miércoles, 20 de marzo de 2013

Otras piezas del maestro Ernesto Tamariz





Escultura religiosa y funeraria, por ejemplo en el caso de los arcángeles Gabriel, Rafael, Uriel y Miguel de mármol de carrara, de una sola pieza para el Panteón del Tepeyac o las piezas dedicadas a las representaciones Padre Plancarte y Pío X en la Basílica de Guadalupe, en la Ciudad de México, o la Cripta de la Familia Mundet en el Panteón Español.

La Victoria del 5 de Mayo para el Fuerte de Loreto y Guadalupe (1961), el Monumento a los Defensores de Puebla, el retrato de José Vasconcelos en San Ildefonso, el de Leona Vicario en la Plaza de Santa Catarina, el Martí de la Alameda en Cuba, el Monumento a Manuel M. Ponce en la Rotonda de los H ilustres….Para el cine Latino, los medallones dedicados a las razas latina e indígena, los retratos, desde 1924 de Raquel Tibol, Pablo de Ballester, Juan José Arreola.


María Helena Noval
helenanoval@yahoo.com.mx
http://www.diariodemorelos.com/article/otras-piezas-del-maestro-ernesto-tamariz
twitter:@helenanoval

jueves, 14 de marzo de 2013

La producción del miedo



La política de la representación de la violencia ha originado en nuestro país una polémica que lo divide en dos: de un lado están los que dicen no querer saber más del asunto y pretenden que con no enterarse de lo que sucede al lado de sus casas, no existe. Tapan el sol con un dedo. Esconden la cabeza, como los avestruces. Y de todas maneras, de vez en cuando “consumen” imágenes violentas porque no pueden no hacerlo.

Del otro lado están quienes prefieren ver, en carne viva, el sufrimiento de los demás, bien reproducido y a todo color, no sé si por el placer insano propio del morbo, o por el simple hecho gozoso de que ver que lo que le sucedió al otro no les está sucediendo a ellos. La sangre y la tortura ajenas, piensan, evidencia que estamos salvados. De momento. Pulsión de vida torpemente manifiesta.

En todo caso y por referirse a una realidad incuestionable –nuestro país es afectado como nunca por el crimen organizado-, es muy difícil tomar una postura radical al respecto. Lo que hay que comprender es que en la historia que nos toca vivir no hay víctimas ni victimarios absolutos, sino una participación colectiva de todos en la creación de un ambiente de sobresalto continuo. El altísimo consumo de contenidos relacionados con la representación del crimen es parte de la reproducción continua del mal gusto entre la población.


André Breton decía que en nuestra época “la belleza será convulsa o no será”, mientras que Baudelaire hablaba de “lo bello extravagante” como un producto de la “sensibilidad nerviosa” de la modernidad. Para los expertos en esto de la estética, el gusto posmoderno no se basa en lo natural, como en épocas pasadas, sino en la captación de lo último, lo que va a la vanguardia. Lo que está de moda es lo artificioso, al grado de que nos satisface más la descripción de un paisaje caricaturesco, informe o aterrador que una puesta de sol. Nos gusta lo feo y lo tortuoso.

Vistas así las cosas, se puede decir que nadamos entre un sinfín de imágenes de la cultura del miedo porque nos gusta: desde los descuartizados, la música de las narcobandas; desde el imaginario del cuerpo despiadadamente torturado hasta el orden de lo simbólico, todo lo que vemos nos produce recelo, aprensión, desconfianza, turbación o pavor, pero no dejamos de verlo porque todo esto es además parte de la civilización del espectáculo.


Para Mario Vargas Llosa, a quien le debemos el término “civilización del espectáculo” vivimos una revolución semántica, en la cual la incultura termina disfrazada de cultura popular, una cultura que acepta que la caca de elefante puesta en un museo es obra de arte. Para él, convertir esa natural propensión light, propia de nuestra época, a pasarlo bien tiene consecuencias a veces inesperadas y nefastas como es la banalización de la cultura, la generalización de la frivolidad y la aceptación del miedo como natural.

Lo que recibimos a diario digerido y re-presentado rimbombantemente, las muertes de los malos, de los que fueron ejecutados por sus iguales nos seguirán gustando no sólo porque intuimos que se hizo una especie de justicia divina, sino porque ya nos explicamos en mundo muy fácilmente: nosotros, los buenos morimos bonito, nosotros los buenos morimos de muerte natural, como se ve en las telenovelas. Los malos mueren feo y a las víctimas del crimen preferimos no voltear a verlas porque no nos las podemos explicar.

María Helena Noval
twitter:@helenanoval

martes, 12 de marzo de 2013

¿Ojos que no ven?

1. Según el periodista Carlos Loret de Mola, en su columna titulada “Aunque Peña no hable de muertos”, publicada en estas páginas el 17 de enero pasado, las ejecuciones en el país van a la alza pero se publican menos. Según su nota, la realidad cotidiana contrasta acremente con la política de comunicación del Presidente de la República, misma que busca esquivar el amarillismo y minimizar el peso mediático de los temas de violencia. La sangre, las balaceras, los cadáveres y la zozobra que aqueja a las sociedades de muchos lugares del país –dice–, siguen afectando el ánimo y las vidas de todos, pero como parte de su estrategia de combate a la delincuencia, el priista busca no sólo diferenciarse de su antecesor, sino que su gobierno luzca centrado en otros asuntos.  

¿Qué se pretende con esta decisión que atañe a las miradas, a la percepción de la realidad por parte de los ciudadanos del mundo? De un lado se podría pensar que es buena idea no convertir en protagonistas a los criminales: muchas veces se ha dicho que el deseo de figurar de estos truhanes es lo que los impulsa a actuar vilmente; y hay algo de realidad en ello, toda vez que los mismos medios nos han inculcado la idea de que cualquier cosa vale los 5 minutos de fama de los que hablaba el artista pop Andy Warhol.


De la mano de esta consideración está el hecho de que la publicación en primeros planos, de las fotografías de las víctimas del crimen, se convierte en una especie de catálogo de ejemplos a seguir, en una especie de recetas para la tortura: hoy, por ejemplo, los descuartizados están de moda. Tal consideración se desgrana asimismo en otras versiones, la más aceptada es aquella que indica que si consumimos violencia, producimos violencia. Pero ¿cómo explicar entonces que en Estados Unidos, en donde se consume mucho más violencia a través de los medios –cine, novelas de horror, especial gusto por la literatura policíaca— no se produzcan tantos descabezados como aquí?

La respuesta a estas y otras preguntas de orden estético, relacionadas con la política de representación del crimen en los medios, involucra aspectos éticos que vale la pena tomar en cuenta; uno de ellos se resume en la pregunta ¿ojos que no ven, corazón que no siente? Por el mero hecho de no enterarnos, ¿dejaremos de sentirnos preocupados por la violencia?
   
2 Las imágenes mediatizadas de la crueldad nacen durante el Barroco, cuando los pintores comenzaron a acostumbrarnos a las representaciones realistas de los cuerpos torturados de los mártires cristianos. Antes de eso, en la época medieval, a los cuerpos de los mártires se les representaba “gozando” el sacrificio, pues eso los acercaba a la santidad, que no era otra cosa más que buscar el parecido con la imagen cristiana.


Tertuliano, entre los siglo II y III d. C., aconsejaba a los hombres de fe soportar el sufrimiento. Pero las cosas de la antigüedad han dado paso a una posmodernidad en la que la fe no juega un papel. Hoy el sufrimiento no se considera redituable y las personas no estamos dispuestas a soportar la violencia de la que somos víctimas. La veamos o no. El Complejo del Semejante del que hablaba Freud nos hace sufrir en carne propia todo aquello de lo cual nos enteramos, aunque no lo veamos en vivo y a todo color, mediante las imágenes televisadas o impresas.

El hecho de que disminuya su presencia cotidiana como resultado de una disposición gubernamental tal vez nos tranquilice un poco y por un momento lleguemos a pensar que estamos viviendo en una sociedad que avanza moralmente.

Pero como todo se sabe tarde o temprano –y el hecho de que no se vean las cosas no implica que no existan–, llegará un momento en el que esta medida se califique como censura, como acotamiento de la libertad de expresión de los medios.

A quienes oculten la realidad tarde o temprano se les puede voltear el chirrión por el palito: corren el riesgo de perder credibilidad. La disyuntiva no reside entonces en si se presenta la violencia, sino en cómo se presenta.
María Helena Noval
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Cumplen 68 años de disciplina

Con motivo del 68 aniversario del Colegio militarizado Cristóbal Colón, se llevó a cabo un acto cívico en memoria del padre Armando Vargas Caraza, fundador de la institución.


Los alumnos de preescolar, primaria, secundaria y preparatoria participaron en el evento, el cual tuvo por objetivo mantener entre la comunidad estudiantil el compromiso de servir con disciplina a la sociedad morelense, declaró María Helena Noval, directora de Cultura de la escuela.

“Cumplir un aniversario más nos compromete a mantener vivo el espíritu del padre Armando, que nos dejó un legado y un compromiso con la niñez, así como una formación académica basada en la disciplina que tanto urge poner en práctica en esta sociedad tan desordenada”, dijo.

Durante la ceremonia, 10 jóvenes subieron de rango, es decir, de soldado E1 pasaron a soldado E2. Asimismo, quienes integran el equipo deportivo realizaron una muestra de lo que han aprendido en sus clases de karate.


“A los niños les damos clases de deportes, así como formación y cultura artística; para el año que entra se cumplirá el natalicio número 100 del padre Armando y tendremos festejos al respecto. Trabajaremos para que nuestra comunidad salga lo mejor preparada”, aseveró.

Posteriormente, se inauguró la exposición colectiva de maestros y padres de familia, la cual reunió la pintura, dibujo y fotografía de seis miembros de la comunidad escolar Cristóbal Colón.

María Helena Noval
helenanoval@yahoo.com.mx
http://www.diariodemorelos.com/article/cumplen-68-a%C3%B1os-de-disciplina
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