, las tomamos con base en lo que el cuerpo dicta. 
Suelo decir que “el cuerpo va solo” y cuando lo digo pienso en el poder del color y las texturas, en todo aquello que los expertos desmenuzan en el campo de la Fenomenología de la Percepción, un asunto que sí tienen claro los mercadólogos, pero que debiera ser de interés de quienes manejan las políticas culturales de un país tan destacado por su capacidad plástica. 
En este sentido, la gran cantidad de elementos que anteponemos ante el horror de la muerte, esa que une a las comunidades indígenas, mestizas, campesinas y urbanas, como nos recuerda el estupendo “Atlas de las Culturas de los Pueblos de Morelos” (Varios Autores, UAEM, México, 2017), que venimos consultando para esta colaboración, esa debiera aprovecharse más en favor propio. ¿No cree usted? FIN

María helena gonzález
helenagonzalezcultura@gmail.com

lunes, 21 de octubre de 2019

Vas a ver: Mirando Mexicano

1.
No es novedad que aprendemos a VER; no nos referimos a lo fisiológico, esa serie de operaciones del nervio óptico y el cerebro que ocurren de manera automática desde que nacemos (también soñamos en términos de imagen), sino al sentido que le damos a lo que vemos. Al incesante discurso interno que nos platica frente a ciertos estímulos visuales. 
A esa capacidad de ver-pensando/pensar-viendo/vernos-viendo le llamo yo -con una pasión que no me deja- LA MIRADA. 
Junto textos sobre miradas y estoy segura de que un día escribiré un libro sobre el tema en cuestión. Incluiré por supuesto, un capítulo sobre esa particularidad que forma parte esencial (junto con la sonrisa), de millones de retratos, cosa rara, tema poco explorado. 
Diré que cada MIRADA tiene una época, una ideología, un contexto detrás. En este sentido, escribiré que a cada CULTURA le corresponde una manera de ver. No dejo de pensar que somos más OJO que nada. Somos cuerpos observantes, somos anteojos, somos lentes, somos microscopios y de una manera que impacta a los demás, somos asimismo guiños, parpadeos y lágrimas. 

2.
Pienso asimismo en los maestros de las miradas: ¿de qué manera los artistas nos enseñan a ver? “Las maneras de sentir forman parte de esquemas institucionalizados de la cultura”, de allí que podamos hablar de una antropología de los sentidos y que Maurice Merleau-Ponty haya diferenciado los términos SENSACION y PERCEPCIÓN, dándole paso a quienes luego explicarían el mundo como una Historia de las Mentalidades y más que eso, como una Historia de las Sensibilidades que permea los ámbitos artístico, intelectual y de las costumbres. (Ana Lidia M. Domínguez y Antonio Zirión, Coordinadores. (Cfr. “La dimensión sensorial de la cultura. Diez contribuciones al estudio de los sentidos en México”. México, Universidad Autónoma Metropolitana, Ediciones del Lirio, 2017). 
Dicen estos expertos que observación, imagen e imaginarios, conceptos propios de la antropología visual forman parte de las preocupaciones teórico-metodológicas desde el nacimiento del cine. Aseguran que hay razones de peso para dudar de la objetividad. Dicen que la mirada y la representación visual son un constructo sociocultural (Op. Cit. P- 18).

3.
Por eso creo que el cine mexicano tiene mucho QUE VER en la conformación de nuestra IDENTIDAD.  No hay manera de no vernos en ese espejo condicionado por la fotografía de Gabriel Figueroa, el camarógrafo más importante del cine mexicano, a quien le debemos haber retratado el paisaje mexicano en blanco y negro, con una amplitud “romatizada”, tachonada de nopales y magueyes iluminados por un sol en pleno ocaso o levantándose, que propició para siempre la presencia de sombras alargadas en nuestra memoria.
MIRAMOS MEXICANO también porque las composiciones producidas por los muralistas nos enseñaron a ver trágicamente nuestras raíces indígenas y a idealizar la pobreza. 

4.
A casi una semana de la partida de este plano terrenal del Maestro Adolfo Mexiac, distinguido miembro del célebre Taller de la Gráfica Popular, quiero añadir  que a él también le debemos MIRAR MEXICANO. 
Mexiac fue uno de los artistas más notables de la estampa nacionalista, exaltó sí nuestras raíces indígenas y el mundo rural, como lo hicieran sus compañeros de generación, pero también buscó darle un peso específico a los desposeídos en la historia del arte mexicano, desvinculándolos de la pobreza como emblema. 
Su obra cimentada en el alto contraste propio de la xilografía y el grabado en linóleum le confieren a estos originales múltiples una mesura de la que a veces carecen otros de su generación propensos al dramatismo extremo. Es momento de pedir que no sea su famoso grabado titulado “Libertad de Expresión” la obra que más se recuerde de él. Habrá oportunidad de mirarnos mirando mexicano frente a elocuentes piezas suyas en breve. FIN.

María helena gonzález
helenagonzalezcultura@gmail.com


lunes, 14 de octubre de 2019

Vas a ver: Amarlos Siempre: Mi vida después de su muerte

1.
Hay libros que conmueven por el desgarro desde el que nacen. Son textos cuyas palabras se clavan en el corazón y la memoria de manera indeleble. Como estas publicaciones nacen desde lo más profundo del alma humana y la verdad desnuda, no admiten revisión crítica, ni académica. Son volúmenes que generan en cambio, una empatía tan única, que paradójicamente no son aptos para cualquier lector. 
La potencia de este tipo de publicaciones deriva de una conjugación sagrada: amor y muerte. Las dos variables que atraviesan todas y cada una de las dimensiones de nuestras vidas. Lo más irónico es que estos libros nacen de manera involuntaria, surgen de la necesidad de trascender el dolor y no de la necesidad de ser escritor o escritora. Tal es el caso de AMARLOS SIEMPRE: MI VIDA DESPUÉS DE SU MUERTE, de Maricarmen Rivero (edición propia, que debería convertirse en titulo de catalogo de alguna editorial de prestigio), que se presentará el sábado 26 de octubre en la Sala Manuel M. Ponce, del Jardín Borda, a las 12 del día.
2.
Conocí a la autora hace poco más de dos años, nos presentó Elena de Hoyos quien conoce las tragedias de ambas; en el caso de Maricarmen, la partida de sus amados hijos Federico y Leonora. En el mío la de mi adorado Diego. Brutales accidentes de automóvil. Barbaridades que pulverizan un sinfín de cosas. Hechos inenarrables que transforman el día a día. De por vida. 
No estamos preparados para la manera en la que se hace presente la muerte nunca, pero menos en el caso de los hijos. Eso lo dice Maricarmen en su libro: sabemos que vamos a desaparecer, que estamos de paso, pero cuando nos toca despedirnos de un hijo nos convertimos en sobrevivientes. En personas valientes. En personas obligadas a encontrar estrategias para aminorar la herida, para darle el valor específico a lo que sí tenemos, para agradecer lo que nos queda y valorarlo porque es prueba de algo que está más allá de toda explicación. A eso algunos le llaman pulsión de vida, otros Alma o Consciencia Universal. Los creyentes católicos le llaman Dios. 
Lo que sigue después de un duelo tan descomunal es la vida como contrapartida. Eso que se va colando de mil maneras a través de lo sensible. Lo apunta Maricarmen de manera contundente en el título de su libro: “Mi vida después de su muerte”. 
3.
Libros sobre como sobrellevar los duelos hay muchos, la Kubler Ross es consulta obligada, los tanatólogos tienen su biblioteca especial, los budistas la suya, los católicos nos consuelan con la existencia de un más allá en el que nuestros seres queridos están mejor. Incluso nos dicen que ellos desde allá nos protegen. Y no faltan los libros de autoayuda que le regalan a una, buscando que la palabra, la siempre sanadora palabra alivie, porque existimos en términos de lenguaje amoroso. 
Además están los cariños de la gente, desde los que evaden el tema para no lastimarnos, hasta los que recuerdan a nuestros muertos y los traen a la vida-palabra con cariño, con rituales, con imágenes. Gracias Tina, gracias Susana.
Por nuestra parte, nosotras, las madres que tenemos que vivir de un modo que no es natural, vamos encontrando nuestras propias herramientas para sobrevivirlos y sólo nosotras entendemos de qué se trata esa palabra tan de moda: “RESILIENCIA”.  
El libro de Maricarmen narra su biografía, le da a cada hecho vivido un peso específico. Es un libro de despedidas pero también de agradecimientos a cada amanecer. En el sentido más literal del término, es un libro sobre el sentido de la vida (Víktor Frankl incluido). Habla de una práctica espiritual honesta que a en pos de la serenidad. Asegura que con el tiempo el llanto limpia y sana. 
Es un libro que honra a sus amados hijos siendo mejor persona porque ayuda. El libro de Maricarmen Rivero es material de salud y no de depresión, es propuesta de aprendizaje y de compañía. Es abrazo Y es consuelo inteligente. Es un texto sobre “dolor de hijo”, pero también sirve para enfrentar otros duelos que obligadamente viviremos. Porque: ¿qué es la vida, sino una cadena de constantes pérdidas que se acomodan no como uno quiere, sino como el destino dispone? FIN

María helena gonzález
helenagonzalezcultura@gmail.com

lunes, 7 de octubre de 2019

Vas a ver: Patrimonio Cultural e Historia

1.
Después de un tiempo de andar trasegando con el concepto PATRIMONIO CULTURAL a cuestas, he entendido que las piedras se tienen que cuidar a partir de una estrategia que incluya la complicidad. La interdisciplina y los oficios para pedir recursos, para las iglesias, los conventos y demás construcciones antiguas sirven, pero la GESTIÓN para la preservación desde la mirada enamorada del que siente suya la obra, con la sociedad civil a la cabeza, funciona mejor.
Lo anterior lo vivimos recientemente en el Jardín Borda, durante el primer Taller de Gestión de Bienes Patrimoniales pensado para el estudio de casos particulares de rescate de los inmuebles dañados por los sismos del 19S. El 27 de septiembre que nos encontramos con los especialistas los oímos hablar de casos específicos de malas intervenciones como la realizada en el citado jardín colonial (cfr. Patrizia Granziera), y por la conferencia magistral de la Dra. Ana Lucía Recamán nos enteramos del absurdo que existe entre el discurso oficial que pregona las bondades del patrocinio y los índices de pobreza de los diversos municipios del estado. Todo eso tratando de entender el complejo asunto de los Derechos Culturales: ¿tenemos derecho a la cultura? No. Siempre lo hemos tenido, nosotros somos la cultura, las culturas, pero hay que saber cómo aprovecharlas en nuestro beneficio. 
2.
La idea del taller se la debemos a la Dra. Graciela Mota, ampliamente formada en el ámbito de los planes de manejo para el rescate de los sitios y monumentos históricos,. Ahora la idea que tiene es generar las estrategias para el rescate de no más de 25 inmuebles identificados en Puebla. Morelos y la CDMX. De mi biblioteca saco los dos tomos publicados por la extinta Secretaría de Comunicación e Información que dirigía nuestro amigo Jorge López Flores, firmados por el arquitecto y arqueólogo Juan Antonio Siller y encuentro un enorme nicho de oportunidad para devolverle el brillo que requiere nuestro patrimonio cultural tangible: trapiches, haciendas, monasterios, sitios arqueológicos, etc.
Completo mi visión sobre el asunto con en texto del Dr. Stanislaw Iwaniszewski (Cfr. Patrimonio, Identidad y Complejidad Social: Enfoques Interdisciplinarios. INAH, ENAH, CNCA, 2010) porque redondear la importancia del tema con la noción de la urgencia de una  arqueología de la identidad. La convocatoria para la inscripción de casos específicos de rescate de inmuebles en los estados de Puebla y Morelos además de la CDMX estará abierta hasta el 19 de octubre. 
3.
Acabamos de comenzar un ciclo de conferencias con el tema PRESENCIA DE HERNÁN CORTÉS EN LA ARQUITECTURA DEL SIGLO XVI EN EL VALLE DE CUAUHNÁHUAC que no tienen desperdicio. Llegado el tema a la Sala Manuel M. Ponce del Jardín Borda se abrió una herida que esperábamos sangrara por aquello de los nacionalismos a rajatabla, pero también sabíamos que viendo en pantalla la magnificencia del patrimonio arquitectónico legado por la aquella amalgama española-indígena, nuestra herida sanaría. No omito recordar aquí las palabras de nuestro querido amigo Adalberto Ríos Szalay, cuando hace una semana, en el taller arriba mencionado dijo que Sor Juana basta para justificar nuestra herencia española, que nunca ha oído a los españoles renegar del paso de los romanos o de los árabes por la península y menos pedir que aquéllos les pidan perdón a estos por las conquistas. 
Como usted sabe, querido lector, las conferencias de Juan Antonio Siller, arriba mencionado por sus indispensables tomos sobre el patrimonio morelense son una delicia y además cotizadísimas. Las citas a las 17 horas, los martes de octubre, desde el día 1 hasta el 29. Hay que inscribirse para obtener diploma de participación, pero si usted no quiere presumir que pertenece a esa élite experta en el asunto, puede asistir así sin más.  FIN.

María helena gonzález
helenagonzalezcultura@gmail.com